Junio, 2009


30
Jun 09

Reloj de 100 años

Noticia aquí

El reloj de los 100 años cuyo destino final es la autodestrucción

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Precioso este montaje medio artístico medio reloj de verdad llamado Time in Six Parts. En The Design Blog explican cómo funciona: tiene un motor que da vueltas a 60 revoluciones por minutos; las diversas ruedas engranadas giran entonces cada vez más y más despacio, en función de su tamaño y posición: cada minuto, cada hora, cada día, cada mes, cada año… hasta el punto que la rueda exterior realiza un ciclo completo al cabo de un siglo.

El conjunto necesitará 3.160 millones de revoluciones en el motor para completar el ciclo total, momento en el que la pieza exterior llegará al agujero que hay en el marco, desmontándose y destruyendo la obra. Un trágico destino final, a la par que artístico… que nosotros desde luego no veremos porque será dentro de cien años

 

f2) Me he preguntado qué hubiera pensado Michael Jackson, eterno, personaje ya bíblico, de este reloj que destruye el tiempo y, con él, se destruye a sí mismo. ¿Se lo hubiera creído, o hubiera dudado de su existencia de la manera en que nosotros dudamos de la existencia de vida más allá de la Tierra? Me he preguntado, también, cuál era la rueda abierta y secreta que Jackson llevaba dentro para, llegado el momento, romper su tiempo y mandarlo todo a la mierda. Me he preguntado si lo sabía, si sabía de la existencia en su interior de ese reloj de falsas ruedas. Un vinilo roto, eso es lo que llevaba dentro el último Rey, no del Pop, sino Rey de una época, casi remota, llamada Vinilo. 

El plato del tocadiscos que gira dentro de su estrella.

 

 


28
Jun 09

Fiebre para el Último Vinilo

 

No sé si será que llevo un par de días con fiebre, pero al ver esta foto de la estrella de otra estrella llamada Michael Jackson, he pensado en el Rey del pop como en el último Cantante de Pop de la Historia, es decir, probablemente, la última persona que será considerada una Estrella en el sentido clásico de la industria del pop. De la misma manera que Elizabeth Taylor será la última Estrella del Cine [no del cine], de la misma manera que Sinatra fue la última Estrella de la Canción Ligera, de la misma manera que Bill Gates será la última Estrella del Software de pago, o Madonna de será la última Reina del Pop.

Hay algo con lo que se ha de contar: todo rey (o reina) del pop está muerto por anticipado, su vida ya no es suya: entra en vida en una esfera de resonancias bíblicas.

 
Pensé eso cuando, en esa foto, vi algo que había visto mil veces sin fijarme en que lo veía: el vinilo sobre un tocadiscos que la estrella del Paseo de los Famosos inscribe en su centro.
Michael Jackson, el último Rey del último vinilo.

[veremos en qué términos se configura el Rey del iPod. ¿Unos ojos con letras que son microcoágulos, el pecho sin pelo de una virgen de nata, el tortuoso sonido de tu propia vida cuando el doctor  pega su oreja  a tus pulmones y escucha Monza, Laguna Seca?
El Cd sólo fue un espejismo, limbo, purgatorio, tránsito del todo vacío del vinilo a la nada llena del mp3]

 


28
Jun 09

Un Cuento

La revista AenaArte tuvo la amabilidad de pedirme un cuento sobre aeropuertos para su número de verano 2009.

Se puede leer en mi blog en FNAC

DETERMINADO CUERPO CELESTE


27
Jun 09

Postpoesía en Deriva

El poeta Javier Moreno, firma una crítica de Postpoesía en la revista Deriva.

 

Copio y pego:

 

Postpoesía (hacia un nuevo paradigma) de Agustín Fernández Mallo (Editorial Anagrama, 2009).

