En mi post anterior hablaba de los libros que voy a buscar a la biblioteca, y uno de los que he leído más recientemente es “El caso Arbogast”, de un alemán llamado Thomas Hettche a quien la crítica de su país lleva años alabando como joven promesa o, seguro que a estas alturas, ya valor consagrado y que aquí, en cambio, es totalmente desconocido.
He de admitir que no llegué a esta novela por instinto, buenas críticas (ya todas ellas pasadas, pues la obra no es reciente) o pura chiripa, sino por la recomendación ―¡ah, la bendita recomendación, que tanto favor nos hace a autores como yo!― de un magnífico lector y mejor bloguero, Ricardo Bosque, y que, si bien en el inicio de la novela, sin duda bien escrita, me pregunté adónde iría la trama, a medida que avancé en la lectura no pude despegarme de ella y sentirme cada vez más fascinada por la maestría del autor.
¿Por qué este enamoramiento? Porque posee una cualidad nada usual en los libros de publicación más reciente, la falta de prisa.
A mí me lo dicen los lectores, y es un requisito que sé que se maneja en las editoriales, y lo encuentro en los bestsellers más vendidos y en las películas más vistas: el vértigo, el correr, el contarlo todo en los cinco primeros minutos o folios, el no dar pausa ni tregua al lector o al espectador… En resumen: la prisa.
Se ve que tenemos todos tan poco tiempo que ni una oportunidad damos a las historias de desarrollo pausado, que avanzan incrementando cada vez más la tensión y empiezan con calma para irse acelerando, o desarrollando, o atrapándonos, poco a poco. Por eso, también, ya no nos paramos a escuchar las batallitas de los viejos y cortamos a los niños de malos modos cuando quieren liarnos con alguno de sus cuentos de lengua de trapo.
Pero esta novela no se arredra, ni se deja importunar, y avanza lenta pero segura y nos enreda, y seduce, y atrapa sin hacernos correr pero, tampoco, dejarnos escapar.
Bravo por la maestría del autor y por su valor. Por resistir, por la mesura y la calma, por escribir bien, por devolvernos la fe en valores que no tendrían que caer en desuso, que no deberían perecer jamás.


apuntado queda.
Estoy viendo tu calendario de firmas y eso de “Sin Prisa” nada de nada,¡madre mía,la de kilómetros que te haces!.Siendo así no me extraña que lo peor de publicar sea la promoción,si al menos sirviera para que los que no te conocen empiezen a quererte como los que ya te conocemos pues bienvenido sea
Yo he trabajado muchos años de road manager para grupos de música y creo que es hasta peor, o mejor, depende de cada uno, porque después de la actuación en un garito lleno de humo y sudor estás prácticamente obligado a beberte a altas de la madrugada varias copas y cargar con unos trastos que pesan como muertos y al día siguiente otras vez, como minimo durante 2 semanas
Ves? Podría ser peor, los libros no pesan tanto y las librerías están muy limpias