Julio, 2009


30
Jul 09

Masaje a Un Artista Muerto + SCAN SKY en blog de Luis Macías

 

1)

Un proyecto de Luis Macías que me pareció y me parece sumamente interesante y que en su momento no comenté por falta de tiempo, MASAJE A UN ARTISTA MUERTO.

Se trata de, en las horas posteriores a que mueran, bien Marina Abramovic, bien Peter Greenaway, bien Damien Hirst, o bien Teresa Margolles, realizar un masaje al cadáver. El performer, Luis Macías, tendría que tomar clases de masaje en una academia acreditada y presentar su título de masajista ante notario.  

El masaje vendría acompañado de documentación en foto/vídeo y estaría presente, además de un notario que de fe, un DJ como hilo musical.

El proyecto me parece de una coherencia total, ya que todos esos artistas han trabajado o trabajan con el cuerpo como carne de manera directa.   

El artista muerto tendría que dejar por escrito el consentimiento. Me consta que ya ha habido aproximaciones a contactos con algunos de la lista.

Existen muchos problemas legales para llevar a cabo la pieza. EL principal es que, según la legislación estadounidense, nadie salvo la policía, los bomberos, un médico, los familiares o un juez pueden tocar un cadáver, incluso aunque el muerto haya dejado expresamente por escrito la voluntad de que esta pieza sea llevada a cabo. El cuerpo de un muerto ya no le pertenece al muerto, sino, en última instancia, al Estado.     

En su blog, está el primer esbozo del Proyecto.

 

2)

Tengo noticias de que Luis Macías ya ha escaneado la franja de cielo situada justamente sobre las otras dos que escaneó (escaneo del jardín, y escaneo del suelo de su estudio, en su sótano; para ver fotos y comentarios buscar en este blog, mes de julio o, of course, en el del artista), cerrándose así el ciclo sótano-jardín-cielo. Una estratificación que, personalmente, me parece de las cosas más sólidas y con posibilidades metafóricas que he visto últimamente. Un cuadro sinóptico en imagen de un volumen de “realidad y mundo” [azar incluido].  Entre otras muchas conexiones, enlaza y da una visión diferente de la clásica triada Muerte (bajo tierra), Vida (superficie terrestre) y Más Allá (cielo), desacralizando (o no) tales conceptos. Está en su blog

[Aina Lorente lo registró todo el proceso de escaneado en foto. Un gato llegó y alteró algún escaner.]

 

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Scan del cielo (1)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Scan del cielo(14), alterado por gato 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Scan del cielo (15)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Documentando

 

 

 

 

 

 

 

 


28
Jul 09

Sobre vasos comunicantes en la Ciudad en el blog de Vicente Luis Mora

En su imprescindible Diccionario de las Artes, Félix de Azúa cuenta una anécdota que nunca me he preocupado de saber si es cierta o no porque me gusta tanto que me da igual. Kandinski, pintor tirando a realista, llegó una noche a su estudio, tras tomar unas copas con amigos. Abrió la puerta y vio, apoyado en la pared del fondo, un cuadro extraño, muy extraño, que no recordaba haber pintado, un cuadro sin ningún significado concreto pero que se le antojó profundamente bello, cierto, emocionante. Turbado, se acercó a tal aparición mariana y se dio cuenta de que era uno de sus cuadros realistas que, sin querer, había dejado a poyado al revés, cabeza abajo. A partir de ahí toda su vida como artista fue la historia de intentar reproducir esa misma sensación en sus cuadros. Así, nació en Arte Abstracto. Creo que, respecto a la importancia del punto de vista como generador de nuevos artefactos, la anécdota habla por sí sola.

Y cuento esto porque Vicente Luis Mora, en su blog, ha dejado un post muy interesante, sobre el arte en la ciudad  (¿o la ciudad en el arte?), que recomiendo, ya que toca, además de otros asuntos, algo por lo que siento especial debilidad, el “arte encontrado” (o el “objeto encontrado”, que sería su revés) en las ciudades. Mi visión acerca de la ciudad, lejos de ser apocalíptica o metastásica, es sencillamente “naturista”: no tenemos otra naturaleza más que esa, o lo aceptas o te deslizas, bien al lado “ecofriki”, o bien al lado “tecnofriki”, territorios ambos para mí nada apetecibles. Está claro que “el campo”, por mucho que lo afirme la publicidad de galletas de soja y de leche enriquecida con calcio (por cierto, tremenda redundancia de retórica alimentaria: a la leche lo que le sobra, precisamente, es calcio, no hace falta añadirle más), no existe ya más que como proyección romántica de un estado perdido. Así las cosas, la ciudad (llamémosle la 2ª naturaleza), es el ámbito cotidiano que puede verse penetrado por la cita fuera de contexto y el juego.

