El poeta Javier Moreno, firma una crítica de Postpoesía en la revista Deriva.
Copio y pego:
Postpoesía (hacia un nuevo paradigma) de Agustín Fernández Mallo (Editorial Anagrama, 2009).
Javier Moreno

Ya lo dije en alguna otra ocasión: Agustín Fernández Mallo no ha venido al mundo de la poesía a traer paz, precisamente. Y con Postpoesía,
finalista del premio Anagrama de ensayo, no hace sino confirmar lo
dicho. Y eso es bueno. La poesía y el discurso teórico de Mallo
aterrizaron sobre el establishment literario nacional como un meteorito
sobre un satélite -más o menos- geoestacionario. Y eso, sin duda, es
más que bueno. Este libro puede suscitar reparos en una gran cantidad
de aficionados a la cosa poética, y puede sorprender y estimular a más
de uno cuyo contacto con la poesía sea meramente tangencial. Ninguna de
ambas cosas es mala, sino todo lo contrario. Una de las virtudes del
discurso del autor consiste, a mi juicio, en sacar a la poesía de sus
cárcavas idiolécticas, oligotemáticas (naturaleza, amor, desazón
existencial) y metaliterarias para abrirla a una exterioridad que se
escribe con los lenguajes de la ciencia, de la publicidad y de otras
artes no literarias. Si no fuese porque la metáfora puede pecar de
ortodoxa (según la taxonomía que el propio Agustín propone en su obra)
diría que con la postpoética ha entrando un soplo de aire fresco en
nuestra poesía.
Si se trata de buscar una definición de lo que pueda ser la Postpoesía,
alejada de aquello que se llamaría poesía ‘ortodoxa’, y que vendría
-más o menos- a coincidir con lo que Vicente Luis Mora llamaba poesía
de la normalidad en su libro Singularidades, podemos traer aquí algunas de las palabras recogidas en el libro por el autor:
…la poesía postpoética no reniega ni de las vanguardias y sus
neos, ni de la mística y sus neos, sino que las utiliza o no según le
convenga en la misma medida en que utiliza soluciones del ámbito
científico, o del ámbito del diseño, o económicas: todo es susceptible
de erigirse en metáfora para el postpoeta con tal de que su ensamblaje
cree un poema verosímil, es decir, metafóricamente plausible.
La postpoética, por tanto, no pretende erigirse como contraposición de
ninguna otra escuela de poesía, sino que fagocitaría aquellas
componentes que puedan resultarle interesantes. Tampoco mantendría una
postura beligerante con la tradición, como pudiera prejuzgarse en un
primer momento, siempre que la tradición no suponga anquilosamiento ni
fagocite el discurso del poeta. El lenguaje de Agustín Fernández Mallo,
como no podía ser de otra forma, está plagado de términos científicos
(atractores, sistemas complejos, etc) aplicados al ámbito de la
literatura, produciendo una especie de hibridación entre ambos
lenguajes, el científico y el literario. Nada nuevo, desde luego. Ya el
mismo Aristóteles hizo uso de términos científicos (biológicos, sobre
todo), para fundar su tan traída poética (la estructura de la tragedia
como metáfora de un organismo vivo, los tipos de metáfora: la especie
por el género y viceversa…). Lo que diferencia esencialmente la obra
de Agustín de la del estagirita (y la de la mayoría de las poéticas que
han circulado por el universo mundo) es que el primero prescinde por
completo de la materia acerca de la que habla. No hay modelos reales de
poesía postpoética (salvo, habrá que suponer, los propios del autor).
No se sabe si la reticencia o el temor han llevado al autor a no
incluir casi ningún ejemplo o concreción de lo que pudiera ser en
realidad la poesía postpoética, cuando a cualquier lector avezado se le
ocurrirían al menos una docena de autores (tan sólo pensando en los
nacionales, todavía vivos) que pudieran cumplir un porcentaje más que
razonable del programa postpoético. Esto pudiera hacer pensar que lo
que se nos propone constituye una especie de ‘novum’, de originalísima
epifanía, cuando Giordano Bruno o Giulio Camillo, de los cuales nos
separan bastantes siglos, ya andaban ocupados en menesteres -avant la
lettre- postpoéticos. Matizar este ánimo de novedad absoluta o
mencionar propuestas similares ya discutidas a nivel nacional e
internacional como la de la ‘poesía fractal’ (en este sentido la adenda
final acerca del ‘altermodernismo’ de Nicolas Bourriaud quizás resulte
un tanto forzada, teniendo en cuenta que la estética relacional que
éste propugna tiene difícil aplicación al caso de la literatura)
habrían contribuido a enriquecer el texto.
