


El vídeo
El artículo que sigue aparece este mes, diciembre, en la revista Esquire.
En cuerpo: el asunto más misterioso de nuestros días.
HABLEMOS DEL CUERPO: la Palin
Agustín Fernández Mallo
Si no fuera un tópico comenzar un texto parafraseando el arranque de El Manifiesto Comunista, “un fantasma recorre Europa”, diría sin ninguna clase de problema: “un cuerpo de mujer recorre los Estados Unidos de América”. El nombre en el que ese aloja ese cuerpo es Sarah Palin. Ya no será vicepresidenta, pero seguirá representando un nuevo tipo de “cuerpo-ficción”.
Desde que hace pocos meses apareció en la escena política americana, la señora Palin ha arrastrado un halo de atracción carnal, en bruto y simultáneamente ingenua, tal, que no pocos seguidores de la opción demócrata asumen el morbo irradiado por esta dama [madre, chacha, mujer a secas, cazadora de osos, parturienta compulsiva y hasta intérprete de flauta travesera a tenor de lo visto en un vídeo disponible en YouTube], al punto de admitir haberle dado su voto para poder verla más a menudo en televisión. En el ámbito de la política, muchos hombres habían representado ese papel, de JFK a Adolfo Suárez, pero no se recuerda un caso similar de mujer política sexo-imán. De repente, esta chica de medidas corporales discretas, gafas de bibliotecaria, cinismo explícito, dulzura condescendiente y mala leche a partes iguales, compite en morbo con Paris Hilton o con cualquier jovencita de puritanas.com. Según la revista del corazón OK, se le había ofrecido posar para el desplegable de Playboy en caso de fracasar en política; si aceptarse, nuestra ganancia por su fracaso político sería doble. Cientos de personas acudieron y acuden al bar Chicago Old Town para ver el desnudo que de Palin ha pintado el dueño del establecimiento, demócrata declarado. En ese lienzo, Palin viste únicamente tacones y empuña un rifle. Muñecas de Palin caracterizada de colegiala exuberante con minifalda de cuadros y sujetador rojo, pura Lolita, se venden por miles en Internet a 30 dólares la unidad. ¿Qué tiene Palin? Vayamos por partes.
LA CABEZA
A quien, una vez mirado de pasada el rostro de Palin, se le pidiera que dijera el primer paisaje que le viene a la mente, no diría una playa de Florida, ni tampoco la 5ª avenida en hora punta, ni un campo de golf, ni un barrio residencial del sur de California, ni un centro comercial vacío, ni, teniendo en cuenta que en los USA el coche es en sí mismo un continente, tampoco diría un Buick, no, sino algo mucho más indefinido y elemental: montañas levemente gastadas, de tonos ocres, preferentemente en otoño, de vegetación de hoja caduca, con un manso lago truchero y un par de pequeños picachos despuntando discretamente. El rostro de Palin es ese paisaje neutro, que tanto se llenó de nieve el mes pasado como lo cubrirá mañana un tibio sol de atardecer. Esa característica de ser todo y nada incorpora a su rostro un paréntesis de intranquilidad, inquietud en estado puro, misterio sin pirotecnia. Analizando por partes el paisaje, descubrimos unos pómulos ligeramente sobresalientes [no por efecto de la cirugía], ojos sobredimensionados tras unas gafas sin montura que le dan un aire de pez en su pecera [NOTA 1: volveremos a las gafas más tarde], los labios en su punto de carne, [como una BigMac, ni mucho magro ni mucha grasa], y siempre ligeramente abiertos no en señal de reclamo sexual, sino todo lo contrario, de perplejidad o embobamiento. Todo eso conforma un paisaje natural, sin estridencias, crepuscular, arquetipo de películas como El Hombre que Susurraba a Los Caballos o El Estanque Dorado. Coronando ese mapa aparece el moño, bien atado, pero lo suficientemente revuelto como para dar a entender que estaba cambiando el pañal al pequeño cuando tuvo que salir pitando porque le esperaba un discurso ante 1 millón de conciudadanos que, como ella, también cambian pañales, también cargan escopetas y se anudan moños. Unas orejas y nariz anodinas rematan el cuadro; estridencias, las justas.
Es, en suma, la imagen de la bibliotecaria de provincias, la niña que pierde la virginidad porque, sencillamente, hay que perderla. Estamos ante la más íntima iconografía americana, la Olivia Newton John de Grease antes de su transformación sexo-animal al final de la película. La mujer cuyo afrodisíaco mejor guardado es la debilidad. Hasta que habla.
