En su imprescindible Diccionario de las Artes, Félix de Azúa cuenta una anécdota que nunca me he preocupado de saber si es cierta o no porque me gusta tanto que me da igual. Kandinski, pintor tirando a realista, llegó una noche a su estudio, tras tomar unas copas con amigos. Abrió la puerta y vio, apoyado en la pared del fondo, un cuadro extraño, muy extraño, que no recordaba haber pintado, un cuadro sin ningún significado concreto pero que se le antojó profundamente bello, cierto, emocionante. Turbado, se acercó a tal aparición mariana y se dio cuenta de que era uno de sus cuadros realistas que, sin querer, había dejado a poyado al revés, cabeza abajo. A partir de ahí toda su vida como artista fue la historia de intentar reproducir esa misma sensación en sus cuadros. Así, nació en Arte Abstracto. Creo que, respecto a la importancia del punto de vista como generador de nuevos artefactos, la anécdota habla por sí sola.
Y cuento esto porque Vicente Luis Mora, en su blog, ha dejado un post muy interesante, sobre el arte en la ciudad (¿o la ciudad en el arte?), que recomiendo, ya que toca, además de otros asuntos, algo por lo que siento especial debilidad, el “arte encontrado” (o el “objeto encontrado”, que sería su revés) en las ciudades. Mi visión acerca de la ciudad, lejos de ser apocalíptica o metastásica, es sencillamente “naturista”: no tenemos otra naturaleza más que esa, o lo aceptas o te deslizas, bien al lado “ecofriki”, o bien al lado “tecnofriki”, territorios ambos para mí nada apetecibles. Está claro que “el campo”, por mucho que lo afirme la publicidad de galletas de soja y de leche enriquecida con calcio (por cierto, tremenda redundancia de retórica alimentaria: a la leche lo que le sobra, precisamente, es calcio, no hace falta añadirle más), no existe ya más que como proyección romántica de un estado perdido. Así las cosas, la ciudad (llamémosle la 2ª naturaleza), es el ámbito cotidiano que puede verse penetrado por la cita fuera de contexto y el juego.
En un reciente viaje a NYC, detecté tanto “arte encontrado” que casi no me era posible registrarlo, plagado de mecanismos que remitían tanto a lo digital (3ªnaturaleza) como a lo “natural” (1ª naturaleza). Curiosamente, no sé si por casualidad o no, eso ocurría en esa ciudad, NYC, para mí, la última ciudad medieval del primer mundo: sucia, donde los mendigos conviven con la realeza, donde huele a comida en todas las calles, y donde la basura en las aceras es paisaje urbano Una ciudad 100% matérica, nada digital, ya pura arqueología del Primer Mundo. Ni que hablar de la “señalética encontrada”, un auténtico repertorio.
Para leer post een el Blog de Vicente, aquí












Gracias por el enlace.
Lo he digerido sin respirar.
Me parece todo muy interesante.
Mi condición de noctámbulo hace que devore libros a altas horas de la madrugada, y esto que acabo de leer junto con "La condición Postmoderna" de Lyotard que digerí hace unos meses está haciendo que me replantee otra vez muchas cosas.
Gracias Agustín, por tu postpoesía y por estas recomendaciones.
Sigo investigando.
Gracias, Agustín. Como verás, Nueva York es uno de los mayores depósitos no sólo de arte encontrado, sino de reflexión sobre Found Art. Si la cosa mirada tiene tanto poder como el que mira -esa sería la esencia del found art-, ¿no seríamos nosotros objetos encontrados, miradas halladas para esos objetos, que también nos juzgan? ¿nos coleccionan? ¿nos recolectan y hace la ciudad el papel de comisaria, de <i>curator</i> de la incesante exposición de obras humanas de arte? Abrazos, Agustín.
Esa anécdota es muy buena. Yo había oido lo de que la condición sinestésica de Kandinsky también le llevó a componer esas maravillosas sinfonías de color. Muchos músicos (sobre todo de jazz) y pintores son sinestésicos.
