OBJETO ENCONTRADO Nº1:
Regreso del festival ABYCINE de Albacete. Tren Albacete- Valencia. Muy cómodo, huele mal. Las 9 de la mañana, domingo, ni un alma en el tren, el paisaje albaceteño pasa bien, nubes negras, me viene a la cabeza Karma Police, Península otra vez. La otra persona de mi vagón es una inmigrante que lee un libro cuyas tapas ha forrado con un periódico de la provincia. Sucesos, asesinatos, anuncios por palabras. Voy a la cafetería del tren, pido un descafeinado y una especie de magdalena. Con la pelí aún del día anterior de los Surfin en la cabeza, con la peli aún en la cabeza de Cine Barrio que había visto también el día anterior, por la tarde, en la habitación del hotel (guiris en la costa del Sol, 1968), con el documental del nazismo que había visto por la noche en la habitación de hotel antes de dormirme, con todo eso, me veo con este sobre de azúcar entre las manos:

Miro detenidamente la leyenda. Voy a suponer que me pregunta si quiero azúcar. No me dice que ahí dentro hay azúcar, sino que si quiero azúcar. La retórica de la seducción. Nombrar es imponer. Preguntar es invitar. Retorcido y bien pensado.
OBJETO ENCONTRADO Nº2:
El mismo tren, la misma hora, misma situación. Termino el café. Antes de limpiarme (no soporto nada orgánico sobre mi cuerpo que no sea yo mismo), la servilleta pone esto:

¿Por qué está tan claro?
Con la peli aún del día anterior de los Surfin en la cabeza, con la peli aún en la cabeza de Cine Barrio que había visto el día anterior por la tarde en la habitación del hotel (guiris en la costa del Sol, 1968), con el documental del nazismo que había visto por la noche en la habitación de hotel antes de dormirme, con todo eso, ¿por qué está tan CLARO?
OBJETO ENCONTRADO Nº3
Distinto escenario. Hace un par de días. Palma de Mallorca. Calle desierta en las afueras, el hipermercado Mercadona se dibuja al fondo como una plataforma petrolífera de las que me gustan tanto. Un papel en el suelo, una factura, me gusta ver las facturas que hay tiradas por la calle, residuos del ciclo compra venta, casi me dan como pena. A veces te encuentras facturas que superan toda construcción teórica previa. Calle desierta en las afueras, el hipermercado Mercadona se dibuja al fondo como una plataforma petrolífera de las que me gustan tanto, me agacho, recojo la factura, fechada hace meses, 25 de agosto:

Pregunta: ¿cómo alguien puede comprar hoy por hoy piña colada? Pero, ¿aún existe la piña colada? ¿No la anunciaba el camarero negro de Vacaciones en el Mar, cuando yo era pequeño? El pago se hizo con una moneda de 2 euros. De repente el binomio Vacaciones en El Mar + Euros no me encaja, produce una falla en mi cerebro: Vacaciones en el Mar (año 1978) Euro (año 2002). Este paisaje de las afueras, con Mercadona de plataforma petrolífera al fondo, este paisaje periurbano, genera tales ideas absurdas.
El futuro está perdido en una factura pisoteada.
Siempre nos quedará la piña colada de Mercadona. Y la cajera Lidia. Todos te enviamos besos.











Lo que más me alucina es que alguien entre a un Mercadona a comprar sólo piña colada. La hora tampoco es demasiado intempestiva. Muy apurado/a debería estar. Aunque hay gustos para todo.
No se debe pedir nunca una Magdalena un domingo, puede que fuera del lunes anterior. El camarero, en ese momento, puede que cantara mentalmente el Creep. La sacarina si que es seducción. Pues eso, como en el Mercadona (SPB). Intangibles al poder.
Gran post, sí señor.
Bueno, Marie, empezando por ahí. ¿Sólo una piña colada? Es increíble.
SuperSalva, en realidad siempre pido sacarina, pero venía todo en un pack: cuchara y azúcar, y por no liarme, y por no hablar más que lo mínimo a esas horas de la mañana, así lo dejé. Se te ve con conocimientos fundados en bollería industrial. Nunca más pediré magdalena en domingo. Fijo.
HombreRevenido, gracias!
Esto me ha hecho recordar la frase que un amigo me soltó ayer:
"Peter, todo festival de música que se precie…tiene un Mercadona a pocos metros. Es el supermecado de los indies por excelencia".
Un abrazo.
Me parto con tu amigo, Pedro.
En un futuro festivales esponsorizados por Mercadona.
Un abrazo
Estimado Agustín,
Te leo en el blog con cierta reserva, para no perder mi espíritu crítico, pero hoy me he rendido, y abro la puerta al aplauso.
Gracias.
Agustín,
Te paso un post inspirado en un fragmento de Nocilla DreaM. Esas escasas palabras me hicieron pensar mucho en el proceso de escritura, y te lo agradezco.
http://corominasijulian.blogspot.com/2008_10_01_archive.html
Hola Abenysuf, gracias de veras. Por lo demás, creo que haces muy bien en leer esto con espíritu crítico. El radar simpre encendido. Un saludo.