En un reciente viaje a NYC, detecté tanto “arte encontrado” que casi no me era posible registrarlo, plagado de mecanismos que remitían tanto a lo digital (3ªnaturaleza) como a lo “natural” (1ª naturaleza). Curiosamente, no sé si por casualidad o no, eso ocurría en esa ciudad, NYC, para mí, la última ciudad medieval del primer mundo: sucia, donde los mendigos conviven con la realeza, donde huele a comida en todas las calles, y donde la basura en las aceras es paisaje urbano Una ciudad 100% matérica, nada digital, ya pura arqueología del Primer Mundo. Ni que hablar de la “señalética encontrada”, un auténtico repertorio.

Para leer post een el Blog de Vicente, aquí


26
Jul 09

Colaboración en Cultura/s (3)

Colaboración en Cultura/s

 

Para ver PDF, pinchar sobre la imagen.


24
Jul 09

TEXTOS de NY [17 y fin]

En mi apartamento hay mucha comida caducada, me gusta comer cosas caducadas, ver qué hay, qué existe, más allá del tiempo biocomercial. Fechas de caducidad: planos de tiempo biocomerciales. Pan caducado, galletas caducadas, sacarina caducada, yogur caducado, todo adquiere el sabor del tiempo arqueológico, paladeas esa muerte, resucitas esa muerte porque paladeas dentro de esa muerte, estás dentro de ella, la abarcas, la sostienes, eres el exoesqueleto de esa muerte, la exociudad de esa muerte, eres la propia Exomuerte. De la misma manera, la exociudad de NYC está penetrada en NYC, un laberinto móvil para una ciudad caducada. Aquellas tuberías subterráneas de la calle Houston, qué hubiera pensado Robert Smithson de aquellas tuberías de la calle Houston, Qué hubiera pensado Robert Smithson de la comida caducada. Qué hubiera pensado Charlie, tan solo, tan Lost, pobre Charlie, siempre Charlie, en su isla caducada llena de alimentos no caducados. En el local que dan comidas, a dos manzanas, barajé seriamente hacer esta broma, pedirle a la camarera un desayuno ranchero completo, huevos, habas marrones y nachos con queso picante, todo ello elaborado con productos caducados. Pero eso, en su cabeza pelirroja, equivaldría a pedirle un trozo de muerte, a decirle que quiero comprar la muerte para masticarla, tragarla, hacer la digestión con ella, finalmente eyectarla, y eso en NYC no se entiende, el tiempo, y con él la propia vida, comienza y termina en el espacio acotado entre la fecha de fabricación y caducidad de los alimentos. Experimento: coge el producto de este país cuya vida sea más corta, por ejemplo un hot dog comprado en un carrito de la calle, y después el producto cuya vida sea más larga, por ejemplo una lata de judías. Ésa es la escala temporal de NYC, entre esos dos extremos se desarrolla el tiempo real, todo lo que hay más acá y más allá es terreno de sospecha, de desgracia, de antivida, de abyección. Todo lo que hay más allá y más acá de esos tiempos es el underground del Tiempo, la vida fuera del Sistema, el Extrarradio del Tiempo. Un hot dog se enfría y arruina en menos de 1 segundo, tiempo en que un partido de basket puede resolverse definitivamente hacia un lado u otro del marcador, o el tiempo que dura el fragmento de gritos en el que se derrumba La Bolsa. Una lata de judías dura 4 años, el tiempo que hay entre elección y elección presidencial. Más allá y más acá es terreno de tiempo-ficción, de los huesos de Lorca en Nueva York. Terreno de Lost,

