La Palin en Esquire

El vídeo

El artículo que sigue aparece este mes, diciembre, en la revista Esquire.

En cuerpo: el asunto más misterioso de nuestros días.

HABLEMOS DEL CUERPO: la Palin
Agustín Fernández Mallo

Si no fuera un tópico comenzar un texto parafraseando el arranque de El Manifiesto Comunista, “un fantasma recorre Europa”, diría sin ninguna clase de problema: “un cuerpo de mujer recorre los Estados Unidos de América”. El nombre en el que ese aloja ese cuerpo es Sarah Palin. Ya no será vicepresidenta, pero seguirá representando un nuevo tipo de “cuerpo-ficción”.
Desde que hace pocos meses apareció en la escena política americana, la señora Palin ha arrastrado un halo de atracción carnal, en bruto y simultáneamente ingenua, tal, que no pocos seguidores de la opción demócrata asumen el morbo irradiado por esta dama [madre, chacha, mujer a secas, cazadora de osos, parturienta compulsiva y hasta intérprete de flauta travesera a tenor de lo visto en un vídeo disponible en YouTube], al punto de admitir haberle dado su voto para poder verla más a menudo en televisión. En el ámbito de la política, muchos hombres habían representado ese papel, de JFK a Adolfo Suárez, pero no se recuerda un caso similar de mujer política sexo-imán. De repente, esta chica de medidas corporales discretas, gafas de bibliotecaria, cinismo explícito, dulzura condescendiente y mala leche a partes iguales, compite en morbo con Paris Hilton o con cualquier jovencita de puritanas.com. Según la revista del corazón OK, se le había ofrecido posar para el desplegable de Playboy en caso de fracasar en política; si aceptarse, nuestra ganancia por su fracaso político sería doble. Cientos de personas acudieron y acuden al bar Chicago Old Town para ver el desnudo que de Palin ha pintado el dueño del establecimiento, demócrata declarado. En ese lienzo, Palin viste únicamente tacones y empuña un rifle. Muñecas de Palin caracterizada de colegiala exuberante con minifalda de cuadros y sujetador rojo, pura Lolita, se venden por miles en Internet a 30 dólares la unidad. ¿Qué tiene Palin?  Vayamos por partes.

LA CABEZA
A quien, una vez mirado de pasada el rostro de Palin, se le pidiera que dijera el primer paisaje que le viene a la mente, no diría una playa de Florida, ni tampoco la 5ª avenida en hora punta, ni un campo de golf, ni un barrio residencial del sur de California, ni un centro comercial vacío, ni, teniendo en cuenta que en los USA el coche es en sí  mismo un continente, tampoco diría un Buick, no, sino algo mucho más indefinido y elemental: montañas levemente gastadas, de tonos ocres, preferentemente en otoño, de vegetación de hoja caduca, con un manso lago truchero y un par de pequeños picachos despuntando discretamente. El rostro de Palin es ese paisaje neutro, que tanto se llenó de nieve el mes pasado como lo cubrirá mañana un tibio sol de atardecer. Esa característica de ser todo y nada incorpora a su rostro un paréntesis de intranquilidad, inquietud en estado puro, misterio sin pirotecnia. Analizando por partes el paisaje, descubrimos unos pómulos ligeramente sobresalientes [no por efecto de la cirugía], ojos sobredimensionados tras unas gafas sin montura que le dan un aire de pez en su pecera [NOTA 1: volveremos a las gafas más tarde], los labios en su punto de carne, [como una BigMac, ni mucho magro ni mucha grasa], y siempre ligeramente abiertos no en señal de reclamo sexual, sino todo lo contrario, de perplejidad o embobamiento. Todo eso conforma un paisaje natural, sin estridencias, crepuscular, arquetipo de películas como El Hombre que Susurraba a Los Caballos o El Estanque Dorado. Coronando ese mapa aparece el moño, bien atado, pero lo suficientemente revuelto como para dar a entender que estaba cambiando el pañal al pequeño cuando tuvo que salir pitando porque le esperaba un discurso ante 1 millón de conciudadanos que, como ella, también cambian pañales, también cargan escopetas y se anudan moños. Unas orejas y nariz anodinas rematan el cuadro; estridencias, las justas.
Es, en suma, la imagen de la bibliotecaria de provincias, la niña que pierde la virginidad porque, sencillamente, hay que perderla. Estamos ante la más íntima iconografía americana, la Olivia Newton John de Grease antes de su transformación sexo-animal al final de la película. La mujer cuyo afrodisíaco mejor guardado es la debilidad. Hasta que habla.

