Septiembre, 2009


16
Sep 09

Los Bosques de Upsala + baldosas de Barajas

1]

 Estos días no he podido estar mucho en el blog porque tenía viajes (y los que se avecinan). Anteayer conseguí un libro, recién publicado, que me está gustado mucho. Se trata de Los bosques de Upsala, (Alfaguara) de Álvaro Colomer, quien, a pesar de su juventud (1973) cuenta ya con varias novelas publicadas, así como múltiples reportajes en diferentes medios, entre los que destaca el dedicado a Chernóbil, que recibió el Award for Excellence in Journalism 2007.

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Estando en Barajas, mientras esperaba en uno de los habituales retrasos, comencé a leer Los bosques de Upsala, y lo cierto es que desde el primer momento me pareció magnífico. Un hombre, biólogo de formación, llega a su casa. Este hombre conoce las intenciones suicidas de su mujer, que desgasta su vida de psiquiatra en pastillas. Este hombre deja las llaves en la entrada y  grita el clásico “ya estoy en casa”; nadie le contesta. Se plantea entonces que quizá ella esté muerta tras alguna de las puertas de las habitaciones, que están cerradas o entornadas. Con la duda, obsesiva, de si abre o no cada una de esas puertas, si mira o no en los armarios, debajo de las camas, de si sería capaz de mirar a la calle por si se hubiera precipitado al vacío, o de si, simplemente, ella se ha escondido para darle una sorpresa, con todas esas dudas que nos retrotraen a la mejor prosa del hombre encerrado su propia cabeza, comienza un monólogo en el que, en un ciclo de indecisiones torturadas, y sin dejar aparte el humor absurdo, va contando su vida con esa mujer siempre al servicio de la duda: ¿estará ella tras esa puerta cerrada? Una prosa impecable, un texto tremendamente bien escrito, inteligentemente ameno, lleno de recursos eficaces sin ser tópicos, una historia sobre la culpa y la locura, cuyos protagonistas me han recordado, por lo el recogimiento de él en su estudio para observar insectos a través del microscopio, y por la vida de ella, de permanente y melancólica depresión, a la pareja de la película El Espíritu de la Colmena.

Una vez vi a Álvaro Colomer dar una conferencia sobre nuevo periodismo, y ya entonces me impactó cómo hablaba de la muerte; decía que ésta había sido expulsada de la literatura. Recuerdo que me sorprendió cómo enfocaba ese tema. Algunos de aquellos enfoques están en Los bosques de Upsala, novela con la que cierra su denominada Trilogía de La Muerte Urbana.  

 

 2]

f

 

 

 También en Barajas, en tanto iba a por una botella de agua, al pisar una de sus cientos de miles de baldosas, noté algo raro. Estaba suelta. No rota, suelta. A simple vista aparenta ser normal, [es la C2], pero está suelta, despegada. Podría haberme agachado, y podría haberla levantado para ver qué había debajo. Me alejé. 

 

 

      A        B       C       D

1

2

3

 

Después me senté, y abrí un libro que me habían regalado ese día (Otros demonios, de Sergio C.Fanjul, Premio Asturias Joven de Poesía 2008, KRK ediciones), y ponía:

 

Y estas ruinas qué son

cuándo viene el viento a derrumbar la piedra,

el hueso, la molécula, a quebrar lo que se erguía;

qué viento era y quién era entonces el que se dobla,

humillado, en esta cama, en este páramo

con olor a suavizante

                                    (fragmento)

 

 s

 

 

 

 

 

 

 

 

 


13
Sep 09

MISCELÁNEA de domingo

 

El sábado salió en Babelia este artículo. Nuevos libros de Algora, Luque, Corcobado, Nick Cave. Buenas noticias de otoño, músicos que escriben 

 

Del pentagrama al procesador de textos

ANTONIO JIMÉNEZ MORATO 12/09/2009

 En una de sus declaraciones más famosas y repetidas, Frank Zappa se
despachaba así: “Los críticos de rock son personas que no saben
escribir, haciendo entrevistas a tipos que no saben hablar para gente
que no sabe leer”. Hoy, que cada año suena el nombre de Bob Dylan en
las quinielas del Premio Nobel, todo hace suponer que los tiempos están
cambiando. Para bien o para mal ya no están tan alejados la literatura
y el rock. Buena muestra de ello es el consenso crítico con que se han
recibido las dos novelas de grandes del rock como Nick Cave, tanto la
recién editada La muerte de Bunny Munro como la anterior Y el asno vio al ángel,
o la expectación que genera en los medios más elitistas cada nuevo
disco o gira de Leonard Cohen, un escritor, conviene recordarlo, metido
a cantante porque le dijeron que así podía ganar más dinero, del que se
acaba de recuperar una de sus novelas de los años sesenta: El juego favorito.

