Más que punto, puntazo.

Me levanto a las 5 de la mañana, cojo un tren, llego a Valencia arrastrándome, con sueño, con frío, con hambre, y nada más salir de la estación, una estación de trenes como de película (sólo faltaban Ingrid Bergman con sombrero y Humphrey con gabardina aunque, lo sé, a ellos les esperaba un avión) me topo, después de cruzar un semáforo, con el enorme escaparate de una librería y, en él, como un sol, brillante, justo en el medio, bien grande y bien hermosa, la promoción de Y punto. (un móvil para colgar del techo con colores vistosos y varias frases «con pegada» entresacadas de la novela) y un ejemplar de la novela.

Se me sube la moral, me siento bella, hermosa, triunfante, dispuesta a comerme el mundo (y si me dan algo de desayuno, mejor) y a caerle genial a la prensa y a poner mi mejor sonrisa ojerosa ante las cámaras y a firmar todos los libros que haga falta con mi mejor letra a pesar de que, como soy zurda, siempre se me tuerce el renglón para abajo y queda todo un poco desastre, como si no hubiera hecho los cuadernillos de caligrafía Rubio.

Una de las citas con una redactora es en la Casa del Libro, que en Valencia tiene cafetería, como debe ser. Llegamos y me dice el director que recibieron 15 ejemplares de Y punto. y ya han vendido 9 en sólo un par de días, y hasta han pedido más.

Ole con ole y con ole. Me pongo más contenta que unas castañuelas, empiezo a plantarle besos a todo el que se me pone por delante, redactora alucinada incluida, y por dentro, aunque no lo digo, no vaya a ser que piensen que estoy más loca de lo que realmente soy, me pongo a entonar vivas a la madre superiora y a la Red Comercial.

Qué poco le hace falta a una para ser feliz.

En muchas de las entrevistas de ese día me preguntan, casi siempre al final, qué pretensiones tengo, adónde quiero llegar con mi libro.

«Al infinito y más allá», me apetecería responderles, pero sé que no todo el mundo es tan infantil como yo y no sé si pillarían la broma y me tomarían por una ególatra, de modo que me callo.

Porque sé que es difícil, que cuesta, que está crudo, que quién va a apostar por una chica que no conoce ni Dios y que nunca ha publicado ninguna otra novela y que cómo va a destacar entre los 250 ejemplares de Pérez-Reverte o de Javier Marías, que se venden en un pis-pas, sin riesgo de devolución, y además hasta llevan portada en color.

Pero luego el librero te hace un hueco, y a veces te pone en el escaparate, como ese anónimo de la librería frente a la estación de trenes de Valencia, y hace que tu libro se vea, que sepas que está ahí, a la vista de todos, de un incauto que se lo lleve sin saber quién soy aunque por lo menos ya conoce mi existencia gracias a un móvil de techo pegado con papel celo a una cristalera.

Qué bonito y qué responsabilidad, en un tiempo en que los editores intentamos convencerles a todas horas de que las 40.000 novelas que salen al año son la leche, reservarme un huequecillo y darme la oportunidad de estar ahí, al lado de los premios Planeta y del bigote de Aznar, de dejarme existir.

A lo mejor hasta mi portero, de camino a una de sus tascas habituales, pasa por delante de uno de esos escaparates y se toma en serio que he escrito un libro, y aunque sé que no se lo comprará (porque, si eso ocurriera, se produciría una fisión en el continuo espacio-tiempo), igual hasta deja de chotearse de mí.

Sólo espero que luego nadie, ni siquiera él, vaya a la librería a tirarles mi novela a la cabeza, y que el que se patea las calles cargado con displays y hojas promocionales jugándose los pies y los callos y la prima, vendiendo mi moto, defendiendo las historias y los sueños que se me ocurrieron un día, hace muchos años, sola y en mi vieja mesa de despacho, para una Clara Deza que nunca ha existido, se forre, de verdad.

Porque si se forran es que todo su trabajo ha valido la pena. Y también el mío.

Y además me forraría yo, que también es un puntazo. A qué negarlo.

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3 comentarios para “Más que punto, puntazo.”

  1. Lynnsinhill dice:

    Si es que ya lo dijo Buzz Ligthyear, para escribir hay que ser algo infantil…

  2. El Crítico Constante dice:

    ¡Qué estolidez! Relájate o te va a dar algo.

  3. fea dice:

    Leí un día una entrevista a uno de los guionistas de Anatomía de Grey, o en un capítulo, no recuerdo, que lo esperado solamente era el comienzo, pero lo inesperado si era lo que realmente cambiaba nuestras vidas.
    Pues eso.
    PosDaTa: lo del email,que se nos solicita en el comentario, para qué?
    Y saludos desde la tierra de las flores, de la luz y del Amor.

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