En efecto, sus cuerdas vocales modulan palabras de manera casi automática. Entonces, recuerda a un robot, sí, pero en los tiempos que corren esa palabra está gastada y preferimos decir cyborg, criatura que comparte su naturaleza humana con otra más misteriosa, la naturaleza maquínica [paradójicamente, en el cyborg la parte máquina posee una trascendencia superior a la parte humana]. Es en ese momento, el del habla, cuando el rostro de montañas gastadas y barnizadas de ocre, el paisaje otoñal con su infinita fauna, sus escarabajos, pájaros carpinteros, osos y otros seres ocultos aún por catalogar, se torna helado, casi extraterrestre, venusiano. Ya no es Olivia Newton John montada en el caballo de Robert Redford mientras el anciano Henry Fonda les espera en la cabaña con tortitas recién hechas y truchas pescadas en un lago que es de nadie y al mismo tiempo es de todos los americanos, no, ahora se trata de una implacable Mujer Biónica en misión tan especial como secreta en algún lugar perdido de la galaxia americana.
Y estas dos facetas, la “natural” y la biónica, no se anulan, pero tampoco se suman en una adición simple, sino que dan un producto que las supera, resuelto en morbo y sexo claroscuro. En efecto, nada causa más atracción que ver hablar, gesticular y moverse a un ser ligeramente desviado de lo que es considerado “normal” en una sociedad y un momento histórico dados [de ahí que las diferentes variantes del transformismo corporal hayan atravesado la Historia sin inmutarse].

NOTA 2: Tengo para mí que si las filosofías orientales arrasan en Occidente en forma de tratados de autoayuda y otros subproductos, no es porque la postulada fusión de contrarios genere armonía, y en consecuencia paz, sino por todo lo contrario: llaman directamente a la unión sexual no resuelta, permanentemente insatisfecha por inalcanzable: ahí está de nuevo Palin, morbosa fusión de contrarios.

NOTA A LA NOTA 2: De la misma manera que en Occidente la perversión sexual masculina más reconocida es la que implica la incursión sacrílega en elementos de simbología religiosa, casi siempre cristiana [pervertir a una monja, la religiosa que a determinadas horas del día se transforma en voluptuosa madame, etc], en los USA, dado que su sentido de la religión está totalmente enraizado en la naturaleza y el paisaje pasados por el tamiz eco-puritano protestante, la perversión sexual masculina por antonomasia es la fantasía de una violencia generada espontáneamente por la “madre naturaleza”, desatada, ciclónica: la posibilidad de que lo “natural”, el espacio, el paisaje, la mismísima Casa de La Pradera, mute en cosa desconocida y totalmente alejada del orden establecido, por ejemplo, en un burdel de carretera. Es como si de repente se albergara la posibilidad de que el libro que cada noche lee la Sra. Ingalls fuera un Kama Sutra camuflado con las tapas de la Biblia. Es ese  magnetismo sexual, de señora Ingalls “desviada”, el que olfatearon miles de hombres americanos antes de votar a Palin. FIN  DE LA NOTA A LA NOTA.