sólo la sacarina incluye
el modelo de la muerte,

no vine sólo por decirte
(aunque también), que no volveré nunca
y que no podré olvidarte,
dijo Pepe Hierro
en Cuaderno de Nueva York (1998),
Emprendo la tarea
(imposible, si es que algo hay imposible)
De racionalizar, interpretar, reconstruir y desandar,
aquellas fábulas y hechizos que gracias a ti fueron realidad,

la calle disuelve [sacarina man] toda operación
de solidificarte a ti mismo, cajones
de aire acondicionado certifican el spray
congelado de la muerte,
de la televisión,
de las piscinas,
de los iMac y los judíos,
buscas en tus pulmones el definitivo cambio climático,

el tiempo: ese cráneo que descargas
a baja resolución, Lorca exhumado en New York City,
fotografías bolsas de basura, cartografía invisible,
hay una bombilla en cada foto,  sólo hay
que bajar el contraste hasta que en la pantalla brille
un último punto de luz, el agujero por el que toda ciudad medieval
se resetea e inicializa a sí misma,
a cada segundo,
un infinito retorno de trípticos de comida china,
de Biblias a las que les ha sido borrado el Bien y el Mal, hay bombillas
en cada foto
del 99% de humedad relativa en el aire,
comemos vino polaco, bebemos cheese burguers, la cebolla
en tus labios anuncia otra noticia falsa en The Onion,

“poeta español se cae en la zanja en obras de la Calle 3ª y encuentra la oreja de Blue Velvet (David Lynch, 1988) a las 11pm, llovía intensamente, llevaba zapatos de ante, camisa de cuadros de Zara y un teléfono móvil sin GPS, tras caer de bruces emergió del barro, se sentó en la oruga de una excavadora y observó la oreja atentamente mientras las ruedas de los coches eyaculaban sobre su rostro barro y agua”,

trazamos círculos en el aire,
cheese burguers,
Formas Sagradas,
la palabra hostia viene de víctima,
pero también de extranjero.
Vivir es observar una oreja,
pero ha de ser extraña,
pero ha de ser un juego.

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23
Jul 09

TEXTOS de NY [16]

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23
Jul 09

TEXTOS de NY [?]

Entonces ayer a las 7 de la tarde me llegó un mensaje al móvil: NUMERO DESCONOCIDO, “dentro de una hora en el primer banco de Central Park entrando por la puerta sur, al lado del carro de hot-dogs”. Había estado todo el día metido en el apartamento, haciendo unos trabajos con imágenes y escribiendo una anécdota que no quería olvidar: días atrás, estando cenando en el jardín trasero de un restaurante del barrio, vi a una pareja sentada pocas mesas más allá, muy en penumbra, entre vegetación que crecía para darle al restaurante un ambiente de espacio agreste. El tipo, sentado de espaldas a mí, llevaba enganchado al cinturón del pantalón, en la espalda, un intermitente rojo, del tamaño de una cuchara sopera, el mango incluido, uno de esos a pilas que llevan los ciclistas para, en la noche, no ser arrollados por los coches que llegan por detrás, [la noche, menuda palabra, cómo impone esa palabra: la noche]. Habiéndose olvidado de apagarlo, parpadeaba el intermitente entre la foresta mientras le cogía la mano a la chica y daba  pequeños sorbos a lo que parecía ser una copa de vino. La cola de un conejito en celo, eso es lo que pensé, todos lo veíamos, todos veíamos la insistente intermitencia del celo, todos veíamos el cortejo del conejito blanco de cola intermitente. Cuando me fui aún nadie le había dicho nada. Así que estuve hoy en casa desarrollando ese relato, dándole marco de novela, algo importante, un novelón, de los grandes del 19, y me llegó a las 7 el mensaje al móvil. A las 8 estaba en el primer banco de Central Park entrando por el sur, junto  a al carro de hot-dogs. No tuve que esperar mucho  para ver que un tipo salía tras un árbol, un tipo que no tardé en identificar como Charlie, empapado y con un fajo de cientos de folios en la mano, también empapados. “Qué pasa, Charlie”, le dije. Se sentó a mi lado. Hola Agustín, me alegro de verte, contestó, y se quedó en silencio, uno de esos silencios de Charlie, que no se sabe si van en broma o en serio, si está componiendo el A Day In The Life del Siglo 21 o si está aguantando la vejiga, esos silencios que abarcan todo lo que vemos y, más aún, lo que intuimos que no vemos. Charlie, siempre Charlie. Pasó un niñato en un skate haciendo eses y Charlie dijo, ahora te voy a decir algo extraño, hasta críptico si quieres:
“se mire como se mire, en verdad sólo hay dos habitaciones [gasolina y fuego] cuando antes de acostarte lo juntas todo en la noche”.
Me quedé callado, viendo cómo los cientos de hojas de mi blog, que Charlie apretaba como si fueran una esponja, goteaban tinta de colores sobre el asfalto de Central Park.
-No sé lo que significa esa frase -continuó diciendo-, pero sospecho que es algo importante.
-Sí, Charlie parece importante.
-Mira, te he traído esto,
y abrió un portafolios que llevaba en la otra mano. Extrajo una hoja, señaló con el dedo, y continuó,
-mira, mira, he hecho esta obra con recortes de periódico que encontré en la calle.

