Abril, 2009


14
Abr 09

La esquina de Sid Vicious

En el callejón Hanway Street, al lado de Tottenham Court, Londres, vi este mosaico de la cara Sid Vicious. Si se amplía la foto hasta un punto razonable, parece pixelada, pero no, es que está hecho de cuadrados negros y blancos; punto de cruz para Sid Vicious.

d

El callejón es estrecho, aquel día lloviznaba aunque en la foto no se aprecie, y volvía, camino al hotel, de tomar en un pub unos dry martinis, que estaban de oferta 2×1. Me detuve. Sid Vicious mira de medio perfil un tornillo del muro, en la esquina, atraviesa el tornillo con la mirada; hay incluso una especie de línea que une ambos extremos, la mirada Sid y el tornillo, un gran tornillo de pared pública, restos de un viejo cableado eléctrico, quizá de finales de los 70, aunque originalmente fuera de la reconstrucción de Londres tras la 2ª Guerra Mundial. Él mira ese tornillo pintado de blanco, mimetizado con la pared, demasiados recuerdos no vividos. Así pasa los días Sid, hecho un mosaico, uniendo puntos, tornillos, cables, líneas, construyendo otro mapa de Londres. Eso pensé antes de apagar la luz. Literatura. Se me hizo raro ver la cara de Sid en aquel callejón, tan sola y en penumbra.


13
Abr 09

La plancha de Shadi Ghadirian

Estos días en Londres fui a ver la expo Nuevo arte en Oriente Medio, en la Galería Saatchi. Estaban las fotos de la iraní Shadi Ghadirian (Theran, 1974), que había visto en revistas, pero no a tamaño real. La serie de llama Like everyday series (2000-2001), y se trata de la emulación de bustos de mujeres musulmanas con sus rostros tapados con utensilios típicamente domésticos y típicamente atribuidos a mujeres en la sociedades machistas;  la plancha, la escoba, el plato, el rayador de zanahorias, etc. Las dimensiones de las fotos son importantes, 183×183 cm2, más grandes que la escala real, pensadas para ver a un mucha distancia. Le hice una foto. En una segunda pasada, me acerqué a la foto, y me pasmé un rato en la superficie de la plancha. Ahí encontré la particular geografía de su superficie metálica. Le hice una foto a ese detalle.

d

En torno a los agujeros de salida del vapor, se ve perfectamente un cerco de cal, fruto del uso de un agua propia de un lugar de aguas duras. Ese cerco alrededor del agujero, agujero que lleva simbólicamente al mismo cráneo de esa mujer, me llevó a pensar en un volcán apagado, en los restos de lava, restos de lo que algún día fue sinónimo de energía, fuerza o pasión, ahora ahogado. Después, también vi unas manchas de color sangre, ahí está el símbolo que faltaba: sangre tostada, el estado más bajo de ese líquido elemento, sangre tostada sólo admitida cuando se usa como materia comestible, pero repudiada en otros contextos, repudiada cuando se encuentra descontextualizada: la sangre sólo debe existir como elemento empaquetado, cerrado y en circulación (ya sea circulación  real, en el cuerpo, o ya sea en circulación estática, como cuando se dona sangre y ésta recorre kilómetros hasta legar a su destino); lo contrario representa la muerte. En esos dos elementos, cal y sangre tostada, encontré la fuerza simbólica de esa fotografía: la muerte de la mujer musulmana en ciertos lugares de Oriente Medio.

Superficie metálica= una geografía.
Lo que vi= una cartografía.


8
Abr 09

Al Fin!!! Hoy se estrena en España “Control”, vida de Ian Curtis

Antes de irme de vacaciones hasta la próxima semana (lo más probable es que no pueda hasta entonces mirar el blog), esta noticia que nos hace felices a muchos.

Al fin se estrena es España Control, la película que narra el último fragmento de la vida de Ian Curtis, cantante de Joy Division. Estamos de enhorabuena. Inmejorables deberes de Semana Santa. ¿Será casualidad? Curtis, el Santo más cool de la Historia; el resto es filatelia.