En efecto, sus cuerdas vocales modulan palabras de manera casi automática. Entonces, recuerda a un robot, sí, pero en los tiempos que corren esa palabra está gastada y preferimos decir cyborg, criatura que comparte su naturaleza humana con otra más misteriosa, la naturaleza maquínica [paradójicamente, en el cyborg la parte máquina posee una trascendencia superior a la parte humana]. Es en ese momento, el del habla, cuando el rostro de montañas gastadas y barnizadas de ocre, el paisaje otoñal con su infinita fauna, sus escarabajos, pájaros carpinteros, osos y otros seres ocultos aún por catalogar, se torna helado, casi extraterrestre, venusiano. Ya no es Olivia Newton John montada en el caballo de Robert Redford mientras el anciano Henry Fonda les espera en la cabaña con tortitas recién hechas y truchas pescadas en un lago que es de nadie y al mismo tiempo es de todos los americanos, no, ahora se trata de una implacable Mujer Biónica en misión tan especial como secreta en algún lugar perdido de la galaxia americana.
Y estas dos facetas, la “natural” y la biónica, no se anulan, pero tampoco se suman en una adición simple, sino que dan un producto que las supera, resuelto en morbo y sexo claroscuro. En efecto, nada causa más atracción que ver hablar, gesticular y moverse a un ser ligeramente desviado de lo que es considerado “normal” en una sociedad y un momento histórico dados [de ahí que las diferentes variantes del transformismo corporal hayan atravesado la Historia sin inmutarse].
NOTA 2: Tengo para mí que si las filosofías orientales arrasan en Occidente en forma de tratados de autoayuda y otros subproductos, no es porque la postulada fusión de contrarios genere armonía, y en consecuencia paz, sino por todo lo contrario: llaman directamente a la unión sexual no resuelta, permanentemente insatisfecha por inalcanzable: ahí está de nuevo Palin, morbosa fusión de contrarios.
NOTA A LA NOTA 2: De la misma manera que en Occidente la perversión sexual masculina más reconocida es la que implica la incursión sacrílega en elementos de simbología religiosa, casi siempre cristiana [pervertir a una monja, la religiosa que a determinadas horas del día se transforma en voluptuosa madame, etc], en los USA, dado que su sentido de la religión está totalmente enraizado en la naturaleza y el paisaje pasados por el tamiz eco-puritano protestante, la perversión sexual masculina por antonomasia es la fantasía de una violencia generada espontáneamente por la “madre naturaleza”, desatada, ciclónica: la posibilidad de que lo “natural”, el espacio, el paisaje, la mismísima Casa de La Pradera, mute en cosa desconocida y totalmente alejada del orden establecido, por ejemplo, en un burdel de carretera. Es como si de repente se albergara la posibilidad de que el libro que cada noche lee la Sra. Ingalls fuera un Kama Sutra camuflado con las tapas de la Biblia. Es ese magnetismo sexual, de señora Ingalls “desviada”, el que olfatearon miles de hombres americanos antes de votar a Palin. FIN DE LA NOTA A LA NOTA.
Además hay rasgos añadidos, periféricos, complementos a toda esa indefinición de la que hablamos, como lo andrógino de su rostro, que tiene anulada la separación masculino/femenino. Ahora bien, se puede percibir como lo contrario, la radicalización de los dos géneros sexuales en un mismo rostro, la propia definición de metrosexual: una vez cortado el pelo, bien podría tener los rasgos de hombre feminizado gracias a la exaltación compulsiva de su lado femenino. La fémina más fémina de todas las féminas porque además de trabajar como un hombre amamanta [de su propio pecho, of course] a 5 cachorros [y a los que vengan].
Pero qué duda cabe de que el elemento que más feromonas hace correr, el que redondea y ata el círculo sin dejar opción a decimales, son las gafas. Desprovistas de la típica montura de pasta o metal, son el paradigma de la transparencia, “yo soy como soy y me muestro así para que todos me vean, me desnudo”. No hay elementos que estorben en sus gafas: ni esnobismo gafapasta, ni fastos Dolce Gabbana, ni despilfarros ni trampantojos, no hay ese catolicismo tan falso como romano, sino puro protestantismo, claridad y pureza en la mirada, puritanas.com. Yo soy la Palin, no hay gafas que puedan con la honestidad de mi mirada. Yo soy Betty y, en lo más hondo, soy guapa; esa hondura me convierte también en la más atractiva.

