¡Joder, sí, es Ballard, es muy Ballard!, dice Manolo Vilas.
Momentos antes yo le he señalado una boya de hormigón medio quebrada, por zonas rota, de dimensiones de cama
de matrimonio de Ikea, que sobresale del agua verde oscura, verde videojuego,
del puerto de Goteborg, y le he dicho señalando con él índice: mira, mira
eso, es muy Ballard,
[viento, arenques muertos, monarquía y silencio]
instantes después, Manolo remata: bueno, joder, es que todo
en la vida es Ballard. A lo que asentí. Hacía sol y frío, un viento que
tumbaba, y que nos hacía caminar a Vilas, a Atxaga, a Pisón, a Iwasaki y a mí
con el cuerpo inclinado 45 grados. Pensé, manda narices, venir a la ciudad
manos Ballard del mundo a detectar a Ballard; eso es enfermedad, y lo demás
cosquillas.
Me he enfadado porque me olvidé la cámara de fotos. Tengo la
del móvil, pero por algún motivo que se me escapa el Bluetooth no me funciona,
el Bluetooth es un Bluf. Alguien, creo que es una mujer, a la que no conozco,
me pidió hace unos días en este blog que hiciera una foto de alguna ventana de
Goteborg y que se la enviara. Tiene un blog muy interesante en el que acumula
ventanas. En Goteborg las he visto fantásticas. Me he enfadado porque ya no
podré hacer esa foto.
Ni la foto de la boya Ballard saliendo del agua.
Un restaurante español se llama Qué Pasa.
Hablo con Atxaga de la soledad,
[un mercado de frutas junto al río, una sueca escoge ciruelas
de una caja con la delicadeza con la que se acarician los huevos en el
supermercado para meterlos en el carrito. Un pescador tira arenques como si
fueran boomerangs, no regresan, pero el gesto es el mismo, los lanza a otra
caja. Ayer, en la cena, Manolo y yo decíamos que lo de las suecas es un mito,
hoy ya no estamos tan de acuerdo con ese diagnóstico. La sueca escoge ciruelas,
las ciruelas están entre sus manos como quien escoge huevos en un supermercado.
Escoger las ciudades que más te gustan del Planeta y llevártelas en una mano],
hablo con Atxaga de la soledad. Me cuenta que una vez le
pidió un despertador a un vecino, un anciano que vivía solo. “Es que me tengo
que levantar pronto, y temo no despertarme”. El anciano le tiende un reloj
grande, de campana, y le dice. “cómprate un despertador, hombre, hacen mucha
compañía”. Comentamos lo solo que tiene que estar alguien como para que el tic
tac del reloj le sirva de consuelo. El sonido del despertador: su blog, su YouTube,
su MySpace, su Canal+, su Muchada Nui, todo lo que a nosotros nos salva de la
soledad, eso es el tic-tac de ese
reloj, y eso me hizo recordar que en Nocilla Lab hay una historia de tic-tacs
de relojes y gente sola. Me hizo gracia la coincidencia. Somos muy poco
originales, pero eso no desmerecería, en caso de existir, lo bueno, porque creo
que lo bueno no está en la originalidad, sino en el detalle bien puesto,
preciso. La originalidad ayuda, pero no creo que sea lo determinante. Soy de la
opinión de que las grandes películas están hechas de pequeños grandes detalles.
Idem para todo: una comida, un libro, una conversación, un vestimenta. Un buen
detalle salva cualquier atuendo, por Zara que éste sea. Ésa es para mí una de
la máximas expresiones del talento, casi diría que ésa es mi definición de
talento.
Una sueca acaricia unas ciruelas como si acariciara huevos.
Manolo dice: joder, es que todo en la vida es Ballard.
Desde la habitación del piso 22 de una torre de 23 pisos, veo
toda la ciudad, amaneció lloviendo, pero pronto el sol hizo su agujero. Es raro
estar en un lugar y no tener cámara de fotos. Estamos enfermos con las fotos.
Es raro escribir un post en un blog sin fotos. Veo la azotea del edificio
yuxtapuesto, es muy grande, casi tan grande como el campo fútbol que hay un
poco más allá. La azotea está pintada de riguroso negro, es my bonita, salen
unos pocos tubos, islas de máquinas de aire acondicionado, casetas de plata, plata y negro, en el
centro de esa azotea hay una corona pintada, muy grande, de color blanco, no sé
para qué sirve, pero ahí está, para que la vea yo ahora, para que la vea Google
Earth, no lo sé. Más allá los tejados de la ciudad, rojos y abuhardillados [¿se
dice así?, no sé], que son París. No son Rayuela. Son París. Detecto, muy lejos, una nube con forma de hongo nuclear. Emerge de una montaña. De una casa.