Javier Moreno

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Ya lo dije en alguna otra ocasión: Agustín Fernández Mallo no ha venido al mundo de la poesía a traer paz, precisamente. Y con Postpoesía,
finalista del premio Anagrama de ensayo, no hace sino confirmar lo
dicho. Y eso es bueno. La poesía y el discurso teórico de Mallo
aterrizaron sobre el establishment literario nacional como un meteorito
sobre un satélite -más o menos- geoestacionario. Y eso, sin duda, es
más que bueno. Este libro puede suscitar reparos en una gran cantidad
de aficionados a la cosa poética, y puede sorprender y estimular a más
de uno cuyo contacto con la poesía sea meramente tangencial. Ninguna de
ambas cosas es mala, sino todo lo contrario. Una de las virtudes del
discurso del autor consiste, a mi juicio, en sacar a la poesía de sus
cárcavas idiolécticas, oligotemáticas (naturaleza, amor, desazón
existencial) y metaliterarias para abrirla a una exterioridad que se
escribe con los lenguajes de la ciencia, de la publicidad y de otras
artes no literarias. Si no fuese porque la metáfora puede pecar de
ortodoxa (según la taxonomía que el propio Agustín propone en su obra)
diría que con la postpoética ha entrando un soplo de aire fresco en
nuestra poesía.

Si se trata de buscar una definición de lo que pueda ser la Postpoesía,
alejada de aquello que se llamaría poesía ‘ortodoxa’, y que vendría
-más o menos- a coincidir con lo que Vicente Luis Mora llamaba poesía
de la normalidad en su libro Singularidades, podemos traer aquí algunas de las palabras recogidas en el libro por el autor:

…la poesía postpoética no reniega ni de las vanguardias y sus
neos, ni de la mística y sus neos, sino que las utiliza o no según le
convenga en la misma medida en que utiliza soluciones del ámbito
científico, o del ámbito del diseño, o económicas: todo es susceptible
de erigirse en metáfora para el postpoeta con tal de que su ensamblaje
cree un poema verosímil, es decir, metafóricamente plausible.

La postpoética, por tanto, no pretende erigirse como contraposición de
ninguna otra escuela de poesía, sino que fagocitaría aquellas
componentes que puedan resultarle interesantes. Tampoco mantendría una
postura beligerante con la tradición, como pudiera prejuzgarse en un
primer momento, siempre que la tradición no suponga anquilosamiento ni
fagocite el discurso del poeta. El lenguaje de Agustín Fernández Mallo,
como no podía ser de otra forma, está plagado de términos científicos
(atractores, sistemas complejos, etc) aplicados al ámbito de la
literatura, produciendo una especie de hibridación entre ambos
lenguajes, el científico y el literario. Nada nuevo, desde luego. Ya el
mismo Aristóteles hizo uso de términos científicos (biológicos, sobre
todo), para fundar su tan traída poética (la estructura de la tragedia
como metáfora de un organismo vivo, los tipos de metáfora: la especie
por el género y viceversa…). Lo que diferencia esencialmente la obra
de Agustín de la del estagirita (y la de la mayoría de las poéticas que
han circulado por el universo mundo) es que el primero prescinde por
completo de la materia acerca de la que habla. No hay modelos reales de
poesía postpoética (salvo, habrá que suponer, los propios del autor).
No se sabe si la reticencia o el temor han llevado al autor a no
incluir casi ningún ejemplo o concreción de lo que pudiera ser en
realidad la poesía postpoética, cuando a cualquier lector avezado se le
ocurrirían al menos una docena de autores (tan sólo pensando en los
nacionales, todavía vivos) que pudieran cumplir un porcentaje más que
razonable del programa postpoético. Esto pudiera hacer pensar que lo
que se nos propone constituye una especie de ‘novum’, de originalísima
epifanía, cuando Giordano Bruno o Giulio Camillo, de los cuales nos
separan bastantes siglos, ya andaban ocupados en menesteres -avant la
lettre- postpoéticos. Matizar este ánimo de novedad absoluta o
mencionar propuestas similares ya discutidas a nivel nacional e
internacional como la de la ‘poesía fractal’ (en este sentido la adenda
final acerca del ‘altermodernismo’ de Nicolas Bourriaud quizás resulte
un tanto forzada, teniendo en cuenta que la estética relacional que
éste propugna tiene difícil aplicación al caso de la literatura)
habrían contribuido a enriquecer el texto.