El libro "Analogías Musicales. Kandinsky y sus contemporáneos" (con una edición maravillosa del Thyssen) se aproxima a estas mezclas de color musical.
El caso más acusado de sinestesia se daba en el cuasi abstracto músico-pintor Ciurlionis (que no tuvo relación con Kandinsky aunque muchos así lo han difundido).
Saludos.
"A partir de ahí toda su vida como artista fue la historia de intentar reproducir esa misma sensación en sus cuadros" Se habría ahorrado mucho si continuara con el realismo y luego volteara los cuadros, je.
Ya en serio, Agustín: cada que leo tus blogs sobre arte contemporáneo me asalta una pregunta: ¿Te gusta la obra de Gabriel Orozco?
Un saludo y gracias por el link, que me leeré en cuanto descanse mis ojos (demasiado tiempo frente a la pantalla)
EL VISITANTE INESPERADO (6)
Llamaron en la puerta y fue mi madre la que abrió. Allí había un hombre ya mayor, como de 80 años, delgado, de nariz alargada y con cara de vampiro, que delante de sus pies tenía un urinario blanco. Mi madre le miró extrañada, y él movió sus labios para decir con acento francés: “Le traigo esto a su hijo.” Yo, en aquel entonces, tenía 9 años, y no comprendía aún el significado de ese objeto que quedó a resguardo en la parte superior de un armario. Con el paso de los años, y ya sin recordar el urinario, me interesé por el arte hasta dar, en los libros de historia, con un tal Marcel Duchamp, el mismo artista que aquel lejano día llegó a mi casa para dejar el símbolo que cambiaría los destinos del arte. Más tarde, a los 17 años, en lo que fumé ni primer canuto de hachís, yo ya estaba enfrentado ideológicamente con cualquier tipo de poder y obligaciones, en eso de un espontáneo anarquismo, de algo que en su dimensión artística se asemejaba a las posturas dadaístas, y a partir de ese día volvió a mi memoria el urinario que todavía descansaba en la parte más recóndita del armario. Lo saqué con cuidado, le puse un par de cinchas, y desde entonces lo cargo en la espalda como si fuera una mochila. Hasta ahora, todos mis actos los hago bajo el peso de esa carga, la provocación en las ideas por medio de la palabra, aunque también por ese primer canuto de polen amarillento, por esa posterior dosis de LSD, por aquel maravilloso viaje de peyote que me abrió un tercer ojo en medio de la frente, por los hongos sagrados de Oaxaca, por todas las noches bailando entre algodones bajo los efectos del XTC, y por aquel vejete que a mediados de los años 60 llamó a la puerta de mi casa para entregarme su legado.
Y ya dejo de escribir porque me voy a lavar los dientes para luego irme a dormir. Cené una lata de atún con granos de maíz, mientras veía las noticias en la televisión. Nada digno de recordar. No tiraron todavía ninguna bomba atómica. Por lo visto, mañana seguramente seguiremos vivos. Mañana, también, tengo cita a las 6:30 de la tarde con el dentista para empastarme una muela. Ahora son las 12:25 de la noche, hora mexicana, y me despido hasta otro momento (nunca digas adiós, a no ser que la tía esté muy fea).
Soy un tipo raro, sí, ya lo sé. Ser normal es una vulgaridad.
