Paz y bragas limpias.

Ay, dios, si es que la culpa es mía por ser tan indiscreta.

Me pasa a veces, no sé de qué escribir (mi vida, contra lo que pudiera pensarse, no es una tómbola. De hecho, es más bien sosa) y cuento lo primero que me viene a la cabecita loca o, por aquello de la catarsis colectiva, algunas de las cosas que me pasan y con quién me pasan.

Y luego aparece un embolao.

Esta vez vino en forma de llamada telefónica:

-¡Mercediñas!

-Qué, mamá -respondo temblando de miedo, porque ese tono de voz ya me lo conozco y no presagia nada bueno.

-A ver, ¿qué es eso que te pasa con ese tal Leandro?

-Nada, si no me pasa nada, es algo que pongo en el blog, pero es de broma -le aseguro rápidamente intentando parecer muuuuy convincente.

-¿De broma? Ya, y yo me lo creo. Si es que eres una borde, si es que siempre estás igual, si es que es como cuando eras pequeña, que siempre estabas tirándote de los pelos con Piñeiro -yo me echo a temblar, porque cuando echa mano del recuerdo de mi archienemigo de la infancia la cosa va para largo (luego nos amigamos, que es lo que suele pasar cuando uno crece, pero las palizas que nos metíamos de niños eran finas)-. Esto no puede ser. Pero bueno, ¿qué es lo que llevo diciéndote yo desde que eras pequeñísima?

-¿Que hay que llevar siempre puestas bragas limpias por si tengo un accidente?

-¡¡¡¡NO!!!! Que hay que ser buena con los niños. Si es que eres una salvaje. Mira que meterte con él, con la paciencia que debe de tener contigo. Seguro que es un santo. ¡Un santo! Ya le estás pidiendo perdón ahora mismo, o si no…

Vale, cuelgo antes de que verbalice su amenaza y me pongo a la tarea:

Oye, Leandro, que adónde te mando el ramo de flores con la tarjetita y las disculpas. Y, ya de paso, que de qué color las quieres. Tú pide sin miedo. Las va a pagar mi mamá.

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9 comentarios para “Paz y bragas limpias.”

  1. Juani dice:

    Jajaja…
    Tienes que ser mala con el niño Leandro! Nada de flores..
    Así es más divertido…
    un saludín

  2. oranyina dice:

    Que gusto volver! mis visitas no son muy frecuentes porque sino lo serian tambien mis ‘cates’ pero de este modo tengo la oportunidad de leerme 3 o 4 posts de golpe y disfrutar doblemente.
    Espero algun dia poder asistir a una firma de libros… antes de que te hagas todo lo famosisima y valorada que estaras si la gente lee y juzga libros en este pais se entera de algo… (que luego a ver como llego yo ahi arriba a pedirte una firmilla…)

    Y auntes de irme de nuevo me gustaria hacer dos cosillas:
    - una, dejarte mi blog, que ya lo han hecho muchos y, a veces es mas comodo que el mail.
    http://www.oranyina.blogspot.com

    - y dos y menos egocentrica, preguntarte si ese pobre sufridor que era Pinheiro (no tengo enhe) es el Pinheiro que todos conocemos y odiamos de TVG…

  3. Nuria dice:

    Lo que me parece increíble es que todas las madres del mundo se pongan de acuerdo en lo mismo. Aunque mi madre decía que no llevásemos las bragas rotas. Y es que en la época de la transición y siendo la quinta de seis, una heredaba de todo.

  4. Manu dice:

    Mi madre además de lo de llevar siempre limpios los "canzoncillos" me obligaba a llevar las oidos limpios, sin cera…con lo que molaba sacarte la plasti y hacer pelotillas para tirarselas a algun compañero.Desagradable, si, pero era un niño.

  5. Ana Amado dice:

    Hola Mercedes,

    Acabo de leer tu libro y me ha gustado mucho. Sabía de su publicación y estaba dispuesta a comprármelo cuando además mi madre me comentó que había estado con la tuya allá en Ferroliño (se conocen) y le habló de ti y tu libro y, claro, mi madre flipó. Cuando vi tu foto ya te reconocí: ibas en un curso más que yo, en el Colegio Belén. Por aquel entonces yo era la gran esperanza blanca de la directora por la cantidad industrial de concursos de dibujo que ganaba (me llamo Ana Belén Amado, a lo mejor te suena, aunque ya llovió…).
    Pues sí, es una sorpresa bien agradable que alguien que conocí en la infancia haya hecho algo tan bueno, con más mérito aún habiendo salido de Ferrol, que tal y como está ahora parece un milagro que algo decente pueda gestarse aquí.
    Te doy mis más sicera enhorabuena como ávida lectora que llevo siendo desde los tiempos de D. José.
    En cuanto a en qué se convirtió la gran esperanza blanca te diré que sigo dando tumbos, a mis casi 33, después de licenciarme en Arquitectura y currar unos años en Ferrol, ahora me estoy haciendo un posgrado en Barcelona de Ilustración Creativa, por aquello de que no me resigno a abandonar el sueño de infancia… pero a veces los sueños a destiempo hacen incluso más daño que la realidad… en fin, corto ya que me parece que la morriña bestial que tengo últimamente me está nublando las ideas.

    Un gran abrazo gallego y muchísima suerte.
    Ana

  6. Iván dice:

    Qué tal una nueva novela con el trío mercediñas-webmaster-mamá de mercediñas.
    Luego podrías rescatar al archienemigo de la infancia convertido en un traficante riquísimo y obsesionado por ti que te pide matrimonio, y ahí es cuando Leandro se decidiría a declararte su amor verdadero.

  7. David dice:

    Te he visto muy bien en Paramount Comedy, dando caché al nuevo programa de Juan Solo (me pareció de hecho que él estaba más nervioso que tú). Me alegro de que queden personas con buen gusto en algunas televisiones, y que le den un poco de bola a los autores que lo merecen, aunque no se llaman Ken Follet.
    Felicidades.

  8. ese tal Leandro dice:

    Mercedes, me dejas sin palabras. A los románticos la flor que más nos gusta es la coliflor gratinada con bechamel y queso.

  9. Carmen dice:

    Hola Mercedes,
    Te escribo para felicitarte por tu novela. Su lectura (voy por la página 150 más o menos) me resulta muy divertida y encuentro muy interesante cómo describes las dificultades de una mujer que realiza un trabajo tradicionalmente considerado territorio masculino y cómo su vida privada está también presente; me gusta el poder reconocer reacciones de mujer en Clara. Me dedico a investigar a autoras americanas que escriben sobre mujeres detectives como Patricia Cornwell o Kathy Reichs y tu libro me ha aportado una visión más cercana, realista e irónica de la ficción detectivesca. Sólo repetirte, ¡gracias!
    Carmen

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