Sólo soy yo.

Una de las novelas que más me ha gustado de los últimos tiempos (y cuando digo tiempos me refiero a años) se titula “Jardines de Kensington” y la escribió Rodrigo Fresán allá por el 2003. Tuve la oportunidad de conocerle hace unos meses en una fiesta literaria en Barcelona y cuando le dije lo mucho que le admiraba se me quedó mirando con cara de “¿Pero quién coño es esta petarda?”. Como la fiesta ya estaba más que avanzada y el alcohol corría por las venas de muchos, y como la verdad es que yo sí tengo cara de petardilla (o, al menos, no la tengo ni de súper editora ni, mucho menos, de súper autora) le disculpo y no se lo tengo en cuenta.

Y si escribo esto es porque viene doblemente a cuento para argumentar la siguiente afirmación: es mejor no querer conocer a quien se admira.

Los escritores, como los cineastas, como los locutores de radio, tendrían que quedarse en casita y procurar dejarse ver lo menos posible. No deberían venderse libros por la cara bonita de nadie, no deberían hablar los autores, ni opinar, ni salir en la tele o la radio. Si tienen algo que decir, que lo digan desde sus páginas, ya sean ficción, ensayo o poesía: el que sabe leer, bien puede hacerlo entre líneas y sacar sus propias conclusiones.

Pero, claro, el hambre aprieta y los bolos están bien pagados, y hoy día la promoción es obligada a menos que te apellides Sallinger, por ejemplo. Por eso concedemos entrevistas, y hablamos en la radio aggastgando las egges, y sonreímos sudorosos desde nuestras casetas en la Feria del Libro de cualquier ciudad que la presente, y damos conferencias, y firmamos libros, y nos dejamos ver. Pero no tendríamos que hacerlo.

“Jardines de Kensington”, entre otras cosas, cuenta la historia de los hermanos que inspiraron a J. M. Barrie la historia de Peter Pan. Todos acabaron fatal, y el propio Barrie también y, sobre todo, creo que la novela habla del choque durísimo entre la realidad y la ficción y cómo este combate desigual siempre deja heridos entre los vivos, los reales.

Cuenta la leyenda que Barrie, que era bajito y feo y tenía un hermano mayor maravilloso que murió en un desgraciado accidente, entró en la habitación de su madre a oscuras poco después de que éste muriera y su madre, confundida, le llamó por el nombre del difunto. Él respondió: “No, mamá, sólo soy yo”.

Y esto mismo es lo que les digo a los enamorados de Clara Deza (la protagonista de “Y punto.”) que vienen a verme: “Ella no existe. Sólo soy yo”.

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9 comentarios para “Sólo soy yo.”

  1. Rosa dice:

    Estoy totalmente de acuerdo contigo, creo que la admiración hacia una escritora no deberia estropearse con un encuentro real, si no se como eres te imagino como quiero, te otorgo unas cualidades y valores que igual no tienes y espero un comportamiento que igual no es el tuyo. Por otro lado discrepo en la creencia de que la admiración a la escritora provenga de la simpatía hacia su protagonista ¡va mucho mas alla! crees en la persona capaz de haber escrito lo que ha escrito, te gusta lo que dice y cómo dice las cosas en su Blog y empiezas a sentir curiosidad por su vida y milagros, pero los de Mercedes Castro no los de Clara Deza. Saludos

  2. juani dice:

    Varias cosas.

    Uno. ¿Entonces Barrie no se parecía a Johnny Depp?

    Dos. ¿Y le parece poco ser usted? Sin usted no habríamos tenido nunca a Clara. Cuando yo conocí a M. Castro pensé: Sí, esta chica es la que ha creado a Clara. Y eso no es moco de pavo. Personalmente no me decepcionó, si no todo lo contrario (no se quejará por el peloteo).

    Tres. Apunto la novela de Fresán a mi lista de pendientes.

    Cuatro. Abrazos y pizzapinos para usted y los suyos.

  3. Manuel Márquez dice:

    En este mundo de hoy, donde tanto prima la imagen, es difícil no cultivar la mitomanía como un reclamo comercial más: supongo que son exigencias del "guión". Pero estoy totalmente de acuerdo con tu planteamiento de fondo: así debiera ser, así…

    Un abrazo.

  4. nones dice:

    Clara Deza sí existe, bonita. Existió en tu imaginación, le dio el agua como a los Gremlins y ahora hay una Clara Deza en cada uno de tus lectores, que existe como tú y como yo, aunque de otra manera.

    Los que os confundan a ambas, o han leído poco, o han leído demasiado y están mal de la cabeza, como Alonso Quijano.

    NB: ¿A quién le pido una chapita? Pensé que las darías en la Feria, como en Juvenalia, pero quiá.

  5. Lunera dice:

    Cuando los escritores eran nombres en una portada o biografías frías en una solapa, uno podía llegar a idealizarlos embelesado por su escritura, o a odiarlos por crear personajes oscuros y odiosos. Pero las firmas, las presentaciones de libros, las entrevistas y, en tu caso, este blog, nos acercan más al escritor. Claro que todos tenemos un mal dia, las jornadas de feria son largas y calurosas y cuando ya tienes un nombre, sobrellevas peor la fama, el estar 4 horas en una caseta con la mano agarrotada, con cientos de personas que se creen que te conocen, teniendo que sonreir aunque te estén saliendo las muelas del juicio… supongo.
    Que en tu caso no se aplica lo que escribes en este post, vamos!!

  6. Joaquín dice:

    Muy profunda esta reflexión sobre la imagen de un escritor/a. No estoy seguro de si el careto de Ruiz Zafón incrementa o disminuye el número de ejemplares vendidos de su última novela, pero no me cabe ninguna duda de que muchos periodistas que salen por la tele -y tienen por tanto caretos conocidos- llegan a la literatura "por la jeta" (nunca mejor dicho). Me refiero a gente como Angeles Caso, Arturo P. Reverte, Cantero, etc…
    Saludos
    Joaquin

  7. L. dice:

    Ya yo juré que más nunca volvía a leer memorias ni diarios de ningún escritor. Porque hay personas capaces de fabricar unas novelas maravillosas o unos cuentos brutales, y luego, cuando cuentan su vida en primera persona, se ponen lloricas o incomprendidos-por-la-humanidad o envidiosos de los premios de los otros o sencillamente en plan centro-absoluto-del-universo, y qué coraje da eso.

  8. Javier M. dice:

    Estoy con nones: Clara existe. Se escapó de ti en el momento en que comencé a leer la novela y me empecé a enamorar de ella. Se separó de ti y seguramente no te diste cuenta. Como ya saben quienes siguen este blog, la Castro es una mujer encantadora, que habla hasta por los codos, pero que encandila sin esforzarse. Clara no es así. Su fuerza no reside en lo que dice, sino en lo que siente; su encanto no está en la fuerza y seguridad que Castro transmite, a pesar de su "egge", de su humor, sino de su fortísima fragilidad.

    Clara se te escapó, y yo sigo buscándola, incluso en otros libros.

    Gracias, Castro, te invito a otro café. Un beso.

  9. María dice:

    ¡Que bien escribes, jodía!

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