Amotos.

Antes de empezar diré que tengo amigos, e incluso familiares muy cercanos, que van en moto. Y me hablo con ellos, y ellos me hablan a mí.

Sé que suena tan hipócrita como cuando algún carcamal de homofobia demostrada dice que tiene un par de amigos gays o, peor aún, cuando un cabecilla del Ku Klux Klan proclama que su mejor amigo es negro (y a lo mejor hasta es cierto y su dóberman, su Toby, tiene un pelaje oscuro y lustroso con reflejos de brillo cegador, de ésos que dan miedo).

Yo no pretendo, líbreme Dios, ser hipócrita ni escudarme tras mis amistades antes de echar todos mis demonios sobre los motoristas. No, de eso nada. Sólo busco poner a los lectores desavisados en antecedentes.

Otro antecedente: hace cuatro años me rompí una pierna y, tras la pertinente operación, me unieron los huesos con 7 tornillos de titanio y tuve que pasarme mis buenos seis meses en muletas. Entonces me di cuenta de qué difícil es transitar por Madrid con ellas. Todo son barreras arquitectónicas, es el infierno para los inválidos hecho ciudad y, aunque una siempre pensó que era solidaria y comprensiva con las dificultades de los discapacitados frente a ellas, lo cierto es que no hay nada como sufrirlas en las propias carnes para darse cuenta de lo difícil que es, por ejemplo, subir con ellas a una acera, bloqueada para colmo por un coche cualquiera.

Me pasé, no ya meses, sino años, proclamando a voz en grito a todo el que quisiera oírme que era una necesidad de primer orden eliminarlas, acabar de una vez por todas con ellas, permitir el libre acceso de todo el mundo, en silla de ruedas o carritos de niños, a cualquier lugar de esta ciudad.

No es que yo lo consiguiera, por supuesto, porque soy muy pequeñita y tengo muy poquita voz, pero el caso es que algún mandamás del ayuntamiento debió también de romperse alguna pierna porque, poco a poco, las calles de Madrid se han ido llenando de rampas que, junto a los pasos de peatones y en los semáforos, permiten que cojos, maltrechos, lisiados y madres con niños podamos fácilmente cruzar la calzada y acceder a las aceras.

Y las motos también.

Esto es como el sufragio universal. Se luchó denodadamente por él y, al cabo, psicópatas como Hitler llegaron al poder con el voto de toda una nación.

Pues con las motos pasa lo mismo: suben por las rampas hechas para los inválidos y transitan libremente por las aceras llevándose por delante, y a toda velocidad, a ancianos, madres, niños pequeños, sillitas de ruedas o cualquiera que se ponga por delante.

Ayer, sin ir más lejos, me topé con un salao en una moto de muchos, muchos millones, transitando a toda leche por la acera.

-¿Adónde vas? -le interpelé-. ¿No sabes que las motos no pueden invadir las aceras?

Y es cierto, lo sé porque me he informado en la Junta del Distrito, hay un vacío legal en la normativa municipal que permite a las motos subir a las aceras para aparcar en ellas, pero no transitar estando encendidas, sea a la velocidad que sea. Es decir: si tienes moto y quieres aparcar delante de tu casa o ir al local de moda, no puedes subir en la rampa del semáforo a cincuenta metros, circular por la acera a toda velocidad y aparcar en la misma puerta del lugar al que te diriges. Hecha esta aclaración, sigamos con la conversación:

-Voy a donde me sale de los güevos -motorista dixit.

-Ya, pero es que no puedes ir por la acera, y menos a esa velocidad.

-Es que la calle es de sentido prohibido y si no tengo que dar la vuelta a la manzana, hacer la rotonda y comerme varios semáforos. Y tampoco iba tan rápido…

-Pues lo siento en el alma pero no puedes hacerlo. Y no mientas, que ibas lanzado y la moto ocupa casi el ancho de la acera. Podría haber salido un niño o un peatón de cualquiera portal y habértelo llevado por delante.

-Si eso ocurriera sería un problema del padre del niño y mío.

-Eres un insolidario y un inconsciente, no sé cómo te han dado un carnet.

-La insolidaria eres tú -y aquí ya eleva el tono de voz-, que me queda poca gasolina y si se me para la moto en la calzada se cala y me puede atropellar un coche.

-¿Y si tú atropellas a alguien en la acera?

-Pues que le den por culo. Y déjame en paz, que ya te he dicho que me estás tocando los güevos.

-¿Sabes qué te digo?, que eres un egoísta y no tienes argumentos, y te mereces una multa como una catedral.

Y aquí llega el gran momento, la frase que he oído ya más de cien veces desde que me he embarcado en la cruzada suicida de llamarle la atención a cualquier chulo sobre un engendro mecánico de dos ruedas que cuanto más bajito es, cuanto más diminuto es su cerebro, cuanto más enorme su billetera, en una proporción inversa evidente entre la juventud que se le escapa y las ganas de demostrar que aún sigue al pie del cañón, más grande y cara es la moto, me responde:

-Mira, gilipollas, ¿a que me saco el casco y te parto la cara?