Siempre he pensado que Agustín Fernández Mallo es esencialmente un
artista conceptual, un artista conceptual que usa la literatura como
medio de expresión. Juzgar su obra (y aquí se incluye también esta Postpoesía),
por tanto, con criterios estrictamente literarios me parece
inconveniente e insuficiente. El lector que se asome a este ensayo
debería hacerlo desde el presupuesto de que se adentra en una obra
conceptual, insisto, sin demasiadas pretensiones filológicas ni
sistemáticas. Hacer otra cosa sería un error que convertiría la
recepción, en el mejor de los casos, en un desencuentro. Como
recomienda el propio autor en la aclaración previa: Lea como quien escucha música. Suerte.

 

 


26
Jun 09

Farrah Fawcett

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Farrah Fawcett (Corpus Christi, Texas, 1947 – Santa Mónica, California, 25 de junio de 2009)

Entre medias, 1/3 de muchas tardes de sábado (TVE).

Se le ondulaba el pelo cuando monopatinaba en su monopatín California Sun:

Pop quimicamente puro.

Y entonces me compré uno.

Unos píxeles de silencio:

fRespecto a la muerte del Rey Michael Jackson (qué pena me dio siempre el Rey, era un buen tío, os aseguro que era un buen tío), Luis Macías, nuestro artista preferido de NY, ya ha hecho un par de obras magníficas en su blog2.

Qué reflejos. Muerte en multicanal:

http://luismaciasartwork.blogspot.com/


25
Jun 09

Cool Boda

Me encantaron las fotos de esta boda made in casa que encontré trasteando en la página de coolhunter.  ["el cazador de tendencias se internó en la jungla.." (Fdez Porta dixit)]

Marcando tendencia.

El link de las fotos, son muchas muchas; mejor:

http://joshgoleman.com/2009/05/adam-and-hallis-weddding/


23
Jun 09

Buda Catódico

El dibujante de cómics Pere Joan me envíó esta foto desde Birmania.

Fieles ante la imagen de un Buda, plano fijo, emitida las 24 horas en un televisor dentro de un templo. A su lado hay otros Budas en versión física, pero los fieles sólo meditan ante el Buda Catódico (que no católico), y pasan de los budas de madera en 3D . No supo por qué.

De cualquier manera, el televisor debidamente ormanentado, da idea de que esa imagen para ellos muy seria. Podemos pensar en el poder de la imagen, su aura de objeto casi religioso porque materializa lo que no está presente, lo que no se puede tocar. En realidad, esta imagen da para pensar mil cosas, a cada cual más fantástica o prosaica. Todos, hasta los birmanos, llevamos una Playstation Religiosa dentro. Me gustaría ver cómo la analizarían personas de campos tan dispares como la antropólogía social, la semiótica o la teólogía: se pondría las botas con ella.

Es un imagen que le interesaría mucho [o eso imagino] a José Luis Molinuevo, teórico de la imagen, ya que trabaja en lo que él llama “pensamiento en imágenes”, y en el “tecno-romanticismo” [término al que algún día habría que dedicarle un buen post].

A mí me parece brutal.

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ADENDA 4 HORAS MÁS TARDE:

Leo en el blog de Vicente Luis Mora esto que tiene mucho que ver con la identidad y la imagen hoy. Es decir, con el Buda Catódico. Pongo el fragmento inicial del post de Vicente (es la defensa de su tesis doctoral, hace unos días), en el que involucra reflexiones interesantes de Zizek, Sergio Gaspar, Germán Sierra y de él mismo:

