No hay zuecos en Goteborg

Entonces dijo el Comandante Vilas, “yo, de lo que sé, sé”,
mientras escogía unos pendientes en un centro comercial. El Comandante Vilas y
yo caminamos y vamos pensando a cada momento en decálogos, manifiestos, decálogos
en general, aquí nada hay que concretar, mientras atravesamos la arteria
principal de Goteborg, cuyo suelo adoquinado se mueve. Vamos en busca de unos
zuecos. No encontramos zuecos, en ninguna parte hay zuecos. Ya cuando, por la
mañana, les preguntamos a las suecas de la organización lo siguiente: “aquí
son típicos los zuecos, ¿no?”, contestaron que sí, pero se miraron como
diciendo es como ir a España y comprar unos zapatos de flamenco. Hemos pateado
todas la zapaterías de Goteborg, sospecho que en todas se reían de nosotros,
del Comandante Vilas y de mí. Pero es que queríamos salir hoy, luego, más
tarde, quizá hasta por la noche, por las calles de Goteborg con esos zuecos, triturar el mundo calzados con zuecos, unos zuecos bonitos, altos, de suela de
madera cocida y piel de serpiente, por ejemplo, unos zuecos hechos con los
restos de unas botas de cow-boy, por ejemplo, por decir algo, y regalarle unos
a Andrés Neuman, por qué no, que es un tío feliz, como nosotros. La culpa, una
vez más, Comandante Vilas, fue mía: mi mente asoció la palabra zuecos con la
palabra suecos, así de tonto, y venga, a patear calles, centros comerciales,
con sus paradas para la cerveza, para la ensalada de patata, sus paradas para
comprobar cómo se mueve cada
adoquín del adoquinado suelo de Goteborg, el Comandante Vilas y yo, en misión
especial en Goteborg a la caza de unos zuecos. Y sobre la marcha -porque
aquí no hay que detenerse, en estas misiones especiales nunca hay que detenerse-,
vamos pensando en un decálogo, un manifiesto, pero en general, nada en concreto,
un manifiesto que nada manifieste, y hablamos de ello, de esa nada, de ese manifiesto, y es entonces
cuando el Comandante Vilas se detiene en un escaparate y me dice, “Teniente
Fernández, mire, mire ahí dentro, me tiro ahora mismo a por esos pendientes”, y
se va, y yo le sigo, y mientras los tiene entre sus manos, dice, “no…, si yo de
lo que sé, sé. Soy bueno para escoger pendientes”, y continuamos camino el
Comandante Vilas y yo. Él con unos pendientes en el bolsillo y yo de vacío; qué
mal suena: de vacío. Ya ayer, cuando fui al teatro Storan, en el concierto de
Klaus y Kinski pensé en unos zuecos verdes, en el de Cristina Rosenvinge en
unos zuecos rojos, en el de Hidrogenesse en zuecos amarillos fósforo. Y se lo
conté al Comandante Vilas, le conté que en cada uno de esos conciertos había
visto, mejor dicho, divisado, un tipo determinado de zuecos: verdes, rojos y
amarillo fósforo, y eso sí, eso sí que por encima de todas las cosas le llenó
de emoción al Comandante Vilas, que se detuvo en seco, observó el tigre de
plástico a triple escala que preside el teatro Storan, donde hacía menos de 24
horas yo había divisado aquella trinidad de zuecos verdes, rojos y amarillo fósforo,
y dijo: “yo quiero unos zuecos de piel de tigre, eso es lo que yo quiero”.  

Ayer, 8 de la tarde, antes de ir al concierto, vamos a la
recepción que da el alcalde. El ayuntamiento es muy grande, la gente va vestida
como de fiesta de fin de año, y el Comandante Vilas y el Teniente Fernández van
vestidos de Comandante Vilas y Teniente Fernández, todos vamos pasando por
delante del alcalde, de su mujer y sus hijas, que están en mitad de las escaleras
del palacio, no en la entrada, sino en mitad de las escaleras, les damos la
mano a cada uno  con una leve
reverencia, y les agradecemos que nos hayan invitado a su casa; parecen
felices, todos somos felices, todos somos felices porque parecemos felices, y
eso es muy bueno. Ante dos mesas tan grandes como un salón baile, llenas de
todo tipo de comida, que precedían a otras dos llenas de todo tipo de bebidas,
le digo al Comandante Vilas:

-Comandante Vilas

-Le escucho, Teniente Fernández

-He de confesarle una cosa

-Le escucho, Teniente Fernández

-Creo que lo de los zuecos no está bien, que es una mala
idea, o sea, que creo que me he confundido.

