He tenido la suerte y el honor de que el poeta y matemático Javier Moreno [Premio Miguel Hernandez por su rompedor poemario Cortes Publicitarios [2006]], haya reseñado Carne de Píxel en la revista Digital Deriva (http://www.deriva.org/inicio/inicio.php)
Ahí va, tal cual.
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Carne de Píxel, Agustín Fernández Mallo (DVD Ediciones, 2008, XXXIV Premio de Poesía Ciudad de Burgos).
Si en Creta lateral travelling (La bolsa de pipas) Fernández Mallo se iniciaba en el viaje poético con una mirada que aunaba la contemplación de la ruina y la factura “absolutamente moderna” (postpoética, en su caso) de su estro poético, en Carne de Píxel vuelve de alguna manera Agustín al viaje, un viaje de nuevo mediterráneo, napolitano, pompeyano. Otra vez la ruina, otra vez el tiempo, ese bucle que se enrosca poniendo cerco al recuerdo. Y el píxel, ese elemento mínimo de representación de la imagen digital, esa “ventana de Alberti” (lean, si no, el De Pictura del tratadista del renacimiento italiano) que nos ha tocado vivir y contemplar y que quizás no consista (frente a aquellos que observan la “era digital” con ojos apocalípticos) sino en una reconfiguración de la mirada renacentista.
Fernández Mallo nos propone en esta Carne de Píxel un cerco a una imagen que se repite, la de una mujer que llora bajo la lluvia. Y, al igual que hace con las muestras de papel higiénico (descarten la escatología en este asunto), escaneadas y convertidas en algo así como obras de arte digital, Agustín interpreta y vuelve a interpretar esta imagen -analógica- a través de sucesivos pixelados, un poema tras otro. Porque, como ya se encarga de anunciar el propio autor: Ahora yo ya sólo aspiro a las enumeraciones.
Pero no sólo ocurre esta traslación -metafórica- de lo analógico a lo digital (el fiat del libro ya es indicio suficiente de lo que ocurrirá más adelante, y así lo ofrecemos como prueba: mi cara digitalizada en el parpadeo de la pantalla. A mitad de la calle un portal, 1 m de acera, 2 m de aire, escenario en que el tiempo [emboscado en su abstracción sin masa ni peso] a fin de encarnarse saqueará el recuerdo.), sino que también se produce el recorrido inverso, el que va de lo digital a lo analógico (pues qué es el poema, al fin y al cabo, sino la versión analógica de los sucesivos pixelados que se enumeran en el libro). De alguna manera es posible entrever en el pixelado la opacidad de la memoria, imagen virtual que se actualizaría -cada vez de manera distinta- en el poema. Y es que la pregunta esencial que puede extraerse y abstraerse de la lectura de Carne de píxel podría enunciarse de la siguiente manera, variante de aquel enigma irresoluble del huevo y la gallina: ¿qué fue antes, la carne o el píxel? En ese territorio, en el límite que se abre entre el genitivo activo y pasivo del título, se juega la escritura de Fernández Mallo.
Y es que el autor -científico, no lo olvidemos de (de)formación- parece ser consciente de hasta qué punto el mundo virtual representa el triunfo de la idealidad platónica:Hay en el píxel una metafísica. En este sentido Fernández Mallo quizás sea uno de los pioneros en el tratamiento literario de un motivo que se viene imponiendo dentro de las artes plásticas, la lábil frontera entre el mundo así llamado analógico y el otro mundo, ese que parece amenazarnos con su imparable hipertrofia: el universo virtual. Más que con otros escritores, habría que emparentar a Agustín con artistas plásticos tales como Michael Somoroff (Quero) o Fontcuberta (Googlegramas), en tanto Carne de píxel tiene que ver con la reflexión acerca de la naturaleza de la imagen.
Ese pixelado -llamémosle- original del que ya hablamos anteriormente jamás podrá agotarse por la vía analógica del poema, precisamente porque tras él está el de una mujer que llora bajo la lluvia, que es la Ingrid Bergman de Viaggio a Italia ante el hombre y la mujer abrazados (restos petrificados de una pareja pompeyana recién desenterrada), o el del androide de Blade Runner diciendo aquello de he visto cosas que nunca imaginarías. Recuerdos, pixelados. La escritura como memoria artificial, algo que ya nos enseñó Platón. Así el mundo de la imagen y -como era previsible- el cine son referencias imprescindibles en este libro.
