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24
mar 15

Acerca de voces y sonidos: ¿la primera grabación de voz de un poeta?

Mi artículo en El Cultural, Crt+Alt+Supr. No tenemos ni idea de cómo hablaban los antiguos.

http://www.elcultural.es/revista/opinion/Registro-de-voces/36127

Walt Whitman

Walt Whitman


23
mar 15

Reconquistando Montpellier para la Corona de Aragón (o fotos actuación Festival Internacional de Spoken Word de Montpellier)

Actuación de Afterpop Fernández y Fernández en el Centro Drámático Nacional de Montpellier (o de cómo se reconquista Montpellier para la Corona de Aragón)

(fotos de la actuación: Palo y Bruno Galindo)

 

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Lo dijo Roland Barthes: toda reconquista verosímil comienza por la señalética

 

Lavabos del Centro Dramático Nacional de Montpellier

y continúa (lo dijo Foucault) por los espacios de “públicos de intimidad” (lavabos del Centro Dramático Nacional de Montpellier)

 

Lavabos del Centro Dramático Nacional de Montpellier (2)

prueba de la reconquista (detalle)

 

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una vez reconquistado el espacio público de intimidad, se pasa al “espacio público de parcelas privativas” (mandato claramente Situacionista)

Pantalla en restaurante, (esos loops que ponen con actuaciones antiguas)

después (lo dijo McLuhan) el ámbito de acción de la reconquista ha de desplazarse al medio y no al mensaje, a las pantallas (restaurante del Centro Dramático, esos loops que ponen con actuaciones antiguas -además resultan un buen aderezo para la mentalización de las tropas-)

 

LA RECONQUISTA (EN SÍ) DE MONTPELLIER PARA LA CORONA DE ARAGÓN:

(“Anotaré por último, como principio muy importante, que todas las formas de piedra -todas representan algún estado de su evolución- existen simultáneamente en el mundo. Nada de generaciones, nada de razas desaparecidas” El guijarro, Francis Ponge, Monpellier 1899, Le Bar-sur-Loup, 1988)

 

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21
mar 15

Actuación Montpellier (fotos previas)

Dentro de un par de horas, Afterpop Fernández y Fernández, en Festival Internacional de Spoken Word, Montpellier

cartel

 

Comida (a la francesa, pan, foie, queso y pastel de castañas) con otros músicos

Comida (a la francesa, pan, foie, queso y pastel de castañas) con otros músicos

 

puerta

camerino

prueba

prueba sonido

 

Prueba sonido

Prueba sonido

 

 


19
mar 15

Evolución de algunas células primordiales en Implosión Celular

Ayer fui al Museo Es Baluard a ver cómo evolucionan las células primordiales de Implosión Celular.

Algunos frutos van cayendo, nutriendo de microorganismos y coloración.

 

Célula Primordial 1 (con precipitado de dátiles)

Célula Primordial 1 (con precipitado de dátiles y descomposición de dátiles al mismo tiempo)

 

Ídem

Ídem (vista desde interior)

 

"Guillermo en la playa de Camorro" (Guillermo Pérez Villalta, 1974)

“Guillermo en la playa de Camorro” (Guillermo Pérez Villalta, 1974)

 

"History Pause" (Luis Macías, 2010) -en esta fotografía falta la cartela de cine mudo, fuera de imagen, y que no pertenece a la obra, que dice "EL ALIJO"

“History Pause” (Luis Macías, 2010) -en esta fotografía falta la cartela de cine mudo, fuera de imagen, puesta para Implosión Celular, que dice “EL ALIJO”-


18
mar 15

Este sábado 21, Spoken Word en Montpellier

Próximo sábado 21, estaremos Afterpop Fernández y Fernández en el Festival Internacional de Spoken Word de Montpellier, presentando nuestra nueva sesión:

                                    LA EMISORA PRIMORDIAL

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http://www.novaplanet.com/novamag/41861/spoken-word-montpellier

 


8
mar 15

Una cama en un aeropuerto

La pasada semana estuve de viaje, cosas de conferencias. Concretamente, fui a Barcelona. A los alumnos del Ateneu, y a los de la Universidad Pompeu Fabra, y a los de IES Abroad Barcelona les hablé acerca de aquello para lo se me había requerido: cómo he escrito mis libros, más bien mis novelas, el porqué de tal o cual detalle narrativo, etc. Nada de eso tiene un porqué, lo sé, pero vas hilando cosas sobre la marcha y lo sorprendente es que al final todas son ciertas. Llovía mucho en Barcelona, muchísimo. No había llevado paraguas pero sí un par de libros para pasar las horas de aeropuerto, tránsitos en metro y otros tiempos muertos. El ensayo Mierda y catástrofe (síndromes culturales del arte contemporáneo), de Fernando Castro Flórez, profesor de Estética y Teoría del Arte en la UAM, editado por Fórcola, que metí en la bolsa porque además de ser un texto creativo, interesante y ameno, quería recordar un par de detalles que creí me serían de utilidad –como así fue- para un ensayo que estoy escribiendo.

