Enero, 2009


30
Ene 09

Dos cosas que me han enviado

Román Piña me envía 2 cosas:

1) Un examen que les puso él mismo hace 15 años a sus alumnos de BUP, en el que se demuestra que el pop también se analiza. De museo.

2) A la editorial Sloper ha llegado esta foto. Se trata de que en un Instituto de Secundaria de Celanova, Orense (en concreto el Rua Fernández Losada), están utilizando Creta Lateral Travelling como ejemplo de buen diseño en las clases de ¿diseño?, ¿dibujo?, eso no lo sé. Así que enhorabuena a Pere Joan y Alex Fito, que se lo curraron. Y gracias al responsable de hacer que eso sea posible en el Instituto, José Rivela Rivela.

¡Ahí puede verse el libro, solitario como una isla que se elevara y hundiese en el océano de los IES!

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Bonus TracK: trailer de Omega Man, El Último Hombre Vivo, peli que durante todo el libro se está bajando el percebero gallego de Nocilla Experience, Profesor Bacterio:


29
Ene 09

La bomba: Dr Repronto (por Jordi Costa)

Tal como anuncié la semana pasada, pongo el Mega Bueno (MB) artículo de Jordi Costa en Cultura/s de La Vanguardia sobre los no menos MBs Repronto.

(Se recuerda que Kilo Bueno, KB, es 1000 veces Bueno. Mega Bueno, MB, es 1 millón de veces Bueno. Giga Bueno, GB, es 1000 millones de veces Bueno. Tera Bueno, TB, es 1 millón de millones de veces bueno, etc. Estas escalas tan altas aún no las manejamos, de momento no es posible asimilarlas)

Se recomienda vivamente entrar en su web y ver algún vídeo, por ejemplo, el primero que sale: Capítulo 17 “Escala de valores” .

(desde que hace años descubriera a los Esponjiformes, pocas cosas me habían parecido tan buenas en la Red)

Sección Reciclaje

“Reflexiones de Repronto” SABIDURÍA TRANSVERSAL EN RED (por Jordi Costa)

En el número correspondiente a enero de 2009 de la revista británica Sight & Sound, las tradicionales listas de críticos con lo mejor del año deparan una curiosa sorpresa: Sukhdev Sandhu, crítico del Daily Telegraph, incluye en su listado… ¡un vídeo de YouTube sobre los stunts de un gato doméstico! Tras la clara provocación hay, es evidente, una actitud: cuando el imaginario cinematográfico pierde sus privilegios jerárquicos, un enjambre de formas bastardas y fragmentarias empieza a definirnos. Quizás la revolución no sea tan rápida como muchos desearían, pero internet está generando sus propias mitologías y, también, sus propios formatos y modelos textuales. De momento, lo chorra y lo superficial dominan el panorama, pero, con frecuencia, emergen islotes de sofisticación que alimentan el optimismo. Uno de esos islotes ha surgido en los márgenes de la blogosfera local: “Reflexiones de Repronto” (minchinela.com/repronto) es una excéntrica, estimulante colección de micro-conferencias-espectáculo en las que los viajes transversales a través de exóticos territorios de la cultura popular cristalizan en iluminadoras cargas de profundidad. Es el programa que uno desearía tener en televisión para terminar el día, cumpliendo la función de un contracultural “Últimas preguntas”, pero el soporte es lo de menos: ese programa existe y lleva dos estupendas temporadas -la segunda, todavía en curso, se cerrará el próximo 1 de mayo de 2009- emitiéndose en la red.

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En “Reflexiones de Repronto”, Raúl Minchinela, cabeza visible de un muy competente equipo de rastreadores y remezcladores de imágenes, se enfunda la docta personalidad del Dr. Repronto para, entre otras cosas, descubrir un arquetipo racista tras la enigmática identidad animal de Goofy, encontrar inesperadas rimas visuales entre la cabecera del programa televisivo de Federico Jiménez Losantos y los títulos de crédito de “El amanecer de los muertos” (2004) de Zack Snyder o detectar el parentesco entre los modernos anuncios de automóviles y el espíritu de los himnos nacionales. Según Minchinela, “Repronto pretende recuperar una tradición española que se ha dado por perdida: la de la conferencia espectáculo. Nuestros modelos son maestros como Ramón Gómez de la Serna (sobre todo) y José Ortega y Gasset. Por otro lado, la estética retrofuturista de Repronto procura beber en la tradición de la Escuela Radio Maymó, que, durante medio siglo, fue el horizonte de la electrónica en España. Hay un tercer modelo, en negativo: el presentador-azafato de gran sonrisa que pretende venderte algo. Repronto es una mezcla de científico loco y supervillano para que el espectador tenga una actitud defensiva y escéptica, el contrario de la relajación buenrollista comercial que se da en nuestros días“.

El formato es sencillo, el Dr. Repronto, en el seno de una base de operaciones situada entre la bat-cueva y la emisora clandestina, habla a cámara sobre un tema “que plantea muchas preguntas“, mientras, a su espalda, los monitores disparan una selección de imágenes entre las que se establecen, “de repronto“, inesperadas conexiones. A pesar de la aparente modestia del planteamiento, la ejecución es impecable y el equipo Repronto se atreve a retorcer la premisa para lograr pequeñas filigranas: el último episodio de la primera temporada -que versaba, precisamente, sobre los finales- estaba hablado en verso y el que cerrará la temporada en curso aborda el tema de las imágenes subliminales con abundante recurso a las mismas. Podría definirse al Dr. Repronto como una suerte de relevo de Joan Capri para la era de la desinformación y el caos mediático. Lo suyo también podría tener más de una afinidad con las estrategias de formaciones tan historiadas como Accidents Polipoètics: “Hay que tener en cuenta que, como decía Ortega en “Qué es filosofía”, Platón alternaba las grafías de “humor” y “filosofía” (al parecer, bastante similares en griego) para hablar de la disciplina que practicaba. Así que en cierta medida, todo lo que hace gracia contiene una verdad profunda, una relación sincera, que abre puertas a la hora de facilitar la comprensión“, sostiene Minchinela.

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“Reflexiones de Repronto”, incesante caja de sorpresas, disecciona el mito de Godzilla como emblema de una derrota que se recicla en mito de auto-afirmación, sigue la pista a un tema musical -el famoso “Mahna, Mahna” de “El Show de los Teleñecos”- desde su nacimiento en el inesperado territorio del erotismo sueco hasta la televisión infantil, desvela paralelismos entre la política contemporánea y el discurso de “Regreso al Futuro” (1985), se explaya en el inagotable tema de los clones del malogrado Bruce Lee o encuentra el improbable hallazgo de la españolada perfecta en el subgénero del cine picante tirolés. Como nexo de unión, siempre aparece la cultura popular menos legitimada como instrumento válido para iluminar la alta cultura o, lo que es más importante, la vida misma. “Los elementos de la cultura popular que prosperan siempre nos dicen algo de nosotros mismos“, afirma Minchinela, “De modo que son ejemplos particulares de un sistema general del que esa pieza es, por decirlo así, un síntoma. Bucear buscando síntomas y sistematizarlos es una forma habitual de retratar el momento actual en diferentes disciplinas. Igualmente, muchas obras de cultura popular (ciencia ficción, etc) son en realidad ensayos sociopolíticos disfrazados de ficción. De modo que la cultura popular ilumina parcelas de la Alta Cultura, por un lado ampliando su campo de estudio (un poco como los acertijos de “une los puntos”), y por otro reflejando de forma meridiana situaciones que, expuestas de forma discursiva, serían arduas para el espectador“. Conectarse a Repronto quizás no sea la mejor manera de encontrar respuesta a las preguntas que a uno le atormentan, pero, sin duda, es un instrumento privilegiado para descubrir esas preguntas que uno ni siquiera sospechaba que estaban ahí. Y que siempre sirven para algo.

(Fotos, Edith Lasierra)


27
Ene 09

3 recientes poemarios que me han gustado

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ALAS DE METAL, Ricardo Hernández Bravo, pinturas de Graciela Janet Hernández Rodríguez, (Edit. Baile del Sol. Prólogo, Antonio Jiménez Paz. Epílogo, Ricardo Suárez Acosta y Víctor Hernández Correa).

 Ricardo Hernández Bravo (La Palma, Tenerife) ha escrito un libro escueto, en la línea de su anterior La tierra desigual, que fue uno de los más destacables poemarios de los últimos años. Vuelve con poemas tensos, que nombran y describen el presente inmediato más que proyectar, impulsados por un aliento haiku revisitado, lazos entre la naturaleza y preguntas esenciales: el tiempo, el yo, la luz, la máquina. Cada poema está ilustrado por la joven pintora Graciela Janet Hernández Rodríguez: surrealismo onírico.

 

 Graciela Janet Hdez. Rdguez.

 

 

De ahí,

del estrago en la esgrima,

del roce de la sed contra el acero,

el sublime blindaje,

el metal de tus alas.