Jordi Corominas, me alegro de lo que cuentas. Vi en tu blog que te interesan los movimientos internos de los barrios y periferias de Barcelona. Échale un vistazo al libro Odio Barcelona, seguro que algo te va a interesar. Un saludo y gracias.
Yo, respetable madre de familia, he entrado en el mercadona para comprar exclusivamente una bolsa de balines de regaliz de este tipo:http://shop.strato.com/WebRoot/StoreES/Shops/
61473326/4858/1340/1C82/53E8/AC33/
C0A8/28BB/5334/capsulasharibo.JPG
Tan de la misma época que la piña colada. ¿No le puede dar a nadie un ataque de nostalgia?
Un beso, Miriam G.
–
http://www.manzanasazules.com
Tranquila, pasa en las mejores familias, pero no es por ataque de nostalgia, sino por lo de respetable madre de familia: no tienes más remedio que darte a esos vicios de ragaliz con nocturnidad y en exclusiva.
Que va, vicios compatibles hay muchísimos más, cito sólo un par de ellos, Citadelle con tónica, que como no hay casi en ningún bar pues en casa y tan contenta, el rock’n'roll (en sentido amplio claro), tú no sabes la satisfación que produce una enana de cuatro años pidiéndote una canción de 091… Sólo hay que adaptarse a las circunstancias, pero vamos a lo que vamos, insisto: el asunto de la piña colada era un ataque de nostalgia.
Un beso, Miriam G.
Pues a mí me gustaría poder entrar al Mercadona y darme el lujo de comprar sólo una piña colada. Cada vez que voy tengo que hacer una compra tremenda. Además, siempre se me olvida algo y me veo obligado a volver casi a diario a subsanar los olvidos.
Mercadona, que está en todos los sitios a los que voy (Albacete, Gijón…) es una especie de punto común en el multiverso. A veces tengo la sensación de que podría viajar a cualquier otra dimensión y allí estaría Mercadona, con sus productos conocidos, su disposición similar, el frescor del pasillo de los productos lácteos, las colas en la pescadería… Podría afirmar que en Mercadona me siento casi más seguro que en casa.
Y qué me decís de su marca blanca, HACENDADO, es el top de las marcas blancas.
Me ha llegado al alma, en serio: me toca hacer la compra para la family dos veces a la semana, indefectiblemente en mercadona. Fede, cierto, mercadona es una casa fresca, aunque con una fruta y una verdura no fresca, sino frozen. Y qué decir, agustín, de hacendado…. En casa la llamamos ‘hacendator’. Sus infinitas y sorpresivas mutaciones, la multiplicación de los productos, ya casi hegemónicos en los estantes, los maravillosos remedos deliberadamente mal hechos de los envoltorios de las marcas ¿negras?, esa iconografía pop que algún genio no comprendido del diseño gráfico concibe en algún oscuro estudio … Mañana -ya hoy- es fiesta en Valencia y está cerrado mercadona
Y hay, al menos, una cosa más muy habitual de Mercadona. Vas por el pasillo digamos por ejemplo el de los productos de limpieza para casa. De repente te encuentras con alguien. Te paras, conversas un rato y te despides. Pero después de despedirte te lo vuelves a encontrar varias veces más: en el pasillo de congelados, en el de bebidas alcohólicas… Y nunca sabe uno que hacer, si pararse de nuevo, si hacerse el tonto, si emitir un gruñidito como saludo menor…
Por eso precisamente, Pablo, esas sucesivas mutaciones de los productos y etiquetas, esa cosa tan bizarra a momentos que tiene Hacendado, "Hacendator" (cojonudo), es para mí del todo enternecedora. Por otra parte, traquilo, que de ésta no moriremos.
Fede, ese dilema lo tengo yo también. Nunca sé qué hacer. Lo mejor, como los animales: guiarse por el olfato. Peor es donde yo trabajo, 4500 personas en unos pocos metros cuadrados, imagínate.
Bah! Hombres!
No lo habéis entendido.
No era la piña colada. Era Lidia.
qué bueno; enlazando con -o pillando por los pelos- lo que dices y con el segundo objeto encontrado (la servilleta ¡claro!), hay un escrito de Diego Gambetta titulado "¡Claro!: ensayo sobre el machismo discursivo" (recomendable)
(por si le interesa a alguien, está en Jon Elster (comp.), La democracia deliberativa, Barcelona, Gedisa, 2001, 35-63)
saludos
Gracias, Pablo, por dejarnos la recomendación del libro.
Un abrazo.
Postexto:
Sí, es que eso de ¡Claro! suena tan imperativo. Y acabo de darme cuenta de que yo lo digo mucho, constantemente. Tengo que replantearme mi vocabulario, o mejor paso, no lo sé, a estas alturas soy perfectamente consciente de que esa servilleta estaba preparada para mí, para que yo la encontrara, también soy perfectamente consciente de que la marca comercial Claro se creó en su día para que yo abriera este blog y pusiera este post: soy el centro de un vasto círculo cuyas dimensiones sólo me es dado intuir, no calcular.
ja ja ja ja ja ja x100, Marie, está claro, es por Lidia. Pero qué malos detectives seríamos algunos, y qué poco sabemos del género masculino (y del femenino).