En uno de los extras añadidos al deuvedé de la película de Alfonso Cuarón Children of Men (2006), el filósofo Slavoj Zizek hace un corto comentario de algunos aspectos de la excelente película. Dice el pensador esloveno que una de las cosas del filme que más le gustan es el final, cuando la mujer y el niño, única esperanza de la raza humana, quedan solos flotando en el océano, buscando la salvación en un pequeño bote. Zizek vierte aquí una fantástica metáfora sobre el sujeto contemporáneo: “El bote -dice- no tiene raíces, flota donde vaya. Ese es para mí el significado de la maravillosa metáfora de la barca: la condición para renovarse es cortar las raíces”. Con esto se expresan varias cosas: primero, que las metáforas líquidas son las que mejor definen nuestra contemporaneidad, como ya viese Bauman. Segundo, que un sujeto desarraigado no tiene por qué ser algo nefasto, inconveniente o maligno. Quizá, como deja entrever Zizek, sólo mediante el corte de aquellas cosas que nos amarran podemos ser libres, aunque esto implique ser libres para elegirlas de nuevo, si bien esta vez de forma voluntaria. Para algunos, la desintegración del sujeto contemporáneo es una falacia, algo inventado por los filósofos para seguir acudiendo a congresos. Para otros es una evidencia, sí, aunque categorizan el fenómeno como algo negativo, exhibiendo sus cuitas a modo de canto melancólico por una unidad perdida. Esta investigación me ha hecho conocer un tercer grupo, un nutrido e interesante colectivo formado por muchos pensadores y artistas para quienes esa descomposición, por el contrario, es una oportunidad única. Nos permite la preciosa posibilidad de rehacernos, de (re)construirnos, despojándonos de numerosas adherencias históricas, ideológicas, políticas, religiosas, metafísicas, económicas, culturales, psicológicas, que nos habían sido impuestas sin pedirnos opinión. En esto la sociedad europea y la norteamericana, curiosamente, coinciden. Para la lógica social estadounidense, el ciudadano tiene el derecho de reinventarse a sí mismo, de levantarse de nuevo y hacerse tantas veces como desee. La sociedad europea, más sabia pero también más conservadora en términos de identidad, apela a la necesidad de que nos sintamos realizados. Me encanta esa expresión, porque significa que venimos de estar irrealizados, de no tener realización, palabra que define el Diccionario de la Real Academia como “acción y efecto de realizar o realizarse”. Es algo hermoso: significa que, en tanto que no nos realizamos, no tenemos realidad. Dicho en otras palabras: si no nos inventamos, no somos. El poeta y editor Sergio Gaspar acaba de publicar un notable libro de poemas, Estancia, donde escribe:

(…) Nuestra tarea
es levantar un hogar que se derrumba
-lo llamaremos identidad- con fragmentos
de recuerdos no necesariamente vividos.

Estos fenómenos, que pueden parecer extraños a algunos, si no producto de la ciencia ficción, son habituales y hasta obsesivos en la literatura española de la posmodernidad, término este que hemos entendido para la tesis -a diferencia de nuestra costumbre y con voluntad clarificadora- en su definición puramente historiadora, diacrónica, periodizadora. Los más de doscientos poemas que hemos recogido al final de la tesis, los miles de ejemplos narrativos y líricos citados en el texto, recogen esta preocupación y la atan, nítidamente, al espejo como símbolo de esa descomposición subjetiva, de la puesta en crisis de la identidad, algo que hace apenas siglo y medio era un indiscutido término de partida y hoy un espinoso punto de llegada. Es curioso que en un mundo donde parece que la pantallas han sustituido a la contemplación directa, un objeto antiguo, plano, analógico, discreto, barato y que suele pasar desapercibido, como el espejo, pueda guardar tanta carga significativa respecto a lo que somos, llegando a constituir, como vemos en el estudio, nuestra auto percepción, al decirnos todos los días quiénes somos a nosotros mismos. En este punto la influencia de la imagen y los medios de comunicación ha sido determinante. En una novela recién aparecida, el escritor Germán Sierra resume el proceso de este modo:

“La autorización por la imagen se ha convertido en el medio universal para colonizar la subjetividad. Sin embargo, sus métodos y efectos no han sido analizados hasta muy recientemente porque, a pesar de todo, y quizá como parte fundamental de su estrategia intrínseca, la influencia de la imagen artificial en la subjetividad fue -y todavía es- tratada como un símbolo de frivolidad intelectual en lugar de ser reconocida como un efecto de la narrativa social dominante”

(Fragmento)


22
Jun 09

Mundo Chicle

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GARANTÍA Y DENOMINACIÓN DE ORIGEN

(…) observan la realidad sin las gafas de la nostalgia, propias de la visión trágico-romántica-europea. Lo suyo, en líneas generales, es un nuevo romanticismo, en la línea whitmaniana, donde se opta por la búsqueda de lo ordinario, y mejor, de lo mínimo.  Y un mínimo que puede abarcar desde un paisaje industrial de vasta extensión pero olvidado, hasta un tarro en Tennesse.

