En Feria

En la Feria de Libro de Madrid hay cosas que se repiten edición tras edición, año tras año, novela tras novela.

Hay niños que piden que les firmes un autógrafo en una libreta llena de más firmas y que se van sin saber quién eres, acaso sólo un garabato más en su colección.

Hay señoras que se empeñan en que les vendas la novela de María Dueñas porque afirman que tienes, en realidad, mucha más cara de librera o dependienta que de escritora, dónde va a parar.

Hay cámaras de televisión que buscan a los autores más famosos (que no vendidos, o admirados, o respetados, o siquiera queridos) y niños descontrolados que saltan detrás agitando las manos y buscando su segundo de oro en la pantalla.

Hay chicas de los departamentos de prensa de todas las editoriales corriendo de un lado a otro buscando en las terrazas botellines de agua con que regar las gargantas de los autores.

Y camareros de las terrazas que exigen el pago de la carísima consumición por adelantado porque no terminan de fiarse de los escritores.

Y autores que venden o que no venden y que miran siempre de reojo al otro, al compañero de caseta, porque firma más o menos.

Y jóvenes novelistas que llegan con su primera, tal vez con su segunda novela debajo del brazo, y esperan cargados de ilusión a que venga a verles alguien, puede que un amigo, quién sabe si un lector.

Yo fui ayer a la feria, estuve cuatro horas allí, me encontré con los editores parapetados tras sus gafas de sol, con libreros que son amigos, con otros autores con los que he trabajado en el pasado, me trajeron botellines de agua, y, al final, me clavaron cuatro euros por un tinto de verano que me supo a gloria.

Pero, sobre todo, traté con lectores, muchos más de los que esperaba. Personas que leyeron “Y punto.” y venían buscando “Mantis”, que llegaban con sus ejemplares terminados, forrados y sobados o con la lectura mediada y me pedían por favor que siguiera sorprendiéndoles, que no les contará qué iba a pasar, lectores que antes eran oyentes, porque me escucharon un día en la radio y les caí bien y pensaron que valía la pena probar suerte a leerme.

Y, sobre todo, lectores que son amigos, que tienen ochenta años o apenas veinte, que vienen con su familia y se sacan fotos conmigo, como Mayka, y me convierten, al hacerlo, en un miembro más. Lectores que me defienden, que me recomiendan, que sin vergüenza proclaman a gritos a todos los paseantes que soy la mejor, que vale la pena leerme, que luchan por hacer que venda un libro más.

Lectores, amigos, devotos que no merezco.

Que me abruman tanto que temo fallarles, pero que me dan esperanzas de conseguir ser merecedora de su aprecio.

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3 comentarios para “En Feria”

  1. Encarni dice:

    ¡Qué chulada! Es estupendo que estés disfrutando tanto del contacto con los lectores y amigos, das un montón de envidia a pesar de “la caló” que debes estar pasando.

    Un beso desde el sur.

  2. Mayka dice:

    Muchas gracias por tus palabras,por eso te quiero tanto,porque eres auténtica,cercana,divertida,maravillosa escritora y mejor persona,en mi vida me gusta rodearme de gente buena,porque la mala no te aporta nada,sólo mal rollo.Por eso me encanta escribirte de vez en cuando y fue para mí una emoción conocerte en persona después de habernos escrito tantas veces.Eres genial y no cambies jamás,lo digo yo Y Punto.

  3. Germán dice:

    ¡Hola Mercedes! Estoy esperando a ver si vienes algún día a Barcelona, que tengo mi ejemplar de Mantis recién comprado :) He leído unas cuantas páginas (esto de tener exámenes es horroroso, y más cuando te apetece leer un libro) y de momento me está gustando mucho. Realmente estoy intrigado por saber hacia dónde tirará la historia.

    ¡Que tengas mucha suerte, que firmes muchos ejemplares, y hasta pronto!

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