http://visitanteinesperado.blogspot.com/
EL VISITANTE INESPERADO (7)
Nueva York fue la capital del planeta después de haberlo sido París por algún tiempo. ¿Cuál es ahora la metrópolis más parecida a aquella Metrópolis de Fritz Lang? Tokio, sin duda Tokio. Edificios de cristal, anuncios publicitarios en luces de neón, puentes elevados, carteles luminosos, luces y más luces, automóviles relucientes, y las personas, como hormigas, expandiéndose por las calles. Tokio es algo así como para una hormiga habitar entre los chips, tarjetas y circuitos de una computadora. Nada más bajar del avión ves a una multitud de aquí para allá, con cara de dormidos, y por todos lados cuelgan carteles con inscripciones en un idioma extraño, cuando el ambiente se percibe como el de otro planeta. Ya no estás en la Tierra, estás en Plutón. Y tienes la misma sensación cuando haces el amor con una japonesa, como si tuvieras entre tus brazos un ser extraterrestre que acaba de bajar de un platillo volador y te dice cosas incomprensibles entre gemidos. Nueva York es sólo una muestra de la decadencia de la civilización supermoderna, del fracaso de un modelo político, de una forma de entender la realidad, un vestigio de la ruina de esta Humanidad. Tokio, al menos, posee la estética del futuro, de lo digital, del pixel, del circuito impreso entre chips, del holograma, de la silicona, del metacrilato, del cobalto, de la fibra óptica, de la computación y la inteligencia artificial. Sólo nos falta crear ese individuo posthumano, mediante la modificación genética, para fundar una nueva especie que habite de manera más racional este planeta. Y ahora se me aparecen las “partículas elementales” de un tal Michel Houellebecq o “el mundo feliz” de Aldous Huxley.
Es posible, sin duda, avanzar tecnológicamente sin afectar ni contaminar la naturaleza, respetando nuestro planeta, pues la evolución de la Humanidad está ligada indisolublemente al progreso de la ciencia, hasta el grado de que el hombre ha de solucionar lo que Dios no fue capaz de hacer: mejorar nuestra especie en base a la manipulación genética.
“El hombre ha de convertirse en Dios, porque Dios no existe.”
http://visitanteinesperado.blogspot.com/
Hablas del campo como Danza Invisible se referían a él en esta canción:
No cabe duda de que a veces tiene el campo
una amplia gama de fugaces sensaciones
No olvidemos que también sale el sol
entre los árboles que esconden un secreto
A veces el campo, a veces el campo
(puede ser sin duda un buen lugar)
No olvido el gesto inconcreto de una hoja,
absorto yo en mis instintos más urbanos,
Y es más tráfico mi sangre que savia,
mi bosque es otro construido en cemento
A veces el campo (puede ser sin duda un buen lugar),
a veces el campo (puede ser sin duda un buen lugar),
Un día voy a ir, ya os lo contaré,
porque después de todo el campo no, no está tan mal
A veces el campo (puede ser sin duda un buen lugar),
a veces el campo (puede ser sin duda un buen lugar).
"¿Es posible hacer una obra que no sea una obra de arte?" M.D
Supongo que ya lo dije alguna vez por aquí, y hasta la saciedad por ahí, pero en mi opinión el camino interesante que marca, por ejemplo, el "arte encontrado" nos debe llevar a una desacralización absoluta del arte. Y añadir al antiautoritarismo epistemológico y ético, el antiautoritarismo estético. En ese sentido entiendo (o quiero entender) el artículo "¿Puede haber poesía en una lata de sardinas?" (que ayer mismo releí en una revista real de un avión real). Y eso, añadir a la tarea de eliminar el dualismo ser humano-mundo, con más motivo romper con el dualismo ser humano-arte. Devolver a los usos de la vida cotidiana el arte y el ocio.
Creo que este blog, y toda tu obra, Agustin, son una buena herramienta en ese sentido. Disiento, eso sí, en aquello de tener que buscar nuevos escenarios para esa nueva poesía (por ejemplo alejarse de la ciudad para buscar su periferia). Ahí intuyo un gusto estético, incluso ideológico, que no me encaja con la propuesta general. Creo que la deriva puede hacerse con un cambio de ojos, y no de escenario. El "arte encontrado" creo que es un buen ejemplo de esta forma de cambio de ojos.
Perdonad la seriedad, pero es que hoy me duele el alma.
Me llamó mucho la atención del libro "La invención de lo cotidiano" de Michel de Certeau.
Copio y pego lo que encontrado por la red a propósito de.
Creo puede interesar a Juan de Madre.