[del ensayo, El idilio americano, Alberto Santamaría, Ediciones Universidad Salamanca, en referencia a la obra de Robert Smithson]


19
Jun 09

La crítica de Postpoesía que estaba esperando

Antes de nada, lo importante: el próximo martes 23, José Vidal Valicourt y yo presentamos Postpoesía en Palma de Mallorca. Librería Literanta, a las 8 de la tarde.

 

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En la entrevista que recientemente me hizo el poeta Vicente Valero -colgada en este blog- el entrevistador decia:

“Seguro que sus conclusiones despertarán el mismo interés que ya despertaron sus dos novelas -’Nocilla Dream’ y ‘Nocilla Experience’-. Ahora sólo queda que, más allá del elogio simplón o el insulto fácil -siempre garantizados en la selva literaria española-, el libro sirva para originar nuevas reflexiones.”

Bien, en mi opinión, -por supuesto no vinculante a Vicente Valero-, esos seres de la selva ya se han manifestado, y nada menos que de la mano de Luis Antonio de Villena. No creía que mi libro fuera tan importante.

Nunca comento las críticas de mis libros, ni las buenas ni las malas, porque no me importan demasiado. En este caso haré una excepción porque, viniendo de uno de los popes de la poesía española, me parece muy significativa de todo lo que, precisamente, dice mi libro. El experimento y campo de pruebas perfecto.

La crítica de Postpoesía firmada por Luis Antonio en El Cultural, representa la prueba del algodón. Es el tipo de crítica que estaba esperando (habrá más). Por eso me parece muy interesante. Con sus errores de bulto, producto de una mala lectura, y de los prejuicios estéticos típicos de ciertos miembros de la poesía ortodoxa. A lo mejor el bueno de Luis Antonio quería que toda poesía española pasara por sus manos o por sus antologías. Ridiela. No pudo ser.  

El problema no son las “críticas negativas” o positivas, ya que ambas son fructíferas y saludables, sino las “malas críticas”: son malas porque utilizan un aparato crítico anacrónico para abordar un libro que lo desborda. Por eso la crítica se convierte en “mala”, porque habla de las incapacidades no sólo del crítico (que es lo de menos), sino de todo un sistema crítico, y no, como debría ser, de las carencias y aciertos que todo libro tiene.

Creo que ésta habla por sí sola. Para leerla, aquí.

Es una pena, ya que El Cultural tiene críticos suficientemente preparados en teoría contemporánea como para haber hecho la crítica del libro más que buena. ¿Una crítica favorable? No, una crítica seria, ya fuera favorable o desfavorable. La crítica de Villena parece estar hecha con la sangre, con la pataleta de quien asiste impotente a un universo poético en descomposición.

Algunas cosas gordas, hasta graciosas:

1)Apelar a las Vanguardias Históricas para hablar del libro cuando, en el mismo se explican hasta la saciedad las diferencias entre éstas y la postpoesía. ¡Y mira que lo pongo clarito! Es como intentar explicar una obra visual contemporánea a través del aparato crítico del expresionismo abstracto. A este paso tendré que escribir, como decía el otro, una “postpoesía contada a los niños”.   

2)Afirmar que estoy “poco ducho en poseía” porque sólo cito autores muy conocidos. Bueno, eso debo de reconocer que era una estrategia: hablar de la poesía evitando todo tipo de nombres salvo los estrictamente necesarios. El mundo de la poesía española es navajero y falocéntrico, y siempre se esperan nombres en los libros para ponerse de un lado u otro, sentirse atacado, contraatacar. No caeré en ese error. Poeta, sí, tonto, no. La postpoesía es integradora, no excluyente como sí lo es la crítica de Luis Antonio.   

