Marzo, 2008


31
Mar 08

Fantasmas.

Supongo que se trata de motivación, de inspiración más que de pericia, de capacidad de evocación sobre todo por encima de la pureza de la prosa o de su limpieza o de sus referentes literarios. Porque la literatura para mí es eso, la capacidad de evocación, y no los latinajos ni los endecasílabos ni los oxímorones ni las pedanterías que a veces no entiendo pero que la crítica alaba sin saber muy bien por qué.

Por eso estoy tan contenta, porque todos sabemos por qué, porque todos habéis contado una historia, con bellas palabras, sí, con palabras sencillas o poéticas, con palabras que a veces parecen sin sentido pero lo tienen, bien lo sabemos nosotros, con humor, con prisa, con llanto, pero historias al fin y al cabo. Y, sobre todo, historias que generan el apetito de más.

Ya he elegido una vida en trece palabras, y si algo ha hecho mella en mí para que la eligiera no fue el taco, aunque son mi debilidad, ni el derroche de ingenio, ni la gracia ni tan siquiera el dolor. Es que la frase, con sus trece o catorce palabras, me da vueltas en la cabeza y me pide una continuación.

“ya le pueden dar bien por el culo a los fantasmas de la soledad” (Nuria)

A ver, de las mil preguntas que se me ocurren, por ejemplo, ¿quiénes son los fantasmas a los que se les puede ir dando por culo? ¿Por qué, de hecho, les van a dar? ¿Porque el autor de la frase decide emprender una nueva vida mucho más social? ¿Porque por fin se suicidará y dejará para siempre tras de sí el espejismo de la soledad? ¿Porque le hacen compañía sus propios fantasmas, tal vez los de la locura? ¿Porque va a ser padre o madre al día siguiente y ya no estará solo nunca más?

Con permiso de Nuria, la flamante ganadora, lo que me pide el cuerpo es abrir un nuevo concurso usando su historia para dar lugar a alguna un poco más larga.

¿Se anima alguien a continuar el cuento? Pongamos otro tope, cien palabras como máximo para resolver qué le pasa a esa persona con sus fantasmas.

Eso sí, que Nuria se manifieste antes y nos deje hacerlo, no vaya a ser que nos demande por plagio.

Y enhorabuena, claro, aunque sin endecasílabos ni oxímorones.


27
Mar 08

Su vida en trece palabras.

Una revista electrónica americana llamada Smith (www.smithmag.net), de la que sólo los cultos y entendidos del lugar habrán oído hablar, porque yo no, propone a sus lectores que cuenten su vida en seis palabras.

Me parece una propuesta ciertamente pretenciosa: ¿Es posible contar tu vida en seis palabras?, y en todo caso ¿a quién le importa? Por todo esto, yo me subo al carro, ya que en este país copiar las ideas de otros es deporte olímpico, y propongo a los lectores de este blog que me cuenten su vida en 13 palabras como máximo. Sí, es un número bastante peliagudo, pero es lo que hay, y es el primero que se me ha ocurrido.

Aunque si alguien fuera capaz de hacerlo en menos, mejor que mejor. Prometo leer todas las propuestas, estudiarlas, valorarlas con fiereza y encumbrar al mejor de todos los participantes proclamándolo el más talentoso de este blog.

Dicho esto, pongamos plazo para el cierre de la participación: ¿Qué tal cuatro días desde la publicación del post?

Pues hala, a crear. Hoy trabajáis vosotros.


24
Mar 08

La bondad de los extraños.

No soy yo, bien lo saben ustedes, muy de fardar de amigos. A mí, por ejemplo, sacar a los colegas en el blog y recomendar sus obras, o alabar sus virtudes y decir que son estupendos me da mucho reparo por más que ellos me traten fenomenal, y no creo haberlo hecho en esta página más de una o dos veces, eso sí, por razones de fuerza mayor, porque el amor es así y los héroes, por ejemplo, si no se dan a conocer, con su capa ondeando al viento, es como si no lo fueran.

Además, el amor de los amigos es como el honor en la Legión, algo que se presupone y que, precisamente por la cercanía del trato, no es excepcional y, lo peor, en muchos casos para nada objetivo. Pero, ah, la bondad de los extraños, y su confianza, eso es otra cosa, queridos. Y de ella voy a hablar hoy:

Con motivo de la aparición de Y punto. me ha tocado viajar por varias ciudades y en todas ellas he hablado con la prensa y en algún caso he intervenido en mesas redondas. Pero éstas, ya se sabe, son cosa de muchos, y en la presentación al público en Galicia, la tierra de una, lo previsible es que te traten bien porque por algo juegas en casa.

