Argentina + en Babelia, especial ciencia

Como viajar no me gusta, en las ciudades suelo quedarme en el la habitación del hotel siempre que puedo. En la tele Argentina vi un programa muy bueno, subasta de vacas y terneros. Imágenes de rebaños, filmados en vídeo casero, corriendo por el campo y una voz en off que recitaba en directo cifras a una velocidad pasmosa, y daba datos técnicos de las vacas al mismo tiempo que la gente pujaba. Me pareció precioso. Puro spoken word. Vacas y cifras recitadas que el azar a veces reunía en números Irracionares como “Tres, catorce, dieciséis…” Puedes estar horas viendo ese programa.

Está bien bien ir a librerías, siempre hay librerías interesantes en las cuidades, y de paso ves si están tus libros. Conocí Eterna Cadencia, en el barrio Palermo-Hollywood, que tiene un fondo muy bien provisto; me gustó mucho Eterna Cadencia, tiene más o menos el aspecto del dibujo. Calle y fachada (pinchar para ampliar). El árbol también existe. Eloy compró unos libros muy raros. Yo, 2 de Macedonio Fernández, que no conocía: Manera de una psique sin cuerpo (Tusquets), y otro que en España no creo que se consiga: Diccionario de la novela de Macedonio Fernández, (edición Ricardo Piglia,  Fondo de Cultura Económica). Hay entradas muy buenas extrañas, como:

“Viajero:  Personaje masculino destinado a viajar incesantemente por toda la novela, razón por la cual el narrador también lo llama Personaje Faltador, y Personaje de Fin de Capítulo. De naturaleza seria, sobre todo muy responsable en su tarea. Es increíble, siempre está ubicado junto al narrador, está para irse, como en el borde; a veces, ni está, saluda desde fuera”.

Rafael Chippolini me regaló su erudito y desenfadado ensayo sobre la reciente cultura argentina underground, Contagiosa paranoia (Interzona). También conseguí el libro Los planetas,  de Sergio Chejfec (Alfaguara).

Días de mucha prensa y actos. La sala donde hicimos Afterpop Fdez&Fdez, en el CCEBA, estaba llena. Jorge Carrión, que es algo así como el Embajador Mutante en Buenos Aires, hizo una presentación impresionante, articulada en torno a confluencias y relaciones entre mis libros y los de Eloy en nuestro set de spoken word.

Delante de la casa de Borges, en la acera, hay una placa que lo certifica. La gente la pisa, así que está muy borrada, es bueno ver cómo la ciudad gasta sus iconos. En el bajo del edificio hay una sucursal de alquiler de coches con una foto de James Bond. Una comentario recurrente de los periodistas: “Marc, el tipo de Nocilla Experience que vive en una azotea,  se lamenta en el libro de “el Mundial que nunca hemos ganado`. Ya no”. Ni recordaba esa frase hasta.

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No tuve tiempo de poner este artículo, del el especial que Babelia de dedicó la semana pasada a las ciencias.

Copio y pego:

De lo crudo a lo cocido

AGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO 10/07/2010

Podría parecer que el auge de los libros de divulgación científica en español respondiera al paso de una sociedad premoderna a otra moderna, y a un pensamiento crítico más evolucionado que hace treinta años. Habida cuenta de que el pensamiento de masas es cada vez menos crítico, no lo creo así. La razón hay que buscarla en el lugar que hay más allá del pensamiento crítico-ilustrado: en el juego posmoderno. No hay suplemento dominical, periódico o revista generalista que no las introduzca resaltando el aspecto lúdico del conocimiento. La seducción es ya el elemento consustancial a cualquier discurso social. Esto genera dos polos: el banalizante, pero también el acceso del profano a cosmovisiones antes inalcanzables, y como virtud colateral, compensa los efectos de ese otro tipo de disparatadas publicaciones que han crecido al amparo del pensamiento mágico, llamadas “de autoayuda” -si alguien quiere autoayudarse, ¿por qué necesita de un libro que le ayude?-.

