TEXTOS de NY [7]

Domingo 7am. Acabo de levantarme, tengo resaca, no mucha, pero leves golpes dentro del cráneo, ayer no sé cómo llegué a mi apartamento, no bebí demasiado, pero aún así no sé cómo, tras la fiesta y la maraña de metros que tuve que coger de regreso, llegué a meterme en la cama; inexplicablemente, cada nuevo vagón de metro me alejaba más de mi destino de vuelta en Manhattan. Domingo 7am, ni una mala silueta en la calle para fotografiar, la calle es de los objetos, ha sido tomada por los objetos.  Los miro a través de la ventana. Los calzoncillos, el niki, me preparo un café instantáneo.  La tórtola ha venido de nuevo al aire acondicionado, no para de coger ramas. Parece que es la encargada de hacer nidos del barrio, la curranta. Ayer, de regreso, mientras cogía no sé cuántos metros vi currantes del metro, gente que trabaja a las 2 de la madrugada en el metro más viejo, sucio y medieval del mundo; debe ser el único metro de un país civilizado que no tiene escaleras mecánicas. Con lo que molan las escaleras mecánicas. Hoy hay sobre la caja del motor del aire acondicionado un huevo roto, un huevo de tórtola roto. No sé qué hace esta tórtola que picotea ese huevo, posiblemente suyo, la naturaleza es así de asquerosa, de injusta y cruel. Domingo 7am. Los calzoncillos, el niki, el café.

