APUNTES DE LAS VEGAS:
1
Escribo desde Las Vegas, en la habitación de un hotel que es un sarcófago, literalmente. Hemos tenido que hacer el check-in en una cola con 12 mostradores tipo aeropuerto. Cada mostrador está presidido por 2 pirámides. El hotel tiene forma de pirámide de unos 100 metros de altura, es negro, ninguna luz entra, y la que consigue entrar, no sale. El Luxor.
2
Llegando a Las Vegas, el mar de urbanizaciones de casas unifamiliares idénticas es más grande que lo que mi formato jpg puede procesar, no es que sean todas iguales a las otras, sino que son idénticamente iguales, y están pegadas, las construyen en menos de un mes, parecen que fueran casas hinchables y conectadas: pinchas una y allá van todas al suelo en efecto cascada.
Ver Las Vegas a cierta distancia, llegando por la autopista US95, que viene de Los Ángeles, es ver un espejismo. Un vergel (o un tumor, al cabo lo mismo) brotado en mitad del desierto, tan pasado de rosca que atrae de la manera en que atrae lo abyecto o el espejismo. Esa noción de vergel en el desierto, de paraíso resulta ser muy musulmana, no totalmente musulmana, pero sí de tendencia musulmana: el paraíso que les prometen de agua, vegetación y mujeres en el desierto después de muertos.
3
Las Vegas no es una ciudad, es una fe. Se cree o no se cree, pero no se explica.
El Cañón del Colorado, del que hablé en otro post, o Disney, son simulacros de 2ª categoría, relacionados con la literatura, pueden ser pensados de una manera más o menos occidental, con una lógica aristotélica. Las Vegas, no creo que pueda ser pensada o explicada, sólo narrada. Todas las explicaciones que sin querer se me deslizarán en este texto no serán más que ridiculeces. Se asume.
4
Los diversos hoteles se hallan conectados por pasillos mecánicos que te llevan de uno a otro para asegurarse de que pasas por la planta baja de cada hotel, en la que se halla cada casino. Cruzas de acera por escaleras mecánicas y pasillos elevados. No hay competencia entre hoteles, el uno te pone en la boca del otro, la palabra que lo define es fluidez, el “flow” de los raperos, un mantra que repites por atontamiento. Por si algún despistado consigue salir de la ruta y llega a la acera, las entradas de los casinos están a pie de calle, sin puerta física, sólo una cortina de aire frío a presión separa el adentro del afuera, como un espejo invertido que se atravesara sin más. Está prohibido que los taxis paren en la calle, sólo pueden parar en los hoteles, es la manera de que el visitante que vaya por la acera no tenga más remedio que caminar y tarde o temprano entrar en un casino a descansar; a jugar.
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Hay 2 industrias primarias, el juego y el sexo. La comida y la gasolina son secundarias; la agricultura y la ganadería, lógicamente, no existen. El juego es lo evidente; el sexo está un poco más oculto en las calles paralelas al Strip, la arteria principal. Fuera de los hoteles, multitud de hispanos reparten simulaciones de tarjetas de visita de las chicas con su teléfono, aseguran que en 20 minutos están en tu habitación de hotel. La manera de repartir las tarjetas es curiosa, no hablan, no las anuncian, solamente hacen un movimiento con el taco de tarjetas como si barajaran cartas: el sonido es el reclamo. El motivo es que no está permitido anunciar sexo de manera verbal, pero sí mímica o iconográfica. Todo menos el sonido. Supongo que con este hecho un semiólogo llegaría a concusiones extraordinarias. Yo sólo llego a la conclusión de que en el Estado de Nevada verbalizar es la forma más neta de comunicación, y por eso mismo con la que se manejan los tabús. Recuerda a lo de “y el verbo se hizo carne”: mientras no haya verbo, no hay carne: el sexo no existie.
La publicación gratuita del negocio del sexo se llama After Dark, en la portada pone, enmarcado en una estrella: “The Original”, como en las hamburguesas de las cadenas de carretera.

6
El antiguo Strip, que responde a la noción de las Vegas clásica, ha quedado arrumbado y relegado ante el nuevo, que le sigue en línea, como una pista de aterrizaje; no hay rodeos, no hay laberintos, ya bastante laberinto es el desierto que se extiende más allá de la ciudad, ya que en él no hay marcas, siempre te pierdes. Los neones de los casinos antiguos resultan realmente ridículos ante el nuevo Strip, y sus edificios parecen meras cabañas de campo, chalets de fin de semana, ante las dimensiones de los nuevos, en los que no sólo triunfa el neón sino ya la pantalla, el píxel. Realmente es muy difícil hacerse a la idea de las dimensiones de estos simulacros hasta que no te embebes en ellos: Roma, Egipto, Nueva York, Paris, países imaginarios como Excalibur, o Venecia, que merece un lugar aparte. Todo a escala real pero concentrado, sintetizado en píldora, como si los territorios reales de esas ciudades estuvieran muy desperdiciados y en Las Vegas se les hubiera hecho un lifing: el París de las Vegas es el lifting de París de Francia, la Venecia de Las Vegas es el lifting de la Venecia de Italia, etc. Pero el reino de Excalibur, que no posee correlato real, ¿de qué es lifting?, vamos a suponer que de un texto.