 3)Trastocar -voy a suponer que intencionadamente, porque si no ya sería grave-, el concepto de poética con el de poema cuando cito a Pablo García Casado.

4)Echar en cara que hable de “poesía de la experiencie” y “poesía de la diferencia”, cuando es muy evidente que utilizo esos términos mediáticos para que gente “poco ducha” en poesía tenga términos generales en los apoyarse para seguir el libro. Evidentemente, cuando lo escribí no estaba pensando en targets como Luis Antonio, ya que poseen una visión de la poesía típicamente tribal-céntrica y, por lo que ahora veo, sin remedio.   

Menos mal que el jurado que valoró el libro sí que estaba compuesto por personas con contrastada preparación crítica, así como con la apertura de miras que a todo pensador se le presupone.    

 

 


18
Jun 09

Libros

Se ha editado poemario Estancia (DVD), de Sergio Gaspar, un libro muy esperado. Sergio Gaspar es autor de uno de los libros más importantes de poemas en prosa en español de los últimos veinte años, Aben Razin (1991). Desde entonces no había editado libro.

En todo el bosque,

sólo se movían

los ojos del hombre

(fragmento I del poema, Una Tarde Con Stevens)

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Para la la Revista Ñ me pidieron un diario de abril mayo, que hice con mucho gusto, lo que no sabía es que ese número (recién salido, nº 18, verano 2009) sería un especial Ciencia Ficción (en el sentido amplio del término), en el que iba a estar acompañado de  relatos de George Saunders, JG Ballard, Vicente Luis Mora, Rodrigo Fresán, Jorge Carrión, Lara Moreno, Narciso Ibañez Serrador, Patricia Suárez, Juan Pérez Zúñiga, Isabel Centeno y Angélica Gorodischer.

Ahí es nada. Un lujo de compañeros y de relatos.

También, Javier Moreno edita otro excelente poemario, Renacimiento (edit Icaria)

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Cerramos la nevera

con nosotros dentro

(fragmento del poema Renacimiento)



Tomemos 55kg de uranio

Un gramo más superaría el límite

que causaría la devastación.


Un último ejemplo:

toma esta naranja

pélala

Lleva el verano dentro

(fragmento del poema Pequeña Teoría de Catástrofes)

Julio Trujillo, edita un extrañísimo y estimulante libro de poemas en prosa, Pitecántropo (edit. Almadía)

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(La primera imagen que me salió en la Red cuando tecleé Pitecántropo, no pertenece al poemario -tengo chafado el escaner-)

Un poema:

Qué tristeza se fermenta en las gasolineras, qué desamparo se despacha ahí con languidez narcotizante, qué espesas lágrimas puede absorber un overol (qué lamparones de cloro), qué vísceras expuestas de las máquinas, qué purgatorio con norias girando en el  esplín, qué ergástula sin puertas (pero siempre hay una estopa emponzoñada para huir a un mundo “premium”)

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Alberto Torres Blandina, publica Cosas que nunca ocurrirían en Tokio (Premio Las Dos Orillas, edit en español La Otra Orilla). Historias de un empleado de limpieza de aeropuerto. Por lo que he leído hasta ahora, me está gustando mucho, una prosa de ritmo nervioso y muy medido para historias francamente sorprendentes.

Alberto Torers Blandina había publicado Hotel Posmoderno (autoría colectiva, varios autores), y quedó el año pasado finalista del Premio Café Gijón con Niños rociando gato con gasolina.

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Francisco Javier Irazoki publica La nota rota (Hiperion) un volumen que junta cincuenta semblanzas de músicos (de todas las épocas y tendencias y hasta los años 70 del Siglo 20), en el que por primera vez deja a un lado la poesía para reunir a compositores que tuvieron en su día “una rebeldía frente a la ortodoxia”. De Monteverdi o Beethoven a Frank Zapa o Cohen, pasando por el inimitable Albert Ayler. Así, describe sus vidas y las impresiones que éstos le han causado por su rebeldía, “al no admitir las ataduras de la convención artística”.