Ayer me invitaron a una fiesta en Greenpoint, Brooklyn. Pasé una vez más el East River en el metro que va bajo el agua; son 5 minutos que se hacen eternos. Me gusta ir las fiestas para no implicarme mucho en ellas, porque, en realidad, no me gustan nada las fiestas, pero sí las historias que se cuentan en ellas, sus conversaciones, su nada, toda esa preparación precisa y concisa para la nada, “nacidos para la nada”, que diría un nihilista, es como si se pactara: “vamos a reservar este espacio de tiempo para hacer el tonto, para no hacer nada, para buscar el paraíso perdido que es la infancia”. Fiestas, eventos deportivos, tertulias de política en radios y televisiones, todo son fiestas para no pensar en lo que a cada uno, y por diferentes motivos, le gustaría pensar. Tras una sola parada de metro y patear por entre las naves industriales de la calle Banker, al llegar me encontré una casa típica de Brooklyn, antigua, victoriana, de madera por dentro y forrada de madera falsa por fuera, y a la anfitriona en la cocina, una madura pianista sobre cuyo piano de cola, plantado en la sala, se apilaban todo tipo de pequeños instrumentos de percusión y viento así como fuentes de ensalada de patata, de pasta con carne recién hecha [humeaba], de zanahorias en vinagre, vino californiano, cervezas, gusanitos, Cheetos, patatas fritas y material de este tipo; en el jardín, en la parte trasera, se cocía ya el fenómeno barbacoa. Gente muchas edades, razas y estilos, del hippy al hipster pasando por el profesor de universidad de Columbia, así como todo tipo de representantes de la más diversa inmigración, allí estaban, una casual extravagancia que asocié inmediatamente a un reparto de una película de Fellini. Me entretuve unos minutos en examinar el contexto decorativo del espacio, era aquel del multiculturalismo posmodernista de izquierdas neoyorquino de los años 80: figuras en madera de la isla de Java presidiendo el fregaplatos, machetes de la selva amazónica a lado de la chimenea, los típicos motivos hindús, la manta india colgada a efectos de tapiz, y exaltaciones todas en madera y piedra de lugares lejanos, teletransportadas a NY,  mezcladas con una voluminosa biblioteca tipo: Bienvenido al Reiki, Lo Que Queda de Freud, La USA de Los Indios, Los Últimos Filósofos Franceses, y velas, muchas velas, que no falten velas para acercarnos al fuego primordial, heraclíteo. La discoteca constaba de muchos CDs de jazz hasta finales de 70, música pop-rock hasta The Doors y la colección completa de Michael Nyman, todo ellos salpimentado con volúmenes escogidos de música clásica. Había una hipster muy guapa, entre americana y polaca, que desapareció pronto con un tipo hindú. Ese fue el detalle con el que más quedé de la fiesta, aunque comente otras cosas de la fiesta, ése fue el detalle con el que más me quedé de esa fiesta, la menos cool que he visto en años, cosa que me alegró porque equivale a decir que había buena comida y buena bebida. Nadie llevaba detalles decorativos personales ni complementos interesantes, [la esencia del glamour y el buen gusto, como en la literatura, no está en la ropa sino en los complementos y detalles a ese texto que es un cuerpo], pero eso se compensaba con la ensalada de patata y el vino, abundantes y de primera calidad, justo lo contrario a las fiestas cool; mejor, pensé, todos eran puntos para que de repente apareciera por allí Charlie. Me recordó a las fiestas que iba cuando, hace muchos años, vivía en Deiá; el progre anglosajón siempre se rodea de personas que considera culturalmente exóticas, las usa de lavadoras de conciencia, y esas personas exóticas usan al progre anglosajón para arramblar de todo cuanto pueden. Un tipo, absolutamente siniestro, que decía ser de Malta, le pidió a una joven que acababa de conocer, creo que menor de edad, que se casara con ella; una tipa entrada en años, de pelo cano, sacaba fotos digitales a cada uno de los presentes para no sé qué revista del Soho, un joven italiano con pinta de estudiante de astrofisica preparaba ollas de espaguetis con carne; te morías de lo buenos que estaban. Mariana, la anfitriona, nos dijo: “es mi cumpleaños, la fiesta dura 48 horas, la casa es vuestra”. Entonces nos sentamos en el jardín de atrás, para poder fumar, y los de la barbacoa [siempre hay alguien orgulloso de sus músculos y de su barbacoa], ya estaban contaminando el mundo con humo de hormonas a la brasa, los típicos americanos que parece que nunca han roto un plato, los típicos WASP de los que mejor alejarse cuando llevan 4 cervezas encima. No hay problema, me dije, aquí estamos para destruir el mundo, todo entra dentro de nuestros planes para destruir el mundo, este Concorde ya no hay quien lo detenga. No tardó en venir un tipo con un parche en un ojo y una guitarra colgando, casualmente vive cerca de este apartamento, también en el East Village, aseguró haber tocado con Lou Reed en la época de Berlín. Tañó cuerdas un buen rato, clásicos de la música americana de todos los tiempos, mientras las alitas de pollo y las salchichas ardían en las brasas. Yo comía salchichas, fumaba luckys, y dejaba las colillas y el pan Bimbo en el plato. Todos dejábamos colillas y trozos de pan Bimbo en el plato. Alguien le pidió al hombre tuerto una de Dylan, yo me acerqué a su ojo y vi que la marca del parche era Futuro, así, en español, Futuro, lo ponía en un lateral con letras rojas, bien claro, me dijo entonces que era la mejor marca de prótesis que había en el mercado, Futuro, que si tenía algún problema pidiera siempre prótesis y complementos Futuro. Ok, así haré, le dije. Qué significaría para Charlie la palabra Futuro, pensé mientras abríamos la cuarta cerveza. Comenzó  a llover fuertemente, vi resplandores de relámpagos sobre Manhattan; entré en la casa. Aquello estaba abarrotado, una altísima densidad de espermatozoides moviéndose a toda velocidad vistos al microscopio que en ese momento llevaba adosado a mis gafas, siempre llevo un microscopio adosado a las gafas, sólo tengo que activarlo cuando me conviene. Al fondo, tocaban el piano a 4 manos, una chica tocaba un saxo y un corro de gente se aplicaba a percusiones varias, me entretuve viendo aquello, una pieza realmente buena, abstracta. Alguien me tocó el hombro por detrás, me giré y era un negro con pelo afro de impensable volumen -tipo La Calles de San Francisco-, pantalones bastante anchos y raídos, camisa de piel de melocotón con melocotones estampados y dedos grasientos de las minihamburguesas que había que tomar a mano, nos miramos y me dice “así que eres español, eh. Me alegro. Me gustan los españoles. Yo soy de aquí de toda la vida”, no supe cómo interpretar ese “de toda la vida”, y nos estrechamos la mano con el correspondiente transfer de grasa animal de mano a mano. En un inglés que sólo medio entendí, me dijo que tenía un canal de TV en Brooklyn, únicamente dedicado a las artes y películas europeas, y que precisamente el día anterior había estado viendo la película de Herzog, Aguirre o La Cólera de Dios, y se explayó entonces unos minutos con su teoría, que básicamente era la siguiente: las coronas de los imperios duran menos que las religiones de los imperios. Cuando un imperio, como el español, se adentra en el América, llega a las costas y se mete en la selva, la corona queda la muy lejana, la corona se ha disuelto como si fuera sal en las aguas del Atlántico, los conquistadores pronto se olvidan de la corona a la que pertenecen y montan sus propios pequeños imperios, todo degenera, pero la cruz, la religión, es lo que pervive, es insoluble, no hay océanos que la disuelvan, y así llegó y llega la cruz hasta los rincones más remotos de la selva Americana, “esa es enseñanza que yo he sacado de esa película, Aguirre o La Cólera de Dios -me dijo-, la demostración de que nada hay más cierto y eterno que las religiones. Espera  a que lleguemos a Marte, ¿nunca has pensado qué tipo de religión montaremos allí?, ¿Se llegará a una solución de consenso y enviaremos a un representante de todas las monoteístas? ¿Podrá el Papa de Roma dominar Marte, o será el Islam? ¿Cuáles serán las Torres Gemelas de Marte? No lo sé, nadie los sabe, pero seguro que alguna religión llegará hasta la sombra más perdida de Marte, seguro que sí, doy fe de ello”. Un relámpago iluminó la totalidad de la estancia, todos nos tapamos los oídos y, tras el trueno, continuó diciendo: “la frase final de la película Blade Runner, aquella de: y todo se perderá como lágrimas en la lluvia, ya la escribieron los conquistadores españoles siglos atrás; debería ser: y todos los reinos se disolverán como coronas de sal en el Atlántico”. Anoté mentalmente esa frase, era buena, indudablemente buena, y en ese momento un falsa alarma me indicó que allí al fondo estaba Charlie, Charlie el de Lost, tomado durante un segundo por la luz del siguiente relámpago. Pensé en la muerte del pobre Charlie, en por qué no se había disuelto como sal en su tumba de acero bajo el mar. Quizá Charlie era en sí mismo una religión más, encarnaba un nuevo mesías, y me había elegido a mí para dar a conocer sus revelaciones, Charlie, el amor absoluto de Charlie, el amor absoluto por una mujer, un ente insoluble, un representante en la Tierra de alguna deidad, porque no hay Atlántico ni Pacífico que pueda con él, ni con su amor. Pobre Charlie. Quizá este hombre, pensé, conociera a Charlie, por lo de la televisión, al fin y la cabo el bueno de Charlie vivió mucho tiempo perdido en ese medio, para nosotros fue durante mucho tiempo uno de los otros, un Lost. Pero no le comenté nada, me imaginé enunciando esa idea y me vi ridículo, y de repente extraño en aquel ambiente, un Creep de Radiohead, tan monstruoso, tan raro, como Charlie, pobre Charlie, el mismísimo Creep de Radiohead en la Tierra, tan monstruoso, tan raro, tanta fe en el amor de una mujer, tan Lost, tan Creep de Radiohead,