 

 

Nos liga la elegancia,

nos oprime y desmembra,

devanados en tenue filigrana,

en breve burbujeo hacia la luz.

 

 

 

 

ACABADO EN DIAMANTE, Javier Moreno (Premio Internacional Poesía Joven La Garúa). Edit La Garúa. Prólogo de Vicente Luis Mora.

Tras su flamante Cortes publicitarios, entrega Javier Moreno con un poemario sólido, donde confluyen las citas a los clásicos con la alta tecnología, la cotidianidad, la matemática y la física para crear imágenes audaces. En particular, hay un uso de la física como metáfora pura, que es justo la idea que tengo yo de lo que es la poesía postpoética. Un libro al me siento muy cercano.   

 

La realidad

como un castillo de naipes

se asienta sobre lo fantástico

Nadie sabe en verdad

por qué vuelan los aviones (o sí, porque una ecuación

en derivadas parciales admite una solución imaginaria:

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Como el indio en la pradera

que acaricia las plumas de su penacho

solicita la ayuda del dios. Antes de que lance su flecha

que acierte en el bisonte

 

 

 

Todos hemos paseado alguna vez entre filas de árboles plantados al borde del camino, y disfrutado entonces con las claridades intermitentes contagiando su ritmo medido a la retina y al pensamiento. Mejor aún si en un bosque nos dejamos llevar por cualquier sendero. Ahí los árboles desconocen la simetría y la luz nos llega a través de un cedazo cuya urdimbre ofrece una imagen de incierto misterio. Luego, en la despejada hospitalidad del claro, nos sacudimos el peligro. Pacientemente, a salvo

devanamos la sombra

 

 

Día a día los televisores adelgazan como las damas para

quedarse con sólo su esencia:

la  imagen

para que así se cumpla la profecía de la caverna mientras

florece la rosa

al otro lado de la ventana

En la pantalla un niño acaba su silbato de madera, toma

aire y sopla

qué bonito, es todo

señoras y señores

Se les olvidó lo más importante que es que

el árbol salió por fin de su silencio de años

para imitar el canto del pájaro

Que el pájaro quiso regresar a la rama

 

 

 

ESPACIOS INSOSTENIBLES/MI MEMORIA ES UN TOBOGÁN, Nacho Montoto, (ediciones El Cangrejo Pistolero) Prólogos, José Daniel García y Diego Vaya. Epílogo, Eduardo Chivite. Ilustraciones, Miguel Gómez Losada y Ana Arcas Espejo. 

Un libro que son dos. Me interesa más Espacios insostenibles. Casi toda la serie de poemas se articula en torno a la fragmentación exagerada, la intermitencia veloz, a veces ansiosa y desquiciante, de imágenes dislocadas y yuxtapuestas, claramente impresionistas, que logran momentos verdaderamente potentes.    

 

Luz: ventana abierta/cortina recogida/

persiana en lo alto/gente en la calle.

Luz: foco de discoteca/colores en el techo/

halógenas en el W.C./ultraviolet.

Luz: semáforo en ámbar/faros de xenon/

chalecos reflectantes/leds.

Luz: flexo sobre la mesa/lámpara de mesilla/

un par de velas/gafas de ver.

Luz: monitor encendido/webcam/

play station/encefalograma.

 

 

El sol no quema mi cara. El calor no existe. Un melanoma amenaza la ciudad. Dijimos que el lugar sería x. Nunca mires tras tu espalda, nunca cuando regreses a casa de noche. Sólo cuando entres y cierres la puerta estarás resguardado de lo que sucede fuera. No pienso escribir epitafios. Los muertos no merecen nada: humus. Una flor se pudre en el jardín. Un cuerpo se desnuda tras la ventana, su sexo deshojado queda al aire. Todas las noches la misma pesadilla: una habitación desordenada. Colillas por el suelo: ansiedad. Siempre es un día gris. Una procesión de cucarachas en el hueco del ascensor. Sueños terroríficos, dicen los niños. No culparé más a la cena. Mis manos sudan como un preso bajo el sol. Ritmo, me falta ritmo. Mantengo la quijada en la mano.

 

Su cuerpo desmembrado: maldita metralla.

Los periódicos: muertos de papel.

Lágrima de carbono: cielo azul

Ciegos: los ojos del mundo

Las paredes: obras de arte.

Un tupper: restos de una guerra.

 


26
Ene 09

genealogía Duchampiana en ABCD

En el suplemento cultural del ABCD del sábado, hay un especial de Duchamp, debido a la retrospectiva que se le hace en la Fundación Proa, de su paso por Buenos Aires entre los años 1918-1919.

Jorge Carrión contribuye con un interesante artículo en el que establece una genealogía de la influencia de Duchamp en la literatura española y latinoamericana. Me parece un muy buen hallazgo de Carrión la separación de esa influencia en dos caminos: el primero es el apropiacionismo literario claramente inspirado en los ready-made (urinario, portabotellas, Gioconda, etc), y el segundo, la autoficción consecuencia del transformismo  (célebre fotografía de Man Ray
en que aparece Duchamp disfrazado de Rose Sélavy).

Carrión me incluye en la primera de las genealogías, cosa que agradezco ya que Duchamp es uno de mis referentes a la hora de escribir, ya se en papel o en
este blog.

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var mi_url = document.location.href;
function pinta_url(dest,titulo,titulo2)
{
var url_destino=”";
if(dest==’meneame’)
{
url_destino=’‘;
}
else if(dest==’digg’){
url_destino=’
‘;
}
else if(dest==’del.icio’){
url_destino=’
‘;
}
else if(dest==’technorati’){
var tech_url= mi_url.substr(7)
url_destino=’
‘;
}
else if(dest==’yahoo’){
url_destino=’
‘;
}
document.writeln(url_destino);
}
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// –>

Golpes de efecto

Por Jorge Carrión.


De la lectura de Duchamp
(Anagrama), la biografía de Tomkims, se desprende el siguiente campo
semántico: «collage», «juego», «ready-made», «libertad», «arte no
retiniano», «huida», «dadaísmo», «provocación». Esas son algunas de las
coordenadas del universo Duchamp. El primero que trató de
cartografiarlo en nuestra lengua fue Octavio Paz, quien en Marcel
Duchamp o el castillo de la pureza (1968) habla de la importancia
fundamental de Picasso y Duchamp para entender el arte de nuestra
época: «el primero, por sus afirmaciones y sus hallazgos; el segundo,
por sus negaciones y sus exploraciones». Picasso encuentra; Duchamp
busca. éste abre, mientras aquél cierra.

Dos libros simultáneos han
pensado en esa apertura brutal del objetivo descolocando a su autor.
Maria con Marcel. Duchamp en los trópicos (Siglo XXI Argentina, 2006),
de Raúl Antelo, se sostiene en un doble análisis: por un lado, la
influencia de Buenos Aires en Duchamp durante 1918; por otro, la
conversación erótica y artística que sostuvo más de dos décadas más
tarde con la artista brasileña Maria Martins. El resultado es una
relectura de la historia cultural iberoamericana de la primera mitad
del siglo pasado. Por su lado, en Fuera de campo. Literatura y arte
argentinos después de Duchamp (Anagrama, 2006), Graciela Speranza
aplica la lupa duchampiana a Borges, Cortázar, Puig, Aira, Piglia y
Kuitca para iluminar una tradición desde un enfoque novedoso. Ambos
libros sintonizan -en su voluntad de reubicación- con la reciente
exposición Marcel Duchamp: una obra que no es una obra «de arte», que
en la Fundación PROA, de Buenos Aires, ha querido exhibir el proceso
creativo del maestro francés desde el tercer vértice de su posible
triángulo vital.

s

Renovar el discurso.
Dos son, al menos, los puntos de vista duchampianos que permitirían
renovar el anquilosado discurso crítico sobre la literatura hispánica,
cogiendo el testigo ofrecido por Antelo y Speranza. El primero consiste
en la aplicación del concepto de ready-made (desde el urinario hasta
las versiones de la Mona Lisa) a la escritura literaria. Cuando en
Historia abreviada de la literatura portátil (1985) Enrique Vila-Matas
situó a Duchamp en un lugar privilegiado de su propia genealogía
artística, avanzaba un pensamiento coherente que formularía casi
veinticinco años más tarde: «Puede parecer paradójico, pero he buscado
siempre mi originalidad de escritor en la asimilación de otras voces».
César Aira, seguramente el mejor discípulo de Duchamp en nuestra
lengua, ha investigado en esa misma dinámica de apropiación. No sólo es
el autor de Duchamp en México (1997), también ha firmado Mil gotas
(2003), un relato en el que asistimos a la descomposición de La
Gioconda en mil gotas de pintura que emprenden un viaje desternillante.