En España ha venido produciéndose una evolución similar. Además del
evidente tirón mercantil que poseen para las editoriales -hay más gente
que escucha música pop de la que lee, no nos engañemos-, algunos de los
más interesantes compositores del pop-rock hispano se han acercado a la
literatura. Y, lo que es más importante, con buena acogida de público y
crítica sin haber tenido la necesidad de atenuar lo más mínimo ni sus
mundos particulares ni el modo en que los presentan.

A los hombres de buena voluntad y No tengo el placer,
ambos editados por Xordica, podrían haber sido, sin problema alguno,
dos discos de cualquiera de los grupos en los que militó Sergio Algora.
En cada uno de los cuentos que los componen aparecen los mismos mundos
delirantes o la alucinación provocada por los hechos intrascendentes
sólo en apariencia de la vida que hicieron inolvidables las canciones
de El Niño Gusano, Muy poca Gente o La Costa Brava. La prematura muerte
de Algora nos ha privado de conocer en qué momento él intuía que tenía
una canción o un cuento latiendo bajo las imágenes que comenzaban a
tomar forma en su cabeza. Nos queda, eso sí, la suerte de poder poner
uno de sus discos o de leer sus cuentos.

Esperadísimo, no sólo
por sus fans, es el debut literario de Antonio Luque, más conocido como
Sr. Chinarro. La indiscutible calidad de sus canciones, con letras que
enlazaban chispazos del mejor surrealismo con un costumbrismo casi
siempre bienhumorado, prometían un libro lleno de hallazgos y
delirantemente divertido. Tanto Socorrismo, pequeño libro
compuesto por el relato que da nombre al libro y otro llamado ‘La
mina’, como su relato ‘Me siento haciendo un NO8DO’ incluido en la
antología Matar en Barcelona, ambos libros editados por
Alpha-Decay, entregan ese burbujeo verbal y sintáctico junto a su
subyugante imaginario que lo ha convertido en un referente lírico para
toda una generación. Parece ser que estos tres cuentos no son más que
el inicio de una dedicación que se prolongará, en principio, a través
de más títulos. Si su progresión cualitativa es similar a la exhibida
en sus discos no podemos hacer más que frotarnos las manos llenos de
alegría.

La última de las novedades recientes es lírica, se trata
del nuevo libro de una de las figuras más singulares del panorama
musical español. Javier Corcobado ha publicado varios libros de poesía
y una novela, y reaparece en las librerías con un poemario donde se
repiten el desgarro, la sinceridad casi exhibicionista y el mundo
tenebroso y socavador que comparece en toda su obra. Cartas a una revista pornográfica viuda se
convertirá en una pieza ineludible para sus seguidores, y en una puerta
de entrada única a su lírica descarnada y torturada capaz de arañar los
sentimientos de todo lector que se atreva a abrirles la puerta.

Varios
han sido los músicos que se han atrevido a dar el salto a las
librerías, muchos con éxito, así que tan sólo se puede desear que otros
se les unan en la experiencia. Peticiones del oyente: ¿un libro de J de
Los Planetas, por ejemplo, o de Manolo de Astrud? Por pedir que no
quede. -

Sergio Algora. A los hombres de buena voluntad y No tengo el placer (Xordica). Nick Cave. Y el asno vio al ángel (Pre-Textos). Leonard Cohen. El juego favorito (Edhasa). Javier Corcobado. Cartas a una revista pornográfica viuda (Arrebato libros). Antonio Luque. Socorrismo (Alpha-Decay). Varios autores. Matar en Barcelona (Alpha-Decay).

 

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Lobohombre dejaba el otro día un comentario en este blog: un vídeo de Redes sobre la multiplicidad de Universos. ¿Quién dijo que la ciencia no era ciencia ficción?:

 

 

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Magda, una lectora del blog, dejó el otro día también aquí el link de una entrevista que me hicieron la semana pasada para Letras Libres. También me había puesto sobre aviso de ella Carlos Vitale.