Bonus-Track: TRONCO Y EXTREMIDADES
Otra de las muñecas que arrasa en ventas en la Red, es la que presenta a Palin, ya no de sexy colegiala, sino de mujer Matrix: minifalda blanca atada con cinturón ancho, gabardina nazi abierta, negra y larga hasta los pies. Esa iconografía guerrera viene alimentada por el tronco y las extremidades de la Palin real.
Las fotos que conocemos de la Palin “civil”, la presentan como una mujer de piernas compactas, muy musculadas, sobre todo en los músculos recto anterior y vasto externo, y unos pechos pequeños sobre pectorales trabajados. Es, sin duda, el cuerpo de una culturista a medio formar, masa muscular que guarda ecos de una fuerza detenida. A eso, hay que añadir su afición por las armas para despejar la ecuación. El elemento Matrix le aporta la justa contemporaneidad, la justa épica, y la justa ambigüedad argumental. El elemento culturista incide en la heroína de vídeo- juego. Analícese ese cuerpo: es el arquetipo [en mujer real] de Angelina Jolie caracterizada de Lara Croft en Tomb Rider, la justiciera arqueóloga británica con el cuerpo mejor dibujado de la historia del vídeo juego: sexo en estado puro que canaliza su perversión en la pureza de una silueta de mujer irreal, mujer-gag. O la espectacular ucraniana Milla Jovovich, quien en la película Resident Evil (basada en vídeo juego) reparte justicia entre zombis valida de todo tipo de armamento pesado. Esa es Palin, la muñeca Matrix, la muñeca que plantaría cara a los míticos Big-Gym, y daría soberanas palizas a los Mandelman, capaz de ridiculizar a cualquier hombre por cuanto capacidades, el giro de tuerca a la feminista clásica: rostro de abnegada mamá y cuerpo de guerrera, de cazadora, de astronauta, de Miss Estados Unidos de América . Como si pensara: “ahí te quedas, Hillary, soy exactamente la suma de todos mis marines y de ti”. Pero no pudo ser, Palin se va, regresa a Alaska; siempre nos quedará el desplegable de Playboy.

Redirijo al blog de Juan Francisco Ferré, en el que ha hecho un estupendo análisis del, para mí, más interesante libro de ensayo del año (y de varios años atrás) Homo Sampler, Tiempo y consumo en la Era Afterpop (Anagrama), de Eloy Fdez Porta.
Soy de la opinión de que Eloy ha firmado con este libro una pieza que será imprescindible en los próximos años para el análisis del consumo del arte, la política y las relaciones de sujeto con el mercado.
Del prólogo del libro:
Por Eloy Fernández Porta
Hubo un día, no muy lejano, en que al fetiche pop se lo llamaba “simple”, “inmediato”, “superficial”. Esos atributos han sido desbordados por la emergencia de nuevos objetos y, con ellos, de nuevas formas de complejidad, que piden a gritos una lectura de segundo grado, si es que no la traen de fábrica. El objeto de consumo actual “contiene aditivos”, llámense vanguardia, trash, crítica cultural, desinformación o -en última instancia- la herencia misma del pop entendida como una tradición que ya no es susceptible de ser disfrutada espontáneamente, sino que lleva consigo, como cualquier otro archivo, su orden interno, sus pruebas de fe, su Iglesia y sus doctores. Sí, el pop acabó con el concepto canónico de Alta Cultura, pero desde las catacumbas del undergound la Alta Cultura se rehizo, se reconfiguró y utilizó los canales del sistema -sus conductos de ventilación, sus Caminos de Baldosas Amarillas y el sujeto mismo, concebido como “un conducto por el que circula la información” (William Gibson)- para propagar una nueva sustancia que corroyó los paisajes del pop, vaciándolos de sus héroes, sus sujetos y su significado. Una información liviana estructurada y problematizada como un saber académico: ese ha sido el auge y la cruz de la cultura pop en el cambio de siglo.
Copio y pego:
Creta lateral travelling
Agustín Fernández Mallo
Slopper. Palma de Mallorca, 2008. 138 páginas, 18 euros
Solo cuatro años después de su primera salida, casi clandestina, Creta lateral travelling adquiere su verdadera dimensión: ayer sólo parecía una obra
desconcertante e inteligente, que andaba entre la ocurrencia y la
visión muy original y seria del mundo y de la literatura; en su
reedición se descubre que es la puesta en práctica de los
planteamientos innovadores de Agustín Fernández Mallo (La Coruña,
1967).