La foto de una boya Ballard saliendo del agua.
Un restaurante español se llama Qué Pasa.
Iwasaki nos habla de fútbol, es experto en fútbol, tiene teorías impresionantes, muy literarias, acerca de cómo los fichajes de
futbolistas extranjeros vienen espontáneamente condicionados por los escritores
que de ese país hayan sido publicados en el nuestro un par de años antes.
Desgrana su idea y me parece luminosa. Ahora hablamos de la Naturaleza, de que
tal cosa no existe, de que “la madre naturaleza” es un mito romántico, y de que la civilización, y por lo
tanto el arte, es el triunfo del hombre sobre las leyes de la ”naturaleza”. Recuerdo entonces una
frase de Sainz de Oiza: “¿hay que cuidar el campo? Lo que hay que cuidar son
las ciudades”.
Manos suecas acarician huevos, ciruelas.
Gracias a alguien de este blog sé que tocan este viernes
aquí Hidrogenesse, Cristina Rosenvinge y Klaus y Kinski. Los 3 me gustan mucho,
si me pudiera escapar de una cena iría. Es extraño ver a estos grupos aquí, en
un país tan civilizado. Seguro que suenan también más civilizados. Dice Pisón:
por muy palacio que sea tu casa, si vives en una ciudad cutre, mal cuidada, te
vuelves triste. Creo que lo comparto. Hablamos de Manchester, de Joy Divison,
de The Smiths, de cómo Manchester les aporta un brillo oscuro, negro, y casi
cierta predestinación.
Detenidos ante un escaparate. Hay botas. Es una zapatería.
Vilas se encapricha con las botas, lo sabía, sabía que le iban a encantar esas
botas. De media caña. Punta regular, un negro gris, gris hormigón, gris
cemento. Todos alucinamos con las botas. Un poco más allá, en un escaparate, vemos
unos vaqueros Lee. Vaya, en mi infancia, pre-Levis, los Lee eran lo más, lo
recuerdo, todos queríamos tener unos vaqueros Lee. Pisón cuenta que se compró
en un país muy lejano unos Wrangler, míticos también, pre-Levis también. Hoy no
volverá a llover. Bien. El hongo nuclear persiste. Esa forma.
Un Restaurante español que se llama Qué Pasa.
Eso digo yo; qué pasa.
Nada, no pasa nada.











Qué buena la crónica, Agustín
Te escribo desde cinco pisos debajo. Agutsin está en el piso 22 y yo en el 16. Iba a ponerte un mail en vez de preguntartelo esta noche: ¿tú crees que hago bien si me tomo un antibiótico para el catarro? Es un antibiótico que llevo siempre que salgo de viaje.
Te recibo alto y claro.
No sé. Yo sólo tomo antibióticos si tengo fiebre. Los antibióticos han salvado de la muerte a millones de personas. No frivolicemos con ellos. Durante un segundo he escrito frivolizar con b, al instante me ha hecho daño en los ojos, y lo he cambiado. Ya ves, Manolo, así están las cosas por aquí, en el piso 22. A golpe de ensayo-error.
¿Te has fijado que las ventanas sólo se abren 10 cm? ¿Será para que la gente no se suicide? En este país hay mucho suicida.
Mañana nos compramos las botas.
Te recibo alto y claro
Sí, son 16 cm. Deber ser el espacio del alma.
Está muy OK la historia del despertador de Atxaga. Pienso que el móvil hace la misma función hoy.
También las ventanas del hotel son bastante pequeñas, eso debe ser calvinismo puro. Mi edredón es individual, ¿y el tuyo? No sé qué pensar de este edredón. ¿Has visto lo raro que es el colchón? La tele es muy antigua, no es de plasma.
Me gusta mi habitación. Parece robusta.
Ah, se me olvidaba: la ducha es excelente. Una potencia bárbara. Y luego está el suministrador automático de gel.
En esos 16cm a mí me caben los dedos de la mano izquierda. Según tu teoría, en esos dedos se cifraría el alma. Me gusta tu teoría. En efecto, cama grande pero edredón individual, un asunto de escalas; tienen poca fe en nuestras capacidades de seducción; me parece bien siempre y cuando se demuestre lo contrario. Lo mejor son los vasos, enanos: chupitos de agua. El dosificador de gel: retro Star Trek, y además me he fijado en que ese dosificador tiene la misma curvatura que el estadio de fútbol que tengo delante. Un asunto de escalas. En Goteborg todo son asuntos de escalas. Del avión pasaron al Saab, de golpe.