Dejo este repor de Íñigo López Palacios que sale hoy en El País, y además la crítica de la peli, por  Diego A. Manrique, en el mismo periódico.

s

EL DÍA EN QUE MURIÓ EL ROCK

La vida y el suicidio del líder de Joy Division – El debut como director del fotógrafo Anton Corbijn ha tardado dos años en llegar a España

IÑIGO LÓPEZ PALACIOS - Madrid – 08/04/2009

“Le pedimos a Anton [Corbijn] que en la película nos dejara tocar de verdad, que los conciertos no fueran playbacks”, recuerda por teléfono Sam Riley (Leeds, Reino Unido, 1980), el actor que se puso en la piel de Ian Curtis, líder de Joy Division y mártir de la epilepsia y el rock. “Accedió, pero hasta el momento en que llegamos al plató no nos dijo que todo el público estaba compuesto de fans que había sacado de Internet. De repente, alguien me tocó en el hombro por detrás. Me giré y un tipo de unos cincuenta años me preguntó: ‘¿Eres Ian?’. ‘Bueno, durante las próximas diez semanas, sí’. ‘Pues yo vi a Joy Division 10 veces’. Me entró tal pánico que fui al baño a vomitar. Ya había logrado tranquilizarme cuando me tocó subir al escenario. En primera fila otro tío me miraba como si quisiera cortarme la cabeza. Se levantó la camiseta y tenía la cara de Ian tatuada. Fue un día muy, muy difícil”.

“Fue el primer grupo que retraté en Inglaterra”, dice el director

El actor Sam Riley: “Rodé tocando de verdad delante de ‘fans’ de la banda”

Pese a que Control, filme que protagoniza Riley, se estrena hoy en España, han pasado dos años de su lanzamiento mundial. Así que para el actor todo es ya un recuerdo. Bueno, todo no. “La película cambió mi vida. Alexandra y yo nos conocimos en aquel rodaje”. Alexandra María Lara (The reader) es la actriz que interpretaba a Annik Honoré, la periodista belga que fue uno de los vértices del triángulo amoroso sobre el que se centra la película. El otro es Deborah Curtis, la que fuera mujer del cantante y la autora del libro Touching from the distance, en el que está basado el guión. “Llegamos a un acuerdo para usar su libro como punto de partida y eso fue estupendo”, se defiende Anton Corbijn, reputado fotografo de músicos, creador de la imagen de U2 y que debuta como director con esta película. Una de las críticas más habituales que se ha hecho al filme es que muestra parcialmente la vida de un músico fundamental para entender el devenir del rock desde el punk hasta la actualidad. Curtis se suicidó con 22 años en mayo de 1980 y Control parece apuntar a que el desencadenante fue que no pudo aceptar que su mujer le abandonara al descubrir que la relación del músico con Honoré era mucho más que un affaire puntual. “No es así. Yo creo que en parte fue motivado por su situación personal. Pero además estaban su carácter y la mezcla de drogas legales que tomaba para la epilepsia y el alcohol que tomó aquella noche le llevaron al límite”, dice Corbijn, que recuerda perfectamente dónde estaba cuando se enteró de la muerte: “En un pub de Londres jugando a Space invaders“.

s

Anton Corbijn, nacido en 1955, era un fotógrafo holandés con escaso dominio del inglés que había ido a Reino Unido para fotografiar a su banda favorita: Joy Division. “Hice mi primera foto rock en 1972. Joy Division fue el primer grupo que fotografié en Inglaterra, en 1979. Volví a esta historia para rodar mi primera película porque sentí que tenía una ventaja con respecto al resto de directores: conocía muy bien ese periodo y fue muy importante en mi vida”. Además, parte de la producción salió de su bolsillo. “Todavía soy el principal accionista del filme. Nunca fue mi intención, la verdad. No he recuperado todo pero lo volvería a hacer sin dudar”.

El cordero del sacrificio

DIEGO A. MANRIQUE 08/04/2009

Seguramente, nada más lejos de sus intenciones, pero la película de Anton Corbijn parece ilustrar aquella infame observación de Margaret Thatcher: “No existe la sociedad”. El drama de Ian Curtis se desarrolla en un vacío social. El mismo Curtis trabajaba en una oficina del paro pero, en la pantalla, los que acuden a él en busca de trabajo están horriblemente damnificados.