Creta… responde, en su trazo básico, a un recorrido por la
isla griega, pero en nada recuerda los libros viajeros convencionales.
Una impronta experimental impregna este texto inclasificable:
secuencias breves numeradas en orden descendente; rupturismo léxico y
tipográfico; aleación de ensayo, relato y poema; mezcla de perspectivas
(visionaria, intimista y discursiva). Esta forma mestiza acoge una
auténtica reflexión metafísica de crudo materialismo.
Fernández Mallo añade ahora una propuesta programática denominada
“poesía postpoética”. Esta telegráfica nota no permite comentar las
sugestivas ideas de tal revulsivo manifiesto que proclama la autonomía
absoluta del arte y la incapacidad de la ciencia y la literatura para
representar el mundo. Le veo poco recorrido al postulado antirrealista
de Fernández Mallo (creo más fecunda la línea Belén Gopegui-Isaac
Rosa), pero sí merece atenta reflexión porque plantea un desafío
inexcusable: sacar la creación del conformismo rutinario en que
sobrevive y adaptarla a los retos, inéditos, del siglo XXI. O renovarse
o morir, sostiene el autor.
Santos SANZ VILLANUEVA
Comentario:
En primer lugar agradezco al crítico Sanz Villanueva sus palabras y la
atención con que ha leído el libro, y también a El Cultural por
publicarlo.
Tengo por costumbre no comentar ninguna de las críticas a mis libros, pero en este caso me gustaría decir algo porque no tiene que ver con mi libro en sí, sino con otras personas.
Sobre el comentario final en la crítica (realismo vs no-realismo), y con independencia de que a la postre se cumpla el vaticinio o no, quería apuntar que en absoluto creo que el asunto de la futura literatura pase porque una tendencia “realista” barra a otra “no-realista” o viceversa. Creo que autores como Belén Gopegui o Isaac Rosa, al margen de gustos, son necesarios y hacen una literatura cuya calidad está fuera de toda duda, por lo que no me gustaría en absoluto que desaparecieran. Más bien pienso que hace tiempo que en la literatura hay sitio para muchas tendencias, y más hoy día que la “realidad” es un ente de amplio espectro. Una de las cosas que me parecen más saludables es que, como ocurre hace tiempo en las artes plásticas, las tendencias se hayan mezclado y convivan; un típico efecto de la posmodernidad tardía, globalizada y mestiza. No es: estás conmigo o estás contra mí, sino, yo hago esto y el vecino hace otra cosa, y bien está mientras haya lectores para todos los gustos. Jamás me he planteado escribir con el fin de desplazar a otras tendencias estéticas, sino con el de desarrollar la mía, tranquilamente pero con toda la energía creativa que tenga, sea ésta mucha o poca.
Ya sé que la intención de Sanz Villanueva no era crear rivalidades ni nada por el estilo, pero quería aclararlo porque en esto de las malas interpretaciones aquí el que no corre vuela.
Aparte: además, me hace ilusión que coincida esta reseña con esa portada de El Cultural, que es una obra de mi buena amiga Ester Partegás.

Aquí un curioso mapa. Se trata del paseo que dieron por la Luna los miembros del Apolo 11, Aldrin y Armstrong, puesto a escala sobre un campo de fútbol reglamentario para hacerse una idea de las dimensiones del paseo. Para verlo en grande, pinchar aquí , que remite a la página de Historia de la NASA (una vez dentro tiene un zoom).
En Azul, el estacionamiento de la nave. En amarillo, la zona pisada.
Total: 13 horas.
Además, si se mira bien el mapa, se comprueba que espontáneamente Aldrin y Armstrong se posicionaron en campos diferentes, contrarios. Lo que [¡atención antropólogos, os estoy dando un Ejemplo de Oro, aprovechadlo, aprovechadlo, ya que es la única conquista hasta fecha extraterrestre!] nos confirma la existencia de una innata rivalidad cuando 2 humanos llegan a territorio aún no conquistado; esto no es un western, amigos, no es Hollywood, esto es real, la prueba irrefutable. Por lo demás, esa oposición [en porterías contrarias] prefigura la vida que cada uno de ellos seguiría desde entonces; vidas bastante antagónicas.