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Observé la hoja. Era un artículo del Village Voice ilustrado con una fotografía. En efecto, en el artículo aparecía es frase “se mire como se mire, en verdad sólo hay dos habitaciones [gasolina y fuego] cuando antes de acostarte lo juntas todo en la noche”. La fotografía impresa era de una Barbie en una silla de ruedas, de espaldas y en un pedestal, mirando un cuadro que representaba una piscina vacía a cielo descubierto; el cielo era verde, como de césped, todo verde. Me pregunté qué demonios hace una Barbie en silla de ruedas, mirando una piscina vacía y un cielo verde.
-Mira bien mi obra- dijo Charlie-, tapé todo el artículo con fotocopias de ese cielo de césped, el cielo del cuadro, mira, todo tapado menos esa críptica frase, creo que esa frase significa algo, oye, Agustín, qué crees que diría David Foster Wallace de esta frase, qué opinaría él de esta frase.
-¿Por qué? -le pregunté.
-Porque –contestó-, he visto que sale el nombre de uno de sus libros al pie de la foto, ¿lo ves, ves ahí? -En efecto, allí estaba escrito Consider The Lobster, Hablemos de Langostas, a pie de la foto, -¿qué crees, Agustín?, dime qué pensaría Foster Wallace de es frase, tú tienes que saberlo.
-Ni idea, Charlie, ni idea -le dije con total sinceridad-, cómo quieres sepa qué diría Foster Wallace de esta frase, si nunca hablé con él, si ni siquiera he dado una conferencia en una Caja de Ahorros sobre él, si ni siquiera he leído todos sus libros, aún siendo pocos.
Él, sospecho que con decepción, miró fijamente su composición, comentó cosas acerca de los tonos verdes de las algas que hay en el fondo de río Hudson, comentó cosas de la melena rubia de una mujer que había conocido en una isla, la decepción de que el amor no es más que la búsqueda desesperada de un clon, la Oveja Dolly de todos los tiempos, y con la mirada perdida en el skate que iba y venía dibujando eses, dijo,
-Me encantaría preguntárselo a Foster Wallace, pero es que ahora está en la tele, David está en la tele, perdido en alguna teleserie, caracterizado, muy perdido, ya es imposible preguntarle nada, habrá que esperan a que de muera de nuevo.
Me quedé pensando unos segundos antes de decir,
-claro, Charlie, claro, lo que me contaste el otro día: sólo hay dos mundos el real y el de la tele, cuando mueres en uno vas al otro, viceversa, y así cuantas veces mueras; uno es el Más Allá del otro y viceversa, ¿es así, Charlie, estoy en lo cierto?
-Eso es, Agustín, veo que lo entendiste, estás en lo cierto –se detuvo unos segundos-, ¿me harás el favor de poner esta imagen en tu blog, Agustín, serías tan amable?
 -Claro, Charlie, lo que sea. Esta misma noche lo haré.

 


22
Jul 09

TEXTOS de NY [15]

Ayer hemos acompañado a Luis Macías en la realización del siguiente proyecto en la serie de escaneados. Se trataba de escanear una franja del suelo de su estudio, (sin quitar ni añadir nada d elo que había), en Havemeyer Str, Brooklyn, de las mismas dimensiones que la escaneada en el jardín, situado justo encima, ya que el estudio está en el sótano de la vivenda.