CONTROL

Dirección: Anton Corbijn.

Intérpretes: Sam Riley, Samantha Norton, Alexandra Maria Lara, Joe Anderson, James Anthony Pearson.

Género: biografía. Reino Unido, 2007.

Duración: 122 minutos.

En las películas clásicas del free cinema, a las que remite visualmente Control, solía intuirse la solidaridad de clase, la red de seguridad de la familia, hasta el orgullo local o regional. Aquí ni siquiera hay comunicación entre los que llevan el mismo apellido o los que comparten un proyecto musical. A través de las canciones de Joy Division, Curtis lanzaba angustiosos SOS, pero en su entorno nadie era capaz de traducirlos

El sistema sanitario británico queda como una broma: Curtis sufre epilepsia y el buen doctor le aconseja que experimente con medicamentos potentes, abundantes en efectos secundarios, hasta que encuentre un remedio aceptable. Aparte de su desdichada mujer, nadie se preocupa por el tratamiento o por su incompatibilidad con el alcohol: el manager, el disquero, los instrumentistas andan demasiado excitados por el impacto de Joy Division en Londres y en la Europa continental; la idea de girar por EE UU resulta tan embriagadora que ignoran el pequeño detalle de que tienen un enfermo grave en sus filas.

s

Puede que Corbijn haya sucumbido a la tentación de exagerar la desolación de la vida cotidiana en Manchester en los setenta. Contamos con abundante material complementario para entender la corta existencia de Curtis: el documental de Grant Lee, Joy Division, o la traducción de Touching from a distance, el libro de la viuda en que se ha basado Control. La honda música de Joy Division también está disponible y justifica la pasión del realizador, un fotógrafo holandés que se instaló en Reino Unido, entre otras razones, para estar más cerca de aquellos sonidos after-punk que le conmocionaron. Es un fan total: hipotecó su casa y aceptó trabajos mercenarios para financiar Control.

Con todo, Corbijn ha evitado la tentación esteticista de muchos magos del videoclip (¡y de la publicidad!) que saltan al largometraje. Control tiene una ascética belleza, aunque no eclipsa a unos prodigiosos actores. Sam Riley compone un Ian Curtis creíble, tan frágil fuera del escenario como intimidante bajo los focos. Samantha Morton transmite el dolor de la esposa fiel, imposible competidora para la seguidora sofisticada (Alexandra Maria Lara). Es un triángulo arquetípico, que inevitablemente dinamitaría cualquier matrimonio convencional.

Vamos a decirlo suavemente: Anton Corbijn no es precisamente la alegría de la huerta. Su tendencia al tenebrismo se complica con la necesidad de enderezar el mito fundacional del rock de Manchester. Michael Winterbottom había contado idéntica historia en la exuberante 24 hour party people (2002), fabulosa crónica picaresca de la emergencia creativa de Manchester, pero aquí estamos en los preliminares, cuando Factory Records intentaba establecerse y nadie tenía un mapa de ruta para semejante aventura. La paradoja cruel es que el suicidio de Ian Curtis legitimó el sonido Manchester y el modus operandi de Factory. Hasta sus compañeros de grupo, retratados en Control como patanes, se reinventaron bajo el nombre de New Order y se transformaron en paradigma del cool de los ochenta.

ss


6
Abr 09

2 reseñas que faltaban de Carne de Píxel

1)

El poeta y traductor (entre otros de Ashbery o de John Giorno al español), Martín Rodríguez Gaona, publicó en Quimera una excelente crítica de Carne de Píxel que en su día se me pasó ponerla aquí porque estaba de viaje. Certeramente, habla del libro como un “poema secuencia”, y como una imposible reconstrucción de una relación de pareja a través de píxeles, quizá en sí mismos desenfocados.