Por el contrario, el otro día cogí un tren yo solita y me planté en Valladolid. En esta ciudad no conozco a nadie, así que iba acojonada, he de admitirlo, y sin embargo al regresar en el tren de vuelta, a las tantas de la noche, baldada y con agujetas en la lengua y en las manos de tanto hablar y tanto firmar, estaba más contenta que unas castañuelas.

Creo que fue uno de los mejores días de mi vida. Me recibieron en la estación dos comerciales de Alfaguara que no creo que se estén forrando precisamente con mi novela y que me trataron de forma excepcional, al igual que la librera de Oletvm, Estrella García, que me ha apoyado de forma desinteresada y sin conocerme sólo porque le ha gustado Y punto.; tuve además un presentador extraordinario que se había leído el libro (no todos lo hacen), y no por compromiso, y que la defendió desde la pasión del lector; y para culminar firmé libros a personas que no me eran conocidas y que me hablaban como si fuera de su familia y, a través de mi novela, me hubiera ganado un puesto de honor en ella.

Este jueves 27 de marzo cogeré otro tren para ir a Zaragoza. Estaré en la Librería Central (también conocida como “Central del Libro”) a partir de las 19:15 esperando a todo el que quiera acercarse y saludarme. Hace diez días estaría temblando ante el reto de plantarme allí sola a defender mi novela, pero hoy voy bien tranquila, sé que estaré como en casa.

Sólo una cosa: disculpen si me ven en pantuflas. La confianza es lo que tiene.


14
Mar 08

Que ustedes lo pasen bien.

No sé ustedes, pero yo estoy harta de mí. De contarme cada dos días, de parecer ingeniosa, de opinar sobre todo y sin ton ni son.

No sé ustedes, pero yo, a día de hoy, ya no tengo mucho más que contarme. No me soporto, me caigo fatal, necesito vacaciones de mí misma y, lo más importante, necesito que pasen los días sin pensar en el siguiente post.

Los que me leen habitualmente desde el trabajo me entienden bien. ¿A que están deseando no volver a saber de mí en una semana? Es más, ¿a que están deseando no ver en toda la próxima semana un solo ordenador?

Pues eso, yo tampoco, así que como no mantenga este blog por señales de humo y le mande al leal y sufrido Leandro, que es quien mantiene esta página, los textos de los próximos tres días por paloma mensajera, a golpes de tam tam o por silbidos, como en La Gomera, bastante negro lo veo, y además, que no me da la gana.

A cambio de mi silencio santo y casto y pío y descansado, prometo hacerme buena, y dócil, y simpática y hasta jaranera y venir mucho más relajada cuando acabe este periodo de asueto, estos días felices de rezo y vacación.

Seré más yo que nunca, pero además, intentaré ser mejor. O peor.

Mientras tanto, relájense, disfruten, cuidado con las procesiones -que más de un atropellado conozco-, con los atascos y los atracones, sobre todo con los cuñados y los baños de sol.

No me sean infieles, pero séanme felices, háganme el favor.

Nos veremos en el próximo post.


12
Mar 08

Ya está aquííííííííí.

Mi madre viene de visita. Agarraros todos, el que avisa no es traidor.

Lo noté, incluso antes de que ella me lo dijera por teléfono, anunciándomelo como quien anuncia una visita de Estado, con tanto bombo y boato como requeriría el Santo Padre, o Condoleezza Rice -a la que se parece un poco, sobre todo por sus dotes de mando-, o algún actor de Hollywood al que ella calificaría de bombón, por una actividad inusual en el portal. Hacía años que no veía a mi portero pasando la mopa con tanto brío, incluso diría que con vigor o, más bien, temor.

-Que viene su madre, señorita -me dijo con un punto de terror irracional en el fondo de los ojos.

-Qué me va a contar, bien lo sé yo -le reconocí, solidarizándome con él en el acto.