Siempre he pensado que Agustín Fernández Mallo es esencialmente un
artista conceptual, un artista conceptual que usa la literatura como
medio de expresión. Juzgar su obra (y aquí se incluye también esta Postpoesía),
por tanto, con criterios estrictamente literarios me parece
inconveniente e insuficiente. El lector que se asome a este ensayo
debería hacerlo desde el presupuesto de que se adentra en una obra
conceptual, insisto, sin demasiadas pretensiones filológicas ni
sistemáticas. Hacer otra cosa sería un error que convertiría la
recepción, en el mejor de los casos, en un desencuentro. Como
recomienda el propio autor en la aclaración previa: Lea como quien escucha música. Suerte.











"con tal de que su ensamblaje cree un poema verosímil, es decir, metafóricamente plausible".
¿Qué quiso decir ahí con plausible?
Buenos días
Mario
Hola Mario. Según la RAE:
2. adj. Atendible, admisible, recomendable.
Un Saludo
Gracias.
hola, poeta. acabo de volver de vacaciones: 1 mes entero de borracheras diarias (más bien nocturnas). sólo he sufrido resaca ayer y hoy. increible, no? y entonces entro en tu blog. yo, que nada tengo que ver con la palabra, palabra. yo, que tengo vocación de nada, que creo firmemente en el puro vicio, digo vacío.
beber, sí. beber mucho alcohol durante días no por nada, sino por ese afan de exterminio que llevamos dentro. la verdad es que se lo pasa uno bien perdiéndose en la noche, dejándose arrastrar por el trasiego nocturno, por la ciudad y sus luces que invitan a travestirse, a pensar en términos ociosos, de alegría con hielitos, de felicidad embotellada, y conversar con bellas mujeres con el alma rota, de heridas no cicatrizadas. porque siempre en la noche hay una muchacha al final de la barra que espera ser escuchada. pero, ay, ingenuo de mí, tratando de cerrarles la herida que nunca se cierra, amor abierto entre sus hermosas piernas. en fin. y vuelta a empezar el mamoneo a la noche siguiente… y dormir la mona, claro.
esto es algo estupendo si uno ha decidido ser completamente libre. o sea, no tener meta alguna en la vida, absolutamente ninguna. entonces desaparecen los obstáculos. comienzan a despejarse los problemas. los miedos se diluyen. se ve más nítido. se piensa más claro. no hay devenir que valga. no hay nada que demostrar. se empieza a comprender sin palabras. un paso y todo se actualiza.
saludos.
y volviendo a la crítica…
“Ya lo dije en alguna otra ocasión: Agustín Fernández Mallo no ha venido al mundo de la poesía a traer paz, precisamente. Y con Postpoesía, finalista del premio Anagrama de ensayo, no hace sino confirmar lo dicho. Y eso es bueno. La poesía y el discurso teórico de Mallo aterrizaron sobre el establishment literario nacional como un meteorito sobre un satélite -más o menos- geoestacionario. Y eso, sin duda, es más que bueno. Este libro puede suscitar reparos en una gran cantidad de aficionados a la cosa poética, y puede sorprender y estimular a más de uno cuyo contacto con la poesía sea meramente tangencial. Ninguna de ambas cosas es mala, sino todo lo contrario. Una de las virtudes del discurso del autor consiste, a mi juicio, en sacar a la poesía de sus cárcavas idiolécticas, oligotemáticas (naturaleza, amor, desazón existencial) y metaliterarias para abrirla a una exterioridad que se escribe con los lenguajes de la ciencia, de la publicidad y de otras artes no literarias. Si no fuese porque la metáfora puede pecar de ortodoxa (según la taxonomía que el propio Agustín propone en su obra) diría que con la postpoética ha entrando un soplo de aire fresco en nuestra poesía.
Si se trata de buscar una definición de lo que pueda ser la Postpoesía, alejada de aquello que se llamaría poesía ‘ortodoxa’, y que vendría -más o menos- a coincidir con lo que Vicente Luis Mora llamaba poesía de la normalidad en su libro Singularidades, podemos traer aquí algunas de las palabras recogidas en el libro por el autor:
…la poesía postpoética no reniega ni de las vanguardias y sus neos, ni de la mística y sus neos, sino que las utiliza o no según le convenga en la misma medida en que utiliza soluciones del ámbito científico, o del ámbito del diseño, o económicas: todo es susceptible de erigirse en metáfora para el postpoeta con tal de que su ensamblaje cree un poema verosímil, es decir, metafóricamente plausible.