RECORDAR UN HECHO REAL DENTRO DE UN SUEÑO

Carne de Píxel (Agustín Fernández Mallo. DVD, 2008)

Martín Rodríguez-Gaona Quimera, Nº 296-297

Agustín Fernández Mallo ha convertido la amalgama de referentes de cultura popular y científicos en una marca de estilo. A pesar de que el lenguaje forjado es verdaderamente inusual en la tradición española, Carne de Píxel lo confirma fundamentalmente como un poeta lírico. El aspecto distintivo de dicho lirismo se origina en su planteamiento conceptual, el que le permite tratar la reflexión y la obsesión de forma oblicua, sin incidir en excesos expresivos o discursos desgastados, abriéndose a un diálogo con otros campos del conocimiento como la cosmología, la física o las artes.  En esta línea, el poema secuencia que conforma Carne de Píxel se centra en la irreductibilidad de toda experiencia a ser conservada, sea por la memoria o sus instrumentos tecnológicos.

Carne de Píxel tiene mucho de recorrido estático, de regodeo en formas artificiales creadas por acumulaciones y combinaciones  cromáticas: como en el motivo de los ocho pixelados en el que se apoya el libro, toda información proveniente del pasado estará viciada por haber sido sometida a una manipulación, a una búsqueda de sentido. Los fragmentos precariamente recuperados en sus páginas giran en torno a una pérdida amorosa, la cual es evocada a través de recuerdos inducidos. Esta función, curiosamente, se centra en trozos de papel higiénico extraídos de hoteles alguna vez frecuentados por la pareja, reproducidos y contemplados por medio de la imagen digital.

Es crucial que dicha introspección no parta de un retrato de los amantes, sino de un souvenir en apariencia inocuo, si no absurdo, el que cobrará posteriormente una dimensión simbólica. Desde un inicio, sin embargo, el tono de la voz poética nos sugiere que es imposible recuperar la plenitud, la imagen completa de algo píxel por píxel. Paradójicamente, al igual que en el mito platónico, el anhelo de totalidad deviene irrenunciable.

En efecto, la conciencia posmoderna de lo efímero y lo parcial, a la que el poeta apela en su propuesta por formación científica, no cura la melancolía: “Yo no sé si todo aquello sucedió, porque no sé si existe”. Esa ausencia de paradigmas definidos, en la cotidianidad, se manifiesta en una sensibilidad cercana a lo kitsch: aunque la pareja haya alguna vez deseado perdurar o ser “glamour químicamente puro” como Leonard Cohen y Suzanne, no podrá evitar la caducidad del Replicante, el patrón postindustrial para las relaciones interpersonales. Por lo tanto, tampoco sorprende que citas culturales, viajes, teorías y amores sean sólo enumeraciones, experiencias acumulables y, en última instancia, vacías.

No obstante, dentro de las múltiples referencias, la apropiación de un artículo sobre los agujeros negros que el poeta intercala en la secuencia cumple una función distinta: “El tipo / de radiación que emite la materia / cuando cae”. La contaminación semántica logra que ese relato de divulgación científica se transforme en una alegoría del libro: al igual que los agujeros negros que devoran la materia, los efectos físicos del amor sobre el tiempo son insondables para sus protagonistas, un reino a merced de la subjetividad y el misterio. Es decir, el amor es también la creación de un universo autónomo, con sus dimensiones colosales e ínfimas.

Esta convicción sin asidero de ningún tipo obliga a Fernández Mallo a emprender el elogio y la celebración de la intensidad, aunque ésta sea falsa o perecedera: “Fuiste la llama de mi razón alucinada”. En uno de los pasajes clave de Carne de Píxel, el turista-narrador menciona una anécdota sobre la ciudad de Pompeya. Durante el rodaje de la película Viaje a Italia, Ingrid Bergman llora por el descubrimiento de la pareja fundida en un abrazo por la erupción del Etna: “Estéril muerte entre la lava; la que hoy los hace útiles, precisos”. Pese a la dificultad de diferenciar la realidad de la representación, puede que la belleza oculta en un cuerpo, en un gesto o en texto otorgue, en ocasiones, un bálsamo simultáneamente fugaz y eterno.