mierda-y-catastrofe-

El otro libro fue El arte de la fuga, recién editado por Periférica, textos en prosa del poeta Vicente Valero, quien nos habla de tres episodios singulares que marcaron la vida de San Juan de la Cruz, Hölderlin y Fernando Pessoa; como es bien sabido, la mirada de Valero es garantía total de un acercamiento oblicuo y minucioso a la realidad.

valero

Tras las citadas conferencias y quedarme dos días más en la ciudad para ver a amigos y hacer gestiones varias, tomé el avión de regreso. Como es mi costumbre desde que el espacio en los asientos de Vueling es tan escaso, pedí asiento de pasillo; de este modo puedo estirar las piernas, aunque siempre existe el riesgo de las involuntarias zancadillas (ya me ocurrió una vez, una mujer se cayó al suelo; un bochorno) Nada más despegar abrí El arte de la fuga, del cual no había leído una sola línea, y no tardé en seguir con interés lo que el autor nos cuenta de San Juan de la Cruz. El viaje Barcelona-Palma de Mallorca es ridículamente corto, unos 20 minutos, el avión asciende y cuando alcanza el punto de altura máxima comienza a bajar, así que ni tan siquiera pude terminar ese primer capítulo, pero mientras el avión descendía se me apareció una idea, mejor dicho, un deseo: no salir de la terminal del aeropuerto de destino hasta terminar de leer el libro. Deseo que creció sin atisbo de disparate, como algo natural, insertado en una inverosímil rutina. Nada más tomar tierra llamé a mi casa. La conversación fue, más o menos, esta:

-Oye, que me quedo a dormir en el aeropuerto

-¿Cómo, aquí en Palma?

-Sí, me quedo aquí dentro, en la terminal.

-¿Te has vuelto loco?

-No, quiero leer el libro de Vicente Valero, siento esa necesidad, creo que no hay mejor sitio que éste para leerlo.

-¿Y cuando te entre el sueño, qué harás?

-No pretendo dormir, sino leer ese libro. Si por cualquier motivo me entrara el sueño, hay unos bancos acolchados, parecen sofás, esos de color rojo, donde este verano, cuando viajamos a Francia, desayunamos antes de coger el avión, ¿te acuerdas?

-Ah, sí, donde desayunaste una hamburguesa. Qué animal.

-Eso es. Aunque el restaurante cierre a las 12 de la noche, los bancos rojos están más acá de su puerta, podría tumbarme si me entrase el sueño, cosa que no creo que ocurra.

-Bueno, cuídate.

-Así haré.

 

Tras cenar un sándwich, café con leche y un pastel, di unas cuantas vueltas por la terminal; la conozco de memoria pero me apetecía estirar las piernas. Después me senté en el banco rojo, más cómodo de lo que lo recordaba, tomé una posición adecuada y abrí el libro por la página donde lo había dejado. No me di cuenta de que las luces se iban apagando, tampoco de que los empleados de las cafeterías desfilaban ante mí camino de sus casas, tampoco me di cuenta de que los golpes de voz de megafonía se espaciaban cada vez más. A eso de la una de la madrugada mi cabeza se hallaba ya totalmente sintonizada con el cuerpo invadido de pústulas y llagas de San Juan de la Cruz. A las 2 de la madrugada dialogaba con Hölderlin acerca de la quimérica aventura que le había llevado a atravesar Francia a pie como si de un vagabundo se tratara. A las 3 de la madrugada leí con toda la atención que mis ojos, ya cansados, me lo permitieron el modo en que la noche del 8 de marzo de 1914 Pessoa, estando solo en su cuarto, oyó a su espalda una voz que le decía “aquel que tiene las flores no necesita a Dios”. También leí que fue horas más tarde cuando Pessoa inventaría el primero de sus heterónimos, Alberto Caeiro. Bueno, no sé si inventar es la palabra, pues todo habría surgido de la necesidad de Pessoa de encontrar un maestro, alguien que le guiara, sentirse discípulo y, al no encontrarlo, y llevado por un impulso tan tenaz que pareciera que se tratara de una mano ajena, esa noche del 8 de marzo de 1914 el poeta compondría los versos más hermosos y extraños de cuantos había escrito hasta la fecha, y por ello proféticos de un cambio. Fue al terminar de redactar el séptimo poema cuando se sorprendió a sí mismo firmando con el nombre Alberto Caeiro, heterónimo que ya lo acompañaría para siempre.

