El Señor D [o el mundo prensado en líneas continuas sobre el asfalto]

Al señor D, tras hacerle la autopsia, le han encontrado una anomalía: tiene, clavada horizontalmente, una punta en el interior de su cerebro. La pieza metálica une eléctricamente los 2 hemisferios, así que, en el cerebro del  Señor D, cuando estaba vivo, el habla, la lógica y las matemáticas se hacían indistinguibles de las artes visuales, sonoras, y la sublimación poética.  La fusión de esas dos partes del mundo en sólo una era también la responsable de que la derecha y la izquierda convivieran en una sola realidad comprimidas, en un estrecho filo: su percepción visual, sonora y táctil de la realidad era una franja tan estrecha como el canto de una moneda.
Allí donde el resto de humanos vemos una acera con una panadería, una tienda y un bar, y en la otra acera un gimnasio, y una playa al fondo y una amiga que viene hacia nosotros, él sólo veía un aplastamiento de toda esa materia en una línea vertical, como si el mundo fuera la resultante de un gigantesco prensado de productos de desguace.  El Mundo mismo prensado.
Así, el Señor D caminó siempre por ese estrecho pasillo de realidad; más allá, todo oscuridad. Estando todo fundido, lo único que veía entero y autónomo era a sí mismo. Pensó que eso era la soledad de verdad, pensó en unas cuantas estrellas de Hollywood, que afirman a veces estar tremendamente solas, y que así eran sus vidas, una larga marcha entre dos paredes en las que sólo cabe un cuerpo muy delgado y de canto asido a un vaso de tubo de gin-tonic [que es transparente y deja ver a su través un mundo sin armar]. Pensó especialmente en Mickey Rourke, su cara destartalada únicamente podría ser producto de esa soledad en bloque que arrastraba tras Nueve Semanas y Media, pero también se acordó de Buster Keaton, que terminó sus días viendo rodar un tren eléctrico en la buhardilla de su casa. De vez en cuando, una descarga eléctrica en su cabeza le llevaba a reconocer que él, el Señor D, [David Lynch para los amigos], también estaba cósmicamente solo; chatarra espacial.
Él no lo sabía, pero el mundo [y el mundo lo es todo: los gobiernos, los deportistas, las piedras, los lagartos, las monedas, las cajeras del súper] le había asignado la tarea de pintar las líneas continuas de las carreteras, tan estrechas como su prensado campo de visión. A veces, pasando por delante del Neptune, un chiringuito de Malibú a pié de asfalto, los viejos surfer le gritaban, “Qué, David, cómo van hoy las líneas”, y se rompían en carcajadas. Él, sin ver ni oír ni distinguir nada, sólo apretaba el pulsador que controla el depósito de pintura blanca y seguía camino; buscar algo reconocible, rumores perdidos. Fue en uno de esos momentos en el que se le pareció la idea de Carretera Perdida.  Los 400km de asfalto que unen Los Ángeles con San Francisco los pintó él. He podido comprobar que son las líneas discontinuas mejor pintadas por las que mi Toyota Corola haya rodado jamás.

Pocos días antes de morir [anteayer], sintió fuertes dolores de cabeza. La percepción se le fue desemborronando. Minuto a minuto, las cosas se separaban como por arte de magia, colocándose en su lugar, a derecha e izquierda, como quien amuebla una casa recién comprada. La estrecha franja del mundo de repente se abría, como un mar hace mucho siglos para que pasase un pueblo casi elegido. El forense encontró partida en 2 la punta metálica que unía los 2 hemisferios de su cerebro.

AFM, 2008

[Este cuento está inspirado en un detalle de un capítulo de CSI Nueva York emitido por Tele 5 el lunes 20 de octubre de 2008]

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17 comentarios para “El Señor D [o el mundo prensado en líneas continuas sobre el asfalto]”

  1. pablo m. dice:

    Buen cuento, proclamación postpoética incluida. Imagino que te refieres al 20 de octubre (anteayer). Tal vez la fecha no es errónea y la percepción visual de la realidad, el campo de visión prensado, es menos estrecho que las líneas de la carretera. Un saludo.