Cuando tú estabas aquí, no te podía mirar a los ojos, eres como un ángel, tu piel me hace llorar, flotas como una pluma, eres un mundo hermoso, desearía ser espacial, y tu eres tan jodidamente especial. Pero soy monstruoso, un raro, ¿qué demonios hago aquí?, Yo no pertenezco a este lugar, no me importa si me duele, quiero tener el control, quiero un cuerpo perfecto, un alma perfecta, quiero que te des cuenta cuando  estoy junto  a ti, tú eres tan jodidamente especial, pero yo soy monstruoso, un raro, ¿qué demonios hago aquí? Ella está huyendo de nuevo, está huyendo, huyendo, y yo soy tan monstruoso, no pertenezco a este lugar.

Pobre Charlie.

Decidimos irnos. Llovía aún más fuerte. Con las chupas de verano sobre la cabeza y los pies empapados pateamos hasta el metro más cercano, la vía que llevaba a Manhattan estaba cerrada por obras, increíble, las 2 de la mañana no quedaba más remedio que ir hasta Queens, adentrarse en estaciones cada vez más oscuras y vacías para, al final del trayecto, regresar en dirección contraria hacia Manhattan. Sólo tres personas en el andén. Pensé en la peli The Warriors. Varias ratas en el andén contrario correteaban como conejos sobre césped.

De repente tuve miedo.