Una obra en marcha.
Pero su trabajo en la estela del autor de L.H.O.O.Q. va más allá de las
obras concretas: su modus operandi consiste en la apropiación
sistemática de materiales diversos (de la realidad cotidiana, del cine,
la televisión, los diarios, los cómics, la literatura), que
descontextualiza y reconvierte como pasajes de su obra en marcha. El
ready-made sintoniza con el remake. Cuando Agustín Fernández Mallo se
apropia de fragmentos de libros ajenos, o idea una versión alternativa
de Rayuela, se sitúa en la misma línea. Obviamente, todo proceso
creativo se nutre de materiales diversos y ajenos: hablo aquí de una
escritura que se muestra consciente de su sintonía con el dadaísmo y el
arte conceptual, que trasciende -a sabiendas- los límites del homenaje
o de la cita.

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Repensando la autoficción. El segundo punto de vista partiría de la célebre fotografía de Man Ray
en que aparece Duchamp disfrazado de Rose Sélavy. Creo que a partir de
ella se puede volver a pensar la autoficción literaria. El yo
ficcionalizado, antiguo y clásico, se contrapondría al yo trasvestido.
Es decir: el narrador casi idéntico al autor sería superado por un
narrador que, pese a llamarse incluso como el autor real, lleva a cabo
actos o metamorfosis (fantásticos, de raza, de género) que lo
convierten en un personaje con entidad propia. Pienso en Juan Goytisolo
convertido en terrorista o en fornicador de pedigüeños; en Aira
narrando como si fuera una chica moderna; en las osadas
transformaciones políticas del personaje Manuel Vilas; en el narrador
follador que ha construido Washington Cucurto a partir de su conciencia
racial; en la performance transexual de Pedro Lemebel; en la
metamorfosis de Robert Juan-Cantavella en Trebor Escargot; en la
distancia abismal que separa a Fernando Vallejo de su alter ego
ficcional. En la parte final de El gran vidrio (Anagrama, 2007), Mario
Bellatin confiesa: «Los juegos con las identidades sexuales. El pasar,
sin solución de continuidad, de ser un niño exhibido en los alrededores
de la tumba de un santo a una ladrona de cerdos, o a un personaje
indeterminado, desfasado en su sexo y en su edad».

A juzgar por los libros que los
suplementos culturales de este país han destacado como los más
relevantes de 2008, la literatura española continúa siendo leída desde
un paradigma que considera el Modernismo, las vanguardias y el
Posmodernismo como un largo paréntesis, que una vez cerrado ha
permitido recuperar la auténtica tradición importante: el realismo más
o menos matizado o amplificado. Sólo la definitiva incorporación a la
literatura de los giros copernicanos introducidos por creadores como
Duchamp o Godard en el arte contemporáneo pueden permitir que ésta sea
leída como tal [literatura = arte contemporáneo]. Del Gran vidrio, su
creador dijo que no era un cuadro, sino un «retard». Tomkins habla de
una «materialización inconclusa». Una forma de apertura. El tiempo
juega a nuestro favor.


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24
Ene 09

el asunto de la LUZ y la SOMBRA

 

CAPÍTULO 93 DE Nocilla Dream:

 

No existe espacio si no existe luz. No es posible pensar el mundo sin pensar la luz [lo dijo Heráclito, lo dijo Einstein, lo dijo el Equipo-A en el capítulo 237, lo dijeron tantos]. Y sin embargo dentro de cada cuerpo todo es oscuridad, zonas del Universo a las que la luz jamás tocará, y si lo hace es porque está enfermo o descompuesto. Asusta pensar que existes porque existe en ti esa muerte, esa noche para siempre. Asusta pensar que un PC está más vivo que tú, que adentro es todo luz.

 

 

RECIÉN EDITADO LIBRO DE POESÍA, EDITORIAL DVD:

 

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Cuando la traductora mejicana Jeannette L.Clariond, me envío la portada y la contraportada, me hizo gracia la coincidencia y la no coincidencia, formas de hablar de lo mismo, cuerpos= PCs. Luz, sombra, espacios vacíos, etc. 

 

 


22
Ene 09

Cultura/s de La Vanguardia

Una de las para mí mejores publicaciones culturales españolas no es una gruesa y prestigiosa revista, sino el suplemento cultural que La Vanguardia entrega los miércoles, Cultura/s. Siempre hay algo muy interesante, a veces muchas cosas interesantes. Apuesta por una cultura que está llegando justo ahora, y sus páginas están atentas a tendencias sumergidas. Lástima que no tenga una web para redirigir (o por lo menos yo la desconozco).

El del miércoles 21, está lleno de cosas que me han interesado; entre otras:

Un análisis distinto sobre La Guerra Fría, El Gran Farol, a cargo del novelista Juan Trejo (El Fin de la Guerra Fría, editorial La Otra Orilla, 2008) y con un artículo del también novelista Mathias Enhard (Manual del Perfecto Terrorista o la premiada Zone). Muy bueno.

joan fontcuberta

Un artículo de Manuel Guerrero describiendo la obra “fotográfico-performática” del imprescindible Joan Fontcuberta (por primera vez se presenta una retrospectiva de él en Barcelona, en La Virreina, comisariada por Iván de la Nuez).

Daria Zhucova

Otro artículo, firmado por Monica Zgustova, sobre el arte y la museística en la Rusia contemporánea, centrado en la enigmática y joven mecenas Daria Zhukova. La nueva musa hecha de rublos y aire.

Un magnífico especial (¡horror otra vez, parace que últimamente me lo topo en todas partes!) sobre el suicidio, firmado por Joan Nogué. Súper bueno. Habla, entre otras muchas cosas, del magnetismo que ejercen los puentes sobre los suicidas. Comenta el polémico film The Bridge (2006), de Eric Steel, en el que el director mostró toda belleza del Golden Gate desde ángulos y tomas que nunca habíamos visto, y las mezcló con las de 19 personas (casos reales) suicidándose en ese puente.

reponto

Un megabueno artículo de Jordi Costa sobre Repronto, loco colectivo de análisis de todo cuanto tenga que ver con la actualidad, en clave humor y buenas dosis de inteligencia, encabezado por el ingeniero/divulgador/analista/periodista Raul Minchinela. A partir de detalles de la “baja cultura”, alumbran y analizan otros de la “alta cultura”, (este artículo lo pondré dentro de unos días, solo. No tiene desperdicio).

Por último, uno sobre el cine hecho con cámaras de teléfono móvil. Que se me antoja todo un “manifiesto postpoético” para el cine. Copio algunos trozos, ya que es bastante extenso:

JUVENTUD DE LA IMÁGENES (por Gonzalo de Lucas)

“Durante el siglo pasado, la mayoría de adolescentes que sentían alguna inquietud artística optaron por escribir poemas. Y, sin embargo, en estos últimos años se insinúa que los jóvenes escogerán tal vez el vídeo antes que la literatura para dar cuenta de sus experiencias (…), la aparición de teléfonos móviles con cámaras de vídeo integradas plantea una inflexión hacia una escritura cotidiana e inmadura (…) Por ese motivo se hace muy necesaria la pedagogía en el cine, de modo que esas nuevas formas de filmar puedan estimularse mediante el redescubrimiento del pasado (…),  ¿Y en qué consistiría esa otra pedagogía del cine? En enseñar, según el verso de Pessoa a “aprender a desaprender”. Ya en los años 70 Henri Langlois veía en Warhol y Godard a los dos grandes cineasta de la época, porque habían enseñado -como en su día Van Gogh respecto a la pintura- a “filmar mal”. En vez de imitar la pizarra fueron malos alumnos, y con esos gestos abrieron el cine a otras posibilidades (…) (Los móviles), o se destinan a un ensimismamiento manierista y mimético, o nos enseñan -forzándolos para ir en contra de la técnica neutra del manual- imágenes que sólo mediante esa cámara podrían haberse grabado y que hacen emerger en los procesos digitales nuevas apariciones de lo real. En el primer caso, el móvil llega al final de un camino para repetir unos pasos ya dados; en el segundo, muestra que el cine debe extraviarse para encontrar su juventud.”

Joseph Morder

Además, en ese mismo artículo, Martí Freixas realiza una semblanza sobre el muy poco conocido director de cine Joseph Morder. Resumo: cineasta underground francés que vivió toda su adolescencia en Latinoamérica. Su obra fílmica se funde con su vida, filma todos los días. El festival Pocket Films le hizo el encargo de filmar una película con un teléfono móvil, lo que ha llegado a convertirse en la primera película francesa estrenada en salas comerciales grabada con esta técnica. (NOTA: Toda una esperanza para los que filmamos con métodos caseros). La película se titula: J´aimerais partager le printemps avec quelqu´un (Me gustaría compartir una primavera con alguien).  El resultado ha sido sorprendente. La baja definición de la cámara imprime a la película efectos, sobre todo cuando hay movimientos rápidos, que de otra manera serían muy difíciles de reproducir salvo por emulación. Morder, hace un diario, cada día, en vídeo-móvil, de la misma manera que otros escriben. Mete una voz en off, a veces sobre la marcha, y cuenta sus relaciones con el cine, su cotidianidad, sus pensamientos etc.

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21
Ene 09

¡Yo quiero una! CostaBravismo estampado.