Como dicen los microsiervos, lo de usar campos de fútbol como sistema métrico es un clásico: “el incendio de California cubría 200 campos de fútbol”, “si el núcleo de un átomo es una pelota, los electrones orbitan en las gradas”, etc.
Esto me recuerda que cuando estudiaba BUP, el padre de un compañero de clase tenía una industria de distribución de huevos de gallina. Mi amigo utilizaba el sistema métrico “docenas de huevos”. Por ejemplo, “…la nevera es grande, unas 50 docenas de huevos”, o “mi casa tiene una superficie de unas 1050 docenas de huevos” (eso lo decía en broma).
Tangencialmente al asunto de los sistemas métricos, está el de las escalas. Creo que en la mente de todos está el cuento de Borges en el que los cartógrafos de un reino hacen un mapa tan grande como el propio reino. Lo que no sólo lo vuelve inútil, sino que da lugar a una cierta clase monstruosidad: la escala 1:1, la réplica exacta. El clon: esa, de tan perfecta, deformidad. No en vano, siguiendo con las réplicas, Borges insistió: “los espejos y la cópula son abominables porque multiplican en número de hombres”.
Italo Calvino utilizó argumentos próximos en Las Ciudades Invisibles.
Creo que un caso especial de imposibilidad absoluta de hacer una escala 1:1, una réplica, es el lenguaje, la traducción. No se puede traducir un texto con total exactitud. Y no porque el texto sea un territorio muy extenso, sino por lo contrario. Cada frase o incluso palabra, está llena de microsimas que imposibilitan elaborar un mapa idéntico en otra lengua. Ni siquiera Perro es Dog, ni Dios de God.
En CSI Las Vegas hay un asesino en serie que en cada escenario del crimen deja una maqueta exacta del escenario, decoración, manchas, mobiliario, y posición del muerto incluida. Pero, premeditadamente, siempre añade un detalle en apariencia imperceptible, que no está en el original, y que da una clave para atraparlo, una pista. Es decir, que no es a escala perfecta, hay un fallo, y eso es lo que lleva a que exista una trama, una investigación, un significado, vía un aparente error. Lo que demuestra que todas las escalas, si son réplicas perfectas, y en especial la 1:1, no valen para nada. Lo que a su vez demuestra que la traducción exacta de un texto, de poder hacerse, tampoco valdría para nada, ya que negaría la existencia de diferentes lenguajes.
También pinchando aquí, la foto del territorio real.

Compostela, vísperas de examen, espero el bus,
en la otra acera, LOCAL EN REFORMA.
PRÓXIMA APERTURA, un albañil faena con el
cigarro incrustado a los labios [a veces me pre-
gunto qué habrá sido de él]. Cerró la puerta por
dentro, asió la brocha gorda, y comenzó a pintar
el inmenso escaparate de blanco. Primero el lado
superior, laterales y base, hasta conformar un
marco. Continuó así, en sucesivos cuadrados
concéntricos. Se acercaba al transistor apoyado
en una escalera de mandíbula y cambiaba la ca-
ssette que yo no oía, o movía el cigarro de una
comisura a otra perplejado en el surco de las
hebras. Hasta que sólo quedó un rectángulo del
tamaño de un antifaz, nuestras miradas se encon-
traron, y selló de un brochazo. Me subí al bus,
abrí el libro por el tema diecisiete [a veces me
pregunto qué habrá sido de él].[37]
(de Creta Lateral Travelling)
Helena Almeida, (Lisboa) En Fundación Teléfónica, Madrid.
Hibridación entre el body art, la performance, el conceptualismo, la
fotografía y la pintura.
Mezcla la técnica
fotográfica con lo pictórico y con su cuerpo, motivo
central de todas sus obras. Reflexiona sobre lo virtual o real del los espacios, y sobre la noción de modelo representado; el autorretrato. No hay autobiografía, sino investigación de la materialidad del cuerpo.