Para leerla, aquí

 

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Nudozurdo es uno de los grupos que más me están gustando. Tienen esta versión del mítico tema de Golpes Bajos, No mires a los ojos de la gente, que, al principio, acostumbrado a la original, no me gustaba mucho, pero tras oírla varias veces, creo que está muy muy bien: 

 

 

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Y ahora es cuando digo mierda varias veces. Hoy por la tarde fui un rato
a una cala cerca del puerto de Andratx. Para llegar hay que bajar entre unas
rocas y pinos. Me gusta ir ahí porque no está muy frecuentado y porque se ven,
en la montaña de en frente, unas casas chulísimas, esas que para muchos
destrozan el paisaje [a falta de definir qué es “destrozar” y qué es “paisaje”],
y que a mí me dan paz,  un mundo
bien hecho.

Gustos aparte, el agua tenía ya un color de septiembre, un
poco oscurecida, a lo lejos había nubes negras, dos ancianos, tipo alemanes, se
bañaban, iban y venían de roca a roca, no se cansaban jamás. Había una casa que
parecía la ópera de Sidney, otra, la casa de Lo que el viento se llevó hecha con hormigón, otra
era una imitación de villa napolitana, otras, simplemente, chalets entre antiguas
casas de pescadores. La Mallorca de septiembre es la mejor de las mallorcas
posibles.  Después, cuando
regresaba al coche, por un camino diferente al de ida, vi dos sillas entre unos
pinos, justo al borde del mar, en una cuesta. Estaban solas, bien puestas sobre
sus patas; dibujadas contra el agua, no había nadie ni nada más que ellas.
Eran, una de esas convertibles en tumbonas si las reclinas, y después otra muy
diferente: una de plástico, de jardín, blanca, a la que le faltaba el respaldo y
los apoyabrazos, que estaban seccionados; la mutilación no era limpia, como si la hubieran roto. Me acerqué y vi que era una silla de jardín exactamente
igual a aquella en la que vi cómodamente sentado el último concierto de Leonard
Cohen. Quizá el último concierto del canadiense que veré en mi vida.  Sentí un escalofrío. Allí estaba rota, una réplica rota.

Y ahora es cuando digo
mierda varias veces, porque les hice unas fotos con el móvil, y por algún
motivo que se me escapa, no se transfieren al ordenador. Me hubiera gustado
colgarlas.

 

 


11
Sep 09

Chinarrismo en TDK

En la estupendísima página de información de música y tendencias, PlayGround, escribe periódicamente Antonio Luque. Recordé ayer esta columna suya de hace unos meses, que me hizo gracia por varias cosas.

1)Por la foto que he puesto arriba, Luque se me parece cada vez más Mr.E (el cantante y compositor del Eels), del que, azares, últimamente no paramos de hablar en este blog. Aquí, y aquí. Con ésta ya van 3. habrá que repensarlo.

2)En su columna, Luque habla de las grabadoras de cinta magnetofónica, como la que salía en el vídeo de Eels que puse en otro día.

3)Veo a Luque con esa taza en la mano en su casa (es un suponer, licencia literaria), esa barba súbita, y veo a Mr.E en su casa, con su barba, tal como sale en el vídeo antes citado.

4)Luque habla de las cintas TDK de 60 minutos. Aquellos packs de 3. Ideales para hacer recopilaciones. Lo dice con ese tanque de café en la mano, de explorador y camping gas, de un Doctor en Alaska oteando las últimas nieves. Como Mr.E. Por cierto, qué buena era Doctor En Alaska.

5)Luque dice: ya no quedan amigos con doble pletina. Bueno, por si sirve de consuelo, yo aún tengo una Marantz que le cambié a una chica hace años por una guitarra española; ahora de adorno (la pletina, no la guitarra ni la chica, donde quiera que estén).

6)Asocio las cintas magnetofónicas a la piel. Por algo será.

7)Pocas cosas más raras, sorprendentes, hay que ver una cinta magnetofónica desenrollada, tirada en la calle; puede dar la vuelta a una manzana. Hace años se veían muchas. Ahí estaba la música.

CORTO Y PEGO la columna de Luque:

Estamos preparando las canciones para el siguiente disco de Sr. Chinarro. No es autobombo, aún no he dicho que sea bueno. Entre otros títulos, pienso en “Maravillosas las vistas a un pantano”, sacado de una página de anuncios de inmobiliarias.