La postpoética, por tanto, no pretende erigirse como contraposición de ninguna otra escuela de poesía, sino que fagocitaría aquellas componentes que puedan resultarle interesantes. Tampoco mantendría una postura beligerante con la tradición, como pudiera prejuzgarse en un primer momento, siempre que la tradición no suponga anquilosamiento ni fagocite el discurso del poeta. El lenguaje de Agustín Fernández Mallo, como no podía ser de otra forma, está plagado de términos científicos (atractores, sistemas complejos, etc) aplicados al ámbito de la literatura, produciendo una especie de hibridación entre ambos lenguajes, el científico y el literario. Nada nuevo, desde luego. Ya el mismo Aristóteles hizo uso de términos científicos (biológicos, sobre todo), para fundar su tan traída poética (la estructura de la tragedia como metáfora de un organismo vivo, los tipos de metáfora: la especie por el género y viceversa…). Lo que diferencia esencialmente la obra de Agustín de la del estagirita (y la de la mayoría de las poéticas que han circulado por el universo mundo) es que el primero prescinde por completo de la materia acerca de la que habla. No hay modelos reales de poesía postpoética (salvo, habrá que suponer, los propios del autor). No se sabe si la reticencia o el temor han llevado al autor a no incluir casi ningún ejemplo o concreción de lo que pudiera ser en realidad la poesía postpoética, cuando a cualquier lector avezado se le ocurrirían al menos una docena de autores (tan sólo pensando en los nacionales, todavía vivos) que pudieran cumplir un porcentaje más que razonable del programa postpoético. Esto pudiera hacer pensar que lo que se nos propone constituye una especie de ‘novum’, de originalísima epifanía, cuando Giordano Bruno o Giulio Camillo, de los cuales nos separan bastantes siglos, ya andaban ocupados en menesteres -avant la lettre- postpoéticos. Matizar este ánimo de novedad absoluta o mencionar propuestas similares ya discutidas a nivel nacional e internacional como la de la ‘poesía fractal’ (en este sentido la adenda final acerca del ‘altermodernismo’ de Nicolas Bourriaud quizás resulte un tanto forzada, teniendo en cuenta que la estética relacional que éste propugna tiene difícil aplicación al caso de la literatura) habrían contribuido a enriquecer el texto.
Siempre he pensado que Agustín Fernández Mallo es esencialmente un artista conceptual, un artista conceptual que usa la literatura como medio de expresión. Juzgar su obra (y aquí se incluye también esta Postpoesía), por tanto, con criterios estrictamente literarios me parece inconveniente e insuficiente. El lector que se asome a este ensayo debería hacerlo desde el presupuesto de que se adentra en una obra conceptual, insisto, sin demasiadas pretensiones filológicas ni sistemáticas. Hacer otra cosa sería un error que convertiría la recepción, en el mejor de los casos, en un desencuentro. Como recomienda el propio autor en la aclaración previa: Lea como quien escucha música. Suerte.”
John Smith after Javier Moreno’s Postpoesía Critique
(tu libro me parece una herramienta necesaria, y la crítica de J Moreno me parece buena y acertada)
Inpuro, vuelves enloquecido, veo que te ha cundido.
Hola Luis, está claro que tras ver tu comentario, tú sí que eres un artista conceptual. Qué bueno: "y volviendo a la crítica…"
Gracias!
La poética lo abarca todo, pero aunque es incluyente, y no excluyente no se puede tomar como referencia algo que en si, no lo es..
Creo que a veces escribes desde el desconocimiento, y no aciertas a formular las ideas, y que los poemas quedan como el prospecto de una medicina, con frase para que no lo parezca.
Esta bien innovar, crear lenguajes nuevos. Pero la literatura se escribe para que otro lo lea, para ese público que normalmente no se piensa así mismo, y esta debe ser la sugestión para que tal vez durante unos segundos medite sobre una sensación (la naturaleza) la experiencia ( el amor ) u otras cosas como lo social.
Los cientifícos pecais de paletos, creis poder cuantificar al mundo con vuestra siderurgia númerica, cuando en realidad es el mundo el que os cuantifica a vosotros..
T leere con atención..