"La invención de lo cotidiano es fruto de una investigación que la DGRST (Délégation générale à la recherche scientifique et technique) solicita a Michel De Certeau para analizar los problemas de la cultura y la sociedad francesa. La investigación se sitúa entre 1974 y 1978, y se publica en 1979 en dos tomos: La invención de lo cotidiano: 1.Artes de hacer y 2. Habitar, cocinar. La investigación la lleva a cabo Michel De Certeau junto con dos personas que colaboran a lo largo de todo el proceso, Luce Giard y Pierre Mayol, y se encargan fundamentalmente de la segunda parte.
En su primer tomo, Artes de hacer, De Certeau desarrolla el planteamiento teórico de la investigación. El mismo autor nos ofrece un vuelo de pájaro de los temas que van a guiar el recorrido:
La investigación nace de una interrogante sobre las operaciones de los usuarios, supuestamente condenados a la pasividad y a la disciplina. Las “maneras de hacer” cotidianas van a ser el centro de atención de la investigación. Partiendo de la relación producción-consumo, y entendiendo consumo como el acto de usar, apropiarse y practicar todo objeto producido (una manzana, un programa televisivo, un plan urbanístico o una reseña virtual) De Certeau se interesa por la práctica del hombre común, sus ardides para gestionar opciones cotidianas, indisociables de un resolutivo “arte del hacer”. Para ello, tres temas atraviesan el texto ofreciendo distintas miradas: el uso y el consumo, la creatividad cotidiana y la formalidad de las prácticas.
En cuanto al uso y el consumo, De Certeau nos llama a reconsiderar el papel asignado al consumidor común sin caer en la reiterada concepción de la cultura popular con todos sus déficit y pasividades. Las ciencias sociales, afirma De Certeau, han hecho de las representaciones y los comportamientos de una sociedad su objeto de estudio dejando de lado la identificación del uso que se hace de estos objetos. En los intersticios entre la producción y el consumo habita un espacio de realización, de fabricación, una poiética oculta y diseminada en las maneras de hacer. El consumidor, en su recepción y apropiación del entorno metaforiza el orden dominante y desvía las direcciones propuestas. A una producción racionalizada, expansionista y centralizada, ruidosa y espectacular, corresponde otra producción astuta, silenciosa y casi invisible, que opera no con productos propios sino con maneras de emplear los productos.
Estas maneras de emplear contienen toda una creatividad cotidiana que apasiona a De Certeau, convencido de las maravillas que oculta el quehacer ordinario. De Certeau entiende que se tiende a privilegiar (citando a Foucault y a Bourdieu) el análisis de los sistemas que ejercen el poder y sus efectos en la estructura social. Tomando Vigilar y Castigar, de Certeau afirma: Si es cierto que por todos lados se extiende y se precisa la cuadrícula de la “vigilancia”, resulta tanto más urgente señalar cómo una sociedad entera no se reduce a ella; qué procedimientos populares (también minúsculos y cotidianos) juegan con los mecanismos de la disciplina (…) en fin, qué maneras de hacer forman la contrapartida, del lado de los consumidores (…) de los procedimientos mudos que organizan el orden sociopolítico.
Mediante distintas maneras de hacer en el interior de las estructuras, los usuarios se apropian del espacio organizado y modifican su funcionamiento. Para el autor, de lo que se trata es de exhumar las formas que adquiere la creatividad dispersa, táctica y artesanal de grupos o individuos.
Para esbozar las combinatorias operativas de lo que el autor define como el pensamiento que no se piensa, De Certeau fija su atención en la práctica de lectura y en las prácticas de espacio, mientras que los coautores del segundo tomo, Habitar y cocinar, desarrollan la investigación en las maneras de habitar un barrio y el ritual cotidiano de cocinar en casa.
