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Si fuera breve y concisa, tan concisa que hasta daría rabia, este post de hoy, el último -lo voy avanzando ya para que nadie se me lleve un disgusto al final- sería tan obvio y exiguo como el título de aquella canción de los Beatles: “Hello Goodbye” (por cierto, que alguien pase aviso al señor Bill Gates de que el corrector del Word, al citar el nombre del grupo, lo cambia por “Vétales”).
Y es que, queridos amigos, lectores, blogeros compañeros, editores, periodistas que se meten aquí para preparar las entrevistas y público en general: esto se acaba.
¿Qué por qué? Por la sencilla y breve razón de que la promoción de Y punto. lo ha hecho.
Me quedan ya sólo un par de bolos por pueblos que prometí hace tiempo, no veo la necesidad de seguir explicando en qué consiste sacar una primera novela a la calle porque ésta lleva ya ocho meses rodando y sé que a partir de ahora podrá hacerlo solita y, lo que es más importante, Clara se ha ido.
No es que haya muerto para mí, no es que la eche de más (aunque debo confesar que tampoco la echo mucho de menos, o al menos no tanto como hace unas semanas), no es que esté harta de ella ni la quiera. Todo lo contrario.
Pero tengo otra criatura que atender, y es quien ahora ocupa plenamente mis días. Me levanto con ella en la cabeza, me duermo pensando en ella, busco frases que podrían encajar en su boca y poco a poco le voy poniendo una casa, un trabajo, un poco de gente que la rodee en su mundo de papel para no estar tan sola.
Obviamente, creo que huelga la explicación, es la protagonista de mi nueva novela, y por ella me he alejado del mundo, de los amigos, de los actos literarios y hasta un poco de la familia.
Es un pequeño círculo vicioso, pero creo que, por algún que otro post anterior, ya todos sabéis cómo soy de intensa cuando escribo y qué pienso de la promoción y de que el autor dé la cara. Yo quiero ser coherente con lo que me gusta hacer, que es escribir, y me gustaría no tener que preguntarme a mí misma dentro de unos años qué pasó con mi siguiente novela, adónde fueron a parar mis ganas de escribirla, cómo pudieron perderse mis días entre compromisos y obligaciones generadas por la promoción.
No voy a cerrar el blog ni mucho menos, me gustaría dejarlo así, como está, abierto hasta el infinito a todos vuestros comentarios que, por supuesto, seguiré leyendo, y más ahora (y no negaré que por orgullo y coquetería) acongojada y asustada como estoy ante la página en blanco que todos los días se abre ante mí y me hace dudar de si realmente valgo para esto. También prometo, como ya sabéis que hago, responder poco a poco a todos los comentarios que me llegan si lo hacen con una dirección de correo electrónico verídica a la que pueda hacerlo (no como el que se hace llamar “Caín”, que me lleva a mal traer).
Me encantaría que esta página web fuera como uno de esos cementerios americanos a los que va la gente a sentarse junto a las tumbas mudas de sus seres queridos, jugando a la comba sobre ellos, cotilleando, hablando y comunicándose aunque no puedan responderles. Yo estaré ahí, pero prestaré mi voz a otro personaje, y no a esta Clara Deza gruñona a la que me parezco por momentos.
Aquí os dejo, por último, mi dirección de email y, por supuesto, a todos, a los habituales y a los inusuales, a los fieles y a los exigentes, a Leandro (que me ha aguantado carros y carretas) y a mi madre y a mi portero y todos y cada uno de los lectores que en ferias del libro y eventos me habéis dado vuestro cariño, mi eterno agradecimiento.
Hasta pronto,
Mercedes