"los poemas quedan como el prospecto de una medicina"
Alejandro, es más que probable que a Agustín le guste tu definición. A mí me gusta. El prospecto, el teletodo, los anuncios clasificados, la publicidad, también tienen su poética, y a través de ella también se puede crear y sugerir (y no sólo sobre la naturaleza, el amor o "lo social" -demasiado restrictivo todo, ¿no crees?). Perec o Peicovich (gracias por la referencia, Agustín) y más maestros, sin duda, que no conozco.
¿No es acaso también una metáfora el modelo econométrico que intente explicar (=REPRESENTAR) el comportamiento de una variable (pongamos EL SOL)?
Una representación (=METÁFORA) más de la puesta de sol, así que no entiendo porqué ha de ser peor.
La imagen del buda catódico me hizo pensar en las videoconferencias, algo muy usual en nuestras vidas. El buda catódico es la demostración palpable que no podemos apoximar a cero coma cero número periódico de distancia del mundo de verdad, e indagar en su poética.
La postpoesía no busca alejarse del mundo real, sino aproximarse al máximo a él.
Y si un límite matemático o un átomo lo explican bien, tampoco hace falta que rimen en consonante.
Un saludo a todos.
Estoy de acuerdo con eso que dices Sergisonic. Muy de acuerdo.
"La postpoesía no busca alejarse del mundo real, sino aproximarse al máximo a él"
Gracias por tu comentario!
Vengo un poco tarde, creo, pero hola a todos. Bien, yo creo que por encima de cualquier poética, parece que a veces a la gente (sobre todo a los reaccionarios y conservadores y miedosos en general), se nos olvida algo fundamental, creo yo, que es el lector y el propio poema (texto, obra, etc.). Es decir, qué más da –digo yo- que un poema se acerca a la realidad o se aleje, que navegue por lo surrealista, el absurdo o pretenda ser una radiografía de la realidad, ¿qué más da mientras el poema guste (llegue, golpee, haga pensar, etc.) a lector? No sé, creo que a veces (no siendo malo, ojo, es más, es necesario) nos centramos en racionamientos teóricos y nos olvidamos del impulso que genera la obra en pro de buscar el cómo etiquetarla, cual científico decimonónico, en alguna corriente o contexto. Creo que muchas veces se nos olvida esto, el impulso, la electricidad de la obra misma.
Saludos a todos!!!
Yo considero a la postpoética todo un abanico de posibilidades. Da lo mismo que utilices recursos como fórmulas fisicas o matemáticas, o como si consideras mejor semejar o metaforizar con un anuncio clasificado (como dicen más arriba) la postpoética debe abarcar todo ese ángulo dentro de la praxis de la postmodernidad tardía. Considero que los métodos de expresión son lo de menos, lo importante es que la poesía toque las fibras. Un poeta postpoético debe ajustarse a las normas de expresión de su entorno y el entorno está plagado de vehículos y herramientas para una mejor expresión. Estamos en una era en la que nuestro entorno cambia a pasos agigantados y la literatura en castellano no debe quedarse atrás. Sería todo un error que dejáramos a la literatura en ese punto de inamovible prosperidad.
COMO DECÍA EL DULCE ALEX
(descubrimiento de la postpoesía)
A Agustín Fernández Mallo.
Descubrir un nuevo estilo para mí
es encontrar un cuerpo flotante en una mar oscura.
Es una salvación para los poetas
saber o cerciorarte de que la incomprensión
es un fruto sumamente escogido para quien escribe.
El poeta es un eterno solitario errante.
Errar por el camino de las letras
teniéndote a ti mismo como a único testigo.
Tantas veces pensé ocupar otro lugar
en la nueva poesía contemporánea…
Pero sólo Agustín Fernández Mallo
tuvo los cojones para digerirla y difundirla.
Encontrarlo a él fue un alivio.
Hallar la teoría de la postmodernidad tardía fue:
[¡Qué paz! Qué paz celestial.
Eran la suntuosidad y la untuosidad
hechas carne.
Como un pájaro de un raro metal celeste
o como un vino de plata fluyendo en una nave espacial.
La ley de la gravedad ya no cuenta para nada,
mientras escuchaba, vi imágenes maravillosas.]
La postpoesía es un presente tardío.
Unos lo llaman experimento
y tienen toda la razón,
aunque también es hallazgo-literario, lapso-afterpop
y germen-nocilla.
Semilla que quiere ser planeta.
Cumbre de todos los estilos.
[…entonces videé el camino a seguir…]
(Entre corchetes: fragmentos de narración
del protagonista (Alex) en La Naranja Mecánica, 1.971,
dirigida por Stanley Kubrick).
Nos vemos en Barcelona Agustín…Saludos.