Mi candidato.

Mi candidato tiene acento argentino y va en vaqueros, habla un poco raro y jamás lleva corbata. Mi candidato es humilde y modesto, y todo esto de los vídeos promocionales en el fragor de la campaña y los baños de multitudes en La Castellana le venía un poco grande. Lo sé, lo noto, lo siento.

Pero ya lo decía mi abuela: vale más caer en gracia que ser gracioso, y mi candidato está tocado por la fortuna, que es caprichosa y hasta, a decir de algunos, odiosa. Por eso mi candidato ha ganado. Y bien merecido que se lo tenía.

Mi candidato sudó la camiseta, y la perilla, y repitió hasta la saciedad su discurso con coherencia sin igual. Mi candidato estrechó manos y besó niños como el que más. Mi candidato soportó lo duro del proceso, y las primarias, y las votaciones previas, y todo lo que hiciera falta.

Y venció aunque hubo algunos que se lo tomaron a broma, que le sugirieron en el medio de la votación que, por respeto a otros aspirantes, se retirase. Que si lo suyo no era amor a la música. Que no era serio. Que no merecía, en definitiva, estar ahí.

Pero aguantó el tipo, y no se mosqueó por las críticas, soportó el chaparrón y supo callarse a pesar de que todos daban como favorito a otro que, yo lo vi sentada en mi sillón, bien creído se lo tenía, bien soso era, bien inflado estaba, buena leche se metió.

Tal vez por eso, cuando se supo el veredicto del pueblo soberano tras el recuento de los votos, hubo partidarios de otros candidatos que le abuchearon, que gritaron ¡Tongo! ¡Tongo! faltándole al respeto a la democracia y a la nación, que se quedaron con un gesto hosco en la cara, con un rictus amargo que no supieron disimular ante las cámaras.

No importa, muchos otros lo felicitaron, y salió a hombros, y a su madre se la caía la baba, y hasta vi asomar a sus ojos una lagrimilla fruto de la incredulidad o de la emoción.

Espero que gane allá en Belgrado, que arrase, que su tema se convierta en la nueva Macarena, en la canción del verano, que le dé en las narices con su mini guitarra eléctrica a los que le tacharon de fantoche, a la momia Rafaella que le vino a preguntar si no le daba vergüenza, al desfasado Uribarri que se negó a reconocer su triunfo apelando a su falta de altura musical, al deshonor que suponía para España que nos representara en Eurovisión.

Ellos sí que son chiquilicuatres.

A mí me representa, y mucho, y por primera vez en muchos años voy a tragarme entero, sólo por él, el festival de Eurovisión.

Que viva el Chikichiki, y Rodolfo, y sus votantes, y la madre que lo parió.

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9 comentarios para “Mi candidato.”

  1. Ana dice:

    Claro que sí!!!!

    Yo me alegro porque no considero Eurovisión como plataforma para nuevos artistas, sino más bien como festival gafe, para que el novel sueñe con la fama y después se lleve el batacazo padre.
    David Fernández y sus chicas no tienen nada que perder y nosotros mucho que reir esa noche.
    Y si Irlanda va con un pavo dela tele, ¿por qué no podemos ir nosotros con Rodolfo?
    Yo lo veo muy digno, la verdad.

    Y olé!!

  2. sandra dice:

    Di que sí, ya está bien, que la rafaela es una momia y encima se le va la chapa, que yo A-LU-CI-NÉ con el trato que le dieron y, sobretodo, ella, que se supone que es una "gran" profesional.

  3. Charo Roca dice:

    Antes de nada mátame porque todavía no compré tu libro,pero lo haré,si no tendría que vérmelas con tu madre.
    Pues mira yo siento discrepar con el Chiqui,para mi es una caca.La pena es que se quedan en el camino otros que merecerían estar ahí,gente con talento,no talante,que estudian y trabajan duro.
    Bueno Mercediñas,veo que no arreas con la edad.Espero de todo corazón que te hagas famosa para ir a un programa ,de esos amarillos de la tele,y a cambio de descubrirla me obsequien con una buena cantidad de dinero.Bicos guapa y mucha suerte.

  4. salvajuan dice:

    acabo de terminar de leerla. Espectacular. Y con lo que no obligan a leer en la ESO.

  5. Guio dice:

    Ya tengo mi regalo del día del padre: "Y punto". Hasta ese día no podré empezar a leerlo así que, de momento, me quedo con el adelanto y la recomendación de Lucía. Espero volver a encontrarte por la blog de L., y si no es así, volveré a darme un paseíto por aquí.
    Un beso.

  6. Lynnsinhill dice:

    No digo nada al respecto… Está bien que, al final, hayamos asumido que Eurovisión es una mofa. Pues hala, chiki, chiki

  7. Parce dice:

    Me encanta que haya ganado Rodolfo… cuando vaya a Belgrado terminaremos preguntándonos ¿quién se ríe de quién? Una lástima que le hagan cambiar la letra.

  8. RuthhtuR dice:

    Mercedes, ya voy por el capítulo 3 y que maravilla de libro!!! La verdad es que los primeros dos capítulos me quedé un poco así, sorprendida, a lo mejor porque la chica que sale en la portada no pega (o eso creía yo) con una policía que dice lo que dice, jijiji, me la imaginé distinta. Pero te digo que me está gustando mucho, y esta semana terminaré con tu libro y mi gripe debajo de una mantita con mi niña a mi lado, disfrutando de los últimos días de invierno.

    Un besooooooooooo

  9. David dice:

    Sí, es un alivio comprobar que aún queda gente con mucho sentido del humor en este país de corbatas y candidatos grises perpetuamente cabreados. Es un alivio parecido (salvando las distancias, no se me vaya a enfadar la artista) al que siento al saber que Y PUNTO tiene una segunda edición y que hay muchas personas que aprecian el sarcasmo y la mofa bien dirigida.
    Es curioso que muchos de los que nos alegramos de la elección del Chikilicuatre seamos los mismos que compramos, y disfrutamos, tu novela. Yo, pesimista por naturaleza y por tradición, estaba convencido de que éramos escasos como los habitantes de la aldea de Astérix y que tarde o temprano sucumbiríamos (nuestra poción mágica no vale un pimiento), pero ya ves, parece ser que no es así. Aún queda esperanza para los irreductibles galos ¿quién lo iba a decir?
    Felicidades por la novela, y por el blog, y por el sentido del humor, Mercedes. Nos vienen haciendo falta muchos Rodolfos Chikilicuatre y muchas Claras Deza, muchos Migueles Muñoz y muchas Mercedes Castro, para no perder la sonrisa… ni la perspectiva.
    Un saludo.

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