En Artes de hacer, De Certeau establece las relaciones entre la escritura, la lectura y el habla y entre el espacio pensado y definido y el practicado y transformado. Entendiendo todo acto de consumo como una práctica de lectura, y toda producción como un acto de escritura, la nuestra es una sociedad convertida en texto y lectura, agotadoramente lectora de mensajes verbales, de imágenes, de sonidos… de todo un espectáculo para la mirada. Ésta mirada es, sin embargo, todo menos pasiva. De Certeau entiende la lectura en sus tácticas, sus maneras de cazar el objeto y hacerlo propio, de combinar, metaforizar y crear paisajes inexistentes. El acto de transformación poética de la lectura es propio de toda práctica de uso y consumo. En el uso de la lengua, de un sistema de signos, una sintaxis y una gramática, de un conjunto de sentidos literales, el habla es acto transformador de sentido, operación propia de creación. La palabra enunciada es la práctica de la lengua, así como el paseo por la ciudad es la práctica del sistema urbano, es el acto de enunciación de la ciudad. La palabra articulada es un lugar practicado.
La voluntad de retorno a las prácticas implica el análisis de la apropiación y la poiésis del sentido literal, la creación del relato a partir del objeto producido, del concepto definido. La vida cotidiana toma textos escritos y construye relatos, lee mapas e imagina recorridos, encuentra lugares y practica espacios, toma sentidos literales y abre caminos figurados que metaforizan el orden, construyen aventuras y le dan sentido propio. Relatos, cotidianos o literarios, que son nuestros transportes colectivos, nuestras metaphorai. Todo relato es un relato de viaje, una práctica de espacio. El relato de las prácticas, aventuras narradas que producen geografías de acciones y derivan hacia los lugares comunes de un orden, no constituyen solamente un suplemento de las enunciaciones peatonales y las retóricas caminantes. En realidad, organizan los andares. Hacen el viaje, antes o al mismo tiempo que los pies lo ejecutan.
Este planteamiento abre las puertas a la segunda parte de la investigación, Habitar, cocinar, donde se pretenden trazar los rasgos de una cotidianidad concreta. En Habitar encontramos todo un ejercicio de dilucidación de las prácticas culturales de los usuarios de la ciudad en el espacio de su barrio. El barrio acontece escenario de una vida cotidiana llena de tácticas, compromisos y conveniencias, estructura aglutinante de relatos y aventuras urbanas. Cocinar se ubica en el espacio privado de la familia y sus múltiples relaciones para dar cuenta del arte de manipular y gozar los alimentos y el espacio de la memoria compartida. Entrevistas, relatos, encuestas y experiencias tejen un apasionante trabajo sociológico, antropológico e historiográfico que atraviesa los espacios de la etnometodología, la sociolingüística, la semiótica o la filosofía analítica.
Desplegando apasionantes relaciones y paralelismos entre, por un lado, la lengua, el texto, la ciudad y los alimentos como objetos producidos, y por otro, el habla, la lectura la práctica urbana y la cocina como actos de creación, los autores reclaman atención para considerar la cultura en la manera como la practicamos; no en lo que más valora la representación oficial o la política económica, sino en lo que la sostiene y organiza, esto es, en lo oral, lo operativo y lo ordinario, en los infinitos ardides y escamoteos, en las tácticas de desvío, en la creación de relatos, las astucias retóricas, los atajos sin nombre… en la práctica del hombre ordinario, vida cotidiana de relato que no se lee a sí mismo y pensamiento que no se piensa a sí mismo y es así mismo acto ético y poético, aventura de entendimiento, imaginación y deseo."
Noel García López
Universitat Autònoma de Barcelona
ngarcialo@uoc.edu
Es el autor de este interensante artículo.
Se me ha pasado.
Perdonar.
Sí, procrastinador, no conocía el libro "La invención de lo cotidiano"; parece muy interesante. Gracias por la recomendación!
Hola Juan. No sé si aquí alguien ha dicho lo de "nuevos escenarios". Yo tampoco los veo "necesariamente necesarios".
Procrastinador, gracias por la refrencia de ese libro. Todo un monumento, parece.
Hola Paciano, sí, hasta donde lo conozco lo veo muy interesante. Lost Line.
Hola Vicente, bueno, sería un buen argumento para desarrollar en una novela, ¿no? Enlaza en el fondo con las teorías de la conspiración y lo panóptico, a lo que tú le dedicaste un post muy bueno hace unos meses.