Ay, los inmuebles. ¡Cómo me gusta que se diga que la situación económica actual es fruto de la codicia!  Sin remedio entonces.

Verán; estoy dando permanentemente la tabarra con la conveniencia de lo analógico frente a lo digital y bla, bla, bla. En un supermercado, junto a los condones y los chicles, vi el otro día cintas TDK de 60. Tres por un euro. No me pude resistir, ahí está el estante lleno. Imagino que van a dejar de fabricarlas, de ahí la liquidación. Me contaron que algunos de los grandes magnetofones de 24 pistas que se usan en los estudios profesionales de grabación acabaron, cuando la aparición de lo digital, en cubas de escombros, de donde los más espabilados los recuperaron para ponerlos a punto. ¿Lo he contado en otra ocasión? Bah, es igual. Considérenlo un estribillo.
Total, que somos muchos los que pagamos más por contar con esos chismes, sobre todo con dinero de otros, de las discográficas, pobres.

Lo de las TDK fue pura chuchería engorrosa, envoltorio de goma de fresa, recuerdo del adolescente que buscaba como loco un amigo paciente con doble pletina para pasarle una bolsa, del que le pedía por favor a la madre un cajón más para guardar recopilaciones difícilmente rebobinables, insistiendo en lo absurdo de guardar sábanas de todas las eras, hablando a la pared. El caso es que cojo los paquetitos de tres y siento un placer oscuro, como algunos con mis canciones del siglo pasado (estoy ensayando en Málaga para tocarlas en otoño -y no es autobombo, no he dicho que sean buenas-).

Cuando voy a Sevilla a montar las nuevas coplas con la banda me llevo el portátil. Sin un sólo cable, con el micrófono que viene incorporado, con dos golpecitos del dedo índice, grabo cuanto ocurre. Luego en casa elijo los fragmentos más interesantes y los envío por correo electrónico a Georgeus, Peter Bjorn and Barry (The Band). Respondiendo a todo. Sí. Mensaje enviado. Fácil.

¿No es maravilloso no necesitar los cajones de una madre para dar rienda suelta a la codicia del melómano no emancipado?  ¿O prescindir de los funcionarios de correos, esos que echan el aviso de “destinatario ausente” al buzón por no subir la escalera para ver si  la ausencia es imaginaria, fruto del tiempo libre conquistado, del trabajo fácil?

El cuatro pistas de casete (pongan las eses y las tes que quieran, ya da igual) no sale del armario.

En el local de ensayo, un cacharro que grababa directamente sobre un disco duro, de cuando los comienzos de la invasión de los unos y los ceros, sirve para apoyar un cenicero, en el que se consumen los mejores arreglos para los bocetos que llevo. Es de la marca Darwin, y que nadie lo use demuestra que no se prefiere lo digital a lo analógico porque sí: simplemente preferimos la comodidad. De ahí que la evolución nos haya convertido en periféricos de carne y hueso para un portátil.

Tampoco era tan difícil pulsar el play y el record de algunos de aquellos radiocasetes que grababan tan bien. Le he pedido a Franco que me preste cintas de los primeros ensayos, allá en el año 90, 91 y 92. Para ser franco, creo que no las voy a conseguir.

No quedan amigos con doble pletina.
Me rindo. Soy un hombre nuevo.

MrE (sólo por recordar su aspecto):

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En EP3, Hoy, Entrevista a Antonio Luque:

“Es más fácil verme como un coñazo”

GABRIELA WIENER 11/09/2009

Haberse convertido en un reverenciado (e involuntario) ídolo del indie español no le basta. Tras dos décadas en la música, Antonio Luque, alias Sr. Chinarro, vuelca sus metáforas costumbristas en un debut literario, Socorrismo, que casi va a la papelera.

Anoche tocó por sorpresa en un garito de Valencia y hoy ha corrido una hora para compensar la paella. El corredor de fondo del pop indie español y comandante en jefe de Sr. Chinarro, Antonio Luque, lleva casi 20 años de puntual relación con un público que exalta sus raros melodramas cotidianos, que tienen tanto de aforísticos como de oscuramente líricos. Después de girar con su último disco, Ronroneando, cambió la guitarra por un ordenador para escribir cosas que nunca podrá cantar. Socorrismo (Alpha Decay) es el debut literario de un escritor compulsivo, pero no trastornado. Relatos “salvados de la papelera por mi editora, que me dijo que yo no era nadie para juzgarme” y que explican por qué a sus canciones las llamaban “libros de tres minutos”.