En la entrada con fecha del 5 de enero del blog de Fran Nixon (ex-Costa Brava), dice Fran que hay alguien que hace camisetas con frases de las canciones del grupo. Copio y pego:

“Hay un chico llamado Andrés que se ha hecho unas camisetas con frases
de las canciones de LCB y Nixon, y me ha escrito para pedirme permiso
para hacer más (por lo visto la cosa está teniendo bastante aceptación).

Por
supuesto le he dado permiso para que haga lo que quiera. Todo con tal
de extender el Costabravismo (hay un Lizarrán en Huelva que se ha
declarado “Local Costabravista”, y tiene el manifiesto del segundo
disco colgado en la pared).

Le dije que iba a poner los diseños
en mi blog y que si quería os daba su dirección para pedirle alguna,
todavía no me ha contestado.”

¡¡¡Andrés, queremos una!!

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Un hit de La Costa Brava (y de todos los tiempos) que, no sé por qué, nunca había puesto en el blog:


18
Ene 09

Gordos, Tendencias (o Sin Título)

En el diario USA Travel, que hice este verano en este blog, comenté esto

[copio y pego, (el texto total aquí)]

“A lo que quería llegar es que en USA engordan como consecuencia del
miedo. El miedo hace que nos construyamos paraísos personales,
“artificiales”, unos se dedican a escribir, otros a asociarse y
pontificar, otros a operarse la cara, otros se pega un tiro, y otros
engordan. El gordo crea un cosmos personal e intransferible: su cuerpo,
pero sobre todo su interior, va ganando en rincones, satélites, masas,
no le basta con las tripas y órganos de serie, sino que lleva dentro de
sí toda una galaxia. Es una construcción política, una Identidad
Política, de la misma manera que las cirugías estéticas crean una
Identidad Estética en primer término (que en segundo término también es
política, pero sólo en segundo término). Engordar es una manera de
protegerse, de manifestar el miedo. Como si no bastara con el miedo que
ya de por sí es nacer.
Me pregunto si es posible engordar en el tendón de Aquiles”

El viernes en El Cultural de El Mundo me encontré con el avance de la película que está rodando Daniel Sánchez Arévalo, Gordos, (debutó con AzulOscuroCasiNegro, en 2006,que le supuso un Goya a la Mejor Dirección Novel), y el texto informativo dice:

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Me gusta encontrar estas afinidades y coincidencias inesperadas entre cosas. Veré esa peli.

**********************************************

Otra cosa:

En Qué Leer de este mes, revisan las novelas del año, y en el apartado de TENDENCIAS, sale esto:

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15
Ene 09

Torre para Suicidas en Etiqueta Negra. [Ruinas Contemporáneas (1)]

La peruana revista de literatura, Etiqueta Negra, me encargó a través de su editor, Jeremías Gamboa, una artículo sobre la Torre Para Suicidas que sale en Nocilla Experience y que es una obra original del artista conceptual español Isidoro Valcárcel.

A mí Valcárcel me apasiona. Así que lo hice.

El dossier del número de diciembre Etiqueta Negra está dedicado a arquitecturas extrañas, descolocadas, cuestiones en la periferia de la arquitectura. Para ver y/o descargar en PDF la revista, aquí.

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Esta obra de Valcárcel bien podría ser una Ruina (conceptual) Contemporánea, algo que nunca se ha hecho, que nunca llegará a hacerse y aunque no se deteriore, paradójicamente, permanece en un estado de perpetua construcción, de ruina.

Me sirve para iniciar una serie que iré poniendo, titulada Ruinas Contemporáneas.

[Pongo el artículo original, que para su edición en la revista transformé ligeramente]

TORRE PARA SUICIDAS

UN PROYECTO DE ISIDORO VALCÁRCEL

Agustín Fernández Mallo, revista Etiqueta Negra, dic 2008, Lima, especial arquitecturas.

PLANO DE SITUACIÓN:

Me encontré con la obra Torre para suicidas (1984), de Isidoro Valcárcel, en el nº8 de la revista de arquitectura, Fisuras de la cultura contemporánea (Madrid, enero 2000). Había oído hablar muchas veces de esa obra, que en España alcanzaba resonancias mitológicas dentro de las artes visuales, pero jamás la había visto. Oír hablar de una obra conceptual ya es equivalente a verla, dado que, como la propia palabra indica, es un concepto, pero siempre tenemos la manía de querer ver más.

Buscando, supe que Valcárcel nació en Murcia, en 1937, y que detenta una insólita posición en un artista contemporáneo, no renuncia a que le paguen por sus obras, pero, lo que él considera un precio justo, que no pasa del de cualquier artesano. “El arte es una acción personal que puede valer como ejemplo, pero nunca tener un valor ejemplar”, ha dicho.  Célebre es la acción que llevó a cabo en el (Macba, Museo de arte contemporáneo de Barcelona): aceptó la invitación a exponer, y su obra consistió en pintar de color blanco una gran pared blanca del mueso, con un pincel del número 8, de pintar acuarelas; la acción duró 9 días. Después afirmó: “mi forma de estar en una colección es hacer algo que no se pueda coleccionar”. Valcárcel, Premio Nacional de las Artes Plásticas de 2007, pidió cobrar por esa obra 900 euros, la tarifa de cualquier pintor de brocha gorda. Valcárcel reactiva el absurdo dadá, o si se prefiere, la genial gamberrada de Duchamp, pero en estado puro, por “amor al arte”.

ALZADO:

La obra Torre para suicidas, se inscribe en una serie de proyectos denominados por él mismo “arquitectura prematura”, que consta también del Museo de la ruina, proyectado especialmente para que se venga abajo en cualquier momento, incluso antes de ser terminado. Por “arquitectura prematura” él entiende proyectos adelantados a su tiempo, proyectos que la sociedad no está preparada para asumir y que nos ponen frente al absurdo de ciertos ritos contemporáneos. “Hoy por hoy, pienso que la obviedad (la bobada, si se quiere) es el máximo de creatividad”.

PLANTA:

Nadie mejor que el propio autor para definir su Torre para suicidas: “De no disponer de las instalaciones adecuadas, ni de los lugares especialmente indicados, proviene la necesidad de los suicidas de dispersar sus actuaciones utilizando para ello cualquier instalación urbana que sirva para sus fines, con el natural desaliento del resto de sus ciudadanos. Es por ello que se suministra documentación sobre una instalación que cuenta con todas las dependencias necesarias para quien desea acabar con su vida, sin las molestas reutilizaciones de monumentos, rascacielos, vías de ferrocarril, lagos, puentes, y demás estructuras que ven alterada sensiblemente su consideración urbana por tales transformaciones de uso.

Así, en estas torres se dispone de todo tipo de instalaciones necesarias para el suicidio, lo cual, junto con la segura proximidad de una calle, otorga al suicida un abanico suficiente de texturas y superficies sobre las que definir su destino, tal como se indica en la planta de situación”.

PERFIL:

En ocasiones se ha fantaseado acerca de la viabilidad real de la “arquitectura prematura” de Valcárcel. Pero es evidente que el propio concepto de obra en Valcárcel es refractario a tal idea. El autor se mueve en el plano conceptual, especulativo, el valor de estas obras no está en su posible ejecución, sino en la posibilidad de pensar determinados valores y conceptos: el valor de la muerte hoy, la necesidad de un museo hoy, etc. Él mismo ha remarcado que le interesa el concepto de proyecto: “la única función que yo quise encomendar a mis proyectos es la de dejar al descubierto cuán fácil resulta encontrar un tema; hasta qué punto se amontonan las sugerencias, las demandas; qué sencillez basta para la creación; cómo, en fin, el arte es un ejercicio y no una obra… En suma, lo que se entiende como proyecto”.

VISIÓN 3D:

Si, aún así, por puro ocio, desatendemos el espíritu meramente conceptual de la obra, y nos ponemos a ejecutar el proyecto, podemos imaginar al suicida en potencia, en la sala de espera, bajo el rótulo SILENCIO que hay en las iglesias, aguardando a que un ascensor lo eleve, asistido por masajistas, capellanes, dietistas, vestido con ropa ad hoc, con familia y conocidos animando el trance. En estos momentos en los que todo mártir tiene que pasar necesariamente por el deporte, no hay mejor idea que la protocolización del suicidio.  El suicidio como evento deportivo por antonomasia. Es éste uno de los atractivos de las sociedades desarrolladas: construir obras perfectas para la autodestrucción perfecta. Imagino al futuro suicida apurando las últimas gotas de un batido de chocolate con soja y bífudis activo, ante las metálicas puertas del ascensor, que de repente se abren, antesala de las de San Pedro, lo imagino apretando el botón del ático, elevándose, tentado en parar un rato en el 2º, donde puedes escoger entre las esféricas pastillas o la soga de cáñamo, pero no, hay que seguir, hay que subir, el salto requiere más valor que los barbitúricos, lo imagino saliendo hacia la plataforma última, cogiendo carrerilla para no mirar más que el muro blanco que se divisa en frente, más allá del vacío, muro que fue ubicado estratégicamente para que no hubiera horizonte [se sabe que la visión de un horizonte, es lo que provoca que muchos suicidas se arrepientan a última hora por refundarse una esperanza], lo imagino saltando, en el aire, ojos cerrados, gravedad 0, lamentando no haber podido fumar su último cigarrillo ya que en el vestíbulo un cartel alertaba, PROHIBIDO FUMAR.