Saludos!
Agustín, fue en el ensayo "Postpoesía" y en algún otro texto, donde creí entender que proponías como una anacronía la poesía hecha a partir de la ciudad habitada (revolución propia de Baudelaire); y que era necesario buscar nuevos escenarios poéticos: los aeropuertos, las periferias, las autopistas…
El libro "Ojos abatidos" del filósofo norteamericano Martin Jay también me llamó mucho la atención.
Por si os interesa os pongo un copio-pego.
En cierto modo, ‘Ojos abatidos’ introduce un cambio de paradigma en la reflexión sobre la visión, aunque la tesis del libro es bien sencilla, y tampoco llega a ser del todo novedosa.
Sin embargo, sí que es la primera vez que se presenta de un modo tan sistemático, claro y ordenado, sintetizando hallazgos e intuiciones anteriores, una cartografía exhaustiva de la evolución de la visión moderna.
Según Jay, a lo largo del siglo XX, especialmente en Francia, tiene lugar en la filosofía un profundo cuestionamiento de la vista como sentido privilegiado de la Modernidad.
Como ya puso de manifiesto a mediados de siglo Hans Blumenberg, desde Platón, la epistemología de la filosofía occidental ha sido esencialmente lumínica: la luz se ha constituido en metáfora de la verdad, y el ojo, en el elemento que ha dado acceso a dicha luz.
Esta tradición ocularcéntrica, y esta es la tesis de Jay, comienza a venirse abajo progresivamente desde finales del siglo XVIII con el pensamiento romántico, aunque siga perpetuándose, por otro lado, en la racionalidad kantiana.
Pero será sin duda en el siglo XX, y particularmente en el contexto francés, donde con más fuerza se muestre la hostilidad a la primacía de lo visual.
Una hostilidad que ha tomado un gran número de formas diferentes entre las que destacarían, por mencionar sólo unos ejemplos, la espacialización del tiempo de Bergson, la evocación del sol cegador en Bataille, la denigración del ego visual en Lacan, la crítica a la vigilancia del panóptico de Foucault, el ataque de Debord a la sociedad del espectáculo, la indignación de Irigaray ante el privilegio de lo visual en la sociedad patriarcal o la defensa de otros sentidos como el tacto o el oído llevada a cabo por Nancy o Derrida.
Se produce una especie de desconfianza o sospecha de la visión como herramienta de conocimiento del mundo. Los ojos ya no nos sirven para entender la complejidad de lo que nos rodea.
Con este libro, Martin Jay, conocido por sus estudios sobre la Escuela de Frankfurt, especialmente sobre Adorno, dio el pistoletazo de salida a un gran número de estudios sobre la visión moderna.
Estudios que están a medio camino entre la filosofía y la historia del arte, en el territorio de lo que se han llamado los ‘estudios visuales’, una nueva disciplina que, por encima de cualquier metodología, entiende la visualidad como un objeto de estudio que sirve para estudiar formaciones históricas y socioculturales, pues, como bien ha señalado W. T. J. Mitchell, otro de los popes de los estudios visuales, esta disciplina atiende ‘no sólo a la construcción social de lo visual, sino también a la construcción visual de lo social’.
‘Ojos abatidos’ es con toda seguridad uno de los últimos grandes libros del siglo. Sus casi quinientas páginas repletas de ideas y referencias bibliográficas lo convierten en un volumen realmente indispensable, un trabajo de erudición increíble, totémico, un monumento a la sabiduría, escrito con un rigor y una pericia envidiable, pero sobre todo con una claridad difícil de alcanzar.
En la contraportada, Rosalind Krauss, la insigne crítica de ‘October’, observa que la publicación de este libro ‘es un acontecimiento intelectual’.
Después de 15 años, podríamos afirmar ahora que la traducción del texto de Jay es también un gran acontecimiento, en este caso para la lengua castellana. Un libro que, a buen seguro, cambiará el rumbo de muchos de los futuros estudios sobre la visión en nuestro país. Es cierto que 15 años son muchos, quizá demasiados; un retraso imperdonable para el mercado editorial español. Pero, como dice el refrán, nunca es tarde si la dicha es buena.