****************************************

s

2)

Un lector de este blog, Adolfo Cueto, tuvo la amabilidad de ponerme sobre aviso de esta reseña de Carne de Píxel , aparecida en Poesía Digital y firmada por Enrique García-Máiquez. Me ha interesado mucho porque viene a complementar otras que han salido. En este caso el crítico hace hincapié, y creo que con buenos argumentos, en el ingrediente de poesía clásica que hay en el libro, y en un equilibrio entre lo clásico y la intención de ir más allá .

Materialirismo

Agustín Fernández Mallo, Carne de píxel, DVD, Barcelona, 2008.

No nos engañemos, la poesía de Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) es tan deudora de su propia poética [postpoética] como de la tradición [poética]. Eso, además de irremediable, es una buena señal.

Expliquémoslo con un ejemplo. Se sabe [y para los menos avisados lo avisa la contraportada] que Fernández Mallo es licenciado en Ciencias Físicas. Por eso nos parecen suyos los poemas en verso, en cursiva y sobre galaxias, agujeros negros y rayos X que se entreveran con los poemas en prosa de Carne de píxel. Al final, sin embargo, en “Créditos y agradecimientos” se nos informa que pertenecen a diferentes extractos del artículo Los agujeros Negros, Constructores Del Cosmos, originalmente en prosa, editado por el diario El País, el 2 de noviembre del 2005 y firmado por Mónica Salomé. Lo ilustrativo del experimento es que el final sorpresivo [¡No son poemas suyos [¡qué chulo!] son un artículo científico-periodístico de El País y de Mónica Salomé!] ha sido posible gracias a un procedimiento estrictamente poético: la verosimilitud que proyecta el yo lírico o la sombra de la biografía del autor y, más concretamente, de su susodicha licenciatura en Ciencias Físicas. Lo confiesa el propio poeta: “es cierto, había mucha noche, lluvia, una mujer, etc., pero en realidad únicamente hablo de mí, porque es lo único que tengo” (pág. 51).

El poemario consiste básicamente en la ampliación de esta fórmula: lo novedoso se sostiene sobre lo tradicional. Se cometen múltiples virguerías técnicas, yuxtaposiciones, ritmos obsesivos, collages, ironías varias, citas cibernéticas, estética de video-clip, desmitificación de la literatura, ambiente de road movie, realidad digitalizada, etc., y con un ritmo muy actual y ameno, tan postpoético como pop-poético, con un talento evidente, pero siempre con una tramoya lírica muy de toda la vida. Lo que Carne de píxel nos cuenta [a fin de cuentas] es un cancionero petrarquista: una historia de amor intenso con un desgraciado desenlace.

Por la famosa ley física de Maricastaña [o al menos de sus tiempos] quien mucho abarca poca aprieta; y Fernández Mallo, en su afán [loable] por escribir una poesía novísima ha renunciado a profundizar [o no le ha interesado, vaya] en los viejos sentimientos y en la belleza de su historia. Los ha puesto como cimiento de sus audaces construcciones. Su conclusión es un topos muy clásico: la vida es un proyecto para la memoria [en este caso, para los píxeles, porque la memoria en cuestión está digitalizada, pero memoria es, al fin y al cabo].

Los RAM de memoria, la física, la música actual, el cine y toda la pesca funcionan, más que nada, como metáfora, como reconoce el propio autor en su reseña a Acabado en diamante de Javier Moreno: “En particular, hay un uso de la física como metáfora pura, que es justo la idea que tengo yo de lo que es la poesía postpoética”. Se ha cambiado el referente, pero el referido sigue siendo el mismo o muy parecido al de la poesía de todos los tiempos. [O viceversa, porque lo referido y el referente están -justo es reconocerlo- bastante centrifugados.]