Cuando levanté la vista de la última página me di cuenta de que hacía horas que ya todo era silencio. Permanecí un buen rato con la vista en el suelo. Sólo el ocasional trino de unos pájaros, imagino que colados hace años en la terminal e imposibilitados desde entonces para encontrar la salida, me hicieron levantar la mirada y echar un vistazo al techo, alto como el de una catedral. No hacía frío pero un acto reflejo me hizo subir hasta la nuez la cremallera de la cazadora. Si al menos en alguna cafetería o tienda hubieran dejado una tele encendida, me dije. Quienes me hayan leído sabrán que he escrito bastantes cosas acerca de aeropuertos, debe de tratarse de una debilidad. Una vez, en una espera de varias horas en el aeropuerto de Barajas, terminal T2, me entretuve localizando todas las baldosas del suelo que estaban sueltas; llegué a creer que había algo valioso debajo de cada una de ellas; hice un plano y todo. Otra vez escribí un cuento, titulado Paradiso XXXI, 108, en el cual especulaba la posibilidad de que todos los aeropuertos flotan a pocos milímetros del suelo, y es precisamente eso lo que induce la sensación de leve mareo y tierra ignota que acompaña al viajero cuando se ve obligado a hacer largas esperas en las terminales. O cuando, en otro retraso de horas, comencé a caminar por un aeropuerto y un pasillo me llevó a otro, a cada cual más sombrío, y aquello fue tomando un aspecto de embudo, de destino único, y tuve entonces la sensación de hallarme en un minotáurico laberinto, lo cual me había llevado a especular que en todos los aeropuertos del mundo, en alguno de sus sótanos hay una bestia encadenada, un animal que suda y resopla y pugna por romper las cadenas que lo atan al suelo, y que si un humano ve esa bestia, en alguna parte acontece un accidente aéreo.

Pero no quiero desviarme de lo ocurrido esta noche en el aeropuerto. Serían las 6 de la madrugada cuando hipnotizado por la lectura de la vida de esos 3 hombres me tumbé en el banco, cerré los ojos, y no tardé en sentirme alterado por una idea. Extraje el teléfono del bolsillo, consulté la fecha en curso. En efecto, 8 de marzo de 2015. Una noche como esa, exactamente 101 años atrás, Fernando Pessoa, tras oír a su espalda la frase “aquel que tiene las flores no necesita a Dios”, y guiado por una mano ni amiga ni enemiga sino sencillamente paralela a la suya, había creado su primer heterónimo, su primer hombre paralelo, su primer fantasma de carne y hueso, Alberto Caeiro.

Comenzaron a llegar los empleados de la limpieza y de las cafeterías; los mismos hombres y mujeres que había visto ayer. Repararon en mí pero no se extrañaron al verme, como si yo fuera otro distinto. A las 6:35am rebasé la línea que me puso en el exterior de la terminal. Recorrí en bus los escasos 5 km que separan el aeropuerto de mi casa. Nada más llegar bebí un litro de agua de penalti, me detuve unos instantes ante la ventana de la sala -en el mar amanecía- y me acosté. Dormí de un tirón hasta hoy al mediodía. Después creí conveniente escribir esto, que considero una hazaña de primera magnitud.

 

NOTA: el detalle que quería consultar en el libro Mierda y catástrofe, era este:

MierdaY

 


6
mar 15

Reportaje de Implosión Celular en la prensa suiza

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Obra de César San Millán, “Moneda” (la cartela de cine mudo que hay abajo, pegada con cinta, no es de la obra de Millán, sino que forma parte del diálogo que he propuesto entre una película de cine mudo, El Secreto de la Pedriza, y las obras del Museo)

Extrensa reseña en prensa suiza de la exposición que he comisariado en Es Baluard, aquí:

http://beta.nzz.ch/feuilleton/kunst_architektur/die-lehre-vom-schwein-im-kohl-1.18495933


6
mar 15

Este mes en El Cuaderno (nº66) mi artículo de narrativas postapocalípticas

cuaderno

 

En efecto, El Cuaderno dedica este mes su dosier a Narrativas Postapocalípticas. Fui invitado a hacer el artículo de entrada, bastante extenso. Lo he enfocado con una construcción antropológica (la construcción del sujeto europeo, y por extensión occidental, y el descubrimiento de el otro).

(se recibe por suscripción, bien en papel o en digital https://www.facebook.com/pages/El-Cuaderno/117931794980870

https://visualmaniac.com/atlas/editoriales/el-cuaderno-#.VPnnN0bDvfS

http://www.elcuadernomensual.es/

En ese mismo contexto, Mª Ángeles Naval (Univ. Zaragoza) analiza la flamante trilogía de Jorge Carrión (Los muertos, Los huérfanos, Los turistas) recién editada por Galaxia Gutemberg.