7
Venecia: de todos los simulacros, sin duda el que se lleva la palma, no por sobredimensión pero sí por realidad realmente virtual, es Venecia. Para construirla trajeron a los mejores artesanos italianos, los mejores pintores de frescos, los mejores arquitectos, los mejores especialistas en luz e ilusión visual. Afuera es de noche, entras, pasas el casino, pasas la recepción del hotel, entras en los canales con gondoleros, y te encuentras un cielo falso tan conseguido que es real. Las nubes, pintadas, parecen moverse al tiempo que caminas, el suelo está un poco mojado, la sensación es de que acaba de llover y se está despejando, los visitantes hacemos de perfectos figurantes. Llegas a la plaza de San Marcos, están los chiringuitos, el olor típico de esa plaza. Si en el resto de Las Vegas las sensaciones son más que nada visuales, en Venecia es algo totalmente físico, te parece haber rasgado un decorado y haber entrado en otra dimensión con todos los órganos del cuerpo. El efecto es tan brutal que casi marea. Fotos de lo que ocurre fuera y al mismo tiempo dentro:



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Todo esto lleva al verdadero cometido, el verdadero plan de Las Vegas: que la noche y el día se confundan, que no sepas qué hora del día es, que los biorritmos se alteren, la negación de lo biológico para que, de esa manera, sin horarios, sigas jugando, sin importate si tienes que acostarte o seguir despierto, nada te lo indica. El plan es que no caigas de nuevo en el tiempo: el sonido de las tragaperras es igual a todas horas del día, fluye como fluyen las aceras mecánicas, lo que está fuera del tiempo. Hasta las caras de los croupiers, a los occidentales nos parecen siempre las mismas, como si el tiempo se hubiera detenido, ya que la mayoría son chinos. Una persona que parece ser la misma te dice un día tras otro, bienvenido caballero, como aquel otro que le se le aparecía a Jack Nicholson en El Resplador; no te dice buenos días, o buenas tardes, o buenas noches, sino, bienvenido caballero. No caigas en el tiempo, que el tiempo es corrupción y las ruletas resurrección.
[La "caída en el tiempo", que decía Ciorán. Ahora he pensado qué pensaría Ciorán de todo esto. Creo que estaría muy feliz en una habitación de Las Vegas, su filosofía adquiriría una dimensión francamente trágica y luminosa al mismo tiempo].
9
El interior de los casinos se asemeja a un templo. Contra todo pronóstico, uno ahí respira paz, tranquilidad, no hay gritos, la gente habla como en los museos. Te sorprendes a ti mismo tranquilo, protegido por algo que desconoces, una mezcla de azar y control, algo que te salva del miedo o la jungla que se representa en la calle. Dentro de los casinos la comida es barata, el sexo es barato, todo es accesible con tal de que no salgas del templo. El techo del templo tiene una cámara de vigilancia cada 3 metros, más que aspersores contra incendios. Hay que imaginar la estructura de vigilancia que hay detrás de esas miles de cámaras, multiplicada por cada uno de los hoteles.

10
Un detalle típico de Las Vegas: un tipo con el icono dólar tatuado en el dedo pulgar. Otro: un tipo jugando a la ruleta con una chapa en la solapa de la chaqueta que tiene la cara de Marx. Otro: una mujer embarazada entra en un gimnasio para pedir información; ofrecen tablas de ejercicios para bebés de 0 a 12 meses, para que vayan reforzando los músculos.
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En las Vegas se inventan religiones de la misma manera que se inventa una ciudad. Por la cara. En Europa, para inventar una religión hacen falta siglos de muertos, guerras, filosofías, cismas, etc. Aquí se hace sin más, nadie protesta con tal de que no le afecte y se paguen los impuestos.
12
Contra el puritanismo que, salvo ciudades muy determinadas, impera en USA, Las Vegas en cuanto a leyes y control de la población representa una ciudad muy europea. Todo es permitido: beber en la calle, fumar en la calle y en todos los locales, la prostitución no está mal vista, los locales abren toda la noche, etc, o sea, como en la ciudad en la que vivo. En lo superficial, en lo que afecta al turista, no hay moralina.
HOTEL LUXOR: Una fuerza hecha Ready-Made