Son varias las lecciones que podemos extraer de Carne de píxel. En primer lugar, que la modernidad produce sin pausa una terminología y unas realidades a las que los poetas deben estar atentos. Quizá no con esa atención magnética a lo Marinetti & Co. por el émbolo y la hélice, pero sí algo atentos. La recompensa, como puede comprobarse en este libro, es un sabor inconfundible a lo que pasa en la calle [o en la circunvalación o en el cibercafé o en el acelerador de partículas] que enriquece, sin duda, la poesía con un pulso muy de nuestro tiempo. Fernández Mallo por su formación académica, por su humor, por su curiosidad insaciable, por su sentido lúdico, por las horas que debe de echar leyendo revistas alternativas está especialmente preparado para abrir la puerta [o la pantalla] a todo esto, y vaya si lo hace. También ha encontrado un instrumento literario de máxima eficacia en su prosa entrecortada [por corchetes] y nerviosa como un zapping, pero a la vez emocionada y poética. Una muestra:

nos gustaba ver películas juntos, y llorar de risa en los finales cursis, nunca en los amargos, fingir que sabíamos lo suficiente de estética y vida como para distinguir lo bueno de lo malo. Al final no fue así, tú llorabas y llovía, y era francamente malo y amargo. Aprender a gestionar la fantasía de un solo golpe (pág. 59)

La segunda lección consiste en recordarnos que el alma humana no cambia tanto como los sistemas operativos. Los sentimientos de los que se ocupa la poesía [cosa cordial, recordó don Antonio Machado] son los que son. [También son inagotables, pero eso no lo aprendemos en Carne de píxel.]

La tercera lección. Conviene encontrar el equilibrio entre los recursos modernizantes y la tensión íntima del poemario -si no queremos reducir la poesía a algo así como a una expo electrónica de la escritura-. El desequilibrio no es un peligro exclusivo de esta estética, por supuesto. También el fervor por la imagen y por la metáfora o, en otros casos, por la ironía o por los juegos de palabras puede acabar limitando o incluso dando al traste con la poesía de un poemario. Si lo subrayamos hablando de Carne de píxel es porque Agustín Fernández Mallo fuerza indudablemente la mano y porque, sin embargo, es capaz de no ahogar del todo a la poesía. El gran mérito, por tanto, de este libro no consiste en su burbujeante catálogo de novedades, como se creerán muchos, sino en ese inesperado equilibrio entre una historia de siempre [quizá un poco simple] y la manera compleja de contarla.

Y más allá, no sólo por el equilibrio en sí, sino porque éste deviene significativo. Fernández Mallo consigue poetizar los abismos metafísicos a las que se asoma la física actual, que trasciende -sin abandonarlo- su propio materialismo. La física se hace estética; el materialismo, materialirismo. Véase en estas citas:

Fuiste toda la carne que unas manos pueden llegar a abarcar [y, sin embargo, un segundo, un rayo indefinido, un salto cuántico]. (pág. 28)
*
Hay en el píxel una metafísica. (pág. 41)
*
Esa circutería entre metafísica y física que fue tu cuerpo en mi abrazo (pág. 53)
*
el misterio más profundo está en la materia. (pág. 61)
*
[Esto me recuerda a otra cosa pero no sé a qué] (pág. 56)

Enrique García-Máiquez


5
Abr 09

2 libros interesantes

d

Los vivos y los muertos.

Edmundo Paz Soldán, Alfaguara 2009

Prospección de una generación de adolescentes, violenta y asesina en la misma medida que naif, torpe y espectral. Madison, localidad de los USA. Imagino a jóvenes que mueren enterrados con su iPod encendido. Imagino que lo que allí dentro suena no es otra cosa que Los vivos y los muertos. No seré yo quien descubra ahora la altura de la prosa de Paz Soldán. Una muy buena historia híbrida, periodística y ficcionada. Su blog.    

Comentarios que recojo de la Red:

“Edmundo Paz Soldán ha conseguido la cuadratura del círculo: concentrar en doscientas páginas la trastienda americana, la escoria espumosa que se tira después refinar metales, el aburrimiento masivo, la hipocresía y mediocridad, y la conversión en violencia de todo esto dentro de la sociedad estadounidense.” aquí

“Sus personajes son unos fugitivos. Se escaparon de las hojas de papel para “hackear” los sistemas de información, alterar el pasado por medio del programa Photoshop o adentrarse en un juego virtual que sustituyó su realidad inmediata” aquí

 Para leer las primeras páginas, aquí

Edmundo Paz Soldán nació en 1967 en Cochabamba, Bolivia. En 1997 se doctoró en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de California, Berkeley, y desde ese mismo año es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Es autor de ocho novelas, entre ellas Río fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), El delirio de Turing (2003) y Palacio Quemado (2006); y de los libros de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998). Ha coeditado los libros Se habla español (2000) y Bolaño salvaje (2008). Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas, y ha sido galardonado con uno de los premios de cuento Juan Rulfo (1997) y con el Nacional de Novela en Bolivia (2002). Ha recibido la beca de la fundación Guggenheim (2006).