PLANOS Y LEYENDA:

ZONA DE ADMINISTRACIÓN:           s

f-foso de ascensor

g-almacén

j-recepción

l-oficina

m-mostrador

h-aseo

i-teléfono

k-zona de espera

ZONA DE ALOJAMIENTO:

o-ascensor

p-habitación individual

s-habitación familiar

q-habitación doble

r-baño

ZONA DE AFECTADOS Y SALVAMENTO

t-depósito

v-prensa y radio                       s

w-material médico

x-sala de curas

z-quirófano

u-velatorio

v-dormitorio facultativo

ZONA DE SUICIDIO

ab-familiares y público

ac-cuarto de máquinas

af-jardinera

ag-vacío sobre el río

ah-vacío sobre el jardín

ai-vacío sobre el edificio

*******************************************************

La primera vez que conseguí un ejemplar de Etiqueta Negra fue en Caracas, me sorprendió de inmediato la calidad de sus contenidos, así como su cuidadísimo e inteligente diseño, muy cool para ser una revista de literatura (más valdría que aprendiéramos por estas tierras a diseñar revistas de literatura como es propio del Siglo 21). Pero ya la conocía de oídas, ya que uno de sus editores en el extranjero, concretamente en Oakland, California, Daniel Alarcón (novelista, Radio Ciudad Perdida, Alfaguara, 2007), me había hablado de ella en un encuentro que tuvimos en Hay Festival, bueno, más bien en un tugurio infumable al que íbamos hasta altas horas de la noche los escritores del Hay Festival (¿por qué los escritores somos tan cutres? ¿Es que no podemos elegir lugares de ocio más evolucionados?) En fin, continúo. Aquel ejemplar que compré en Caracas lo disfruté mucho, y no volví a encontrar otro ejemplar hasta que este verano, en Santa Fe, me topé con uno en una librería extraña a la que me llevó Vicente Luis Mora (creo que eso lo dije en el diario USA TRAVEL que puse en este blog). También lo compré.

La revista mezcla muy bien el mainstream con autores emergentes o sumergidos (te encuentras también textos inéditos de Italo Calvino o Barthes). Es una referencia en lengua española.

Para ver su web y descargar números en PDF, aquí.

Dejo este comentario sobre Etiqueta Negra de Jean-François Fogel:

“No hay que presentar a la revista peruana Etiqueta Negra. Su calidad es una referencia mítica en el mundo hispanohablante. Un pasito suyo, de una sola vez, hacia el mundo de las revistas de EE. UU. provocó el reconocimiento inmediato de su valor por los National Magazine Awards. Es un producto que pertenece al mundo de la excelencia.”


14
Ene 09

Interesante artículo de Literatura Digital

De nuevo en literaturas.com, hay este interesantísimo artículo de Miguel Espigado [miembro del colectivo de crítica literaria Afterpost, uno de los grupos de jóvenes críticos más sólidos que conozco].

(Nota: las fotos no son del original)

LA HUÍDA DEL CUBO BLANCO

Ha llegado

¿Habrá nacido ya el escritor de éxito que no publique una sola línea en papel? ¿El nuevo entorno digital se limitará a ser mera reproducción del sistema literario tradicional? ¿O todo ha de cambiar completamente? De los muchos interrogantes que plantea el futuro digital de la lectura lo único claro es que no se trata de una entelequia sino de una realidad que tiende a imponerse en todos los campos. Desde los inicios del Proyecto Gutemberg en 1971, la digitalización de obras literarias ha crecido exponencialmente tanto en número de obras como en proyectos y tecnologías dedicadas a ello. Algunos datos de la pasada edición de la Feria de Frankfurt ofrecidos por EL País, reflejan que en 2008, de los títulos de las 361 editoriales presentes en el evento, casi uno de cada tres títulos allí presentes tenía una opción digital. Simon & Schuster incrementó un 40% sus ventas en formato digital, Random House un 60%, y el 20% de los libros en China nacieron de Internet el pasado año. Mientras Amazon ya cuenta con 170.000 libros digitales a disposición del público, y Google consolida su proyecto de digitalizar la hemeroteca mundial -que pronto será indexada por los buscadores como una parte navegable más de la red- no hay día que no aparezca en la prensa un artículo que dé cuenta del imparable proceso de digitalización a que estamos abocados. El día en que escribo, el periódico Christian Science Monitor, con siete premios Pulitzer y más de un siglo de antigüedad en su haber, ha anunciado que abandona su tirada diaria en papel para centrarse en su edición digital. Vicente Luis Mora, en un reciente artículo de su blog, diario de lecturas, traía a colación una declaraciones de Fred Bass, dueño de la monumental librería Strand de Nueva York: “quien diga que la televisión o Internet le ha robado lectores a los libros, miente. Yo vendo más ahora que hace dos décadas. En el futuro leerán directamente en una gran pantalla en su casa. Es inevitable. Se llama progreso (…) Estamos destinados a desaparecer [los libreros] pero no importa (…) mira lo rápido que ha sido con la música. La gente ya solo se la baja de Internet. Con los libros pasará lo mismo. Nadie usará el soporte tradicional, solo los románticos”. Importe o no, cada día aumenta la venta de los llamados e-books, pantallas del tamaño de un libro que gracias a la tecnología de e-ink o tinta electrónica, permiten una lectura agradable, sin los efectos agotadores del monitor de PC. Del Kindle y el E-reader ya se han vendido cientos de miles de unidades en Estados Unidos, y su comercialización en Europa se acelera día a día, aunque -como señala Delia Rodríguez en un artículo de Soitu- aún son caros, su tecnología está en pañales, y de momento parecen más dirigidos a los techies que a los grandes lectores. Ciertamente en los foros españoles abundan más las opiniones de los enamorados del objeto libro, que recelan de la frialdad de estos aparatos aún mal entendidos (la mayoría cree son como monitores de ordenador pero pequeños, e igual de agotadores a la vista). Pero si algo nos ha enseñado el capitalismo es que lo que hoy parece excentricidad de unos pocos, mañana se convierte en una necesidad creada (¿Se prometió usted no tener teléfono móvil? ¿Dijo no necesitar DVD?). Los usuarios naturales del e-reader son los grandes lectores, las empresas lo saben y trabajarán duro hasta conquistarlos. Por mucho que perviva el papel, la lectura no escapará a la lógica implacable de nuestro tiempo.

Reacciones de la industria

En España las editoriales tradicionales no dejan mostrar su inquietud ante un fenómeno que, según las palabras de un responsable del Grupo Planeta, “está condenado a existir”. La expresión dice algo del ánimo con que se está acogiendo este cambio sin precedentes. En el pasado VI Congreso de Editores en España celebrado en Sevilla, donde todos coincidieron en subrayar que el sector vive una conversión trascendental por la irrupción de las nuevas tecnologías, se volcaron algunas declaraciones significativas. Daniel Fernández, de Edhasa, declaró: “vamos a seguir la figura del editor como intelectual que hace que las enciclopedias sean más sensatas que la Wikipedia, en la que puede pasar cualquier cosa”. Sobre el kindle dijo sentirse “decepcionado” pues “no ha resuelto el capítulo de los derechos de autor o del editor como figura pensante y creadora”, y añadió “en este mundo de Google o Amazon en el que parece que todo es barra libre, debe hacerse hincapié en los sistemas de protección de los derechos del creador”. Javier Caso, de Santillana, explicó que el libro electrónico se encuentra en una “encrucijada”, ya que avanza “lentamente”, los lectores “desconfían” de él y “no acaba de encontrar su modelo de negocio”, según Europa Press.

Aunque la defensa del editor como creador también es legítima, llama la atención cómo los empresarios esgrimen una encendida retórica sobre los derechos del artista cada vez que quieren proteger sus beneficios de explotación de la obra. Aciertan los editores cuando desconfían de proyectos como la Wikipedia, la enciclopedia más visitada del mundo, gratuita y autorregulada, que junto a otras iniciativas de la Red ha provocado el desplome mundial de la lucrativa venta de enciclopedias por fascículos. Es lógico que no encuentren su modelo de negocio cuando la esencia de la actividad editorial se halla intrínsecamente ligada a la fisicidad del objeto consumible, que genera toda una industria de producción de materia prima, fabricación del libro, transporte, almacenaje, distribución y venta directa, ahora bajo amenaza de recesión ante el avance de los canales digitales. Esta industria tratará de perpetuar las estructuras establecidas, de las que dependen, no lo olvidemos, miles de puestos de trabajo, aunque no faltarán nuevas empresas como Amazon que impulsen la conversión del sector.