“Me gustaría ser uno de esos productores que analizan a los oyentes y son capaces de emplear esos trucos pensando en la pasta”

Luque también es autor de uno de los cuentos de Matar en Barcelona, ficciones inspiradas en crímenes reales ocurridos en esa ciudad. “Éste es un comienzo en plan cobarde”, confiesa, “como empezar en la música: maquetas, single, elepé…”. Es decir, textos para blogs que se volvieron cuentos fallidos y que fueron el trasunto de relatos que ahora son el germen de una novela: “Me divierte escribir, y no provoca sordera como hacer música en grupos de pop-rock”.

EP3. De pequeño tuvo algo así como una sobredosis de Mortadelo y Filemón. ¿Se siente más cerca de Ibáñez o de Lorca?

Antonio Luque. He hojeado libros de Lorca. Pero he disfrutado más con Ibáñez. Me parece más sensato. Pobre Lorca.

EP3. ¿De dónde saca ese costumbrismo de sus letras y relatos? ¿Todo empezó en la fábrica de Bollycao?

A. L. No, no soy tan tierno, ni tan falso. Todo empezó cuando empecé a hablar, a leer y a escribir. Soy de Cartilla Palau [unos cuadernos fotosilábicos para aprender a leer publicados por Anaya en los sesenta] made in Cataluña, imagino. Como Panrico, pero más útil. Quizá no mucho más.

EP3. La poeta Elena Medel dice que usted no es un músico que escribe de vez en cuando, sino un escritor que a veces hace música. ¿Está de acuerdo?

A. L. Espero que no inventen una ley de incompatibilidades que me obligue a levantarme temprano para cavar zanjas o hacer carreteras, trabajos que, aún hoy, mucha gente sigue considerando como los únicos verdaderos. Hago lo que puedo. Pero, sí, me gusta que me digan que soy más un escritor que hace canciones. No sé qué soy. Confío en los críticos.

EP3. ¡Cómo no va a confiar, si los críticos le aman!

A. L. Tenía miedo de que me fuesen a caer ahora los palos que no me habían caído antes, porque algún palo a tiempo me habría venido bien.

EP3. ¿Qué está leyendo ahora mismo?

A. L. Apenas leo, tampoco escucho mucha música. ¡No me da tiempo a todo!

EP3. Pero ¿qué hace?

A. L. Cocino, limpio, miro al mar, me baño en él, llamo guarros a mis conciudadanos, me peleo con el del banco, respondo el correo, hago canciones, trato de sacar las cartas del buzón (no tengo la llave), me hago sangre la mitad de las veces, y ¡sólo para sacar facturas!

EP3. Para escribir así tiene que haber leído, y mucho. ¿Cuáles son sus lecturas?

A. L. Leí bastante cuando era un veinteañero. Luego lo dejé. Me estaba pasando como al Quijote con sus libros (lo sé por los dibujos; aún no he leído el Quijote). ¡Y yo tenía el barbero cerca! Total, que Proust, Kerouac, Balzac, Kafka, lo que caía en mis manos.

EP3. Qué me dice de las groupies literarias, ¿son más guapas que las rockeras?

A. L. Agradeceré mucho que en el ámbito literario no haya focos que me impidan disfrutar de las vistas más allá de las primeras filas. ¡Pero con media primera fila puedo llegar a conformarme! Es broma, es broma. Yo no tengo groupies.

EP3. ¿Cree que intentarán etiquetarlo como indie también en literatura?

A. L. Si no venden muchos libros míos, sí, claro. No pasaría nada, estoy habituado.

EP3. ¿Qué es lo más detestable de los escritores? ¿Y de los músicos?

A. L. El aire cultureta en unos y el afán por la embriaguez en los otros. No son excluyentes, tendré cuidado.

EP3. Hay quienes lo consideran un dios, y otros, directamente, un coñazo. ¿Por qué levanta pasiones tan encontradas?

A. L. Yo mismo soy capaz de verme de las dos maneras. A decir verdad, me resulta más fácil verme como un coñazo, no me veo capaz de hacer milagros.