Así es ella, tiene la virtud de sembrar el compañerismo y la amistad allá por donde pasa. Y, ya puestos, yo no sé por qué, ahora que tienen vacantes, don Víctor García de la Concha no le hace un hueco en la Real Academia de la Lengua. Nadie como ella provoca que surja a su paso la tan ansiada limpieza, que bien que se fija en ella, que bien que no se contenta con menos que con el esplendor. El sillón jota mayúscula le vendría que ni pintado, por ejemplo.

Pero yo ya estoy acostumbrada. Los pobres libreros, en cambio, no saben lo que les espera. Estoy por mandarles un fax, pero no sé si llegaré a tiempo. Ya la estoy viendo por Madrid adelante, de librería en librería, buscando Y punto. con un gesto olfateador en la cara, comprobando si tienen suficientes ejemplares, si se les va a acabar pronto el stock, si alguna de las fajas de la segunda edición está en mal estado y, por supuesto, si han colocado bien mi novela, en la cabecera de su más destacada mesa, incluso en el escaparate, donde llame más la atención.

Ah, por cierto, si en los posts anteriores a éste de pronto comienzan a echar en falta los tacos, las salidas de tono, cualquier adjetivo mal puesto, cualquier asomo de imprecación, no se asusten, por favor. Es que por aquí también estará pasando limpieza, con su plumero en la mano, su trapo en la cabeza y el ceño fruncido por la concentración de su tarea.

Ya lo dije al principio: el que avisa, no es traidor.


10
Mar 08

Mi candidato.

Mi candidato tiene acento argentino y va en vaqueros, habla un poco raro y jamás lleva corbata. Mi candidato es humilde y modesto, y todo esto de los vídeos promocionales en el fragor de la campaña y los baños de multitudes en La Castellana le venía un poco grande. Lo sé, lo noto, lo siento.

Pero ya lo decía mi abuela: vale más caer en gracia que ser gracioso, y mi candidato está tocado por la fortuna, que es caprichosa y hasta, a decir de algunos, odiosa. Por eso mi candidato ha ganado. Y bien merecido que se lo tenía.

Mi candidato sudó la camiseta, y la perilla, y repitió hasta la saciedad su discurso con coherencia sin igual. Mi candidato estrechó manos y besó niños como el que más. Mi candidato soportó lo duro del proceso, y las primarias, y las votaciones previas, y todo lo que hiciera falta.

Y venció aunque hubo algunos que se lo tomaron a broma, que le sugirieron en el medio de la votación que, por respeto a otros aspirantes, se retirase. Que si lo suyo no era amor a la música. Que no era serio. Que no merecía, en definitiva, estar ahí.

Pero aguantó el tipo, y no se mosqueó por las críticas, soportó el chaparrón y supo callarse a pesar de que todos daban como favorito a otro que, yo lo vi sentada en mi sillón, bien creído se lo tenía, bien soso era, bien inflado estaba, buena leche se metió.

Tal vez por eso, cuando se supo el veredicto del pueblo soberano tras el recuento de los votos, hubo partidarios de otros candidatos que le abuchearon, que gritaron ¡Tongo! ¡Tongo! faltándole al respeto a la democracia y a la nación, que se quedaron con un gesto hosco en la cara, con un rictus amargo que no supieron disimular ante las cámaras.

No importa, muchos otros lo felicitaron, y salió a hombros, y a su madre se la caía la baba, y hasta vi asomar a sus ojos una lagrimilla fruto de la incredulidad o de la emoción.

Espero que gane allá en Belgrado, que arrase, que su tema se convierta en la nueva Macarena, en la canción del verano, que le dé en las narices con su mini guitarra eléctrica a los que le tacharon de fantoche, a la momia Rafaella que le vino a preguntar si no le daba vergüenza, al desfasado Uribarri que se negó a reconocer su triunfo apelando a su falta de altura musical, al deshonor que suponía para España que nos representara en Eurovisión.

Ellos sí que son chiquilicuatres.

A mí me representa, y mucho, y por primera vez en muchos años voy a tragarme entero, sólo por él, el festival de Eurovisión.

Que viva el Chikichiki, y Rodolfo, y sus votantes, y la madre que lo parió.


7
Mar 08

Quién da más.

No quería hacerlo, pero no queda otro remedio. Estamos a viernes, el domingo votaremos y, aunque lo he intentado con todas mis fuerzas, creedme, al final no he podido escabullirme y dejar pasar ese día sin hablar del tema.