  2. agustín dice:

    Qué tal, Pablo, tienes razón, ya cambié la fecha.
    Gracias por lo que dices, pero no soy yo, es la tele, que da pa´ mucho.
    Un abrazo

  3. manuelryder@blogspot.com dice:

    …yo cuando me como un donut no puedo dejar de pensar en comerme el siguiente, asi hasta tres o cuatro seguidos,he ahi no suelo pasar, aunque creo que puedo llegar a seis facilmente.

  4. manuelryder@blogspot.com dice:

    …he metido una hache en vez de una de,"de ahi no suelo pasar",sorry.

  5. agustín dice:

    Bueno, yo con 1 ya tengo suficiente para una semana, serán cosas de la edad.

  6. supersalvajuan dice:

    Las arcadas de la desesperación

  7. agustín dice:

    Ahora no sé qué dices, SúperSalva

  8. Juan de Madre dice:

    Me gustó mucho el cuento. Tal vez, de los más clásicos (en el buen sentido del término -para mi no tiene posible mal sentido-) que te haya leído. Me gustó.

  9. agustín dice:

    Ah, joder, es que tengo poca imaginación para los dobles o tangenciales sentidos. Gracias!

  10. Bárbara dice:

    No me explico que algo que me gusta tan poco (CSI Nueva York, especialmetne Nueva York, si Greesom y Horatio con t, me provocan cierta ternura, el de NY me provoca ganas de darle una patada en sus partes para que al menos pueda justificar la cara de pepino amargo que pone)
    digo que algo que me gusta tan poco pueda inspirar algo que me guste tanto.
    Cuánta ternura cabe en una explicación científica.

  11. cerillasGaribaldi dice:

    Alguna grapa debo tener uniendo los hemisferios porque no distingo ni mi arte visual, ni sonora ni la sublimación poética.

    Y donuts, uno y voy que chuto, que me gusta pero me deja para arrastre el resto del día.

    ¡Qué mala es la edad! ¡Y la herencia!

    Me gustó el cuentín, Ignacio

  12. Pedro dice:

    Me ha encantado tu cuento de hoy por lo original que es, y por lo que me toca de cerca:

    Una parte de mi familia (la de mi madre) eran/son todos zurdos. La otra parte (familiares de mi padre) eran/son todos diestros.

    Con estos antecedentes lo lógico hubiera sido que yo fuera ambidiestro, pero curiosamente gozo de lo que los eruditos del tema creo que llaman "lateralidad cruzada"; es decir: los dos hemisferios de mi cerebro (tanto la parte artística y pasional como la parte lógica-matemática) no tienen claramente delimitada una frontera física entre uno y otro.

    Debido a ello, ni puedo decir con seguridad que soy zurdo, ni tampoco diestro. Para unas cosas utilizo la mano o el pie derecho (escribir, jugar al fútbol, fumar, cortar con las tijeras…) y para otras es la mano o el pie izquierdo el dominante (jugar al baloncesto, jugar a los dardos, sujetar el cuchillo,…).

    Como dices en tu texto, "la fusión de dos partes del mundo en uno".

    ;)

    Abrazos.

  13. agustín dice:

    Gracias por los comentarios tan buenos; no sé si se merecen.

    Para mi sorpresa, veo que más de uno se ve identificado con esa realidad mezclada. ¡Quién lo iba a decir!

    PD: Yo también prefiero CSI Las Vegas o Miami, pero el otro día NY estuvo bien.

  14. melo dice:

    Pedro podrías desarrollar un poco más eso de la "lateralidad cruzada". Por la parte que me toca, me pasa igual, pero todos mis antecedentes son diestros en origen que yo sepa, porque antes en la escuela a los zurdos se les forzaba a ser diestros.

    Y en cuanto a CSI, sin duda, y únicamente las Vegas, aunque ya no le sigo.

  15. David Torres dice:

    Bravo, bravo.

    He puesto un comentario sobre Creta Lateral Travelling en mi blog.

  16. Sofia dice:

    Tengo que decir que me encanta el cuento o mas bien fragmento de esa esfera que conforma tu poesia pospoetica…
    Creo que todos los artistas tienen un cacho de hierro en el cerebro.

  17. La gata dice:

    En esta resonancia no hay ninguna punta de metal…

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