 

 

 

f

 

 

 

 

 Órbita

Miguel Serrano Larraz, Candaya, 2009 (cuentos)

 prólogo, Manuel Vilas.

Un libro que ha entrado directamente en la mejor tradición del género de relatos en español. Audaces, inteligentes, técnicamente impecables y, sobre todo, conmovedores desde una sensibilidad absolutamente contemporánea. La ternura de Carver en la extravagancia inteligente de Boris Vian a fecha de hoy.

 

Del prólogo de Manuel Vilas:

“Serrano es fiel a lo que está viviendo: un mundo en mutación, un mundo que no puede ser captado con instrumentos literarios antiguos. Serrano ensaya en este libro una tecnología literaria que dé cuenta de los cambios de nuestras sensibilidades, de nuestra percepción de la realidad. Se equivocará quien piense que Serrano es experimentalista. No lo es. Si la narrativa española está mutando es porque la Historia está mutando”

“Serrano narra este presente histórico, y narra este presente histórico desde la ambigüedad y desde la fragancia del caos moral, sin importarle los riesgos ni las contradicciones”

Más info aquí

 Miguel Serrano Larraz (Zaragoza, 1977) comenzó la carrera de Ciencias Físicas, que abandonó en el último curso para dedicarse a la literatura. Ha ejercido oficios diversos. En la actualidad se dedica a la traducción (suyas son, entre otras, las versiones españolas de una biografía de Nick Drake y de un libro que repasa la trayectoria del grupo Belle and Sebastian, ambas publicadas por Metropolitan). Su obra ha aparecido en numerosas publicaciones periódicas y en diversas antologías. Es uno de los coordinadores de Eclipse, la revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza.

Ha publicado dos libros de poesía, Me aburro (Harakiri, 2006) y La sección rítmica (Aqua, 2007), libro al que  ”La Montaña Rusa Radio Jazz”, le dedica semanalmente una sección en la que se recitan algunos de los poemas del libro, acompañados de la música del intérprete. Es también autor de una novela, Un breve adelanto de las memorias de Manuel Troyano (Eclipsados, 2008), que causó gran revuelo en los medios literarios zaragozanos. En 2003 Miguel Serrano disfrutó de una ayuda a la creación literaria del Instituto de Estudios Turolenses y en 2007, por  su obra  Variaciones, fue merecedor del Primer Premio de Literatura Joven del Gobierno de Aragón. En 2008 participó en Logroño en las X Jornadas de Poesía en Español junto a poetas de la talla de Antonio Cisneros y Abraham Gragera. Se publicó un libro-disco con los poemas de los participantes. Ha sido incluido en  El viento dormido, antología sobre la joven narrativa aragonesa  (Eclipsados,  2006) y Al final de pasillo,  una antología de relatos de ciencia-ficción y terror (2009).

    

 


2
Abr 09

Nueva Entrada en Blog FNAC [A manos de un albañil]

He subido un nuevo post, A manos de un albañil, al blog de FNAC.

Para verlo, pinchar aquí


2
Abr 09

En La Panera

Mañana viernes daré una charla en el centro de arte La Panera, Lérida.

Copio y pego la info que me ha llegado:

ACTIVIDADES

¿Cuántos escalones hace falta subir para ir de la baja a la alta cultura?

Sesión grupo de lectura a cargo de Agustín Fernández Mallo

Viernes 3 de abril, a las 20 h

En el marco de las actividades del Centro de Documentación, Agustín Fernández Mallo,

autor de Nocilla Dream y Nocilla Experience, realizará una sesión del grupo de lectura de

la Panera abierta al público en general, para profundizar sobre las diferencias y

analogías entre el alta y la baja cultura.