Quizá el ejemplo paradigmático de libro científico-divulgativo, editado a finales de los setenta por Alianza Editorial, sea Los tres primeros minutos del universo; su autor, el Nobel Steven Weinberg, decía que le había hecho ganar más dinero que todas las clases de física impartidas en su vida. Arranca ahí, acorde con la sensibilidad de la época, una línea divulgativa que se perpetúa hasta principios de los años noventa: libros que tratan, bien de cosmología, bien de física cuántica, donde se dan a conocer autores ya clásicos como Richard Feynman o Michael Friedman, y se reeditan clásicos como Mente y materia de Erwin Schrödinger, complejos aún para el no versado. En los años ochenta se consolidan autores como Paul Davis o John Gribbin, que refunden, amplían y hacen más asequible todo lo anterior, llegando quizá S. Hawking a la parodia con su Historia del tiempo. En español aparecen dos colecciones que serían clave de toda esa difusión y de la que vendría: Metatemas (Tusquets), dirigida por Jorge Wagensberg, y Drakontos (Crítica), sin olvidar, a mediados de los años ochenta, la importantísima colección de quiosco Biblioteca Científica Salvat. A partir de los años noventa, en parte gracias a un libro que lo cambiaría casi todo, La nueva alianza (Ilya Prigogine), la divulgación toma otro camino predominante: el caos, la fractalidad, los procesos irreversibles y lo que en general se da en llamar sistemas complejos -paralelo al boom popular de la filosofía posmoderna francesa-, y este cambio trae consigo una apertura de la divulgación hacia lugares que estaban olvidados, principalmente la biología. La “nueva alianza” pone de relevancia la interacción entre sistemas muy sensibles a cambios y muy alejados entre sí en espacio, escala, y casi ontología, por lo que se hace especialmente atractiva para la divulgación. Es esa deriva hacia los “sistemas complejos” la que propicia el cambio del que hablábamos al principio: una divulgación más atractiva para el profano por cuanto mezcla abstracción matemática y cotidianidad de las diferentes formas de vida. España cuenta con importantes expertos divulgadores; por citar solo algunos, Jorge Wagensberg, F. J. Yndurain, A. Fernández-Rañada, Sánchez Ron, J. L. Arsuaga, otros que por diferentes motivos están fuera de la ortodoxia como Antonio Escohotado o Eduardo Punset, los centrados en la filosofía de la ciencia como Jesús Monsterín, y otros más recientes como Ricard Solé, quien ejemplifica lo que sería el último gran salto: la divulgación de los sistemas de redes complejas (neurociencia, lenguaje, ecosistemas, teoría de la información, economía, redes sociales, virus, etcétera). Tal como expuse en Postpoesía (Anagrama), las ciencias conforman una de las poéticas de este siglo, y la divulgación ha contribuido a que estén en la sensibilidad de nuestra época. La domesticación de lo crudo en lo cocido.

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6 comentarios para “Argentina + en Babelia, especial ciencia”

  1. Ex-Ciro dice:

    …hummmm….el Hernandez “talibán” me preocupa ¿eh.? En lugar de ver en la tele subastas de vacas, se dedica a comprar libros “muy raros”. Te dije que ese sombrero no podía ser bueno, que cuando empezara a pensar con él acabaría soñando con hacer un grupo de hip-hop o algo así. En fin, Serafín. Dile que que no hay nada “muy raro” en el mundo….
    Buen Verano.

  2. agustín dice:

    Raros e interesantes. Oye, cómo que taliban, nada de talibanismo, sólo buena onda, como dicen aquí.

  3. Programa 3.6 dice:

    Buen post, buen todo.
    Lo del viajero me ha hecho gracia.
    Buena onda como en México.
    Venga

  4. agustín dice:

    Hola Programa. Iré colgando las notas de prensa y todo según me las vayan enviando.

  5. José II dice:

    Hará dos o tres meses, no se donde, oí hablar de “Contagiosa paranoia” y lo encargué. Lo tengo hace un mes. Cippolini tiene que ser un tío majo.

    Pero lo que a veces me sorprende es que cosas como este libro, que de no saber que existen, luego nos rodean y aparecen todo el rato.

    Tengo envidia de tu (vuestro) viaje. Espero que lo estés disfrutando mucho

  6. mary dice:

    No me extraña la reacción de la pobre Sara. Es que le coge la cabeza como un balón, caramba.

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