EP3. Si tuviera que reencarnarse en un músico de hoy rotundamente moderno, ¿en quién se encarnaría?

A. L. Me gustaría ser uno de esos productores que analizan a los oyentes (como esas máquinas de Cadena 100 que analizan las armonías automáticamente) y son capaces de emplear esos trucos pensando en la pasta sin perder la ilusión por su trabajo. Como hacen todos los que trabajan por dinero más pronto que tarde.

EP3. ¿Quiere ser una máquina?

A. L. Una máquina de hacer hits y tener avión privado y yate y todo eso.

EP3. Miente, no quiere ser eso.

A. L. ¿Por qué no? Se vive poco tiempo. ¿Tú no lo quieres?

EP3. Yo sí, pero yo no soy indie.

A. L. Yo no lo soy voluntariamente.

EP3. ¿Va en serio?

A. L. Me gustaría cambiar al público, ¡pero sale carísimo! Se paga con la soledad. Ya te lo dije, se me da mal cambiar.

EP3. ¿Cómo vive un indie de los noventa la era Facebook?

A. L. Estoy vivo, pero debería reabrir mi Facebook. Lo único que pido a la sociedad es que recoja la mierda de sus mascotas.

EP3. ¿Cuándo fue la última vez que socorrió a alguien o que le socorrieron?

A. L. En el cabo de la Plata. Me estaba ahogando en Zahara, un remolino me arrastraba. Una pareja de italianos me observaba. Él se echó al mar para salvarme. Como la chica estaba de muy buen ver, decidí que lograría escapar sin la ayuda de su novio e hice por ella lo que no iba a hacer por mí mismo. ¿Qué te parece?

EP3. ¿Se aburre de sí mismo?

A. L. Yo no me aburro jamás. Se me van los días volando. Estoy tan tranquilo sabiendo que en nada y menos habré muerto. La gente se olvida, yo no.

EP3. ¿Explotar lo doliente ayuda a ligar?

A. L. No lo sé. No ligo mucho, en serio. Se ve que soy mala persona. No hay que tener mucho instinto femenino para darse cuenta de que no convengo.

EP3. ¿Qué refrán se aplica sí mismo?

A. L. Me encanta ése de explicación no pedida, culpa manifiesta. Con ése me podrían poner en un apuro mil veces.

EP3. ¿Su libro nos hará reír?

A. L. A veces se oyen mis carcajadas en mitad de la noche, cuando escribo. No sé si seré capaz de transmitir ese estado al lector. Puede que sea una risa nerviosa.

Socorrismo (Alpha Decay) sale el 21 de septiembre.


8
Sep 09

El Roto

Yo me parto con El Roto. El tío hace arte del bueno. Hoy, martes, en El País:

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s

 

Por algún motivo que se me escapa, la viñeta de El Roto me ha hecho recordar esta fotografía: el primer Disco Duro que tuvo más de 1GB (IBM, 1980).

 

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g

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Salió esta crítica curiosa de Postpoesía en Letras Libres; la lectura de un latinoamericano:

http://www.letraslibres.com/index.php?art=13993

 


6
Sep 09

Fin de semana

Un fin de semana raro por varios motivos, no hice una sola
foto, no escribí, casi no encendí el ordenador y salí de casa. El sábado me
acerqué a una cala bastante inaccesible. Como soplaba mucho viento, estaba
solo. El suelo, de roca. Olas bastante altas para estas fechas. Varias calas
más allá, unos puntos de colores se incorporaban en el agua sobre las tablas de
surf. Cada pocos segundos oía el ruido de un trueno, pero nada se veía en el
cielo que pudiera confirmarlo. Se trataba de las piedras del fondo del mar,
que las olas arrastraban y devolvían. El mar, con una mandíbula oculta,
masticaba todas aquella piedras, que no se veían. Sólo imaginarlas producía
inquietud. Un sonido que, bronco, emergía cada pocos segundos del fondo del
mar. Abrí el libro de Mr.E, aquel de Cosas que los nietos debería saber, en él
Mr.E comenta cómo era su infancia, cómo se interesó por la música, cómo era
vivir un padre tan genial como autista; buen tipo Mr.E. Buen tipo el mar,
buenas tipas la piedras del mar. Todo estaba lleno de buenos tipos. Empezó el
frío y me fui. 