Sin embargo, si algo ha demostrado la webcom Amazon es su voluntad de cambiar los soportes sin traicionar un ápice las fijaciones corporativas más tradicionalistas. Su libro electrónico Kindle solo puede conectarse a la red Amazon, desde donde se pueden descargar libros electrónicos previo pago de una cantidad que inexplicablemente a ido subiendo hasta casi igualar el precio del libro en papel. Ni siquiera los feeds de los blogs pueden leerse en el kindle sin pagar una cuota a la propia Amazon, que saca así su comisión mafiosa de los contenidos que gratuitamente se ofrecen en Internet. Como no podía ser de otra manera, las empresas rediseñan el nuevo contexto para ampliar sus beneficios y sus privilegios, con su sempiterno doble juego donde con una mano se hipnotiza al consumidor mientras con la otra se recortan sus derechos. En La era de la información, libro esencial de referencia para este artículo, Manuel Castells nos recuerda que las empresas no buscan la tecnología en sí mismas por el aumento de la productividad en beneficio de la humanidad, sino impulsadas por la rentabilidad y el aumento del valor de sus acciones. En un periodo revolucionario como el que vivimos, explica Castells, se viven acontecimientos con gran rapidez que servirán para el establecimiento de la siguiente etapa, y los próximos años serán cruciales para encauzar los cambios. El ejemplo del Kindle debería advertirnos sobre el peligro real de que la potencialidad de las nuevas redes para evolucionar el sistema literario acabe anulada por una configuración eminentemente comercial, equiparable a las plataformas digitales de venta de contenidos de televisión (como Canal Satélite), que ya tratan de implantar estas empresas.

a

La presión del marketing

Cambian las formas de comercialización, y el sistema literario se perpetúa como actividad empresarial. Bien, pero si el trabajo del buen escritor no se ve afectado, si así se mantiene su independencia y se sostiene su labor comprometida con los altos valores literarios, ¿qué importa cómo se difunda la obra? Con ese argumento, hoy en día, muchos escritores comprometidos aceptan cualquier nueva forma de comercialización de su literatura propuesta por sus grupos editoriales. Se da por hecho que mientras el editor no interfiera directamente en el proceso creativo, su influencia sobre la obra es nula. Sin embargo los hechos demuestran que cada vez más las nuevas estrategias de comercialización están deformando en la forma en la que se escribe y (sobre todo) se lee esa clase de literatura que tenemos por independiente.

El triunfo de la filosofía neoliberal ha impregnado todas las facetas de la actividad humana, que ya solo se consideran relevantes por el papel que juegan en el terreno económico. De ahí que el destino de la literatura se halle cada vez más intrínsecamente ligado a las prácticas empresariales que la sustentan, pues es la empresa la única que hoy puede aseguran a las cosas un lugar en el mundo, a través de su integración en negocios rentables. Las escrituras independientes, comprometidas con los valores artísticos y la libre expresión, y poco atractivas a los ojos del gran público, también necesitan tener un rol dentro del sistema capitalista, y su rol no puede ser otro que el de objeto consumible. Sin un editor que permute la literatura en cosa, la literatura se queda en potencialidad sin efecto existente. Por eso en los últimos años la literatura comprometida se ha visto obligada a aceptar la rentabilidad como único medio de supervivencia. Escritores, editores, distribuidores, libreros, críticos y demás agentes comprometidos aceptan la necesidad de hacer rentable la empresa general de comercializar estas obras, como único modo posible de asegurarles una existencia reconocida.

Ni la literatura ni arte alguno ha escapado nunca del condicionamiento de las estructuras de control y producción en que se hayan insertos. Un análisis de la evolución de los géneros literarios muestra su adecuación progresiva a las necesidades del producción, como ha sucedido siempre, desde que la generalización de los libros impresos normalizó la lectura silenciosa, cambiado radicalmente la forma de concebir la literatura. La novedad del panorama actual es que a estos condicionantes de producción se han sumado los propios de lo que Deleuze llamó la sociedad de control, que ya no se funda en una capitalismo para la producción sino para el producto, para la venta y para el mercado: “el servicio de venta se ha convertido en el centro o el “alma” de la empresa, Se nos enseña que las empresas tienen un alma, lo cual es sin duda la noticia más terrorífica del mundo. El marketing es ahora el instrumento del control social, y forma la raza impúdica de nuestros amos”. Si en las sociedades disciplinarias el poder político y religioso se imponía coactivamente al escritor a través de la censura, en el contexto actual nuevas formas de censura se articulan a través de la religión del marketing. Hace pocos meses, en una conferencia celebrada en la fundación Juan March, Javier Marías reconocía que tras la publicación de Tu rostro mañana, su última novela en tres volúmenes, sentía que “había cumplido” con su responsabilidad, y remarcaba ese término dejando ver que los escritores hoy en día se sienten coaccionados para tratar de hacer el “más difícil todavía” en cada novela, como en un espectáculo circense, adecuando así su labor con esa regla número uno del marketing: la nuevo es mejor que lo viejo, lo último es mejor que lo anterior. Marías también reconocía que quizás hoy en día no hubiera podido llegar a publicar sus mejores novelas, pues durante una época de varios años de su vida dejó de escribir, pecado que hoy los departamentos de ventas castigan con pena de muerte. Explicó además como controla los textos, las ilustraciones y las promociones que acompañan al libro en su versión española, es decir, supervisa su marketing, consciente de que más que nunca, el marketing es significado que acompaña a la obra, y se adelanta a ella, condicionando la recepción del lector. ¿Cuántas veces nos hemos sentidos decepcionados con un libro porque incumple lo dicho en su publicidad/contraportada? Cada vez más, los libros que nos han vendido sustituyen en nuestra mesilla a los libros que querríamos estar leyendo.

Si esto es así habrá que calibrar hasta qué punto la obra de los escritores más dependientes del favor de una editorial se halla intrínsecamente afectada por las exigencias del marketing. De los muchos que se quejan del absurdo ritmo del publicación al que se ven sometidos, un ejemplo es Isaac Rosa, a quien tras el éxito de El Vano Ayer, Seix Barral le conminó a reeditar su primera novela. Él lo explicaba así en una entrevista a Literaturas.com: “A mí desde el 2004 todo el mundo me preguntaba: bueno, ¿y cuándo sale tu próxima novela? ¿Tienes ya novela? Y sólo hace tres años que he publicado El vano ayer, pero nos hemos acostumbrado a que haya autores que publican libro todos los años, incluso varios libros al año: que si una novela, que si un libro de artículos… Yo avisé a la editorial de que hasta dentro de un tiempo no iba a tener novela. Y no me refería a publicar, sino a entregársela yo a la editorial, y entonces la editorial me dijo que, mientras, podíamos sacar mi primera novela, para que no pasara tanto tiempo. Pero ya ves tú, “tanto tiempo”: estamos hablando de dos o tres años”.

La presión del marketing no termina en la relación del escritor con los departamentos editoriales. La sinergía empresarial ha dado lugar a que los críticos de muchos de los suplementos literarios más influyentes sean asalariados de los grupos editoriales cuyos libros deben juzgar. En un panorama nacional donde cada vez se publican más títulos, y cada vez con menos tirada cada uno, lo importante ya no es que la crítica sea favorable, sino que la obra haya sido elegida de entre la informe masa de novedades. Muchos críticos, cuando son entrevistados, aseguran que aunque deben reseñar los libros que sus editores les dictan, estos les dejan plena libertad para escribir sobre ellos cuánto se les antoje. Lo que callan es que poco importa lo que el crítico diga sobre el libro. Es el editor del medio quien controla la presencia, apariencia, extensión y posicionamiento de la crítica en el suplemento, marginando los libros donde su grupo empresarial no tiene nada que ganar y dando máxima relevancia a los productos de la casa, o bien aquellos que la dotan de prestigio (más marketing). Un importante distribuidor de Madrid me confesó que las críticas malas apenas afectan a las ventas del libro. En realidad, lo que marca la diferencia es si ha habido reseña a página completa, y si esta ha sido o no acompañada de una buena fotografía. ¿Y qué es la crítica? Una caja de texto, un elemento gráfico del advertishment que enmaqueta el editor según las reglas del marketing (de su empresa). Los escritores ya no compiten por las buenas críticas sino por la continuidad, la presencia y la buena localización en el espacio mediático, convirtiéndose ellos mismos en un producto de marketing, que se vende a través de entrevistas, presentaciones, apariciones, participaciones en prensa, premios, conferencias y congresos que generan noticias de las que se nutren los medios. Es lo que se llama la profesionalización del escritor, que paradójicamente lo ha llevado a dedicar menos tiempo a la obra y más a la promoción de la misma. Y son solo algunos ejemplos de como las nuevas formas de comercialización están deformando la forma en que leemos y escribimos buena literatura. Que cada uno juzgue si la lista no se queda corta.