Pero no me internaré en difíciles meandros sobre política internacional, moralidad o ética difíciles de vadear. Mejor no, que me mareo.

Lo único que quiero contar es que ayer por la noche tuve un sueño. Y no soñé con una niña, no, ni con la utopía de la paridad de géneros, ni con un país mágico y feliz donde no existiera el paro ni la bajada de precios ni los matrimonios de hecho. No. Soñé que paseaba por una feria como las de mi infancia, una de esas ferias como de pueblo con norias pequeñas desde cuyo punto más alto no se veían rascacielos, y puestos de algodón de azúcar, y tenderetes que vendían collares de plástico, y pendientes de gitana, y pulseras de colores y relojes de pega con manecillas que tenía que mover una misma, con las uñas mordidas pintadas de fucsia rabioso, cargadas con capas torpes de esmalte desconchado robado a mamá.

En esas ferias siempre había puestos de rosquillas rubias y morenas, y un señor que vendía el pirulí de la Habana con un mono pequeño encaramado a su hombro, y otro que vendía pollitos piadores pintados de colores y, por supuesto, también había tómbolas y los charlatanes, amos del negocio, llamaban a los paseantes, desde uno y otro lado, para despertar nuestros bolsillos y captar nuestra atención.

¡Que sale el perrito piloto, señores, qué alegría, qué alboroto!

¡Que subimos el sueldo mínimo!

¡Que regalamos las pensiones!

¡Que nos quitan de las manos el IPC de tan barato que lo dejamos!

¡Que regalamos dinero por cada niño que nazca, y le llevamos gratis a votar, y le mandamos una foto dedicada por nuestro líder, y le damos el desayuno si no se abstiene y es de los cien primeros en aparecer por su mesa electoral!

¡Venga, señores, voten, que se acaban las oportunidades, que sólo tiene una ocasión cada cuatro años para apoyarnos, hágalo y no se arrepentirá!

Pero lo más triste de las ferias era el día después, pasear por esas mismas calles, sólo una noche antes hermosas con sus pasquines y sus colores, con sus carteles brillantes y sus sonrisas de postín que te regalaban el cielo a cambio de que eligieras su papeleta en la feria multicolor donde todo se compraba y se vendía.

Esas mismas ferias, sólo un día después, con los carteles medio rotos y los puestos por desmantelar y los charlatanes ojerosos y cansados, vencidos por el esfuerzo realizado sólo una jornada antes, ya no eran un viaje onírico a la infancia y la felicidad.

Nunca quería volver al día siguiente a la feria cuando era pequeña. Me asustaba ver en qué se quedaba toda esa alegría nada más terminar el espectáculo.

El viaje onírico de colores se había convertido en pesadilla.


5
Mar 08

Ypuntovisión.

Un nuevo amor arde en mi pecho.

Sí, lo sé, soy consciente de que, hasta ahora, era plenamente fiel a Tony, a mi Soprano favorito, aunque fuera el nuestro un amor a distancia y él, para mi vergüenza debo confesarlo, un hombre casado y católico, apostólico, supersticioso y temeroso de Dios.

Pero lo nuestro no era posible y, además, una es pequeña, y débil, y nada puede hacer, como diría Mecano, contra la fuerza del destino. Son las cosas de la vida, son las cosas del querer, que no tienen fin ni principio ni tienen cómo ni por qué, otro se ha cruzado en mi vida y no hay más que decir que adiós, Tony, adiós.

Siguiendo con los temas músico-vocales, es posible que algún lector desavisado haya caído por casualidad en este blog, tal vez, quién sabe, y se pregunte, entre sorprendido y abrumado: ¿Y cómo es él? ¿En qué lugar se enamoró usted? ¿De dónde es, a qué dedica el tiempo libreee?

Se llama Berto, y es joven y por tanto mucho más potente, dónde va a parar.

Al contrario que Tony, que no tenía mucho sentido del humor, a qué negarlo, mi Berto me ha conquistado por la carcajada en el programa de Buenafuente. Ya lo dijo Jessica Rabbit, qué hembra más sabia, cuando le preguntaron por qué quería a su marido el conejo, ridículo a la par que feo: «Me hace reír», respondió.

Yo con mi Berto es que me parto, me troncho, me mondo, me desmeleno.

No importa que sea un poco alfeñique, como sé que diría mi abuela si le viera.