Además hay rasgos añadidos, periféricos, complementos a toda esa indefinición de la que hablamos, como lo andrógino de su rostro, que tiene anulada la separación masculino/femenino. Ahora bien, se puede percibir como lo contrario, la radicalización de los dos géneros sexuales en un mismo rostro, la propia definición de metrosexual: una vez cortado el pelo, bien podría tener los rasgos de hombre feminizado gracias a la exaltación compulsiva de su lado femenino. La fémina más fémina de todas las féminas porque además de trabajar como un hombre amamanta [de su propio pecho, of course] a 5 cachorros [y a los que vengan].

Pero qué duda cabe de que el elemento que más feromonas hace correr, el que redondea y ata el círculo sin dejar opción a decimales, son las gafas. Desprovistas de la típica montura de pasta o metal, son el paradigma de la transparencia, “yo soy como soy y me muestro así para que todos me vean, me desnudo”. No hay elementos que estorben en sus gafas: ni esnobismo gafapasta, ni fastos Dolce Gabbana, ni despilfarros ni trampantojos, no hay ese catolicismo tan falso como romano, sino puro protestantismo, claridad y pureza en la mirada,  puritanas.com. Yo soy la Palin, no hay gafas que puedan con la honestidad de mi mirada. Yo soy Betty y, en lo más hondo, soy guapa; esa hondura me convierte también en la más atractiva.

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Bonus-Track: TRONCO Y EXTREMIDADES
Otra de las muñecas que arrasa en ventas en la Red, es la que presenta a Palin, ya no de sexy colegiala, sino de mujer Matrix: minifalda blanca atada con cinturón ancho, gabardina nazi abierta, negra y larga hasta los pies. Esa iconografía guerrera viene alimentada por el tronco y las extremidades de la Palin real.

Las fotos que conocemos de la Palin “civil”, la presentan como una mujer de piernas compactas, muy musculadas, sobre todo en los músculos recto anterior y vasto externo, y unos pechos pequeños sobre pectorales trabajados. Es, sin duda, el cuerpo de una culturista a medio formar, masa muscular que guarda ecos de una fuerza detenida. A eso, hay que añadir su afición por las armas para despejar la ecuación. El elemento Matrix le aporta la justa contemporaneidad, la justa épica, y la justa ambigüedad argumental. El elemento culturista incide en la heroína de vídeo- juego. Analícese ese cuerpo: es el arquetipo [en mujer real] de Angelina Jolie caracterizada de Lara Croft en Tomb Rider, la justiciera arqueóloga británica con el cuerpo mejor dibujado de la historia del vídeo juego: sexo en estado puro que canaliza su perversión en la pureza de una silueta de mujer irreal, mujer-gag. O la espectacular ucraniana Milla Jovovich, quien en la película Resident Evil (basada en vídeo juego) reparte justicia entre zombis valida de todo tipo de armamento pesado. Esa es Palin, la muñeca Matrix, la muñeca que plantaría cara a los míticos Big-Gym, y daría soberanas palizas a los Mandelman, capaz de ridiculizar a cualquier hombre por cuanto capacidades, el giro de tuerca a la feminista clásica: rostro de abnegada mamá y cuerpo de guerrera, de cazadora, de astronauta, de Miss Estados Unidos de América . Como si pensara: “ahí te quedas, Hillary, soy exactamente la suma de todos mis marines y de ti”. Pero no pudo ser, Palin se va, regresa a Alaska; siempre nos quedará el desplegable de Playboy.

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2 comentarios para “La Palin en Esquire”

  1. Gog dice:

    Texto magnífico, Agustín, sin palitivos. Interesantísmo análisis socio-político-antropológico.

    A mi musa Segolene Royal precisamente lo q le falta para triunfar es esa aparente inocencia y castidad enfermiza tan atrayente, como dices; o sea, le sobra su halo de malicia y de pícara experta q pone a la defensiva a tantos hombres y q hace desconfiar a otra mucha gente, aunq el suya sea un porte mucho más sincero y moderno.

  2. agustín dice:

    Me alegro de que te guste, Gog! Gracias.
    Segolene Royal está muy muy bien; tampoco has seleccionado mal tú… Je, je.

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