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Nuevas posibilidades

En la sociedad red, Manuel Castells recalca de diferentes formas la idea de que la flexibilidad de la red puede ser una fuerza liberadora, pero también una tendencia represiva si quienes reescriben las leyes son siempre los mismos poderes. Y sentencia: “el control empresarial sobre los primeros estadios del desarrollo de los sistemas multimedia habrá tenido consecuencias duraderas sobre las características de la nueva cultura electrónica. A pesar de toda la ideología sobre el potencial de las nuevas tecnologías para mejorar la educación, la salud, la cultura, la estrategia prevaleciente apunta hacia el desarrollo de un gigantesco sistema de entretenimiento electrónico, considerado la inversión más segura desde una perspectiva empresarial. (…) El uso real en los primeros estadios del nuevo sistema determinará considerablemente los usos, las percepciones y, en última instancia, las consecuencias sociales del multimedia”. En el terreno literario, Internet y la edición digital pueden ofrecer una opción real a esas plataformas de comercialización viciadas por el marketing. La literatura comprometida, que arriesga, fiel a un ideal artístico y responsable con la realidad, debería comenzar a hacer más uso de las posibilidades que ofrecen los canales de comunicación por ordenador para cumplir con su programa idealista. No se trata de enfrentarse frontalmente al stablishment editorial ni de proclamar la muerte del libro en pro de un futuro digital libertario, sino de aunar trabajo, pensamiento y genio para generar algo nuevo y mejor, que suponga una verdadera alternativa a las dinámicas empresariales contrarias a este ideal, sin por ello tener que negarlas o abandonarlas por completo. Algunas dinámicas en que se fundamenta esa alternativa digital, llevan en funcionamiento bastantes años y su éxito es creciente, como los blogs literarios, que conviven o directamente se integran en los mass media. Pero las editoriales dedicadas a la literatura más comprometida apenas participan hoy en la literatura digital, a pesar de ser fundamentales para su buena evolución.

Dentro de poco el lector se descargará libros de la red con tanta normalidad como hoy descarga música o películas. Además de gadgets como el e-reader, la organización OLPC quiere fabricar cientos de miles del modelo XO2, un libro electrónico con dos touchscreen que hará las veces de teclado, que costará 75 dólares y está pensado para su expansión en los países subdesarrollados. Con la misma tecnología, el i-phone se vende (también) como un soporte de lectura, con varias aplicaciones en marcha como Legends (Bestsellers del New York Times por 2 dólares), TexOnPhone, (acceso a 300000 libros de forma gratuita), o ereader, (versión para descargar desde Ficcionwise). Y si al lector le sigue sin convencer leer en una pantalla, la llamada impresión bajo demanda le permitirá encargar a una máquina la impresión del libro que desee, que además encuadernará y se lo entregará en el acto, como si fuera un paquete de Lucky Strike o una bolsita de m&m. El propietario de la librería malagueña Luces, en el quinto aniversario del establecimiento, explicaba así su buena disposición a la incorporación de las máquinas expendedoras a su librería: “si en el siglo XV los libreros eran impresores, ¿por qué hoy no?”. La impresión bajo demanda abarata el coste del producto, es más ecológica, ayuda a aliviar la sobreproducción brutal que padece la industria editorial, y ahorra riesgos al editor comprometido, sin privar a los lectores de seguir disfrutando del objeto libro.

En los últimos años han surgido negocios que ya están explorando el potencial de las tecnologías mencionadas, como Lulu.com, la página de autopublicación líder del mercado que ofrece a sus clientes publicación mediante impresión bajo demanda y también la comercialización de una versión digital de su producto. Muchas de sus prestaciones deberían verse como un adelanto de las ventajas que estos canales pueden reportar al panorama literario. Con la eliminación de algunos intermediarios, costes de producción y marketing, el escritor disfruta de un margen de ganancias mucho mayor que el habitual (80%), y adquiere un control total sobre los derechos de autor y las licencias de propiedad intelectual de su producto. La compañía permite al escritor vender el contenido publicado a través de su propia página Web, con total influencia para decidir sobre el marketing, o su ausencia. Además, como negocio online, se integra plenamente en la economía global, no en economías interiores como la mayoría de las editoriales, lo que en el caso del español ayudaría a generar un panorama panhispánico, en el que éxito o fracaso en la región de origen ya no condicionaría sus posibilidades de expansión.

Con todo, Lulu.com es negocio que aspira a la máxima rentabilidad, a crecer indefinidamente y aumentar el número de sus clientes, que no son los lectores, sino los creadores (Publica, vende, compra, es el lema visible de su página Web). Lulu como marca, no ofrece garantía sobre los contenidos, solo una oportunidad de publicar a todos aquellos que lo deseen. Existe una creencia extendida hacia la edición digital que confunde el modelo de Lulu con el único posible, imaginando al editor digital como una especie de Diógenes que, al no tener que hacer frente a costes iniciales de producción, intenta engrosar su catálogo indiscriminadamente sin preocuparse por la calidad de lo que vende. Probablemente surgirán muchas iniciativas que corroboren este augurio, embarrando el proceso y depauperando el producto digital a los ojos de los escépticos. La buena literatura, que tiene mucho que perder con esta mala praxis, necesita de mecanismos de legitimación y prestigio, que en la red tienden a desaparecer con demasiada frecuencia. Por eso las editoriales consolidadas tienen un papel fundamental en el futuro de la literatura digital, al ofrecer una marca, un distintivo de calidad y una orientación estética reconocible, y realizar un trabajo de selección y edición de textos totalmente necesario para el funcionamiento del sistema literario. En el contexto español, mi fe personal está puesta en el grupo de editoriales que viene a coincidir con la lista que Vicente Luis Mora recoge en su blog Diario de lecturas. Opino que la literatura digital ofrece una gran oportunidad para los editores que anteponen el cumplimiento de objetivos intelectuales y artísticos a los estrictamente comerciales. Aquellos que se tienen por agentes culturales y no por meros vendedores, podrían concentrarse más en los contenidos, y menos en la ingrata búsqueda de la rentabilidad, tan precaria para mucha de la literatura que defienden, al asumir menos riesgos gracias a la copia digital o la impresión bajo demanda. Por desgracia, a día de hoy, esas editoriales no parecen demasiado interesadas en consumar proyectos en este sentido; es como si todo el panorama editorial español viviera en una especie de inexplicable stand-by, a la espera de que alguien dé el primer paso. Mientras, corporaciones como Amazon o Apple consolidan sus estructuras a pasos de gigante.

Nueva crítica

Gracias a las oportunidades del medio digital, la promoción de una novela o un poemario puede cifrarse en la dinámica de difusión exponencial de la información que ocurre en Internet, versión ultramoderna del boca a boca. Los grandes aliados de la alternativa digital son los medios de comunicación gratuitos que hoy proliferan en la red, entre los que los blogs tienen una posición predominante. Se trata de un soporte que ha devuelto al crítico la exclusividad de presentar la obra al lector, sin la mediación dominante del marketing o de discursos simplificadores del periodismo no especializado, obsesionados tanto lo uno como lo otro por vociferar lo nuevo antes que por descifrar sentido alguno. La actual intoxicación de tópicos en que se halla sumida la interpretación de la nueva literatura, fruto de los juicios sumarísimos con que los espídicos mass media despachan todo en clave de actualidad, solo parece encontrar remedio en el tiempo sosegado de las publicaciones y foros de internet que, pese a muchas inconveniencias, son hoy un refugio para la reflexión de fondo y el pensamiento complejo, sin los límites de tiempo o espacio que imponen los medios convencionales.

Manuel Castells apunta como Internet debe gran parte de sus fundamentos estructurales a la cultura de la primera generación de usuarios y desarrolladores, con sus contradicciones utópicas, comunales y libertarias. Y añade: “a medida que los actos heroicos de las primeras tribus informáticas pierden relieve bajo el flujo incesante de los recién llegados, lo que queda de esos orígenes contraculturales de la red es la informalidad y el carácter independiente de la comunicación, la idea de que son muchos los que aportan muchas cosas y que, no obstante, cada uno tiene su propia voz y espera una respuesta individualizada”. La gran mayoría de blogs de/sobre literatura no pasan de ser espacios de expresión personal y carecen de voluntad de servicio, aunque realizan una importante labor de difusión de contenidos e interconexión de la red, y son muestra de que el lector ha pasando de mero receptor a participante activo en el sistema cultural. Sin embargo, son ya significativos los blogs y Web donde se realiza una rigurosa labor crítica, teórica y periodística, que son seguidos por miles de usuarios y generan importantes comunidades virtuales de intercambio y debate, como es el caso de Diario de Lecturas, SalonKritik o Moleskine literario. Estas y otras iniciativas ya consolidadas han sentado un precedente de cómo un medio gratuito y personal, que no exige compromisos ni tampoco reporta beneficios económicos directos, puede llegar a convertirse en un medio de publicación tan solvente y recomendable como los clásicos suplementos y revistas literarias. José Luis Brea, director de SalonKritik, nos decía: “salonkritik funciona más bien con un criterio de repositorio selectivo. No tiene ni pretende exclusividad en los texto que publica y cita siempre la fuente original. Tenemos un cierto número de artículos propios de nuestro equipo editorial, otro de colaboraciones desinteresadas a propuesta de sus autores (cada vez nos llegan más de éstos) y finalmente la parte de repositorio -que es el grueso de lo que publicamos- que funciona a la manera de una revista de revistas (…) todo bajo la licencia de creative commons”. Gracias a la actitud no beligerante de los grandes -como ABC o El País- respecto sus derechos reservados en Internet, la blogosfera cumple un importante papel para rescatar, ensalzar y dar permanencia a contenidos que de otro modo pasarían desapercibidos en el veloz torrente periodístico. Salonkritik quizás sea el caso más sofisticado del continuo cut and paste con que los blogs reverberan libremente la producción cultural, generando una especie de caja de resonancia donde el discurso mediático se reelabora, adquiere nuevas complejidades, interpretaciones, (también misreading), y va sedimentándose a ritmo más sosegado. Aquíla crítica ya no es una caja de texto en manos de un editor comercial, enmaquetada según la estrategia de marketing, ni debe competir con anuncios, banners, y links varios que sobrecargan las páginas de las revistas. Muchas veces, son los blogs, y no los grandes portales de información, los que están dando a los artículos la vida que se merecen.