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9 comentarios para “Amotos.”

  1. Nuria dice:

    Y me anulo y me atribulo,
    y mi horror no disimulo.

    Pero ¡qué generalización, Mercedes!
    Chulos irresponsables los hay en moto, en coche, en bici, andando… e incluso manejando carritos de bebé.

    También habemos ciudadanos respetables que circulamos en moto (aunque sea de "paquete") sin poner en peligro la integridad de nadie, salvo la nuestra propia, eso sí.

    Pero, oye, que yo te apoyo en tu cruzada "peatones hasta los cojones", porque yo, sobre todo, me muevo con mis dos pies.

  2. josexu dice:

    I cant believe in me but, what’s is this..??

    Mersedes a la proxima una de ovnis ;)

    God bless no mor..

  3. WapaWapa dice:

    Hola, Mercedes. Gracias por tus gracias por persona interpuesta. Te voy a contar un cuento de Mafalda, ¿vale?

    Pues están Mafalda y Guille en su casa, y Guille intenta de puntillas echar mano a un jarrón. Mafalda corre despavorida hacia su hermanito y se lo prohíbe. "¿Po qué?", dice Guille, y su hermana le responde: "…Porque es un jarrón muy caro, y se puede romper, y te harás daño, y mamá se enfadará y…" y Mafalda se interrumpe y reflexiona en voz alta algo así como: "¡La pucha! ¡Qué manera de decir adulteces!".

    Pues eso, que me has recordado a Mafalda en esta tu entrada de hoy. Lástima. Con lo bien que ibas, y ya te ha entrado el Síndrome del Bloguero Justiciero.

    Un saludo.

  4. Pachi dice:

    ¿¿Pero nadie va a decir algo sobre la foto que ilustra la entrada del blog de hoy?? jajajajajaa es que es buenísimaaaaa

    De todas formas, no está tan mal decir adulteces de vez en cuando, ¿no? aunque sólo sea para variar el registro de vez en cuando, en la variedad está el gusto :-D

    Buen jueves a todo quisqui!!

  5. Estrella dice:

    Pues a mí me parece bien lo de decir tranquilamente lo que a uno le parece bien y mal, yo estoy tentada de hacerme también bloguera justiciera, para hacer cruzadas, por ejemplo, contra la Pasarela Cibeles, que es mi última bestia negra. ¿Por qué salen esos tarados en todos los telediarios y en primera página de los periódicos? Pero, vamos a ver, ¿para quién es eso? ¿Quién se puede comprar un modelito de del Delfín ese que dios confunda? E incluso, en caso de que se lo pudiera comprar, ¿dónde va a ir con esa pinta de mamarracha? No puedo con ello, de verdad, llego a pensar que es cierta esa leyenda urbana de que los marcianos viven cómodamente instalados entre nosotros.

  6. Lunera dice:

    Di que si, que hay mucho imbécil suelto. Con y sin moto, eh? Yo soy peatona y se ve cada cosa… claro que normalmente una se calla por que no le respondan con un tortazo o algo peor…

  7. Paloma Díaz dice:

    Hola, Mercedes. La verdad es que quería ponerme en contacto contigo y en tu blog no encuntro más forma de contactar que ésta. Soy periodista y quería preguntarte una cosa para un reportaje. ¿Te importaría enviarme una dirección de correo y te concreto más? Me encontrarás en pdsotero@mixmail.com
    Un saludo y enhorabuena por tu trayectoria.

  8. Mª Carmen Camacho dice:

    Hola Mercedes:
    Soy Mª Carmen Camacho. Fui profesora tuya en un curso llamado Habilidades de Dirección y Promoción Profesional (UAM). Entonces ya eras una joven promesa de la poesía. Me pongo en contacto contigo para felicitarte por la novela que has publicado recientemente, fruto de tu talento y de tu tesón. A Paloma (Directora de Unángel, que es quien me comunicó la noticia) y a mí nos ha hecho mucha ilusión saber de tus éxitos. Enhorabuena y un abrazo.

  9. Luisa dice:

    ¡Joder, Mercedes!. He leído tu novela y aún reconociendo un estilo narrativo notable, caes en gestos tan, tan pseudo feminismo-rebeldía-inconformismo-etc, etc, que resultas bastante ingenua. Tanta crítica a los pijos-casposos-politicamente correctos para terminar con quedarte con tu marido "porque más vale quedarse con lo malo conocido…". Los cuernos, chavalita, no son más que inseguridades de quienes los ponen. El ser libre es descarado y no miente.Al final, tu prota se queda con lo seguro, vamos como la pija de Serrano que sufre y sufre. Me imagino que las buenas críticas a tu novela y la subjetivación del lector obedece que hay mucho "rebelde" que pica y pica engañando creyendo que no hace daño a nadie cuando la realidad es que el único dañado es el que pone cuernos.
    Tu novela tiene demasiada paginación. Con la mitad podrías haber dicho lo mismo, pero imagino que es lo difícil; esa es la diferencia con escritores geniales. Maestros, los americanos.
    Besos y buena suerte

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