Mi madre viene de visita. Agarraros todos, el que avisa no es traidor.
Lo noté, incluso antes de que ella me lo dijera por teléfono, anunciándomelo como quien anuncia una visita de Estado, con tanto bombo y boato como requeriría el Santo Padre, o Condoleezza Rice -a la que se parece un poco, sobre todo por sus dotes de mando-, o algún actor de Hollywood al que ella calificaría de bombón, por una actividad inusual en el portal. Hacía años que no veía a mi portero pasando la mopa con tanto brío, incluso diría que con vigor o, más bien, temor.
-Que viene su madre, señorita -me dijo con un punto de terror irracional en el fondo de los ojos.
-Qué me va a contar, bien lo sé yo -le reconocí, solidarizándome con él en el acto.
Así es ella, tiene la virtud de sembrar el compañerismo y la amistad allá por donde pasa. Y, ya puestos, yo no sé por qué, ahora que tienen vacantes, don Víctor García de la Concha no le hace un hueco en la Real Academia de la Lengua. Nadie como ella provoca que surja a su paso la tan ansiada limpieza, que bien que se fija en ella, que bien que no se contenta con menos que con el esplendor. El sillón jota mayúscula le vendría que ni pintado, por ejemplo.
Pero yo ya estoy acostumbrada. Los pobres libreros, en cambio, no saben lo que les espera. Estoy por mandarles un fax, pero no sé si llegaré a tiempo. Ya la estoy viendo por Madrid adelante, de librería en librería, buscando Y punto. con un gesto olfateador en la cara, comprobando si tienen suficientes ejemplares, si se les va a acabar pronto el stock, si alguna de las fajas de la segunda edición está en mal estado y, por supuesto, si han colocado bien mi novela, en la cabecera de su más destacada mesa, incluso en el escaparate, donde llame más la atención.
Ah, por cierto, si en los posts anteriores a éste de pronto comienzan a echar en falta los tacos, las salidas de tono, cualquier adjetivo mal puesto, cualquier asomo de imprecación, no se asusten, por favor. Es que por aquí también estará pasando limpieza, con su plumero en la mano, su trapo en la cabeza y el ceño fruncido por la concentración de su tarea.
Ya lo dije al principio: el que avisa, no es traidor.


Crea otro blog. Con tonos pastel y poemas de Gloria Fuertes. Se lo enseñas y otra cosa. Y, de paso, en este mete más caña, más sexo, más sarcasmos, más de ti, no pienses en ella ni en quienes te conocen, sólo en los que te leemos.
¿Es posible superar el pánico a la revisión de la madre?
En mi caso no. Pero quizás madure.
De momento contrato una chica que me deja todo como los chorros del oro antes de que venga. Al menos soy consciente de mis limitaciones.
No importa. Siempre falla algo. Nunca llegaré a ser perfecta.
Aún así, acudiré con mi imperfección a ver cómo le conceden algún día la medalla del trabajo y la limpieza. Ésa que a mi nunca me darán.
O me quedaré de piedra cuando la familia real pare en casa de mi madre a por un vaso de agua y se sorprenda de lo recogida y limpia que está la cocina.
La aprobación de mi madre es como la zanahoria de los burros que nunca alcanzaré. Es lo mismo que me pasa con el amor.
Y cuando no me importe nada todo esto, habré madurado, o me habré cambiado el corazón por una réplica de taxidermista.
Date cuenta, incongruencias de la vida, que ojalá tuviese yo a mi madre cerca para que viniese a repasarme la casa. No sé que más decir. Bueno sí, que no se ha muerto, no os espantéis… que echo en falta los días de mercadillo y su saber hacer y su super poder de tenerlo todo bajo control, casa y trabajo, que yo me siento incapáz… Mami… mmmm, en ningún sitio se está mejor que en su regazo.
Un comentario muy bonito, SANDRA.
Pero todas las madres no son iguales.
Apuesto a que eres jovencita.
Algunas madres de la posguerra tuvieron vidas muy difíciles, no consiguieron controlar nada que valiera la pena, y tú su hija, eres su más valioso objeto de control.
Y el control de una madre, sobre todo desde pequeña, te puede arruinar si no la vida, por lo menos la autoestima. Porque es difícil brillar tanto como una mesa encerada.
Por cierto haz caso a "Consejos doy", que sabe mucho de esto. Y es muy difícil arrancarle Consejos.
Irela, cómo sabes eso? me conoces?
Consejos doy
No quiero hablar más de la cuenta.
Mejor piensa si me conoces tú a mí.
Besos.
Hombre, jovencita, jovencita… 33 no está mal, mi madre 70 y de postguerra, la primera en llevar pantalones en su pueblo, bikini, pantalones cortos, le pasó los patrones a media villa. Emigrante/Inmigrante. Viuda rehaciendo su vida y yo, su más ferviente fan/seguidora. Lo que he de reconocer es que mis otras dos hermanas, sobretodo la mayor, no lleva la relación igual, pero yo creo que tiene más que ver con su propia interpretación de las actitudes de nuestra madre y su nivel de autoexigencia. Por cierto, yo no he sobrevivido a una sino a TRES madres, porque la diferencia de edad a propiciado que cada una sienta hacia mi esa postura maternal que, sí que tengo que decir, a veces me tiene hasta los mismos cimientos (que diría la autora del blog)y seguramente es la culpable de que sea incapaz de madurar. ainsss