El Luxor, la pirámide negra en la que me encuentro alojado, representa, creo, el grado extremo de la filosofía “véguica”. Te registras y para ir al ascensor que te llevará a tu habitación tienes que atravesar todo el casino, arrastrar la maleta por entre las máquinas, los reservados, las partidas de póquer, las ruedas de la fortuna, las ruletas. No hay pasillo para realizar ese trayecto, así que tu vagar con el equipaje se convierte en una especie de juego del laberinto con estética de arcaico juego come-cocos. Las habitaciones se hallan en las paredes de la pirámide, así que el interior de la pirámide es hueco, y ese hueco lo rellenan el casino, los restaurantes, las reproducciones a escala de motivos egipcios, etc. Ya que es una pirámide, el ascensor no se lama “elevator”, sino “inclinator”: realmente, sube por las paredes inclinadas de la pirámide, por lo que la fuerza que sientes en vez de ser puramente vertical tiene una componete oblicua, y esto hace que al arrancar o detenerse el “inclinator” te sientas desplazado lateralmente por esa fuerza horizontal, muy incómoda. En un principio me pareció una consecuencia inevitable de la función física del aparato, fruto del diseño. Ahora he pensado que esa fuerza horizontal (Fx), totalmente extraña e inusual en un sistema de ascensión normal, es una manera de decirte que “estás en el Luxor de las Vegas, muchacho, estás yendo a otra parte, una fuerza inesperada te guía a otro plano de realidad: la realidad de la cripta, del más allá, un paraíso lateral”. Realmente es una sensación de Ready-Made, una descontextualización de una fuerza, algo que esperas encontrarte en una montaña rusa pero no en un ascensor. Esta idea me excitó por un momento: el Ready-Made de una fuerza. La representación más mística que me he encontrado de la filosofía “véguica”.

Lógicamente, la habitación está decorada con motivos egipcios. Hasta el gotelé del techo simula pequeñas pirámides. Pienso en la estructura que hay detrás de esta pirámide, el trabajo de cuántos esclavos controlándolo todo. Hay trabajos en diferentes niveles, el más bajo es el que no se ve. Bajo al casino, me siento ante una tragaperras, pierdo los 10 dólares, me levanto, me giro, al instante vuelvo la vista atrás, y el taburete que yo había dejado un poco descolocado se haya de nuevo simétricamente colocado frente a la tragaperras. No veo a nadie, salvo a una mujer, a mucha distancia, alejándose.
La habitación es oscura, el hotel es oscuro.

Nos levantamos temprano, bajamos a desayunar a uno de los muchos chiringuitos de comida rápida que hay dentro de la pirámide. Al pasar por el casino vemos a gente aún jugando, alguna ya estaba cuando nos fuimos a acostar. Antes de llegar al desayuno pasamos por uno de los bares, que tiene en la barra insertadas máquinas de juego, por supuesto, no tiene puerta. En una pantalla de la pared se retransmite la final de la Eurocopa, acaba de empezar, España aún no ha marcado. Nos quedamos, pedimos unas cervezas, en el intermedio jugamos a la máquina que tenemos cada uno delante del taburete. Al fondo, el azar del casino continua su expansión, somos su leve terminación nerviosa. Finaliza el partido, silbidos de los alemanes que estaban a nuestro lado, tenemos que mirar el reloj para saber exactamente si es por la tarde o por la mañana. Algo ocurre, suena un teléfono, no es un móvil, es un sonido medio antiguo, de peli de los 50, miramos en todas direcciones: junto a la caja registradora hay un teléfono fijo, como los que había en España hasta hace muy pocos años, con los números para marcar con rueda. Nos quedamos pensando qué hace sonando un teléfono así en una barra de Las Vegas. El auténtico objeto encontrado. Nadie descuelga.

OBJETO ENCONTRADO: una Monja en el hall del hotel y un letrero verde que recuerda a una esvástica.

Hacemos kilómetros hasta el lugar del que sale toda la fuerza Las Vegas, las presa de Hoover Dam. Art Decó industrial, terminada en 1936. Al final, todo viene del cemento, tierra prensada. El color del cerebro.
Está justo en el límite con Arizona. Regresamos por la noche. Hay un control de policial en la frontera entre estados. Un poli de Arizona nos para, nos alumbra con una linterna que parece un torpedo, “qué tal chicos, ¿todo va bien?”, Luis se lo merienda en un periquete con su acento de Brooklyn. Es extraña la política de armas en Arizona. La ley permite llevar pistola por la calle, a la vista, pero no te permite desenfundarla sin un motivo muy justificado, lo que presupongo que significa “en defensa propia”. El arma se permite como icono, pero no como máquina.

Pasan los días–> el dinero decrece–> La barba crece.
