Creo en la no existencia del pasado, en la muerte del futuro y en las infinitas posibilidades del presente.
Creo en los olores corporales de la princesa Diana.
Creo en los próximos cinco minutos.
Creo en la ansiedad, la psicosis y la desesperación.
Creo en la muerte de las emociones y el triunfo de la imaginación.
Creo en Tokio, Benidorm, La Grande Motte, Wake Island, Eniwetok, Dealey Plaza.
Ayer tuvo lugar la inauguración de la exposición JG Ballard, Autopsia del Nuevo Milenio, en el CCCB, comisariada por Jordi Costa.
El catálogo de la exposición cuenta con textos de Jordi Costa, Rodrigo Fresán, V. Vale, Vicente Luis Mora y Simon Sellars
Además, en el marco de Kosmópolis 08, Barcelona, habrá a finales de octubre varias mesas redondas:
Programación
- Jona/TomberryRosto, Países Bajos, 2005, 11’40’’, VOSC.
- RenaissanceChristian Volkman, Francia, Reino Unido y Luxemburgo, 2006, 105’, VOSE.
- Simon Sellars, Bruce Sterling y V. ValeBajo el signo de Ballard
- Toby Litt, Paco Porrúa, Marcial Souto, Agustín Fernández Mallo y Marta PeiranoLecturas de Ballard en el ámbito latino
- Jordi Costa y Rodrigo FresánVine a fer un cafè amb
Copio y pego de la info del CCCB:
Capaz de descifrar las claves de un presente visionario, J.G.
Ballard ha contemplado un futuro de piscinas vacías, moteles
abandonados, hermosas catástrofes, perversiones insospechadas y
arquitecturas asépticas, que, en buena medida, ya es nuestro presente.
En sus manos, el porvenir de la humanidad ha adquirido la forma de un
cuerpo muerto, del que no ha dejado de analizar obsesivamente
traumatismos y patologías. En su día dijo que el único futuro que le
interesaba eran los próximos cinco minutos. Nuestros relojes indican
que esos cinco minutos ya han pasado.
Esta exposición quiere ser un recorrido a través del universo
creativo de Ballard: sus tiempos y obsesiones, su disección de las
claves secretas de la contemporaneidad, las huellas de su trayectoria
vital en su obra de ficción, sus referentes artísticos y literarios, y
sus intuiciones precisas y desencantadas de una vida futura regida por
los conceptos de la antiutopía aséptica y la catástrofe.
La obra de Ballard es aún un discurso abierto que puede deparar
muchas revelaciones a sus lectores, y al mismo tiempo sigue abierta su
capacidad de iluminar el curso de nuestro futuro. Autor de enorme
influencia en posteriores generaciones de creadores de todas las
disciplinas -del cine fantástico a la música industrial-, Ballard es
autor, entre muchas otras, de las obras El imperio del sol y Cash, que han sido llevadas al cine por Spielberg y por David Cronenberg, respectivamente.
Para introducir al visitante en el universo ballardiano la
exposición recorre a soportes muy diversos: instalaciones
escenográficas, instalaciones audiovisuales, la biblioteca completa de
Ballard, obras de artistas ballardianos y documentación varia.
La muestra JG Ballard. Autopsia del nuevo milenio coincide en el tiempo con la nueva edición de la Fiesta Internacional de la Literatura Kosmopolis 08. Es por esta razón que el festival la incorpora en su programa y dedica un monográfico a Ballard.