Siendo así, ¿como podemos escribir poemas y novelas? ¿Somos acaso un fraude? Las preguntas se suman, las respuestas se multiplica. Quién sabe, amiga, quién sabe.
gracias por tu respuesta. Me leí odio Barcelona y bueno,hay de todo en el libro,bueno y malo. Me gustó tu planteamiento. A nivel barcelona ciudad muevo bastante la teoria BCN vs Barcelona. Te paso un link http://www.calidoscopio.net/2008/05Junio/Miscelanea02.html donde hablo del tema, pero si quieres ver una postura "regeneradora"hacia Barcelona y las posibilidades de lo multicultural vale mucho la pena http://www.bcnweek.com que mañana tendrá el nuevo número en la red
gracias por tu respuesta. Me leí odio Barcelona y bueno,hay de todo en el libro,bueno y malo. Me gustó tu planteamiento. A nivel barcelona ciudad muevo bastante la teoria BCN vs Barcelona. Te paso un link http://www.calidoscopio.net/2008/05Junio/Miscelanea02.html donde hablo del tema, pero si quieres ver una postura "regeneradora"hacia Barcelona y las posibilidades de lo multicultural vale mucho la pena http://www.bcnweek.com que mañana tendrá el nuevo número en la red
gracias por tu respuesta. Me leí odio Barcelona y bueno,hay de todo en el libro,bueno y malo. Me gustó tu planteamiento. A nivel barcelona ciudad muevo bastante la teoria BCN vs Barcelona. Te paso un link http://www.calidoscopio.net/2008/05Junio/Miscelanea02.html donde hablo del tema, pero si quieres ver una postura "regeneradora"hacia Barcelona y las posibilidades de lo multicultural vale mucho la pena http://www.bcnweek.com que mañana tendrá el nuevo número en la red
No es Nevada, pero…
En la Catalunya profunda hay un bar de poble. Un lóbrego y enorme local de paredes desconchadas con manchas de humedad.
Mosquiteras en las ventanas. La luz exterior no consigue traspasar su afelpada trama de mugre. Moscas. Colillas en el suelo.
Sólo hombres, diseminados por las mesas, beben Mascaró a las nueve de la mañana. Tienen una larga jornada de sábado por llenar.
Una gran banderola del Barça en una pared. Periódicos, únicamente deportivos. Silencio, mucho silencio. La tele en un canal internacional, lanza noticias de Wall Street. Una máquina con fluorescentes lilas cuelga del techo para achicharrar moscas. Cuando lo consigue emite un sonido, también lila, que me escalofría en los dientes.
Mesas de madera pintada y repintada, la última vez de un verde manzana. Sillas, que imitan madera, y que se delatan en su sonido metálico.
Máquinas de monedas que hace tiempo dejaron de funcionar. Una de ellas con una cámara acristalada de cuyo techo cuelga un gancho sujeto por una cadena. En su día, capturadora de juguetes, hoy, inquietante garra metálica dispuesta a arrojarse y arañar sobre el vacío.
Las moscas no toman distancias, se posan el las calvas, en el pelo, en las caras. Ellas y las manos que tratan de ahuyentarlas, únicos movimientos en esta mañana estática.
Esto es como un salón del lejano oeste y ha llegado una forastera…, soy yo. Me pongo a leer el libro de Agustín Fernández Mallo sobre una solitaria carretera en el estado de Nevada. En ella, el álamo cargado de zapatos en las ramas actúa como punto atractor. Imagen que te recupera, te fuerza, te somete.
Me tomo un cortado. Salgo para esperar el autobús que me llevará hasta Vallbona. Una carretera, un banco, y enfrente una farola. La farola es de diseño, de un plata muy metalizado, ligeramente convada hacia la carretera, con ganchos decorativos a modo de cresta. Miro hacia arriba. La imagen me sacude. Veo un par de espardenyas atadas por los cordones que cuelga de uno de esos ganchos. Se mueven desmañadas.
Esto puede ser el inicio de una compleja trama de historias: en una carretera entre Tárrega y Vallbona, se halla una farola en la que una madrugada de ‘festes del poble’ una pareja, tras una fuerte discusión…
(*este relato es no-ficción. ¿Quién quiere lanzar el siguiente par de zapatos a la farola?)
"Máquinas de monedas que hace tiempo dejaron de funcionar. Una de ellas con una cámara acristalada de cuyo techo cuelga un gancho sujeto por una cadena. En su día, capturadora de juguetes, hoy, inquietante garra metálica dispuesta a arrojarse y arañar sobre el vacío"
Qué buena imagen, Nuria. Mola mucho. Tecnología obsoleta de juguetería.
Gracias!