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(domingo 7am, Gente del Barrio,

NYC, 2009)

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cigarrillos y

pan Bimbo

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Para ver y escuchar el tema Creep de Radiohead, aquí

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11 comentarios para “TEXTOS de NY [7]”

  1. pepe montero dice:

    Literatura diarréica. Imposible cerrar el esfinter, descontrol impestinal, peste palabrera, pero es de agradecer, a mi me gusta esa sucesión de ráfagas de vida vivida y mal digerida, si quitas los puntos y las comas tenemos el soliloquio final de Ulises, me gusta más que un artículo de Vargas LLosa, o de Antonio Muñoz Molina, o que un discurso de Fidel Castro, así, sin elaborar, salga lo que salga, sin la más minima depuración, write or die, don´t be afraid, y bebe mucha agua.

  2. Hache dice:

    Llévame a NY

  3. maria del mar dice:

    Qué fiesta más increible, yo también quiero!!!

  4. mary dice:

    Montón de años y me parece estar leyendo ‘Maumauando al parachoques’. New York, New York…

  5. if dice:

    Enganchada.
    Adicta en vena a los textos de NY y sin ganas de desintoxicarme: todo lo contrario. Si publicaras dos diarios, dos dosis que tendría.No vuelvas, o vuelve, pero no pares (mi egoísmo humano,lo siento, así de parasitario y cruel).
    Besos
    eva

  6. alberttugues dice:

    Hola, Agustín, te mando a NY algo de postpoesía:

    (de la web de la ACEC)

    ¿EL DESCRÈDIT DE LA POESIA?

    ¿La poesia està perdent crèdit davant la prosa com a llenguatge literari? Aquesta pregunta va ser l’eix central del debat de l’“Encontres 080” de dijous passat, 2 de juliol. El cicle, coordinat per Albert Tugues, va convidar Carmen Borja i Osías Stutman per parlar-ne.

    Després d’un col·loqui intens entre els participants i el públic, una de les conclusions a què van arribar va ser que “ha perdut crèdit la poesia que ha quedat antiquada en el seu llenguatge, per l’abús poètic que s’ha fet d’ella i les seves metàfores gastades”, explica Tugues, “però hi ha una poesia nova que ha actualitzat aquest llenguatge, renovant-lo”. En aquest sentit, també es va parlar de l’anomenada “postpoesia” i de l’obra d’assaig publicada per Agustín Fernández Mallo que, sota aquest títol, teoritza sobre els llenguatges poètics d’altres camps fora de la pròpia poesia, com ara el món publicitari o el científic, o fins i tot els objectes.
    Per exemple: ¿hi ha poesia en una llauna de sardines?, “doncs segurament no, però potser sí n’hi ha en la relació que s’estableix entre la persona que la manipula o la mira i l’objecte concret”, raona Tugues explicant un dels temes que van sorgir entre les intervencions del públic.

    Hasta pronto, Alberto
    (pensionulises.blogspot.com)

  7. Luisa dice:

    Las fiestas. Suelen abrumarme. Qué admirable pues toda esta prosa, como haciendo catas, en leve resaca, diseccionadora, expresionista. Yo siempre prefiero no recordar nada. Por cansancio. Quizás "demasiada humanidad" junta:)

    Buena estancia en Ny.
    Aquí en el valle del Ebro hace mucho mucho calor y sigue ocurriendo lo de todos los días: no debería se así en verano, caramba.

  8. Pedro Acevedo dice:

    Nada más aterrador que un grupo de Furies persiguiéndote por un anden desierto…

  9. El procrastinador dice:

    En una fiesta puede pasar de todo.
    Quiero quitar ese "puede".
    Estamos en NYC.

  10. Anselmito Guanajera dice:

    Prosa diarreica, incontinente. Ruido blanco. La literatura es imposible. El pensamiento es imposible. El mensaje, para transmitir información, tiene que discriminar. Discriminar es "o esto o eso". Postliteratura es "esto y eso".
    Pero si es "esto y eso", entonces no hay información. No hay selección. Hay eleboración sobre el residuo. Post-literatura, post-poesía. La literatura es imposible. Era todo más fácil en la época moderna.
    Qué difícil es todo.

  11. El procrastinador dice:

    Post: siempre en el centro para estar abierto a cada así posible.
    La época moderna tuvo la grandeza de despojar al hombre de sus atributos para poder discriminar: arios sí, judíos no.
    El post tiene la visión de que una rata, un pelo, un átomo, dos universos y tres pedos; son parte de una misma con-fusión.
    Des-crea lo que creíamos.
    Dice E. Punset que lo mejor que le ha pasado estos años de REDES es lo que ha podido llegar a Des- aprender.
    Con las gafas del positivo nos perdemos el negativo.
    Entre dos polos me quedo en el centro, yendo de uno a otro según la conveniencia.

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