-Le escucho, Teniente Fernández.

-Creo que esta misión especial en Goteborg se ha revelado
inútil. Aquí no hay zuecos, Comandante.

-No importa, Teniente Fernández, valoro su honestidad, yo
nunca castigo a la tropa que dice la verdad. Busquemos mañana, busquemos mañana
esos zuecos como si fueran verdad, como si fueran una verdad absoluta, como una
quimera, como un manifiesto, como quien busca en esas luces de las ventanas de
los edificios -y señaló con el dedo a través de la ventana- una cara común a
todos los ciudadanos, o el brillo perdido de la Atlantida.

-Eso haremos Comandante Vilas, eso haremos.

 

Compartir:
  • Print
  • email
  • Facebook
  • Twitter
  • del.icio.us
  • Google Bookmarks
  • Meneame
  • Bitacoras.com

20 comentarios para “No hay zuecos en Goteborg”

  1. carlangas dice:

    Menos mal que no había cámaras en las escaleras, sino las chicas del alcalde lo iban a tener chungo…
    Preciosa entrada!

  2. pepe montero dice:

    El comandante y zu eco.

    Qué bien.

  3. Alguien que te odia dice:

    Frívolo de los cojones…

  4. pepe montero dice:

    Qué bien, ya tienes un odiador.
    Yo también quiero uno.

    O dos.

  5. el procrastinador dice:

    La frivolidad, superficialidad o falta de seriedad es más productiva, meltalmente hablando, que la seriedad y profundidad.
    (Son las dos caras de la misma moneda.)

    Dice Wittgenstein :
    "Cuando veo un objeto, no puedo representármelo."
    Y a la inversa: "Cuando nos representamos algo, no lo observamos".

    Valéry señala en sus Cahiers: "Lo que pienso estorba a lo que veo, y recíprocamente. Esta relación es observable."

    Zhuangzi: "¡Ay, si conociera a un hombre que olvidara el lenguaje, para tener con quien hablar!"

    El maestro Huqiu dijo:
    "No hay nada como el viaje, y cuando uno sabe viajar, ya no sabe adónde va; cuando uno sabe contemplar, ya no sabe lo que ve. Hablar de viaje, es ahora hablar de contemplación, cuando todo se presta al movimiento, cuando todo se presta a la visión! ¡Nada hay como este viaje! ¡Nada!"

    Me gustan tus relatos de Goteborg.

  6. Marta Parés dice:

    Me he detenido en el fragmento "parecen felices, todos somos felices, todos somos felices porque parecemos felices, y eso es muy bueno.". No es por una movida espiritual que yo tenga, no sé, pero últimamente, y especialmente a raíz de este blog, me pregunto por la felicidad. Así. En abstracto. (Como es siempre, ¿no?, en abstracto. No sé.).

    En fin.

    ¡Pero que obsesión con los zapatos! Primero en "Nocilla Dream" (el árbol de los zapatos, centro del rizoma), después con las botas, y ahora zuecos… Tú si que eres un zueco! (con cariño).

    Marta

    http://www.enanodelaspuertas.blogspot.com/

  7. agustín dice:

    Qué bueno: "el comandante y zu eco". Me parto de risa.
    Bueno, creo que cámaras había, y muchas, el truco está en no hacerles caso. Sólo así las cámaras te dejan en paz.
    La falta de frivolidad produce espacios planos.
    Los zapatos son importantes, de lo contrario, iríamos descalzos, y eso no está nada bien.

    Saludos!!