Por Miguel Á. Hernández-Navarro
Hola Juan, gracias por tu aclaración. Respecto a lo que dices, utilizo esos espacios como símil de algo más amplio: la periferia, en general, de cualquier objeto o idea, que incluye esas periferias físicas que comentas, pero no sólo esas. Entiendo que en el tenedor con el que ahora mismo como mis espaguetis puede existir una periferia. Habrá que buscarla, tendrá que "aparecerse".
Gracias, Procrastinador por esa referencia. Interesante libro, seguro. Me fio mucho, además, de la opinión de Miguel A Hernández.
Saludos!
paniagua tocayo, tokyo hoy en día no puede ser otra cosa que el corazón del mundo, donde entran todos los desechos que ya han sido procesados y escapan del cerco la cantidad necesaria de necesidades humanas (plutón ahora el pobre, solo clama venganza)
F: Tokyo(Allí los edificios no se expanden, son los bosques los que luchan por existir, por recuperar el lugar que ocupaban antes de la guerra que perdieron)
Nueva York…
Todas las ciudades van comiendo terreno a la naturaleza, ya sean grandes o pequeñas, pero me refiero a que la estética de las grandes ciudades japonesas me remite, en cierta medida, a esa Metrópolis de Fritz Lang, aunque todavía no alcancen la decadencia de los Ángeles de "Blade Runner", pero, si no cambian la cosas, hacia allá vamos.
Tokio es lo mismo que Nueva York, pero en versión "tech".
Nada cambia nunca demasiado, en realidad. Únicamente la mirada que lanzamos al paisaje, a los objetos, a las personas, a la literatura, al arte sube y baja, oscila de izquierda a derecha según el momento general o particular. Aunque los círculos que se describen no son exactamente concéntricos. O eso cabría esperar.
En Ghost World hacen una burla maravillosa al arte encontrado.
Me siento como Enid cuando la chica tonta llega con su taza y su tampax.
Pues mersi, Agustín, por la aclaración a la aclaración!
Como lo veo ahora, entonces, sí que me gusta y comparto esa idea de actitud periférica.
Ummm, unos spagettis…
Un saludo!
Supongo que todos sabéis de donde proviene la secuencia de acordes más famosa de la historia de la música moderna. Sí, del canon de pachelbel.
(Habréis recibido infinidad de veces este enlace a youtube.)
El rock, punk, pop y folk sigue sumido en cuatro patrones de acordes (me he pasado, son tres).
Ya lleva unos años en la red pero siempre vigente.
Que lo disfrutéis.
http://www.youtube.com/watch?v=OGM7PsXGkgg&feature=related
Pablo Paniagua es un object trouvé. Pero Pablo, tocayo, he empezado a leer tu blognovela sobre Enex (la mujer del bigote) y me he dado de bruces en el segundo parágrafo con el sintagma "labio viperino" incrustado en una frase en la que todo invita a pensar que has querido decir "labio leporino". Ya sé, me dirás que es una audacia formal o algo similar, pero… Como diría F. Porta, sí, pero…
Ojo, no voy de tocahuevos, no lo haces mal. Otra cosa –de nuevo, sin ánimo ofender–, sólo es por curiosidad. En tu página solicitas donaciones, ¿cómo va la recaudación? ¿Se gana? Te animo a seguir con tu cruzada, aunque no sé qué pensará Agustín (un verdadero santo Job) sobre tu allanamiento de morada. Para ser honesto, a mí me chirría un poco, pero sólo un poco. No tengo plata para donarte, la necesito para estar unas semanas derramado sobre la arena leyendo, durmiendo, tal vez soñando como un pequeño burgués déclassé que no puede ya ni siquiera decir con el bueno de Wilde que el trabajo es la maldición de la clase bebedora, ah, la vie… en serio, ánimo
Agustín, enhorabuena con demasiado retraso por el reconocimiento a tu ensayo (leí la reseña biliar de Villena, la de Moreno y lo demás). Buen agosto. Un saludo.
