Lleva ya más de un mes en el mercado la novela Stradivarius Rex (edit Sloper), de Román Piña. Un tomo en el que el delirio manda, bien trabajado y bajo el paraguas de una buena prosa, firme donde las haya, con unos diálogos de antología (ver el capítulo de Grecia: Salvar al Soldado Aquiles). Román Piña tiene una singular capacidad para hacer de lo quimérico algo creíble, plausible, y además traerlo a detalles impensables de la cotidianidad. Un hombre y una enfermedad. El hombre es un modesto currante que de repente quiere ganar el Premio Planeta y, ya metidos, el Nobel. La enfermedad es fantástica: cada día, y durante años, amanece en el cuerpo de otra persona, Bill Clinton incluido, pero conservando la conciencia del yo. Miles de personalidades disponibles, sí, pero a la fuerza, lo viene a crear el meollo, el conflicto entre lo deseado y lo que se es. Es ahí donde Stradivarius Rex alcanza su mayor hondura, su segunda justificación, porque la primera es algo tan sencillo de enunciar como difícil de llevar a cabo con éxito: una puesta al día de todo un clásico: el esperpento. Esa puesta al día aquí la tenemos.
Aquí una de la críticas que han salido (hasta ahora todas muy positivas y entusiastas)
Un interesantísimo ensayo del joven teórico del arte, Miguel Ángel Hernández Navarro, La sombra de lo real: el arte como vomitorio (Diputación de Valencia, 2006). Estoy aún leyéndolo, pero de momento su tesis es muy interesante: con la proliferación de las imágenes, convertidas en espectáculo, se ha eliminado lo que el autor denomina “el vomitorio”, es decir, el lugar en el que arrojar todas las imágenes que no nos sirven; el exceso. Constata que esa función de vomitorio la cumple el arte contemporáneo: romper el placer visual del espectáculo saturado o, dicho de otra manera, conseguir que se decepcione la mirada. Las estrategias que propone son dos: por anorexia o por bulimia. Es decir, adelgazar la mirada con esos dos procedimientos hasta eliminar la grasa que le sobra. La primera, la anorexia, sería, cegar el ojo, arrebatarle todo lo que hay para así conseguir volver a ver y mirar. Y la segunda, la bulimia, sería lo contrario, darle demasiado espectáculo, más de lo mismo, hasta que consiga vomitar todo ese excedente. Una vez constatado que el arte hoy poco tiene que ver con lo que se venía entendiendo como arte -un pintura de Tiziano tiene más que ver con una película de Hollywood que con cualquier obra de arte actual; es más, el cine espectáculo es el legítimo heredero de lo que solemos llamar arte clásico-, una vez constatado esto, decíamos, el cometido del arte hoy es actuar de catalizador de esa anorexia de la mirada y ese bulimia.
Un libro técnico.
Sigo leyendo.











sili com valey presenta: katakrás!
como el náufrago borracho
te acompañan las barras de los bares
últimos de las nights,
y la tarjeta sin gluten
huérfana en tu bolsillo,
ahora vuelves tú, amaneciendo en el ocaso de la acera,
espantasueños de carton, grunge del dandísmo,
para saber que jamás te has equivocado,
salvo en tu propia vida misma
hasta decir game over.
un saludo a agustín f.m. y a toda la peña en general que está jodida, cómo no, pero contenta.
Un saludo, Inpuro.
Grunge del dandismo es una combinado que nunca habíamos oído.
Hay días en los que sufro anorexia
de palabras
centrífugas, dejando sólo
la manzana del desayuno
nubes apáticas
acaban con mi tiempo
atascando el maldito reloj
me la como, furtivo, a mordidas de rabia
con el secreto cómplice
de quien peca desde primera hora
hay mañanas que escojo la que está podrida
por los gusanos
la ciudad se vacía a pesar de las calles,
los bares,
y la memoria del árbol que ha desaparecido de la plaza
supongo que seguirá el jardín
junto al semáforo
y las tiendas con ofertas tentadoras
dentro de la manzana podrida
se puede ver la ciudad
igual a la de ayer.
David Torres también comenta Stradivarius Rex en su blog. Y hay un extenso texto magnífico de Pablo Miravet en http://www.editorialsloper.es
Muy interesante lo que dices de "un hombre y una enfermedad", curiosa manera de verlo y de presentarlo.
Un saludo.
Juvenal, Marcos, cabrón, ¿cómo cuelgas eso? ¿magnífico? si son las cuatro notas pedantescas y ni siquiera redactadas de la presentación… te voy a levantar (también) la próxima novela
J. M. Sanchís
hola agustín, elijo la anorexia
saludos
No entiendo nada de estos comentarios. Todo es raro. Ya era hora!
seguro que Lucius entenderá.
Por cierto, olvidé decir que Stradivarius rex, la nueva novela de Román Piña, es francamente buena, muy recomendable. Una puesta al día del esperpento, como dices bien, y también un libro denso que invita a la reflexión
Un saludo
Hola, soy Román Rex. Pablo Miravet protesta porque Lucius ha recomendado su texto de presentación de mi novela en Fnac Valencia hace unas semanas. Es por su absurda modestia, porque cualquiera que siga este blog y se asome a esa presentación, sabe del bagaje y solidez de su inteligencia y cultura. Fue un lujo que Pablo me presentara el libro junto a José Vicente Rojo.