Beneficios

El coste mínimo de producción y distribución de la copia digital, y los nuevas redes independientes de difusión de la información, han generado un contexto donde la obra ya no necesita ser objeto consumible para ser en el mundo, o no al menos para cumplir con el programa idealista que se supone a la labor artística. Un modelo hipotético perfectamente factible sería el del escritor que presenta una copia de su obra terminada a un editor, éste la selecciona, envía el archivo a un número N de medios críticos, y ellos se encargan de dar a conocer la obra al público, que se la baja de una Web o directamente la copia. Sin embargo, todo apunta a que muy pocos querrían ver sus obras difundidas de este modo, ¿por qué? Roberto Bolaño, quien llevó su compromiso con la literatura a los límites de lo físicamente soportable, (e incluso se diría que llegó a traspasarlos), dejó escrito: “los escritores actuales no son ya, como bien hiciera notar Pere Gimferrer, señoritos dispuestos a fulminar la respetabilidad social ni mucho menos un hatajo de inadaptados sino gente salida de la clase media y del proletariado dispuesta a escalar el Everest de la respetabilidad, deseosa de respetabilidad. Son rubios y morenos hijos del pueblo de Madrid, son gente de clase media baja que espera terminar sus días en la clase media alta. No rechazan la respetabilidad. La buscan desesperadamente”. Aún siendo una ambición perfectamente legítima, difícilmente podrá verse colmada gracias a la distribución y promoción de la obra por las redes de comunicación independientes. La cultura que circula libremente por Internet se ha visto estigmatizada por la falta de mecanismos de control de calidad, contaminada por el océano de basura informacional donde cada vez resulta más difícil encontrar y reconocer lo valioso. El primer juicio que pesa sobre el medio o el artista digital es que, de primeras, sea más basura. A partir de ahí, se puede entender la absoluta necesidad de que entren en juego las editoriales comprometidas, y pongan sus marcas y su prestigio a funcionar en Internet, con la misma vocación que en el medio físico les lleva a cribar las decenas de miles de manuscritos que circulan a la espera de ser publicados. Deberían asumir la doble función de reconocer y apoyar los medios y literaturas de la red con las que comparten las mismas coordenadas culturales, estéticas y de exigencia de calidad, y verlos más como aliados naturales en esa causa común de apoyo a la buena literatura.

Según una encuesta publicada por José Antonio Millán en el futuro de la lectura, “el 69% de los encuestados considera que la principal prioridad de las editoriales ante el reto de la digitalización del libro es la definición de su modelo de negocio online. Esta decisión no sólo conlleva seleccionar un buen proveedor que digitalice todo el fondo y a un precio competitivo; estamos hablando principalmente de una transformación general de la editorial, de su estrategia de producción y distribución, de sus futuras políticas de marketing y comercialización de sus libros y hasta del propio mercado.(…) Siguiendo el ranking de prioridades, el 48% de los encuestados opina que, después de la definición de su modelo de negocio online, la segunda decisión más importante que debe tomar las editoriales en los próximos meses es invertir en formación de sus equipos para ponerse al día sobre el impacto de las nuevas tecnologías en sus negocios”. Como no podía ser de otra manera, las estadísticas reflejan las preocupaciones que se le suponen a una empresa. Pero los editores a los que me refiero se consideran mucho más que empresarios; antes agentes culturales y mecenas, que gracias a una arriesgada labor corporativa, consiguen sacar a la calle libros de poca o nula rentabilidad para satisfacer los gustos de los lectores más instruidos y exigentes. De ahí que resulte extraño que la mayoría de estos editores todavía no hayan puesto en marcha proyectos de literatura digital, cuando precisamente el nuevo medio ofrece grandes posibilidades para cumplir con esos ideales intelectuales y artísticos sin tanto riesgo para su capital. En algunos casos, probablemente lo que prima simple y llanamente sea un prejuicio, un snobismo clasista contra Internet y sus participantes, un rechazo reaccionario ante el cambio, una defensa generacional de unos privilegios, una empecinada negación de lo que se les viene encima.

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La huída del cubo blanco

Hubo un momento en la historia en que el arte para evolucionar debió trascender de las formas más apropiadas para exponerse en un museo o venderse en una subasta. En 1976, el crítico y artista irlandés Brian O´Doherty, describió el espacio galerístico como una celda blanca, un white cube, que funciona como célula protectora frente a todos los factores de la vida cotidiana: “the work is isolated from everything that would detract from its own evaluation of itself. This gives the space a presence possessed by other spaces where conventions are preserved through the repetition of a closed system of values. Some of the sanctity of the church, the formality of the courtroom, the mystique of the experimental laboratory joins with chic design to produce a unique chamber of esthetics. (…) Things become art in a space where powerful ideas about art focus on them”. Actualmente muchas las corrientes artísticas exploran lenguajes artísticos sin preocuparse de si son adecuados o no para su exposición y/o comercialización. Manifestaciones de este tipo – que se han catalogado dentro de corrientes de land art, arte conceptual, video arte o arte de las nuevas tecnologías- han conseguido ya el reconocimiento y la promoción de las instituciones legitimadoras.

Son mayoría los que enarbolan una defensa del objeto libro, aunque sus argumentos rara vez trascienden de la evocación cariñosa de la experiencia plástica que procura su uso y colección. Sin embargo, el libro tradicional también es un white cube, una celda blanca donde se reitera un cerrado sistema de valores que son preservados gracias a la sacralización psicológica del objeto, que genera toda una serie de presupuestos, conscientes o inconscientes, sobre lo que debe ser su contenido. El libro es un símbolo en sí mismo que viene significando desde hace milenios y cuyo sentido acumulado se antepone al sentido de la obra que contiene. Por mucho que la obra rompa nuestras expectativas, nunca dejará de ser el libro, que no significa poco, sino mucho. ¿Pero por qué la literatura tiene que ser un libro? El sistema capitalista dominante obliga: es lo que se vende. La literatura ya no solo asume la carga simbólica del objeto que la contiene, también debe ponerse al servicio de la deformación que las estrategias de venta del propio objeto generan sobre su significado. El marketing obliga a que las novelas tengan una determinada extensión, a que los autores publiquen con una determinada frecuencia, a que las portadas exageren o encubran, disfracen o calumnien, a que la publicidad y el periodismo de usar y tirar imponga un sentido, a que tengamos que conocer el rostro del autor, su biografía, sus vergüenzas, y eso solo cuando la editorial directamente no interviene en el contenido para adaptarla a los estudios de mercado. Los escritores toleran los abusos con la esperanza de ver publicada su obra, único ticket posible para entrar en el nuevo panteón de la literatura: el panteón de la rentabilidad.

Hoy el medio digital ofrece su potencial para librar a la literatura del fatum del objeto consumible. Al revés que las revoluciones tradicionales, obsesionadas con aniquilar el orden anterior para instaurarse a sí mismas, la revolución digital debería consistir en una alternativa que trate de rellenar las carencias del viejo sistema, abriendo el campo de experimentación literaria y artística sin histerias ni dogmatismos. Quizás el futuro pase por refundar la unidad literaria y volver a segmentos más breves como la nouvelle o el poema o relato como unidades independientes. Quizás pase por incorporar nuevos lenguajes artísticos y acercar la literatura a la experiencia multimedia. O quizás por la gestión personalizada de los derechos de propiedad intelectual, dando un nuevo sentido político a la obra. Son muchas las posibilidades. De momento quizás. La literatura que arriesga, que se compromete con la realidad y persigue la renovación estética, tiene mucho que ganar con la implantación de una alternativa digital, independiente de las estructuras de comercialización que imponen los grandes capitales. Un poco de idealismo no nos vendría nada mal.