Así como también extensos artículos de Juan Carlos Gea, Mariano Villarreal, Adrián Esbilla, Oriol Capel, Juan Pablo Barragán y más.


6
mar 15

Aferpop Fernández y Fernández en Festival Internacional de Spoken Word de Monpellier

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1
mar 15

Tarde de viajes (desde El Viejo Topo a los Turistas y viceversa)

Este domingo, muy soleado pero también muy frío en Mallorca, he estado leyendo estos dos libros, ensayo el uno, novela la otra.

FcoFdezBuey

Nada tienen que ver entre sí, lo sé, pero a ratos de duración arbitraria voy devorándolos. No sé por qué tengo esta costumbre de simultanear lecturas tan diferentes, pero supongo que se trata de un modo como otro cualquiera de intentar entender lo que me rodea y, por lo tanto, de construir mi realidad. Supongo también que ello se ve reflejado luego en mis propios libros con independencia de que escriba poesía, narrativa o ensayo: en realidad, francamente, hace muchos años que de manera muy clara todos los géneros se me presentan como una misma pasta de ideas.

Pero a lo que iba: ambos libros, Para tercera cultura (ensayos sobre ciencias y humanidades), libro póstumo de Fco. Fernández Buey, editado en 2013, y Los turistas, recién editado por Galaxia Gutembeg, de Jorge Carrión, me parecen magníficos, diría que asombrosos, no paran de abrirme puertas que van del Darwin que hay oculto en Marx al simulacro de viaje que hay en Marco Polo, y tampoco paran de darme ideas -que no sé si los autores aprobarían, pero bueno- y que sé que algún día desarrollaré, como por ejemplo que las aparentes las maravillas que nos brindan los aparatos electrónicos acaso son el equivalente, hecho carne, de las metáforas que usamos en la literatura, o por ejemplo que cuando un turista en un lugar cualquiera hace una foto está emulando el gesto que hizo Galileo cuando construyó el primer telescopio: tanto Galileo como el turista aspiran a retratar algo muy lejano, una arqueología.

Pero no quería hablar ahora de nada de eso, sino de un detalle que se lee al pie del libro de Fernández Buey: “El Viejo Topo”. Se refiere, naturalmente, a la editorial El Viejo Topo, que es la que edita el libro. Pero en realidad tampoco quería hablar de la editorial El Viejo Topo sino de la Revista El Viejo Topo. El primer ejemplar que recuerdo haber visto de esa revista fue uno que circulaba por casa, debía de ser de los primeros números que se editaban, supongo sería el año 1977 porque yo tendría entonces unos 10 años de edad; podría comprobar ahora mismo estos datos con un sencillo golpe de Google, pero los domingos se inventaron para pasar de Google y, además, da lo mismo. Para los ojos de un niño una portada encabeza con frases como “Los Tebeos de Mao” o “Biologismo y Fascismo”, era mucho más que incompresible, se trataba de algo enigmático y desde luego muy superior a las novelas de Agatha Christie que por aquella época comenzaba a leer. Me veo pasando muchas veces la páginas de aquel ejemplar, intentado leerlo. Huelga decir que nada me era posible entender –no sé si aún hoy lo entendería- pero me daba igual, miraba las fotos y leía aquí y allá párrafos sueltos. Sólo muchos años después me di cuenta de que esa fascinación tenía que ver con algo mucho más general que aquel ejemplar concreto: el siempre vedado, y por ello atractivo, universo que para los niños resultan los deseos y las retóricas de los mayores. Todo un lenguaje por conquistar.

No sé si por inercia o porque realmente ha sido importante para mí, he conservado ese ejemplar, lo he llevado conmigo de casa en casa. Ahora mismo está en un guardamuebles, por el cual pago 47 euros al mes; no me parece un precio demasiado alto por almacenar la memoria. Puedo imaginar la revista aplastada en estos momentos por otras muchas revistas y libros de toda época y pelaje. El peso que está soportando en descomunal.

Esta tarde, en una de las idas y venidas de La tercera cultura a Los turistas, en este último -que espero terminar de leer mañana, y que de momento me encanta- he leído algo acerca de la infancia, revelador y sabio fragmento que resulta muy largo de copiar así que lo fotografío:

Jordi

fragmento de Los Turistas (Jorge Carrión, Galaxia Gutemberg, 2015)

NOTA APARTE: En el libro de Fernández Buey, Para tercera cultura (ensayos sobre ciencias y humanidades), encontramos cosas tan buenas como esta cita de George Steiner:

Steiner