Acabo de subir al piso 23 del hotel. Había una pequeña fiesta.He visto muchas suecas de verdad, como no había visto hasta ahora. La más pequeña mide 1,75. Lo normal es que midan sobre 1,80 ó 1,82, algunas llegan al 1,85. He bajado en el ascensor con una que debía de medir 1,90. Esta altura les da un toque de irrealidad, que me recuerda a la Virgen del Pilar. Me he imaginado casado con una sueca de 1,86 y me ha gustado la idea.
qué cercanía, qué bueno! Agustín, no necesitas ninguna cámara, sólo necesitas a Manuel Vilas… Si os venís a charlar aquí, en esta glorieta telemática, pues los fisgones amables lo agradecemos.
¿será el silencio de Agustín signo de que se ha apuntado con las suecas?
hoy un amigo me ha mandado esto, tiene mucha gracia, el trailer de una remasterización que ha hecho de Raza:
http://www.youtube.com/watch?v=ZhfFbODPGmk
Que siga Götteborg!
besos,
pd. el tic-tac a mí no me acompaña, me hace evidente la pérdida, sobretodo de tiempo, me lanza en mismo curso del tiempo, me dice "tú también te vas a morir", hasta que las pilas se acaban (¡cómo cuesta que se acaben las pilas!) y el despertador reposa en silencio con su cara risueña y sus orejas a lo mickey mouse. Suerte que mi despertador es digital. Como decía Cortázar: "tú eres el regalado, a ti te ofrecen en el aniversario del reloj"
Se agradece que contéis lo que pasa y lo que no pasa. Yo, de momento estoy releyendo, Partes de Guerra, de Pisón y, ahí sí que pasan cosas.
Consejo internauta médico. Por si no te has tomado ya el antibiótico gran Vilas. Para el catarro mejor Ibuprofeno 600 cada 12 h y puedes intercalar paracetamol cada 4-6 horas dependiendo de los síntomas. (Supongo que no tendrás ni patología renal ni hepática, Por la analítica de tu blog creo que andabas bien). Vamos, mejor que los antibióticos. Porque los antibióticos y los virus son Ballard.
y 2. Obviamente y si no eres alérgico a ninguno de esos fármacos.
Supongo que en un país tan sueco, no tendrás problemas (por si no los llevas) de encontrarlos.
Ingrid. Qué bueno ese remake de raza. A mí Raza me encanta, es un documento brutal de la impostación no creíble, pero ese remake creo me gustaría más. ¿Eres tú quien sube por la escaleras con alas de murciélago o algo así? Tienes un parecido.
Jordi, qué tal. El gran hombre de Barbastro hace unas horas que se retiró, espero que mañana lea tu sabiduría médica. Le obligaré a leerla. Aunque ya tomó el antibiótico, me dijo. Sospecho que mañana estaré solo en la mesa que tenemos. No sé si se repondrá. A ver qué demonios les cuento yo solo a los suecos.
Desayunos contundentes, a prueba de médicos. Muchas albóndigas de Ikea, de esas pequeñas.
Claro, pepe, Partes de Guerra, la tengo pendiente. Tengo ganas de leerla.
Saludos!
Pues creo que a veces el Balladismo, las setas nucleares en la lejania, o el buscar la preciosidad del detalle en unas manos que acarician unos huevos, no es mas que la alteracion de esa paz natural de nuestro ser; el inconformismo al silencio interior. El saber que dentro de ti estas tan solo, que necesitas el exterior para autoproclamarte acompañado. Bueno, es solo mi teoria.
La maldita tecla de acento no funciona.
saludos
Enric
Es curioso, en los hoteles todos los objetos aparentan una figura más honda. Hace un par de años, viajé a Oslo, otra gran ciudad escandinava, y me hospedé en un antiguo hotel, reformado, pero todavía con ese aire de reposada entropía que tienen las cosas tradicionales.
Llegué al hotel tan temprano que el huésped que estaba instalado en la que debía ser mi habitación aún no había abandonado nuestro cubículo. Esperé en el hall tomando uno de eso ásperos caramelos que sostienen todos los mostradores de todos los hoteles del mundo. Vi a un tipo sorprendentemente joven y apresurado dejar la llave de la habitación sin apenas decir ni gracias, ni adiós, ni en español ni en ningún otro idioma sonoro. Pasó por mi lado tan veloz que no llegue a comprender nada de su figura. A los dos minutos estaba subiendo en ascensor hasta el séptimo piso, en donde estaba mi alcoba.