El siguiente pasó será escanear la franja de cielo que está justo encima de estas las dos series ya hechas -la de su estudio y la del jardín-, complentándose así en escaneado de los tres estratos, las tres capas geosimbólicas. La fotógrafa
Aina Lorente documentó todo el proceso con 490 fotografías. Yo me
limité a observar y documentar cómo la fotógrafa documentaba el
proceso. También tomé 1 cerveza.

Área escaneada:  11,54 x 153 pulgadas
Primer escáner a las 5:27pm, último escáner a las 7:03pm.
Material:
ordenador iMac, Scan Canon al que le fue seccionada la tapa, PhotoShop
como procesador de imágenes, cinta azul de embalar para marcar el área,
foco de estudio y metro de obra.

Una vez finalizada la serie, todo el material usado en suelo, incluida la cinta métrica metálica, se tiró a la basura.

Para ver el blog de Luis Macías con algunos de los escaneos, aquí.

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21
Jul 09

TEXTOS de NY [14]

Estoy seguro de que en mi edificio cocinan muertos. No me estoy refiriendo al apartamento de la chica nouvelle vague verano 2009, ni al del hombre que no sale de su apartamento, tiene la tele a todo volumen, la puerta de su nevera chirría como una puerta de cine de gótico de los 50 y carraspea todo el día con un profundísimo sonido de bronquios, no, no me refiero a esos vecinos, sino a alguien que vive en la planta baja, en uno de los 7 apartamentos que hay en la planta baja, según se entra en el portal, dispuestos en un pasillo con moqueta gris, tan largo y estrecho y artificialmente iluminado que recuerda al de Barton Fink. En la planta baja de mi edificio cocinan muertos, cada día, y  a todas horas, hay un olor a una carne desconocida. Como carnívoro que soy, sé que es carne terrestre, no marina, puedo reconocer que es el olor de algún tipo de carne, estoy programado para ello, todos lo estamos, hasta los vegetarianos, pero no puedo decir a qué clase de carne  se refiere ese olor. Es dulce y espeso. Raro. Sólo puede ser humano. Está combinado con una gran cantidad de especias. He reconocido clavo, nuez moscada, pimienta y canela. A esos olores se superpone el de la moqueta gris, que nadie la limpia, y el de los buzones, en cuyo interior los niños dejan comida por fastidiar a las madres; dado que nadie lee ya las cartas, sólo los trípticos de publicidad que dejan bajo las puertas, la comida ahí se pudre. Sé perfectamente que la carne humana se cocina en una olla de barro barnizado, lo sé por el olor a teja o arcilla que desprenden éstas cuando no están bien fabricadas. De repente, en ese olor a carne humana me reconozco a mí mismo, no como especie, que es obvio, sino a mí como individualidad; me cocinan a mí. No se cómo eso puede ser posible, pero me detecto en el olor de ese pasillo tan largo y mal iluminado como el de Barton Fink. Será porque cualquier hombre es todos los hombres; de ahí que nos matemos y nos protejamos. No lo sé. Anteayer  me crucé en ese pasillo con un tipo que olía exactamente así, como si se hubiera pasado toda la vida cocinando carne humana. Se metió en el 1E. Pero inmediatamente me di cuenta de que no, no era que él cocinara carne humana, sino que él sería el siguiente en ser cocinado. Dicen que la muerte se huele cuando la ves venir, había oído esa expresión mil veces en sentido figurado, ahora la he olido, certifico que es pura física. Pero no es que ese tipo fuera el siguiente en ser cocinado según una lista de víctimas perfectamente señalada y orquestada, por el contrario, su destino responde a una mezcla de azar y voluntad. Es cierto, la gente quiere morir, todo el mundo de alguna u otra manera en un momento del día quiere morir, y a veces algo les impulsa a encaminarse a un lugar sin saber por qué; bien, ese lugar es un apartamento de la planta baja de mi edificio. Una de las ventajas del capitalismo es que nadie te pregunta por nada con tal de que lo que hagas sea productivo, ocurre con todo, menos con la muerte, la muerte no es productiva, la muerte es la bestia negra del capitalismo, su propia muerte, por eso cuando alguien se quiere suicidar se movilizan policías y bomberos, por eso esta gente que entra en mi portal, cabizbaja, oliendo ya a carne humana cocinada, oliendo a muerte ritualizada, lo hace sin preguntar, sin avisar, sin saber muy bien adonde van; es la manera de morir con la conciencia a salvo de no haber cometido un delito. A veces estoy escribiendo, o cocinando, en mi cuarto piso, y el olor es tan masivo que sube y se cuela en mi apartamento, entonces tengo que salir a la calle, dejar que pase. Y en esos momentos es cuando veo a veces Charlie. Lo veo en la cola de un autoservicio, con su bandeja de sushi y su lata de cerveza, esperando, el pelo chorreando agua, un fajo de hojas impresas de un blog, mi blog, también empapadas, recién salido de una profundidad marina sólo intuida. O lo veo en un taxi, con la cabeza tapada por la capucha de su sudadera, pasa muy rápido, pero me saluda, le da tiempo a alzar la mano. Hoy ha ocurrido, pasé por delante de uno de los edificios de la Universidad de Nueva York, y vi en la acera un hilo de agua. Al lado de ese hilo de agua, en paralelo, un hilo de otro líquido color azul negroso, como de tinta que va expulsando un calamar para despistar al enemigo; en su caso era todo lo contrario, ése hilo de líquido azul negroso era la prueba irreductible de que era él, Charlie, recién salido de las aguas del mar, de su tumba de acero y hierro, la prueba irreductible de que llevaba en su mano derecha el fajo de folios impresos de mi blog que, también empapados, iban dejando caer la tinta, azul negrosa, la última expresión de la tinta, la última expresión de mi trabajo, mi trabajo de años disuelto en las calles de NYC, mis post y los comentarios a mis post, toda mi energía y la de miles de personas perdida en estado líquido en las calles de NYC. Seguí esos hilos y de pronto lo vi subiendo las escaleras del edificio de la Universidad. Lo paré. “Hola Charlie, qué tal, hombre, adónde vas”. “A clase, estoy matriculado en Leyes, paso de la música, me interesan las leyes”, dijo. “Sí, yo también paso de la música”, le dije. Allí parados, me comentó que tenía que regresar algún día a mi apartamento para imprimir más hojas de mi blog. En el curso de la conversación, le dije que estaba seguro de que en mi edificio cocinaban muertos, que incluso no descartaba la idea de que esa operación marginal se llevara a cabo en los sótanos también . Él me contestó: “lógico, Agustín, lógico, la muerte sólo es rentable en la televisión, es lo único que es rentable en televisión, pero en la vida real es una ruina”. “No lo había pensado así Charlie”. “Dímelo a mí, que de momento, no estoy ni Aquí ni Allá”. Y continuó subiendo las escaleras hasta que su rastro de agua y tinta desapareció tras las puertas giratorias del edificio de Leyes.