 

Esa misma noche comimos cochinillo. Vinieron a cenar una
pareja amiga. Él, mallorquín, ella neoyorquina. Como es vegetariana, no comió
cochinillo, sino arroz y unas cigalas. Él, dos platos de carne. Antes de que
llegaran, mientras hacía tiempo con un poco de vino en la mano, vi en La
Tómbola, Tele 5, un trozo de un debate absurdo y a una rubia de 2 metros. Están
bien ese tipo de esperas. Muy bien. Suelen ocurrírsete cosas chulas o tontas.
Esta vez, nada, sólo un debate absurdo y una rubia de 2 metros. En la cena,
salió a colación el director y actor Vicent Gallo, y ella contó que lo conocía
bastante bien, que antes vivía en su barrio y que tenían amigos comunes, entonces
hablamos de la página web de Gallo, (http://www.vgmerchandise.com/store/pages.php?pageid=4 ), de lo bien que está, un rollo muy de artista lleva Gallo, vende su semen,
unas baquetas con las que tocó en un concierto, un libro sobre Duchamp firmado
por él; cosas así. Como una cabra. Muy bueno y divertido ese Gallo. Hablamos
también de por qué en las casas de Nueva York hay ratones, y por qué en las de
Mallorca hormigas. También comentamos que si no comes te mueres, y que un
trastornado en Hong Kong había echado ácido en la cara de 11 personas en un
centro comercial, así, sin motivo alguno, por la cara. 

 

Hoy, domingo comí en el campo, en una casa de esas antiguas,
de piedra y persianas venecianas de madera, en mitad del Pla mallorquín; un
secarral lleno de almendros. Siempre me hacen gracia estas casas porque en
ellas se hacen grandes comidas, de esas como de película de Fellini, en las que
una interminable familia se sienta en una interminable mesa y van llegando
verduras, arroces, carnes, vino y demás, y hablan muy alto y cuentan historias
que sólo entienden ellos. En un momento dado me senté en la parte de atrás,
junto al pozo, en una mecedora a la sombra, corría una brisa fresca de
septiembre bastante agradable, se oía el cencerro de unas ovejas, o cabras, no
sé, muy lejos, un eco interesante que, pensé, era como ese sonido típico del
mar que te adormila, pero de secano. En ese momento las ovejas o cabras
quedaron redefinidas como las olas de lugares sin olas. Justo delante, coches
aparcados en una explanada. Conté 7. Lo que primero me extrañó fue la
coincidencia de que los 7 fueran de color gris. A mí el gris me gusta: el color
del cerebro y del cemento, cosas ambas que me resultan especialmente excitantes
y por las que siento un excepcional respeto. Lo que me extrañó en segundo lugar
fue un descubrimiento que podría resumirse así: los coches estaban aparcados de
manera que formaban una estrella de 7 puntas. Y su corolario: cuando no estamos
obligados aparcar en esa especie de tumbas dibujadas en el suelo que hay en las
calles o el los parking, lo hacemos intuitivamente en forma de estrella. Estrella,
en este caso gris. Cerré un poco los ojos, pensé en coches, en motores, en
cigüeñales y en bielas, en bujías, ruedas y baterías; pensé en estrellas. Era
esa la conexión cósmica que estábamos esperando.

 

d

 


3
Sep 09

Tiempos de vida/ Luque publica libro/ E.G.O./ Ramonet

Encontré esta distribución del tiempo en la vida de una persona estandar de principios de los 80.

Por Elena García de Guinea.

Tabla de tiempos
Estar de pie 30 años
Dormir 23 años
Estar sentado 17 años
Caminar 16 años
Trabajar 8-9 años
Comer 6-7 años
Soñar 4 años
Transporte urbano 3 años
Ver televisión 5 años + 303 días
Hablar y escuchar 2 años
Reír 1 año + 258 días
Cocinar 1 año + 195 días
Estar resfriado 1 año + 135 días
Cortejar y ser cortejado 1 año + 139 días
Correr 1 año + 75 días
Estar enfermo 1 año + 55 días
Ir a la escuela 1 año + 40 días
Festejar 1 año + 10 días
Guardar colas 500 días
Rellenar formularios 305 días
Leer 250 días
Telefonear 180 días
Vestirse (hombre) 177 días
Vestirse (mujer) 531 días
Hacer la compra 140 días
Afeitarse 140 días
Lavarse (hombre) 117 días
Lavarse (mujer) 2 años
Hacer el amor 110 días
Peinarse 108 días
Hacer pis 106 días
Cepillarse los dientes 92 días
Depilarse (mujer) 72 días
Defecar 53 días
Llorar 50 días
Saludar 8 días
Rellenar impresos fiscales 3- 6 días
Consultar el reloj 3 días