(también para el procastrinador Stevens, claro)
Hola.
Muchas gracias.
Tienes razón, se dice "labio leporino". Lo que sucede es que soy un inútil que ahora, después de seis años, estoy empezando a escribir más o menos. Todos cometemos errores, pues es imposible memorizar, al completo, el diccionario de la Real Academia Española de las Letras.
Esa novela, la de la bigotuda, ahora la tengo en proceso de corrección, pues la publiqué en el año 2007 cuando aún tenía muchas deficiencias. Si quieres leer algo más actual, checa la blognovela de esta dirección: http://www.ellibrepensador.com/el-mono-cibernetico-una-blognovela-de-pablo-paniagua/ Son cuatro narradores los que construyen una historia fragmentada que mezcla la ficción y el ensayo, y ya sólo me quedan ocho capítulos para terminar.
En cuanto a las donaciones, algunos, todos escritores, han dejado tres o cuatro euros, pero nada significativo.
Respecto al allanamiento de morada, no lo hago con ánimo de ofender ni molestar a Agustín, simplemente se me ocurrió la idea de escribir algo por aquí y me divierto haciéndolo, en eso de crear una novela en espacio ajeno y en referencia a lo que por aquí se lee. Un experimento, nada más. Busco nuevas formas narrativas a partir de ideas o imágenes referenciales para desarrollar, a partir de ellas, una historia, pero sin olvidar, desde luego, que soy un escritor en formación y, a veces, con lengua “viperina”.
Pienso que aquí, en el patio trasero de esta casa, se pondrá la cosa más interesante y divertida.
¡Y viva el Santo Job!
Si cometes errores y dices que eres un inútil estás rompiendo ese propósito de automitificación con el que llegaste.
No hombre, no.
No te quites el traje de artista.
Di que los errores vinieron a visitarte pero que pronto cerrarás la puerta a estos molestos moradores, cuando tengas tiempo para reconocerlos (porque ahora estás sumido en la difícil tarea de salvar a la humanidad de la miseria en la que está sumida).
Si adoptas una postura de creación vertical (asceso místico literario) te vas a tener que conectar con el mundo platónico de las ideas y los modelos, y desconectar de todos los comentarios terrenales (esto está pasado de moda).
Ahora bien, si vas de creador horizontal adopta una impersonalidad espléndida para llegar a ser una persona sin atributos (no estoy del todo de acuerdo con el concepto de Deleuze y Guattari), o para ser una especie de pintor-poeta chino como describe Jullien en "La gran imagen no tiene forma" (es extraño hablar de un hecho horizontal con una la literatura vertical de Jullien).
Lee "La Muralla China" de Kafka de la que Borges dijo: "En el más memorable de todos sus relatos —“la construcción de la muralla china”, 1919—, el infinito es múltiple: para detener el curso de ejércitos infinitamente lejanos, un emperador infinitamente remoto en el tiempo y en el espacio ordena que infinitas generaciones levanten infinitamente un muro infinito que dé la vuelta a su imperio infinito."
Roger Garaudy dejó una nota también sobre este relato kafkiano:
"Estos bloques de muros sin concluir son la imagen de la vida donde la negación y la duda abren sus negras brechas. El hombre busca el sentido de su existencia participando en la tarea legendaria y sin fin de levantar parapetos, en los cuales la vida se encierra, replegada sobre sí misma."
Ánimo.
Saludos!
"A medida que se desciende a las escuelas inferiores, desaparecen -es comprensible– las dudas acerca del propio saber; una instrucción mediocre encrespa montañas alrededor de algunos dogmas hincados hace siglos, que por cierto, no han perdido nada de su eterna sabiduría, pero que permanecen también confusos por toda la eternidad en medio de esta bruma y de esta niebla"
(Franz Kafka, "De la construcción de la muralla china").
saludos, procras (el video de pachelbel, cojonudo), y, de nuevo, ánimo tocayo.
ahora ya sí, definitivamente ciao.