Después volví a casa y escribí.
NYC, el Cyborg más primitivo, NYC es el Cyborg de Generación Cero, material, acosado por la carne que no soportan los circuitos de Silicon Valley. La ciudad es un Cyborg monstruoso, “monstruoso” viene de “lo que se va mostrando”. Los límites físicos de NYC coinciden con la propia ciudad, la exociudad no rodea NYC sino que está penetrada en NYC. La exociudad de NYC es el laberinto móvil de NYC. Un Cyborg sin raza ni género. La tórtola vuelve a la caja de aire acondicionado, nos miramos, se va con otra rama. Todo animal, por ejemplo las tórtolas, construye también su Cyborg. 34 ºC a la sombra. Amenaza lluvia. Ahora llueve. La Lluvia Amarilla de Llamazares: el último hombre vivo de un pueblo pirenaico. Charlton Heston  el Último Hombre Vivo de Los Angeles. Yo, el último hombre vivo entre todos los últimos hombres vivos de NYC. Zombis y Cyborgs. Me he pasado el desmaquillador por la frente y el algodón era amarillo. Amarillo orín, amarillo oro falso. Amarillo Pantone 345.
Vuelve el olor.
Abajo cocinan muertos.
Hago un poema.

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20
Jul 09

TEXTOS de NY [13]

Porque la materia

que en primer lugar se volatiliza y eleva

a los cielos es

la sacarina,

después llueve Charlie

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MOMENTO Nº2

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MOMENTO Nº3

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MOMENTO Nº4

…….[n]

“Charlie se eleva en Central Park, NY, 2009″, (Imagen +poema, NYC, julio 2009).