Me da igual que no vivamos en la misma ciudad. Que yo le contemple absorta todas las noches y él ignore mi existencia, que no responda a los besos que le lanzo a su casita, a esas cuatro paredes en que vive y que son los bordes de mi televisor, paso de que mis amigas me digan que es feo, que vaya nariz, que es más joven que yo, que se le ve alocado y por tanto inmaduro y no querrá formar una familia conmigo, ni llevarme al altar, ni pagarme los taxis, o las cenas o la pedicura o un gran diamante que dé constancia de nuestro amor.

Yo me conformo con brillantes chiquititos, y la juventud es sinónimo de vigor sexual, y la nariz es indicativa, también, de potencia sexual e inteligencia sin igual, y la fealdad, por si no lo sabéis, materialistas, es un valor relativo.

Su ingenio me abruma, me asombra, me exalta, me altera.

Le pondría un piso, le ungiría los pies, me postraría ante él.

Y lo peor es que su indiferencia no hace más que enardecerme.

Ya sé, le mandaré un regalo.

Qué buena idea, ya lo tengo: un ramo de flores, y un dvd también, para que vea que soy cinéfila, y culta, y leída. ¡Si hasta he escrito una novela!

Mi película favorita es Atracción fatal.

Si me responde y me dice que también le gusta sé que seremos felices.

Sí, será una señal.


3
Mar 08

No se vayan todavía.

Siguiendo con el tema de los eufemismos, que me fascina porque no en vano su uso no consiste más que en retorcer y darle la vuelta a las palabras hasta hacer parecer que expresan exactamente lo contrario de lo que quieren decir en realidad, algo por lo que cobramos los editores, los escritores y hasta los publicistas (aunque ellos seguro que cobran más, dónde va a parar), desde que publiqué el post anterior algunos amigos me han hecho llegar ejemplos mucho más depurados que los que yo utilicé en torno a los sex-shops, y cuando me refiero a ejemplos más depurados quiero decir con ello que son mucho más sibilinos a la par que malvados, sobre todo por imprevistos.

Me explicaré: el eufemismo existe desde siempre aunque ahora parezca que, con la oleada de corrección política que nos invade en los últimos tiempos, esté más en boga que nunca. Siempre han existido palabras feas y conceptos desagradables, siempre ha habido una moral bienpensante que vendaba las patas de las mesas por considerarlas impúdicas, como se hacía en la Inglaterra victoriana aunque, curiosamente, en esa época la prostitución infantil, por ejemplo, se cotizara más que nunca.

Y, donde existan feas realidades desagradables a los ciudadanos de bien, se crearán bonitas palabras para enmascarar la ruina y hacernos ver que lo que no se dice, sencillamente, por el mero hecho de no nombrarlo, no es. Por eso para conceptos como prostitución u homosexualidad, siempre relacionados con el sexo, algo feo, algo sucio que exigía confesión, ha habido infinidad de palabras más o menos biensonantes que aliviaran a los castos oídos de tener que escuchar de labios de alguien el decir “puta” o “maricón”, aunque no necesariamente de requerir sus servicios o practicar sus hábitos.

Pero es que ahora el eufemismo alcanza también a la política y, lo que me llama mucho más la atención, al entorno laboral.

Pensémoslo bien: ¿qué es un “director de recursos humanos” más que alguien que contrata o despide gente? ¿Qué es una “política de depuración empresarial” (que me trae reminiscencias, sin ir más lejos, de cámaras de gas) más que una tanda de despidos? ¿Qué es eso de “maximizar recursos” y “minimizar costes” más que deshacerse de las “personas” de más edad que por su condición para los ojos de los gestores rinden poco o hacer trabajar el doble a los que se quedan?

Al hilo de este tema, una amiga me comentó hace poco que, tras ser despedida, un colaborador que no estaba al tanto de la noticia llamó repetidamente a su empresa preguntando por ella. Como lo que no se dice no existe, a su sustituta no se le ocurrió mejor idea que decir que: “Fulanita, lamentablemente, ya no se encuentra entre nosotros”, con lo que el pobre colaborador se llevó un disgusto porque pensó que mi amiga había muerto.

En fin, bien mirado, para la muerte también se usa, en el reino de los eufemismos, la expresión “Pasar a mejor vida”, y puedo garantizaros que mi amiga, sin duda, está mucho mejor en su nuevo empleo, dónde va a parar.