El viaje a ninguna parte

El viaje a ninguna parte consiste en bajar de un altillo una maleta, llenarla con ropa que no se arrugue y te haga parecer presentable y digna, y maquillaje que te borre las ojeras, y sandalias cómodas, y cepillo y pasta de dientes, y un libro que sabes que no vas a leer porque te faltará tiempo para hacerlo, y despertadores que te arranquen a tiempo del sueño, y sonrisas que regalar, y ganas de escuchar y el secreto deseo de que te escuchen.

Consiste en iniciar un viaje en coche con la parte de atrás llena de bocadillos, botellas de agua fresquita, juguetes con que entretener el camino de los que viajan contigo, paciencia para los kilómetros que han de venir y un buen repertorio de ilusiones y amigos que sabes que te irán a ver, que te esperan en cada una de las paradas.

Luego llegas a una ciudad tras varias (muchas) horas de asfalto, te lavas la cara, te pintas los labios, te pones las sandalias cómodas y el vestido que no se arruga y que te hace parecer alguien, la cara de escritora que sabe lo que cuenta y por qué lo hace, y buscas la librería donde te esperan y te reciben con los brazos abiertos libreros que parece que te conocen de siempre porque te han leído y los lectores que en algún momento de despiste compraron tu obra y la leyeron, o te oyeron hablar en una entrevista y pensaron que sería agradable volver a oírte hablar pero en persona, y los comerciales de tu editorial que van a apoyarte o quizás, incluso, a hacer bulto prestos a llamar al resto de la familia por si hiciera falta, no sea que la autora se desilusione al ver la sala medio vacía de oyentes.

Pero eso nunca pasa. Siempre hay fieles que acuden, y los amigos de tus amigos de la ciudad que visitas, y lectores que son también como tus amigos, y despistados que pasaban por allí y decidieron quedarse, y hasta la madre de algún escritor vigués que la avisó para que no se perdiera mi actuación.

Y te sientas, y hablas, y todos sonríen y hasta te aplauden, y les firmas dos, cuatro, veinte, todos los libros que haga falta, y te despides con besos las promesas de fotos que aseguran que te enviarán y regresas al coche dispuesta a seguir quemando kilómetros hasta hacer cuatro ciudades en cuatro días, como los cómicos de antaño, sólo para llevar tu voz a donde haga falta, para vender una docena de libros más, para seguir adelante, para convencerte de que esto vale la pena porque, de verdad, la vale.

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2 comentarios para “El viaje a ninguna parte”

  1. Rosa dice:

    Gracias por lo que vale la pena.

  2. Mercedes, gracias por el cariño de tus palabras. Las hemos guardado para que no se las lleve el viento como sucede tantas veces en la vida.
    Te queremos de vuelta tan pronto te escapes a Coruña. Nós es tu casa, porque allí viven tus libros. No siempre ocupan la planta principal, eso es porque llegan los nuevos inquilinos apremiantes. En cualquier caso: en el desván, en el apartamento de la gotera, en el luminoso cuarto izquierda o en el transitado segundo, escalera A, siempre hay un lugar para los Mantis, los Y puntos y los que vengan…
    Buen viaje para Mantis y para ti.

    Cecilia M.
    nuncatehagaslibrero.blogspot.com
    http://www.librerianos.com

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