En este contexto, me pidieron en La Vanguardia un breve texto sobre Ballard,que ha sido publicado hoy:
PISCINAS VACÍAS (La Vanguardia, 23.07.08)
Alguien que elabora su literatura a partir de un acontecimiento tan prosaico como ver en un momento temprano de su vida una piscina vacía, asciende inmediatamente a lo que Cioran llamaba “casos clínicos”, autores patológicos literariamente hablando, lo que antiguamente se denominaba “iluminados”. Esa iluminación en Ballard se cumple al pie de la letra, y a mi modo de ver, no por, como suele argumentarse por parte de ciertos apocalípticos interesados en causas que nada tienen que ver con la literatura, haber anticipado acontecimientos catastróficos futuros de orden planetario -que , por otra parte, no se han cumplido-, sino por hacer de esas catástrofes distopías habitables, espacios en los que un ser humano derrotado y en sí mismo obsoleto vive con la misma intensidad, inspiración, afectos, grandeza y estupidez con que ha vivido siempre. Si me apuran, las sociedades imaginadas por Ballard aún me resulta más grandes y humanas que lo que hasta ahora hemos conocido en nuestra especie. Porque él, ante todo, habla de la persona en un contexto que maneja con una maestría e imaginación casi grimosa. No es derrotista, sino absolutamente vitalista, le interesa la vida en un sentido planetario, extenso, manejando el espacio a su antojo una vez fijado un tiempo. A mí la literatura de Ballard me produce, ante todo, ganas de vivir. En este sentido, es un autor total
Ese carácter de iluminado le emparenta además con un tipo de narradores únicos: el mismo Cioran, Nietzsche, Borges o Bernhard, autores que crean un mundo propio e intransferible, al margen de modas y construido sin tan siquiera atender a la existencia de una ortodoxia ni temática ni estilística. El autor que perdura no es aquel que aprende un estilo y un tema, sino el que crea su propio estilo y sus propios temas. Este tipo de autores no creo que sean ni adelantados y retrasados respecto a su tiempo, sencillamente están fuera del tiempo. En el caso de Ballard, no se puede esperar menos de alguien que afirma haber pasado los mejores años de vida en un campo de concentración, en Shangai, mientras veía pasar cazabombarderos. Esa alegría, tan sincera como extraña y fuera de contexto, da una idea de por dónde irá su literatura: ponernos frente al absurdo, poner a sus personajes fuera de contexto para, a través de ellos, darnos cuenta de que hasta el mal absoluto es repensable. Hay en él una narración de la peripecia humana extremadamente fina, radicada en la psicología y la arbitrariedad, y al mismo tiempo global y distópica, y eso también lo convierte en un autor total. Ya he dicho 2 veces la palabra “distópica” cuando en realidad debería decir utópica: ojalá nuestros futuros sean tan esplendorosos como los que pergeña Ballard. (AFM, 2008)












Enhorabuena Agustín por el artículo, muy certero.
No he encontrado todavía Exhibición de atrocidades, y estoy con Fiebre de guerra. El primer relato está muy bien.
Un saludo
Gracias, Jordi.
Fiebre de Guerra no lo leí.
Un abrazo
Me parece mú grande Ballard y la manera de explicarlo agustín, gracias.
La Exhibición la encontré por suerte.
Me parece que han vuelto a reeditar Crash y alguna otra, no sé la editorial.
Fiebre de Guerra, está chula
Abrazos
El CCCB ha creado un blog de la exposición: http://www.cccb.org/blogballard
Agustín, hay una cita tuya en la sección "Soy ballardiano": http://www.cccb.org/blogballard/category/soc-ballardia/
Si os apetece pasar un fin de semana en temporada baja en la ballardiana ciudad de vacaciones Marina d’Or (Oropesa, Castellón) sólo tenéis que enviar un "Ballardian home movie": http://www.cccb.org/blogballard/category/ballardian-home-movie/
saludos!
Muchas gracias, Lucía, no lo había visto. Supuestamente tendrá que salir un vídeo que nos grabaron con esas declaraciones, pero no sé cuándo.
Hola Wilco! Ya nos contarás qué te parece Exhibición de Atrocidades cuando le eches un vistazo.
El mismo día que salía mi artículo en La Vanguardia, salía un magnífico análisis de Exhibición de Atrocidades, por Eloy Fdez. Porta, en Público, que copio y pego:
MI AMOR DEL SINIESTRO TOTAL
Cuarenta años después
de su publicación, La exhibición
de atrocidades sigue siendo la
más saludable escuela sentimental
de la época, la verdadera
filosofía en el tocador del
siglo emergente. En este hermoso
texto, ápice de ultrajes y
culmen de gangrena, J.G. Ballard
describe la sociedad del
espectáculo bajo el signo de la
libido desencadenada y el armagedón
tecnocrático, proponiendo
una gavilla de prácticos
principios para afrontar las relaciones
personales en ese contexto.
Su propuesta incumbe a
tres modalidades del afecto: el
amor, la política y el género. La
primera es el tema central de su
relato Crash!, en el que se describe
“una nueva lógica, una
violencia conceptualizada que
transformaría el accidente de
coche y la catástrofe aérea en
sucesos de amorosa gentileza”.
Si el choque frontal es el vínculo
más completo y perfecto, en
la esfera política los súbditos
haremos bien en mirar a nues-
tros gobernantes con ojos lúbricos
y disposición de ánimo
abyecta. Tal es la lección
del panfleto Por qué quiero follarme
a Ronald Reagan, que
muestra cómo en la ideología
se imbrican lo público y
lo privado –o, si se prefiere,
el Público y el Private. De ahí
la tercera dimensión del ars
amandi ballardiano, acaso la
menos atendida hasta la fecha.
La muestran las ilustraciones
realizadas por Phoebe
Glockner para la edición
de RE/SEARCH de la mencionada
novela, en que los
cuerpos desnudos aparecen
representados bajo los principios
del dibujo anatómico, esto
es, con músculo y vísceras a
la vista, desafiando al ojo del
pornógrafo y negando el goce
del voyeur. Esta revisión del
tema del desnudo anticipaba
los caminos del post-porno
y, con ellos, las ideas sobre la
fluidez del género, las cesuras
emocionales y corporaciones
dermoestéticas que nos conforman
y moldean. No dudo
en llamarla “feminista”.