Gracias Agustín, por tu reseña de mi libro aquí, que prueba una vez más tu generosidad y tu condición de amigo.
Eso; la condición de amigo queda más que clara. Prístina, diría yo.
No lo dudes Moebius. Mi novela es un churro al que no hay quien dedique tres líneas, a menos que sea por amistad. Y yo, tonto (de mí), voy y lo dejo claro porque prefiero presumir de buenos amigos que de buenos libros. De lo que hay, vamos.
¡De ninguna manera! Román, yo no te conozco, no te he visto en mi vida ni sabía nada de ti hace un mes. Pero Stradivarius Rex me parece un libro extraordinario, muy original y para pasarlo en grande, con un humor alucinante y una profundidad sorprendente. No es un churro. Te felicito por él, y le recomiendo a Moebius que lo lea, a ver si luego cree que la reseña de Agustín sólo se explica por amistad.
Yo aquí sólo pongo las cosas que me interesan, no por amistad, sino por mi criterio que, obviamente, puede estar confundido y es particular, pero así es.
Hola. El de Roman Piña, con un nombre tan eufónico, ya le echaré un vistazo de pie en la libreria (hay libros que se dejan leer muy bien de esta forma, y luego en otros lugares y posturas son un chasco. Llevo casi un mes leyendo los cantos de Mardoror en cierto gran almacén de libros de la calle Goya). Respecto al otro, parece más de acodarse en la cama, con esa portada tan azul. El diletantismo exige una posología exacta.
Bueno, yo no mencioné la calidad de su novela, sr. Piña, sr. Lucius, sólo la calidad de la condicion amistosa de su amigo. La calidad de su novela, perdóneme, me trae sin cuidado (eso que me pierdo), pero no dudo de ella en absoluto.
Tampoco dudo en absoluto de esa afirmación suya, Agustín, en la que asegura no tratar nada que no le interese. Nadie ha dicho lo contrario hasta ahora.
Pececillos a la mar…
Ejerciendo como francotirador oficioso… Las filias, parafilias o pseudofilias literarias, tambien pueden y deben ser personales, ¿por qué no? Esa distinición tan pulcra entre un plano puramente literario, y otro personal,la asocio a una integridad anémica,o a una creencia en la estricta profesionalidad del escritor. Otro asunto es la endogamia y el amiguismo. Los circuitos cerrados, en los que unos cuantos autores no paran de sobarse hasta el vómito. La doxografía literaria donde todo está en unos cuantos libros. Pero me temo que este problema no se da a una escala individual, sino de grupo, y es un problema de cierta sociología y ciertas instituciones, que tambien se premian a sí mismas.Luego se traducen en conductas individuales, pero yo en el señor Nocillo no las he observado, dentro de lo que es mi reducido e ingenuo seguimiento de este blog.
azoquete, no sobra ni una coma
Román, defender la novela de uno es como defender a un hijo, la pasión nubla la razón: el amigo Moebius te ha hecho completar el silogismo y luego ha pasado por la puerta de tu casa proclamando su inocencia –sobre la que, dicho al pasar, nadie puede dudar–. Idem con la afirmación de agustín. Buen ejercicio de lógica formal. Moebius, todavía estás a tiempo de no renunciar a leer una muy buena novela. Saludos.
Lucius, un abrazo fuerte.
Hola Pablo, la verdad es que me alegra haber satisfecho la curiosidad de Doppler. En cuanto a la famosa relación libros-hijos, cualquier padre con cierta edad sabe que a un hijo se le defiende con pasión creciente, como dices, pero los libros nos van pareciendo extraños con el tiempo. Por eso me parece un poco trágico ver aparecer una novela varios años después de su escritura. Eso pone al autor en la tesitura de tener que promocionarla cuando la siente algo lejana. Qué pereza. Por ejemplo, Agustín, me gustaría saber si no te resultará un poco duro tener que explicar Nocilla Lab dentro de unos meses, cuando la publiques, ya que la escribiste por lo menos hace dos años. ¿La sientes cercana?
uy, perdón, donde puse Doppler debí poner Moebius. Se me ha cruzado otro debate de otro blog.
Hola Román. No,al contrario,ocurre una cosa: defender una novela que escribí hace tres o cuatro años no me da pereza alguna, la veo muy viva en mí manera de ver las cosas. Lo que sí me suele ocurrir es que presentar un libro de poesía que escribí hace tiempo, me cuesta. No porque no crea ya en él, sino porque quizá toca más directamente asuntos muy personales que quizá, pasados los años, no te apetece revivir.
Moebius, ni que hablar.
Un saludo!
Lo tendré en cuenta, P. Miravet. De todos modos, si explicas el truco ("rellene vd. mismo el espacio en blanco que ya el resto sacamos conclusiones") pierde casi toda la gracia.
Disculpen.
La objetividad en el Arte (quien dice Arte puede decir literatura) no existe, y así debe seguir pasando…
Pues pondré más comas.Si solo es por enredar un poco…