La plancha de Shadi Ghadirian

Estos días en Londres fui a ver la expo Nuevo arte en Oriente Medio, en la Galería Saatchi. Estaban las fotos de la iraní Shadi Ghadirian (Theran, 1974), que había visto en revistas, pero no a tamaño real. La serie de llama Like everyday series (2000-2001), y se trata de la emulación de bustos de mujeres musulmanas con sus rostros tapados con utensilios típicamente domésticos y típicamente atribuidos a mujeres en la sociedades machistas;  la plancha, la escoba, el plato, el rayador de zanahorias, etc. Las dimensiones de las fotos son importantes, 183×183 cm2, más grandes que la escala real, pensadas para ver a un mucha distancia. Le hice una foto. En una segunda pasada, me acerqué a la foto, y me pasmé un rato en la superficie de la plancha. Ahí encontré la particular geografía de su superficie metálica. Le hice una foto a ese detalle.

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En torno a los agujeros de salida del vapor, se ve perfectamente un cerco de cal, fruto del uso de un agua propia de un lugar de aguas duras. Ese cerco alrededor del agujero, agujero que lleva simbólicamente al mismo cráneo de esa mujer, me llevó a pensar en un volcán apagado, en los restos de lava, restos de lo que algún día fue sinónimo de energía, fuerza o pasión, ahora ahogado. Después, también vi unas manchas de color sangre, ahí está el símbolo que faltaba: sangre tostada, el estado más bajo de ese líquido elemento, sangre tostada sólo admitida cuando se usa como materia comestible, pero repudiada en otros contextos, repudiada cuando se encuentra descontextualizada: la sangre sólo debe existir como elemento empaquetado, cerrado y en circulación (ya sea circulación  real, en el cuerpo, o ya sea en circulación estática, como cuando se dona sangre y ésta recorre kilómetros hasta legar a su destino); lo contrario representa la muerte. En esos dos elementos, cal y sangre tostada, encontré la fuerza simbólica de esa fotografía: la muerte de la mujer musulmana en ciertos lugares de Oriente Medio.

Superficie metálica= una geografía.
Lo que vi= una cartografía.

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9 comentarios para “La plancha de Shadi Ghadirian”

  1. ángeles dice:

    Anatomía. Yo vi costillas y un esternón.

    feliz lunes.

  2. Enric Aragó dice:

    Oh, está claro! Son las raquetas de un Pinball jugando con la sangre!! la llevan de un lugar a otro!!!
    Interesantísima foto, salud!

    Enric

  3. Javier B. dice:

    La foto me provoca cierta incomodidad. Me estremece. Me parece una forma muy inteligente de criticar a las sociedades machistas (que, al final, son todas).

    Coincido con ángeles, veo costillas y esternón en la foto de detalle (aunque, claro, estando situada en la cara…)

    Un saludo, Agustín.

  4. Lola dice:

    Yo no vi la expo. Si fuese la artista estaría contenta de que mi obra de pie a una reflexión como l tuya.

    A mi, pese a lo trágico de la situación, los retratos me arrancan una sonrisa: Eres una plancha, eres un rayador, ¿eres lo que haces?

  5. cerillasGaribaldi dice:

    Deslizas tu imaginación para mezclar lo orgánico con lo inorgánico, la vida humana y su entorno material, e idealizas dos señales para que simbolicen la circunstancia maldita de la mujer musulmana.

    Yo soy más profano y sólo he visto óxido y cal, reveladores de la historia y el bagaje de una plancha, antigua y usada.

    Pero lo que más me ha gustado son los arabescos que forman las hendiduras y los agujeros, un contraste frente a las líneas rectas, distribuidas "germánicamente", de los orificios de las planchas occidentales, me ha gustado como una forma de ver la vida puede acabar representada en la simple superficie de una plancha.

    Gracias por acercarnos estas cosas, Ignacio

  6. agustín dice:

    Hola. Sí, es como mirar nubes, ¿no? Un trabajo de interpretación. A mí también me parecen costillas, una radiografía de torax (¿con tumoraciones?), o las raquetas del pinball, golpe tras golpe, jugando con la sangre y la cal, pero también jugando con nuestras interpretaciones. A lo mejor, como dice Lola, nos reímos, y la plancha se rie de nosotros; pero también, bien mirada, la foto, es inquietante. Quizá ahí esté su poder.
    Saludos!

  7. Dimitri dice:

    Menos figurativamente que simbolicamente, o mejor, simplemente, a mí me parece que es una ventana de hierro al rojo vivo que contrasta con el frío color azul de la tela, tras la que miran los ojos de una persona, de una mujer.
    La metáfora es simple y conocida porque también es una idea, no por eso menos real, y generalizada en occidente del papel de la mujer en algunas sociedades.
    No hay identidad puesto que no hay rostro. Es la simple y dura imagen de la opresión.

  8. El Pequeño Lebowski dice:

    Recuerdo que colgaron en el Gugggenheim un cuadro realizado por niños en un colegio, eran simplemente manos de los chavales de distintos colores. Con cámara oculta se acercaban al personal para preguntarles por su impresión. Un tipo que mesaba su larga barba blanca habló de la tensión se sexual y de la agonía del autor. El caso es que se supone que debería denigrar al tipo, o que eso demuestra que el arte moderno es un timo, pero a mi me pareció lo contrario. Lo que pensaran los niños cuando marcaban las palmas de las manos en el lienzo no es tan importante como lo que experimentó ese tipo o cualquiera que contemplase la obra. Si algo me emociona y es fruto del azar o de la torpeza no tiene menos valor. Hemingway lo dijo "un escritor no tiene que dar explicaciones", a mi la foto me estremece.

  9. agustín dice:

    "un escritor no tiene que dar explicaciones", (y mucho menos justificaciones, añado); esa frase no la conocía, Pequeño Lewoski, y la encuentro más que acertada. Quien tiene que dar explicaciones es el que interpreta la obra; el autor ya bastante hace con realizarla.

    Gracias, Dimitri, por el comentario.

    Saludos

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