  8. al-phonse dice:

    Agustin, recuerda que tienes a tu disposición fotos de tales eventos, eso sí, algunos de ellos previo filtro…
    saludos, ya desde Madrid

  9. el procrastinador dice:

    Además de espacios planos lleva al suicidio (intelectual en este caso).
    Los zapatos son tan naturales como las uñas de los pies, y probablemente sea más recomendable enamorarse de alguien por sus zapatos que por sus uñas.
    Tan superficial lo uno como lo otro.
    Tengo un amigo que se enamoraba de las mujeres por su esqueleto. Lo más complicado era convencerlas, antes de la primera cita, de que necesitaba una radiografía.
    Siempre llevaba clavos, tablillas y bendajes en la mochila para inmobilizar los huesos de sus ligues en caso de fractura o fisura de alguno de sus miembros.
    Sus sueños más eróticos estaban enmarcados en algún cementerio, y como buen coleccionista guarda una pieza ósea de cada fémina en su mesilla de noche.
    Sobra decir que éste sí que tiene rayos x en los ojos.

    No sigo que se me va la pinza.
    Saludos!

  10. agustín dice:

    Procrastinador, la uñas, como los zapatos, como los pulmones, se gastan a medida que representan su función. Supongo que eso es lo que los hace inseparables de la biografía de cada cual. Son importantes.

    Al-phonse, muchas gracias!

    Saludos!

    PD: Manolo, a las 8:20 en el hall.

  11. mary dice:

    ¡Pero qué bestia tu amigo, Procas! ¿Y qué hace? ¿les corta un dedo? ¿les arranca una muela?

  12. mary dice:

    …aunque nada comparado con que te escondan los zapatos, también es cierto.

  13. Ingrid dice:

    ¡están muy bien los relatos de Götteborg! No es nada frívolo. A la citas de Procras añado lo de "lo más superficial es la piel" de Deleuze, o algo así. el lapsus linguae me hace pensar en una de las pelis que pasarán en Sitges, el lío que se genera por un error linguae doméstico común. Ahora todo me hace pensar en Sitges, rodeada como estoy de monster movies, slashes, animes, tokusatsus… Sigue con tu camarada Vilas! gracias! saludos,
    pd. je, je, creo que no somo la misma cosa la de las alas de murciélago y yo, no me sé el casting de memoria de Raza, pero es una de esas "murciélagas", con el santoral en una mano y el veneno en la otra, la íntima de Carmencita seguramente. Creo que me parezco más al Papa Cíclope. Estoy hecha para los personajes secundarios.

  14. el procrastinador dice:

    Se queda con alguna muela del juicio.
    Primero se asegura que la hembra tenga alguna muela del juicio y después la convence para quitársela.
    En el libro "De la esencia o del desnudo" de F. Jullien hay mucha poesía sobre la piel, la transparencia, los pubis, los culos…
    No hay nada más profundo que la piel… ni nada más superficial.
    Saludos!

  15. Hybris dice:

    Hola Agustín, tal vez el post no venga muy a cuento pero, entre zueco y zueco, aquí te lo dejo… Muy recientemente he publicado este texto en uno de mis blogs dedicado a todo tipo de artefactos sospechosos de padecer hybris ("Hybris, siete posts tras una lectura de Postpoesía)". Después de leer tu libro y comprobar su inconfundible sintomatología (diagnóstico por imagen), pensé que era obligado incluirlo. "Postpoesía" es uno de los libros más ‘normales’ que he leído en toda mi vida. El resto de detalles y complicidades son carne del propio texto. Me haría muy feliz que puedas llegar a leerlo.

    un saludo,
    pablo arcent
    (inventor de música)

    enlace al artículo:
    http://web.me.com/p_arcent/blogs_esp/Hybris/Hybris.html

    "Hybris…" en pdf (descarga libre): http://public.me.com/p_arcent

  16. Jordi dice:

    Es que la piel y el sistema nervioso central tienen el mismo origen embrionario (ectoblasto).
    Lo que nos recubre y lo que nos expande, derivan de lo mismo.

  17. el procrastinador dice:

    No hay nada como tener un médico al otro lado.
    "Lo que nos recubre y lo que nos expande…"
    Esto es maravilloso.

  18. Eme dice:

    De haberlo sabido te hubiera indicado gustosa cómo ir. http://www.hagatratoffelfabrik.se/

  19. if dice:

    Oh. Qué chulos los relatos de Götteborg. Si tuviera zuecos te aplaudiría con los pies.
    Me gusta mucho todo, pero las conversaciones entre teniente y comandante me han recordado a Tip Y Coll.¿Y los pendientes de los q sabe Vilas? Curiosidad.
    Un beso agustín,
    eva

  20. agustín dice:

    Gracias, If,
    Vaya eme. si lo hubiéramos sabido..

Deja un comentario