[Eloy Fernández Porta
Autor de “Afterpop .
La literatura de la implosión mediática”]
TAMBIÉN EN "PÚBLICO", EL MISMO DÍA, SEMBLANZA MUY EXTENSA E INTERESANTE DE BALLARD, A CARGO DE CRISTINA DÍAZ (con una foto impagable: el encuentro entre Borges y Ballard) http://www.publico.es/estaticos/pdf/23072008.pdf
Copio y pego una parte:
SUS OBSESIONES:
EL SEXO Y LA TECNOLOGÍA
En el controvertido grupo
compuesto por el relato ‘Playa
terminal’ y las novelas ‘La exhibición
de atrocidades’ y ‘Crash’,
el escritor británico se vuelca
en un lenguaje técnico, de un
fetichismo tecnológico casi
pornográfico. Es el modo en que
Ballard refleja el fin del afecto
que se vive en los entornos
urbanos.
El NUEVO PROLETARIADO
Que el plasma, el chalet adosado
y la visita del sábado al
museo no os engañen, parece
advertirnos el autor inglés.
La premisa de que las nuevas
clases medias urbanas viven
igual de atrapadas que los
obreros de antaño (entre
hipotecas y otros pagos) es el
punto de partida de la mencionada
‘Milenio negro’.
A SU SOMBRA
La influencia de Ballard se
extiende más allá del género
de la ciencia ficción y de
las fronteras de la literatura
anglosajona. Apunta: Michel
Houllebecq, Chuck Palahniuk
o Agustín Fernández Mallo.
De hecho, el comisario dice:
“Todos los escritores de la llamada
‘Generación Nocilla’ se
han declarado ‘ballardianos’ o
deudores de su obra”, cuenta
Jordi Costa.
CONSUMISMO E IDEOLOGÍA
El consumo se alza como único
modo de vida. Los espacios
que éste genera; la insatisfacción
y nihilismo de los ciudadanos
que esta manera de vivir
provoca salpican su obra. Lo
vemos en el centro comercial,
germen de un neofascismo
consumista de su última novela,
o en los aburridos ingleses
en sus chalets blindados en la
costa española de ‘Noches de
cocaína’.
EL FIN DE LA EMOCIÓN
En el prólogo a la edición
francesa de ‘Crash’ (1973) el
propio escritor vaticinó “la
muerte del afecto”. Ahondó
en esta idea en unas declaraciones
vertidas al diario
argentino ‘Clarín’: “La vida en
el Occidente próspero tiene
algo de desasosegante. La
suburbanización del alma
avanza a un ritmo alarmante”,
diagnosticó el escritor
con acierto.
EL ESCENARIO NO-LUGAR
Ballard vive desde hace
décadas en Shepperton, un
suburbio londinense rodeado
de la autopista M25 y cercano
al aeropuerto. Sus novelas se
desarrollan en este tipo de
áreas urbanas clónicas, que
se repiten en los alrededores
de las ciudades de todo el
mundo, como los aeropuertos,
las autovías, los centros
de negocios o las comunidades
residenciales cerradas.
Muchas gracias agustín!
¿Sabes qué canción tengo en mente? Anarchy in the UK
Me volveré a leer con calma lo de Eloy y lo de Cristina Diaz
No sé si han reeditado "Crash"
Abrazos
Sí que lo han hecho, Wilco. La vi en el escarate de una librería de segunda mano como ejemplar de primera. Creo que la ha reeditado Minotauro.Creo.
Ya le has dado vueltas , Agustín, para ver utopías en los lugares ballardianos. "Ver en el infierno lo que no es infierno…" De todos modos me mola que lo digas porque tiendo a las interpretaciones apocalípticas y muchas veces me equivoco y me pierdo cosas por esta propensión mía al mal rollo.
Gracias
Hola Oche, gracias por tu comentario. Es que pienso que el infierno es algo estrictamente personal, una creación de autor, propia, que cada cual hace a su medida; idem el paraíso. Ambos, evidentemente, creo no existen como tales, como absolutos. Por otra parte, lo único que quería reflejar es que a mí la literatura de Ballard no me produce pesimismo, ni temor en un futuro ni nada por el estilo, al contrario, me resulta vital y hasta alegre porque da a entender que hasta en los momentos más supuestamente adversos el ser humano sigue siendo el mismo que hace mil años: un organismo con un único objetivo: ser feliz. Y para eso Ballard recurre a un relativismo muy inteligente, creo. No es maniqueo ni apocalíptico, y eso me gusta. El discurso apocalíptico creo que sólo tiene un fin, ejercer un control de las personas a través del miedo.
Un saludo.
Un organismo que se enamora incluso justo después de saber que sólo nos quedan five years:
http://es.youtube.com/watch?v=3poITeN_V2Q
Saludos.
Mira con lo que me sales ahora. Qué gran canción!