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El reloj de los 100 años cuyo destino final es la autodestrucción

Precioso este montaje medio artístico medio reloj de verdad llamado Time in Six Parts. En The Design Blog explican cómo funciona: tiene un motor que da vueltas a 60 revoluciones por minutos; las diversas ruedas engranadas giran entonces cada vez más y más despacio, en función de su tamaño y posición: cada minuto, cada hora, cada día, cada mes, cada año… hasta el punto que la rueda exterior realiza un ciclo completo al cabo de un siglo.
El conjunto necesitará 3.160 millones de revoluciones en el motor para completar el ciclo total, momento en el que la pieza exterior llegará al agujero que hay en el marco, desmontándose y destruyendo la obra. Un trágico destino final, a la par que artístico… que nosotros desde luego no veremos porque será dentro de cien años
2) Me he preguntado qué hubiera pensado Michael Jackson, eterno, personaje ya bíblico, de este reloj que destruye el tiempo y, con él, se destruye a sí mismo. ¿Se lo hubiera creído, o hubiera dudado de su existencia de la manera en que nosotros dudamos de la existencia de vida más allá de la Tierra? Me he preguntado, también, cuál era la rueda abierta y secreta que Jackson llevaba dentro para, llegado el momento, romper su tiempo y mandarlo todo a la mierda. Me he preguntado si lo sabía, si sabía de la existencia en su interior de ese reloj de falsas ruedas. Un vinilo roto, eso es lo que llevaba dentro el último Rey, no del Pop, sino Rey de una época, casi remota, llamada Vinilo.
El plato del tocadiscos que gira dentro de su estrella.











Creo que todos jugamos con nuestras ruedas y les damos mil vueltas conociendo el destino final: el chimpún. Unos somos más enredosos que otros. Algunos originales hacen que las vueltas giren sobe si mismas en graciosas piruetas, otros rectos llevan las ruedas siempre a un mismo ritmo aburrido y sosísimo. Miquel tuvo bastantes posibilidades de enredar lo suyo, creo que jugó como supo y eso es lo que tuvo, juego, fama, entretenimiento y por supuesto la otra cara de la moneda. Como todos. Me alegra conocerte. Kilometrica
Gracias, kilométrica, supongo que sí, que cada uno lleva su reloj autodestruible dentro.
Nada se destruye
todo es un asesinato
Igual no se trataba de las ruedas de dentro, sino del agujero del marco, del agujero por el que los demás creían ver algo de las revoluciones de las ruedas de dentro. Es lo malo de la gente, que no es plana y no le puedes poner líneas con las leyendas al lado.
Poético…
"Un desierto es un espacio, y un espacio se cruza". Todos tenemos que cruzar desiertos; dividirlos en 6 partes puede hacerlos menos indigestos, como un filete cortado en trozos pequeños. La vista aérea de Neverland, el rancho de Michael, revelaba un gigantesco reloj de merengue. Como una noria a la que estaba fatalmente atado, siempre avanzando, sin poder ir hacia atrás, sin llegar nunca hacia esa niñez perdida, como la parte de atrás de los coches, en la avenida de dirección única, hacia el espigón.
Como ya han comentado, todos llevamos dentro un caleidoscopio que no se desvela hasta el final (el momento trágico, fatal, del despegue). Como Jackson, la nuestra es una generación de caleidoscopios en forma de "googlegrama" (en op. cit. la obra de nuestro contemporáneo de la fotografía Joan Fontcuberta) que no se autodefine; nadie se autodefine nunca. Esta es la gracia y la nebulosa de la vida, que no sabemos lo que somos o tenemos hasta el final.
Saludos,
Marta
El reloj que muestras me recuerda a un péndulo de parecidas intenciones que había en la Casa das Ciencias de Coruña (en el hall de la entrada, me parece), creo que fue mi primer encuentro palpable con el paso real del tiempo. En cuanto al bueno de Jacko… lo primero que hice al conocer la trágica noticia fue ver el video en el que Jarvis Cocker trata de “humanizarlo” boicoteando una de sus faraónicas actuaciones de los 90 en los Brit Awards [http://www.youtube.com/watch?v=upbbz_Eyq4Q] . De nuevo fue el tiempo el que acabó haciendo ese trabajo que Jarvis dejó a medio acabar y que le costó una noche de calabozo…
no sé si era muy bueno Michael Jackson, compartía la máxima crística del amor al prójimo resumida en la sentencia "dejad que los niños se acerquen a mí", pero eso es lo de menos para decir que musicalmente era una joya en el siglo de las pocas luces. Seguimos de luto, claro. Todo el mundo llorando o cotorreando a la una, y así el mundo parece más bueno. Seguimos de luto. Alzamientos militares. Y ayer: PINA BAUSCH…, silvada, por cierto, en el Liceo de la Barcelona cool.saludos!
Gracias por todos los comentarios. Que sugieren muchas cosas. Lo que me está extrañando (o no), con la muerte del MJ es que de repente ha pasado de persona supuestamente plana y previsible, casi ya vulgar, a un lechado de misterio, un final propio de un Shakespeare, una Agatha Christie o un Manga. Eso es algo que siempre me maravilla, cómo una cosa se transforma en otra, un auténtico cambio de fase en unos segundos.
Un Saludo!
PD: Es cierto, Pina Bausch, grande. Tengo una amiga bailarina que estudió con ella en Berlín. Nunca le he preguntado una palabra sobre la maestra, -qué apático, ¿no?- Ahora ya me intriga.
Pues a mí Michael Jackson me parecía una cebolla repelada y con la piel carcomida. Yo es que después de Thriller no le hice mucho caso y cuando publicó ese disco yo era joven e impresionable. Pero hoy aún me gusta.
No tiene más vuelta de hoja: era un esclavo de la fama desde los seis años. ¿Quién puede ser normal?