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Ayer me acerqué al Diario de Mallorca. El periodista Matías Vallés (premio Ortega y Gasset de periodismo por descubrir la trama de los vuelos secretos de la CIA con presos, y el primero -junto con José Carlos Llop- que reasaltó en su día Creta Lateral Travelling como uno de los libros más interesantes de aquel 2004, y sin que nada tengan que ver estos dos hechos), me hizo una entrevista para que salga este sábado o domingo. En el transcurso de la charla y de sus interesantes preguntas, me espetó: “vale ya de tanto post y tanto after, ¿es usted pre algo?” Y como por unos instantes no supe qué responder, le dije: “pre yo-mismo, porque siempre me parece que voy detrás de mí mismo, persiguiéndome sin alcanzarme”. Parece que la respuesta le convenció. Después, pensándola detenidamente, lo que en un principio era un simple mecanismo para escapar de una pregunta difícil, adquirió cierta consistencia y densidad. Porque, en efecto, me he llegado a convencer de que ir un poco retrasados de nosotros mismos, o ser nuestra propia sombra, nos induce a continuar una búsqueda; ¿búsqueda de qué? Pues eso: de nada, de nosotros mismos. Todo proyecto no es más un recubrimiento, una excusa. Recordé una frase de Thomas Bernhard, de no sé qué libro, que decía, si no recuerdo mal. “Me preparo para mí mismo, todo esto no es más que una preparación para mí mismo”. Otra vez: pues eso.

Si la vida la comparamos con una película, te alcanzas a ti mismo el día en que los títulos de créditos de la peli duran más que la propia peli, pero ese es el día en que te mueres. Hay absurdos que sólo conducen a la muerte. Elige.
Leo unas noticias, tratan de que están construyendo objetos transparentes a la luz, es decir, invisibles. Los tienes delante por no los ves. El asunto estaría en que esos objetos no desvían la luz, por lo tanto no pueden verse. Puedes cubrir todos los libros de tu biblioteca con ese metamaterial; parece que las estanterías están vacías. Pero los libros siguen ahí. Proyecto: CASA DES-TOMADA: Podrías cubrir todos los muebles de tu casa con el metamaterial, y tendrías una casa vacía, tendrías que comer como a ciegas, sentarte como a ciegas, afinando la puntería, [como hacen las mujeres y los hombres del tiempo de los telediarios, que señalan pantallas vacías].

Vi unas páginas web sobre grapadoras. Nunca imaginé la cantidad de marcas y modelos que existen. Es un producto básico, utilísimo. Por ejemplo, útil para grapar las páginas de los libros que odias pero que no tienes lo que hay que tener para tirarlos, quiero decir, grapar las páginas entre sí: la 1ª a la 2ª, la 1ª y la 2ª a la 3ª, la 1ª, 2ª y 3ª a la 4ª, y así sucesivamente hasta dejar en libro impracticable, un bloque hermético, caja negra. Lo haré y pondré la foto aquí. Proyecto: El Antilibro De Arena (de Borges).
[después encontré la foto de "la japonesa con boca de grapadora", en este fantástico blog: http://www.zonalibre.org/blog/hormiga/ .Se abre paso a mordiscos].
Lo más raro del bosón de Higgs es que tiene masa. Es decir, que el responsable de que todas las cosas tengan masa se proporciona masa también a sí mismo. Parece un contrasentido, o una redundancia. Con razón la llaman la partícula Dios. Se autocrea, ¿no?
Hay quien afirma que un método para establecer calidades literarias, es intentar quemar, uno a uno, los libros. El que más rápido se queme es el mejor. Lo dijo Hegel: de entre todas las artes, la literatura y la música son las más volátiles. Que corran las cerillas. Un buen rompecabezas para los chicos de CSI Las Vegas. Se preguntan: ¿Qué es este extraño incendio?
“Al término de cada frase aguarda una verdad, y el escritor sabe reconocerla cuando por fin la alcanza. En un detemrinado nivel, esa verdad constituye el ritmo de la frase, su cadencia y su equilibrio, pero a un nivel más profundo representa la integridad del escritor enfrentado al lenguaje. Yo siempre me he visto a mí mismo en las frases. A medida que elaboro una frase, comienzo a reconocerme, palabra por palabra.” de MAO II, Don DeLillo
Thomas Bernhard lo dijo: “Me preparo para mí mismo, todo esto no es más que una preparación para mí mismo”.

Clicando abajo, se pueden ver algunas de las cosas que salieron en prensa en Santiago de Chile. Entrevistas y reseñas:
[un abrazo para Jorge Baradit y Álvaro Bisama, que presentaron mi libro en la Feria, autores de libros ahora mismo de referencia en la nueva literatura chilena: Synco (Baradit), y Caja Negra y Música Marciana (Bisama)]
Además, he colgado en “Críticas, Entrevistas” (está de penúltima), la que salió el domingo pasado en el suplemento Luces del periódico El Comercio, Lima, que me han dicho que es lo más prestigioso a nivel mediátco de allí. Página entera; mola.
INFO:
