Me ha interesado mucho este artículo de Diego A. Manrique, que no sólo habla la relación de Antonio Vega con el mercado, sino del propio mercado discográfico. Una visión complementaria a lo que se ha dicho hasta ahora de él.
El País
Decoradores de tumbas
DIEGO A. MANRIQUE 18/05/2009
Dicen algunos pesimistas que esta profesión -la de periodista musical- está en vías de extinción. Al contrario, amigo: la democratización digital ha multiplicado el número de sus practicantes. Basta con tener acceso a la Wikipedia y a la (maravillosa) fonoteca universal gratuita para convertirse automáticamente en un experto; cualquiera hace periodismo musical. Literalmente: hasta el académico Anson puede marcarse una crónica pasable de un show de The Killers.
Pero ¿quién requiere crítica musical? A diferencia del cine o la literatura, el espacio disponible para esos menesteres es mínimo y la reseña de un disco se agota en proporcionar los datos básicos; los análisis de conciertos se reducen a notas sociales (“la cantante lucía una elegante túnica violeta”), al no existir tiempo material para la reflexión.
El periodista musical sólo se hace necesario cuando ocurre un acontecimiento llamativo: un aniversario redondo, un escándalo o, ay, un fallecimiento. Perfecto: alguien tiene que embellecer las tumbas, no podemos permitir que pasen desapercibidas las muertes de grandes creadores. El problema es que del ninguneo -”¿cuántos millones de discos ha vendido ese tipo?”- se pasa directamente a la hagiografía.
Lo hemos visto con Antonio Vega. Me cuesta reconocerle en ese retrato colectivo del artista generoso, siempre inspirado, extraordinariamente modesto. Oigan, no es verdad. En petit comité, a Antonio le indignaba lo que algunos hicieron con canciones suyas. Reconocía que la necesidad de dinero le llevaba a participar en discos dudosos, en programas sonrojantes. Confesaba que conocía los trucos para estirar la decreciente inspiración y completar un álbum. Capaz era de presentarse en su editorial tarareando una canción ajena como ocurrencia propia (“por si colaba”). Revelaba que la adicción le llevaba a vender o pignorar guitarras y otras posesiones esenciales. Todo ello le hacía humano y no un santo, como cabe deducir de muchos de los apresurados encomios redactados por compañeros de profesión, inevitablemente embarrancados en los tópicos.
¿Y qué decir de esa indignación de los árbitros de las buenas maneras funerarias? Me refiero a la repulsa ante el anuncio de la apresurada recopilación que publica EMI. ¿Cuál es el problema? ¿El buen hipócrita debería editar esas antologías con un pudoroso retraso? El martes, día de su muerte, alguien acudía a unos grandes almacenes para comprar música de Antonio: en la sección correspondiente, no sólo ignoraban su óbito; tampoco tenían discos suyos. Se supone que los interesados en Vega ya poseen los originales o saben dónde encontrar reediciones. Imagino que esa recopilación va destinada a los perezosos, a los que han oído campanas fúnebres, a los que súbitamente han recordado la obra de un artista mayor. ¿Está mal facilitárselo? La necrofilia hispana es un sentimiento voluble: en pocas semanas se habrá olvidado la tragedia, el talento de Antonio Vega. Ya lo estamos viendo: TVE le dedicó un programa especial pero esperó al sábado para emitirlo, en imposible competencia con Eurovisión.

¿Cambiaría algo si esa recopilación de EMI fuera idea de alguien muy cercano al propio Antonio? Una persona que, anticipando el inevitable desenlace, avisara a una disquera para que preparara una colección digna. Hablo, advierto, sin conocer la materialidad de Antonio Vega: canciones 1980-2009. En países civilizados, no sería necesaria: existen tiendas de discos y allí está disponible la obra de los grandes, en ediciones integrales, en cajas, en dobles, en resúmenes concentrados. Nada que ver con el devastado mercado discográfico español.
Voy más allá: la citada recopilación concuerda con el afinado espíritu comercial del propio Antonio. Cultivaba el perfil de poeta ensimismado pero exigía que su arte fuera compensado, que le permitiera resolver sus necesidades. Le pregunté una vez por sus sentimientos cuando Enrique Iglesias grabó su Chica de ayer. No le preocupaba que aquello fuera una profanación de una canción que muchos consideran sagrada, no. “¿Debo serte sincero? Lo primero que pensé es que, en unos meses, me va a caer un buen pellizco”.
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Ha fallecido el poeta uruguayo Mario Benedetti.
Al margen de gustos y trayectorias personales, sin duda uno de los más interesantes poetas sociales de los últimos 50 años.

Estos días que hablábamos de música y poesía, de músicos que son o no poetas, etc, no deja de parecerme curioso que yo conociera la poesía de Benedetti a través de sus poemas, musicados por Serrat, en el memorable El Sur también existe. Y también por sus colaboraciones con el cantante uruguayo Daniel Viglieti.
Una magnífica necrológica a cargo de Luis García Montero.











Genial Manrique. Como siempre.
A veces, cuando mis amigos y yo charlamos sobre música con alguna copa de más, siempre sale a relucir el nombre de Diego Manrique y de su amplio conocimiento musical. Creemos que en España no hay nadie como él. Ni siquiera Juan de Pablos o Jesús Ordovás (a los que también sigo incondicionalmente).
Pero lo de Diego Manrique, con sus artículos, su Ambigú; con la manera que tiene de darte a conocer un buen disco o contarte un gran concierto, relatar anécdotas, o el contexto histórico de lanzamientos de discos inolvidables,…
Sabe tanto y de tantos que reconozco una envidia malsana por este señor y sus conocimientos musicales.
En cuanto a Benedetti, una auténtica pena que nos haya dejado. El primer libro que compré de poesía fue suyo. También debo tener por algún lado, grabado en cintas TDK, sus colaboraciones con Viglieti. Como dice Calamaro en una de sus canciones: "Se van amigos, otros vienen".
Abrazos Agustín.
http://reflexionesdeuntapir.blogspot.com/2009/05/jo-que-noche.html
Sí, se nos murió un buen mengano.
Tapir, gracias por el link. Te he pillado la foto, que no la conocía y me gusta.También me gusta lo que dices en tu blog.
Pedro, Manrique me parece también de las cabezas más llenas de música de este país, y no sólo con conocimientos, sino con criterio. Sólo hay que oír el Ambigú cada día a las 2 de la tarde en Radio3 (creo que es a las 2, yo siempre lo pillo más tarde), pone cosas antiguas casi siempre, que nadie conoce, de mil leches distintas, y es capaz de disertar con conocimiento sobre esa canción lo que te de la gana. Muchas de las canciones son de estilos que a mí personalmente no me atraen, canciones que no pondría en mi casa, pero las escucho sólo ver qué dice de ellas Manrique.
Saludos!
A la primavera ya no se le ha roto sólo una esquina…
Vaya racha.
Eso digo también Mary, vaya racha. Ya lo decía alguien hace unos días en este blog.
Respecto al artículo de Manrique, me interesa el ingrediente de normalidad que introduce. Hay quien está acostumbrado a pensar que los artistas, por mero hecho de serlo, deben tener un componente altruista que no se le presupone el resto de la población. Lo que a mi modo de ver es un poco anacrónico (además de injusto), ya que deriva de esa figura del artista romántico como enviado desde algún limbo, que debe sacrificarse por el bien común. Un depositario de una verdad que nos revela y que, como corresponde a tan alta misión, es ajena a los bienes materiales.
Caso aparte es cuando un artista colabora gratis con alguna publicación, muestra o disco porque quiere, porque simpatiza, etc. Como el fontanero le arregla gratis al vecino de abajo la cañería un domingo, porque no le importa hacerlo, porque ven juntos el futbol, etc.
Un saludo!
Bueno, Agustín, que Antonio Vega colaborara con quien fuera sólo por pasta no significa que no lo hiciera también por amistad en ocasiones. ¿Escuchaste todo lo que contó Manrique?
Además, no olvidemos que era un enfermo.
saludos
Sí, sí, mary, creo que es precisamente lo que he dicho.
Un saludo
Lamento los comentarios de Gamoneda sobre Benedetti. Hay quien se erige en policías de la poesía. Impresentable. Que cada cual escriba como le dé la gana.
«Antonio Gamoneda; para el Premio Cervantes la poesía del uruguayo no se incluye dentro de lo que él considera la "verdadera modalidad esencial del pensamiento poético". Para Gamoneda, lo relevante de Benedetti era su "honradez intelectual" y su "capacidad crítica" social o política. "Era un hombre cuya obra es certera en ese sentido, otra cosa es la modalidad linguïstica de su poesía, que yo respeto, pero no comparto". "Lo que intentó hacer lo hizo ampliamente bien y dentro de lo que eran sus propósitos", ha subrayado.
«Muy entristecido» por la muerte de Benedetti se declaró Antonio Gamoneda, un hombre «humanamente muy necesario en el terreno del pensamiento social y en el de la honradez, aunque yo no compartía con él su lenguaje poético». «Para mí la poesía es otra cosa distinta a un pensamiento reflexivo», dijo.»
Como suele suceder en el periodismo, entrevisté a Mario Benedetti antes de leerme nada suyo. ¡Qué hombre! Me quedé maravillado. Enseguida corrí a las librerías a remedar, aun con retraso, dicho estropicio. La Tregua me dejó patidifuso (lo releí a principios de año y no había perdido para mí un ápice de fuerza). Pero me quedo con sus relatos cortos. Los que se refieren a la dictadura en Uruguay son obras maestras.
¿Cómo es posible que haya muerto sin Nobel y sin Cervantes?
No te da tiempo a recomponerte de una muerte, o más simple aún, a asimilar una, que siempre va precedida de otra.
En el H, siempre decimos que caen de 3 en 3. Y es puramente verdad. Temo quién será el tercero.
Respecto a lo que dice Gamoneda: bueno, creo que tiene derecho a expresar su opinión, respetuosamente, como lo ha hecho. Gamoneda no niega que "se escriba como a cada cual le dé la gana", sino que sólo dice que a él no tiene por qué gustarle la poesía que hacen todos los poetas del mundo. Natural
Personalmente,yo también prefería al Benedetti de los cuentos que al poeta. Nunca me interesó mucho como poeta. Pero mis gustos personales (aparte de no significar nada) no impiden que reconozca su valía en la dirección que se marcó.
Agustín: totalmente de acuerdo contigo. Pero últimamente pasan cosas muy raras, por ejemplo, con los que se atreven a romper esquemas y géneros, quizás no sea el caso de Benedetti. Concretamente con la poesía "actual". En fin no soy especialista del asunto, y menos para especular contigo, al que sigo leyendo con mucho interés y agrado. Sí escribo poesía, pero publicar, ya quisiera yo. Ahí van las opiniones, también respetables de dos escritores:
«Luis García Montero; para el también poeta, Benedetti ha sido un escritor, cuyo "mayor premio" ha sido "entrar en la educación sentimental de la lengua y de la gente". "Benedetti, en su formación de profesor de Literatura, descubrió los peligros de la inercia que separaba la realidad de la poesía, un género que en el siglo XX había caído en la tentación de identificar calidad con dificultad". "Benedetti tomó conciencia y trabajó una poesía cercana a la vida, sencilla pero no carente de complejidad".
José Saramago; el Nobel de Literatura portugués ha rendido homenaje al poeta en su blog. "En el fondo, queríamos creer que la lectura de los poemas de Benedetti, poniéndola a correr alrededor del mundo, haría recular a la muerte que amenazaba. Mario perdió la batalla; nosotros, sus amigos y sus lectores, también. Queda la memoria, los libros, pero, en este momento, memoria y libros casi nos parecen menores. El dolor y el disgusto no se adormecerán tan pronto. Había Mario Benedetti y dejó de haber", concluye Saramago.»
Era uno de los grandes de la poesía latinoamericana – aún me suena la canción de Pablo Milanés con letra suya "hombre preso que mira a su hijo", creo recordar -, sin embargo, muy en la sombra por hacer una poesía más popular y una poesía de amor más popular, frente a otros poetas latinoamericanos – quizás más largos – como Pablo Neruda, Cesar Vallejo, Gabriela Mistral, Oliverio Girondo, Octavio Paz…por decir algunos de los grandes del s XX.
Gracias