La habitación era pequeñísima. Recuerdo que olía a calzado roído. Todo en ella, muebles, paredes, moqueta, bolis, era muy oscuro. Entre tanto oscuro destacaba, estrella marchita, la bolsa de plástico azul fosforito de la papelera. Me acerqué y lo vi todo como una amalgama viscosa, o como un coloide evaporándose. En la papelera había: unas cuantas cáscaras de plátano, como mortajas; unos cuantos pañuelos arrugados, una de dos, o masturbaciones o catarro (como tú Manuel); y unos cuantos cigarros, muchos de ellos a medio fumar. Uní aquella papelera con la imagen fugaz del tipo sorprendentemente joven. Era perfecto. Ahora mismo sabía más de él que sus padres, o su novia o su PC. La papelera de una habitación es como un historial de navegación, todas tus actividades diarias quedan registradas en ella. A veces miro mi papelera y siento que me miro en los espejos del callejón del gato. La miro, me mira, me miro, nos miramos porque somos uno. Mi intimidad recogida en una bolsa de plástico azul. En una bolsa. Como los cadáveres.
PD: Qué lástima que no te hayas llevado la cámara de fotos, esperaba verte fumando lucky en cualquier rincón de Goteborg y rodeado de arenques. X cierto, que tal de precio anda el lucky x allí?
1saludete!
Para el catarro sólo puedo recomendar tiempo (a mí me va bien).
Por lo demás, me voy a la cama contento leyendo esto y escuchando a estos tres grupazos.
Christina Rosenvinge me parece la caraba en bicicleta. Es tremenda la tronca.
Lo de Raza un puntazo.
Saludos!
Que no pasa nada,que no pasa nada,jajaja Agustin,y ese reencuentro entre ciudades y amigos,y esta maravilosa ventana diálogo?que no pasa nada?
Qué envidia!
Es curiosa esa desproporción de tamaño que explicáis entre los vasos y las mujeres, la cama y el edredón… ¿Pasa con más cosas?
Buena apreciación, Mary.
En este país hay una desproporción tremenda entre lo que se dice que se hace y lo que se hace.
En Suecia tiene que haber cambio de escala en otros detalles que a Mary no se le escapan (muy importantes), pero no en la babosería mediterránea que nos caracteriza.
Llevo desde las ocho de la mañana escuchando a los compañeros de trabajo decirle a todo el mundo lo que trabajan y la cantidad de curro que hay (mientras tanto la fuerza se les fue y tienen que recuperarse con un cafetito y un bollo de mierda).
Puede que los vasos no sean pequeños allí, sino grandes aquí.
(Grandes cantidades de líquido para decir grandes gilipolleces.)
Lo del edredón puede ser para que en caso de encontrar churri, dormir bien pegaditos y no se enfríen las posaderas.
El calorcillo del cuerpo es fundamental.
Estoy escuchando una conversación de funda mental.
No sigo que me caliento, se me van las fuerzas y me voy a tener que tomar un cafetito con un bollo de mierda.
Hidrogenesse son la hostia!
Que envidia, de charla con Atxaga…
Qué genial ese duelo de observaciones que mantienes con Manuel Vilas, como dos músicos que en plena jam session se fuesen turnando, uno en el bajo y el otro en la batería. De ahí podéis sacar algo. Menos mal que no había fotos, ya que de ese modo te has visto obligado a escribirlo. De los impedimentos hay que sacar oro, como bien sabían los de Oulipo. Qué pena que Perec no haya llegado a la era del blog, sería la hostia. Uno el piso 16 y el otro en el 22, eso podía haber durado mucho más. Un abrazo y otro a Manuel, al que no conozco, pero al que leo mucho. Tiene lo mejor: humor e inteligencia. Pepe
¡Qué alegría encontrar tu blog!Te vi este verano en un recital y estaba buscando cosas tuyas para leer…
Un saludo desde http://elcuadernodemartasimonet.blogspot.com/
La elocuencia de Agustín es producida por infinitesimales fotografías mentales insertadas por arte de magia ballardiana (se dice así?). A veces, es mejor no tener fotografías. Pero entiendo la frustración.
Saludos!
Firmado:
La otra Marta
http://www.enanodelaspuertas.blogspot.com
Agustín, por dios, Christina Rosenvinge es una caniche de peditos plis-plis.
La canción de Hidrogenesse me trae buenos recuerdos, y más que Klaus me gusta su hija Nastassja….aunque alguien que conozco que conoció a Klaus en España dice que era un cachondo castizo.
Mic…Mic…
…se me pasaba añadir… de peditos plis-plis y "aparezco en Laredo…" o "…a tu lado…" ….gua…gua…guauguauguauuuuuu…..aiii…aiii…guguauauaua