Fuente: Science et Vie

Hoy día habría que añadir, evidentemente, el tiempo dedicado a la Red. Pero no sé a qué otra actividad quitarle ese tiempo ganado por el ordenador. ¿A Festejar? ¿A Rellenar Formularios? ¿Telefonear? Quizá sea eso en mi caso; hace años que nada festejo, no relleno formulario alguno, y casi no telefoneo.

Aunque a lo mejor no hay que quitarle tiempo a nada, ya que en esa tabla no estaban incluidas todas las actividades de una persona.

No sé.

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-Atención: adelanto de la info del primer libro de Antonio Luque (Sr. Chinaro). Pronto a la venta:

http://www.playgroundmag.net/noticia/6604/antonio-luque-sopa-de-letras

v

Dos discos que recibí que me gustan:

-E.G.O, Extraña Geografía Onírica: http://www.myspace.com/egobcn

En su myspace, además de las canciones, hay una galería de fotos B/N muy chulas. ¡Con batería electrónica (parece)! Es para mí un honor que uno de los temas del disco, Vigilia, esté inspirado en un poema mío de Carne de Píxel. Gracias, E.G.O.

fff

-Ramonet, Ç´est Moi : http://www.myspace.com/ramonetinthenet

peculiar cantautor.

b


1
Sep 09

ASÍ SE VA UN VERANO

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cover Trying Your Luck, Strokes

cover Paranoid Android, Radiohead

Viendo viejos artículos de prensa, [de hace 3 años, quiero decir],
encontré uno que decía que cada 15 años se renuevan todas las células del
cuerpo. Lo único que dura toda la vida son las neuronas, las células de la
lente interna del ojo, y las células musculares del corazón, pero el resto,
envejecen y mueren para dar paso a otras. Por ejemplo, el esqueleto humano se
renueva completamente cada 10 años. La piel, completamente cada 2 semanas. Los
glóbulos rojos cada 120 días. Las células de los músculos de las costillas,
cada 15.1 años. Y así. Pensé que, sin embargo, arrugas y recauchutados
aparte, a lo largo de la vida conservamos la misma forma, la misma morfología.
Como si lo que nos definiera fuera una envolvente, una forma general, un
trazo grueso que, junto con las neuronas, dijera quién es quién. Un DNI en 4D
[se incluye el tiempo] de carne y hueso. He estado pensando en esto todo el
verano. Me vino a la cabeza por lo menos 10 veces al día. No me lo he
podido quitar de mis quehaceres cotidianos. A veces me pasmaba ante el ordenador
y olvidaba lo que hacía y pensaba en eso. O cuando tocada covers en la
batería, parecía que estaba pensando en la canción, en la caja, plato bombo,
charles, pero no, pensaba en eso, o cuando extraía un poema de la máquina Bellamatic de El Matadero, o cuando repasaba la maqueta de Nocilla Lab, o cuando veía un concierto en Brooklyn , o cuando veía a Leonard Cohen desde una silla de plástico, o cuando abría la puerta del minibar del  Hotel de Las Letras, y también cuando fotografiaba la basura de NYC, siempre pensaba en eso, en que cada 15 años somos otros pero
seguimos siendo los mismos. Pero no es que pensara en ello en plan de: pues voy a
llegar hasta el final, voy a ver bien y a fondo de qué va esta
historia, de qué van estas puñeteras células, por qué todo se muere pero
básicamente sigo siendo el mismo, no, sólo pensaba en esa idea en
general, y ahí me quedaba, en su superficie, es esa nube de ideas aún
sin definir, como quien piensa en un fantasma, en algo borroso, en
una metáfora que no entiende. O como cuando vas a viajar a un lugar en el
que nunca has estado: tienes una vaga idea, algunas fotos que has visto, no
conoces el territorio, y sin embargo sabes que ahí hay todo un espacio
inmenso que te supera, y por eso nunca haces ese viaje, porque sabes que si lo haces lo
romperás.

Así se va un verano.