(Dibujo a lápiz sobre una fotografía de la Revista Líneas Aéreas Swiss, y posterior fotografia al conjunto.

Idea del dibujo tomada de la obra Core, de Dumitru Gorzo, encontrada en una postal de la galería SLAG, NY. Fotografía base, de Marco Grob)

Pasa de nuevo el Toyota con Billie Jean a todo volumen. No es un negro, sino puertorriqueño. No cierra la ventana de su coche, yo tampoco la de mi estudio, me lo alquiló una costurera. Miro muchas veces el maniquí de tela que tengo a mi derecha, pone en tinta negra, sobre el cuello, de gargantilla, Andy´s Form, NYC, sabe Dios, códigos de costureras. Y a la altura del pubis, pone COLLAPSIBLE, y más abajo G, punto G, también sabe Dios, más que nunca sabe Dios, que últimamente recicla ojos en los centros de los triángulos Ceda El Paso. Miro el maniquí, abstracto, idealista, pudoroso, me gusta, tan cercano como la castidad de una farmacéutica, tan lejano como la promiscuidad consumista del teclado de la cajera del súper. Me dijo la cajera del súper que Internet se colapsó en USA el día en que murió Jacko, lo que demuestra que Jacko es la única persona que ha existido más grande que Internet. El Rey del Vinilo pudo con Internet, el triunfo del plástico sobre el algoritmo. Qué bien suena eso: Jacko, el Rey del Vinilo que derrotó a Internet. El Rey que derrotó al frío. Aunque no pudo con Charlie.

Charlie.

Siempre Charlie.


19
Jul 09

TEXTOS de NY [12]

Ayer fui a la fiesta-inauguración de las obras de vídeo de Gabriela Vainsencher y Sarah Walko, en la galería Work, http://www.redtinshack.com/ en la parte baja de Brooklyn.

Ponía el mail: Subject: DRIVE-IN III – Gabriela Vainsencher & Sarah Walko + Live Music  and BBQ, this Saturday 18 July, 7pm

Tras dar cien vueltas por los muelles, llegamos cuando casi atardecía, se veía con especial tono de color el Financial District de Manhattan, al otro lado de la bahía. La galería en cuestión es un espacio muy chulo (que incluye la calle y alrededores, tomados literalmente para las acciones que se tercien), junto a muelles y las explanadas de los camiones de carga. Es muy pequeña, está hecha con chapas metálicas clavadas con puntas y pintadas de rojo. Un tipo, afuera, en la acera, amasaba una bola de carne cuando llegamos: el hacedor de hamburguesas, incluidas en el acto a 3$ junto con cervezas  y/o Coca-Cola ecológica, hecha en Santa Fe, Nuevo Mexico, que algún despistado bebía.
Los vídeos se proyectaron en la explanada de la calle de enfrente, en los mismos contenedores de los camiones. Por allí cerca unos mecánicos observaban la operación. Sentados en el asfalto, vimos los vídeos de Gabriela, interesantes, con recuerdos zen, estética del instante, de la desaparición, y con notables toques de humor. Los de Sarah, que me gustaron más, una especie de monstruario, de gabinete de lo excéntrico, se basaban más en la palabra, con insertos de textos tipo aquellos del cine mudo, bastante buenos me parecieron. Cuatro músicos (saxo, 2 guitarras y un sinte), tocaban sobre las piezas una música muy bien metida, muy abstracta, pero a la que encontré demasiado retro: experimentalismo minimalista de los 60, del que hacía La Monte Young, ocasionalmente con John Cale y otros miembros de la Velvet, experimentalismo derivado de los presupuestos teóricos musicales de John Cage. Me gustó, pero eché de menos, sobre esa misma base, algo más contemporáneo.
Después nos fuimos.  Tomé algunas fotos.

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probando vídeo

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artistas observan

hamburguesa

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el chico de las

hamburguesas

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llegan los músicos

(los músicos nunca

están ahí, siempre

llegan)

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probando vídeos

(en el fondo)

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músicos afinan

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músicos improvisan

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u

f

d

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Fin DVDPlayer

Camión y pantalla,

pantalla y camión,

cuál está más solo

de los 2