La cámara de mi ordenador me acaba de hacer esa foto. Escribo desde
una cabaña alquilada en el desierto de Mojave, entre Los Ángeles y Las
Vegas, sólo hay la casa de la dueña, casetas de latón y madera, vacías;
la casa de la dueña también está vacía, viene sólo a darle la llave a
los clientes y se larga. Son las 12:37 de la madrugada. Lipton Hotel.
Una choza que era la parada del tren en el año 1910. Hay fotos de
pioneros en todas las paredes. Buscadores de oro. Delante, sólo el
desierto, una cadena de montañas al fondo, y un tren de mercancías que
mide una milla, que casualmente está pasando ahora a 20 metros de esta
cabaña en dirección Este. La locomotora pone “Union Pacific, Building
America”. En el desierto sólo hay árboles Joshua, y unas cucarachas
negras. El desierto. Hemos cenado en otra cabaña, al lado, que atiende
un cocinero que viene del pueblo más cercano, a 24millas, también sólo
para abrirla si hay clientes, hacerles la cena, hamburguesas o
chuletas, y largarse de nuevo a su pueblo. 90 dólares, cervezas
incluidas. Estamos solos. El suelo de la cabaña-bar es de moqueta
estampada con dibujos de parquet antiguo, marrón y vetas, un simulacro
que jamás había visto. Hay una mesa de billar, una tele, un perro boxer
muy gordo, una máquina de marcianitos, y las paredes son de madera de
verdad. Aquí se llega tras 40 millas de carretera secundaria de asfalto
color rojo tipo pista de tenis. Acabo de salir al porche a fumar un
cigarrillo, veo al fondo, un resplandor, son las Vegas y la autopista
que la une con Los ángeles. Observo la caravana de luces que no tiene
fin conduce hacia la ciudad de juego, un cordón umbilical de juego y
corrupción, es muy simple, hormigas luminosas, en cierto modo asusta.
Parece el éxodo de Encuentros En La 3ª Fase, quizá todos se estén
yendo, y nosotros no nos hayamos enterando. Hemos llegado al atardecer,
en el jardín de cactus que hay entre la cabaña y la vía del tren hemos
encontrado una tumba. La lápida es el volante de un coche. Cuando
llegamos no había nadie, la señora, de edad indeterminada, llegó
caminando por la carretera con un bastón metálico de esos que terminan
en tres pequeñas patas; tiene las rodillas recién operadas, unos tajos
tremendos, es obesa, muy rubia, cara de niña o muñeca, con gafas
sobredimensionadas, irando a Rappel. No habla, sólo da las llaves dice
el precio y se larga. Tiene un aire a la de Misery, pero en mayor (no
es broma).
Parece que nosotros leemos el mundo en formato jpg, y ella en bmp, (mapa de bits), que es más básico, arqueológico.
Nos
hemos sentado en el porche de la cabaña a tomar una botella de vino
californiano que traía Ester. Hemos estado hablando de algo que ocurrió
esta tarde, en la autopista.
LO QUE OCURRIÓ EN LA AUTOPISTA:
El letrero ponía GAS.
Entramos a repostar, pero al llegar la gasolinera y el RESTAURANTE
estaban abandonados; la cartera no tiene salida. Nos bajamos a hacer
fotos. Sólo hay una caravana estática y unos coches antiguos pero en
uso, aparcados. Al lado, un poblado que en España sería de gitanos.
Aquí, no lo sabemos. Aina se ha alejado hacia los surtidores
abandonados, hace fotos, era una figura que se iba. De repente hemos
pensado, ¿quién puede vivir aquí? ¿Qué clase de vida tendrá? Tras un
silencio, nos damos cuenta de que algo no funciona. Hay ahí gente,
metida en sus caravanas, y por como viven, no parece recomendable
incomodarlos. Hacemos señas a Aina para que regrese, pero no se da
cuenta, sigue fotografiando surtidores abandonados. Cuado se reúne con
nosotros, apuramos el paso hasta el coche. De pronto, aparece por la
carretera un pick-up, directo hacia nosotros, dos tipos dentro, un
rubio gordo con cara de motero retirado, otro moreno con una barba que
se le perdía bajo el volante. Se detiene, nos miran, se meten hacia las
caravanas. Al instante aparece un trailer de 16 ruedas, nuevo, también
se mete hacia las caravanas. Obviamente no va repostar, ¿qué ha un
trailer nuevo en esas gasolinera vacía? No sabemos a qué va. Luis dice
que por aquí procesan determinadas drogas dentro de camiones, para
evitar a la poli. Arrancamos, salimos a toda pastilla. Fiable, este
Toyota Corolla.







Atravesar estos desiertos equivale a preguntarse por la existencia
desde siempre del rizoma, pero también por, ¿cómo es posible que
alguien pudiera atravesar miles de kilómetros para instalar un poblado
aquí, en mitad de este espacio seco y vacío? La respuesta está en ¿cómo
es posible que hagamos lo imposible para poner el pie en planetas
inhóspitos, inútiles, al fin y al cabo simbólicos, por ejemplo Marte?
O, ¿por qué se conquista una playa en verano? Playa= territorio hostil, no hay sombra, no hay comida. Una materialización de otra cosa
llamada voluntad. Su materia



















