Al mismo tiempo, y de manera paralela a la historia -llamémosla así- principal, Agustín, fiel a su credo postpoético, se apropia de una noticia que tiene que ver con la astrofísica, en particular con la existencia de los agujeros negros. Contrapunto científico éste que, retomado una y otra vez (Fernández Mallo maneja como pocos el “estribillo” poético), resuena junto a la carnalidad pixelada (el misterio más profundo está en la materia) del resto de poemas. El agujero negro como metáfora quizás de la memoria, vacío invisible que sin embargo gobierna -paciente como una araña en el centro de su tela- el devenir de la galaxia.
Dualidad de la carne y el píxel, de la materia y su metafísica. El mundo -el viaje y la vida- vistos a través de lo virtual, y viceversa. Un terreno fértil que recién empieza a roturar la poesía española.













Y, ya puestos, ¿por qué no mencionar/colgar también la que hizo de Joan Fontaine Odisea?
http://www.deriva.org/articulos/articulos.php?ID=178
Saludos,
A.
Gracias, Adolfo, por el recordatorio.
Fue una reseña que me gustó y me gusta mucho. Pues ahí queda para quien quiera.
Un abrazo.
Primera crítica que leo sobre CdP que entiendo, vamos que me resulta cercana.
Confesiones.
Es eso Agustín. Pienso en la soledad de Cajal delante del microscopio en la España de las derrotas históricas y de horizonte científico más similar a Carson City que a cualquier vergel de flores, y reflexiono en la marcianada (como te he oido decir) que hizo. Lo que haces es similar.
La evolución de las ciencias en este país no ha trazado la progresión esperada, ni de coña (creo que algunas letras tampoco).
En el fondo el espíritu científico (suena pedante pero a estas alturas qué más da) es experimentar, nada más alejado al funcionariado al cual, en la mayoría de sitios nos vemos inmersos [me voy a casa y escribo, entonces me siento como en un laboratorio, por fin).
Pienso en tus escritos y entiendo un poco más la realidad que me rodea.
De las primeras estupideces académicas que me di cuenta fue cuando en 3 de BUP me hicieron escoger entre ciencias y letras, que en el fondo viene a ser, decidirse por no saber expresarse o por ignorar el conocimiento técnico. Creo que seguimos en tesituras similares.
Hay gente que traza enlaces entre las dos orillas y demuestra que todo forma parte de lo mismo, que uno no se puede entender sin lo otro.
Decir que la ciencia es poesía, para mi es una redundancia, porque la métrica es experimentación pura, y a la inversa también vale.
Nada, una vez más, enhorabuena por crear la red que hará posible un cambio de paradigma, estoy convencido, los postulados de la postpoética y la fragmentación me parecen cojonudos.
Un abrazo.
Jordi, qué decirte. Comparto muchas cosas que dices en cuanto a las llamadas ciencias y las llamadas letras. Y me alegro de que mis libros hagan percibir a alguien ciertas dobleces nada claras de la "realidad". Un abrazo
He leído la misma reseña en Diario de Lecturas.
La ha incluido Vicente como comentario (¿como comentario? ¿comemos comentarios?), mejor dicho como alimentario/like a comentario en un pasadizo entre "Carne de Pixel" y "Química" de Sofía Rhei por dónde también caminan el mismo Javier Moreno y Francisco Fortuny.
http://vicenteluismora.blogspot.com/2008/04/pasadizo-entre-qumica-de-sofa-rhey-y.html
Las folclóricas no deben parar de decir: qué grandes.
Totalmente de acuerdo Jordi [qué grande es Jordi también] "a la inversa también vale".
A escoger: pues letras.
Ok. No hay geometría descriptiva en los cuadros. No existe, en la historia, una datación ni una gente con un pensamiento, digamos, influenciado un poquito por los descubrimientos científicos. La literatura se mantenía al margen, sólo ha tratado chorradas. Like John Travolta en la peli aquella, dentro de una burbuja, o en la peli de ahora, dentro del movimiento religioso Hubbard.
No te ponían cifras en los exámenes, encontrabas letras: C, A, B o palabras "alumno raro"
Por estas cosas (y otras) te daba las gracias, tiempo atrás, en "3 Libros muy Interesantes"
Un abrazo
PS:
Me escribe un amigo un mail.
Coincidí en el mismo vagón del Ave el día de Sant Jordi con Fernández Mallo, iba con unas chicas muy guapas. Después fui a hacer un café y estaba en la cafetería. No querían dejarme entrar porque llevaba calcetines blancos.
(Lo de los calcetines me lo he inventado, el resto no)
Buenas, soy el amigo de WILCO que coincidi con Agustin y toda la tropa en el vagón del tren destino a Madrid, únicamente señalar que los calcetines blancos a los que hace alusión WILCO creo que responde a la sensación que tuve ( reconozco que totalmente subjetiva y un pelin enfermiza)de sentirme como observado por no pertenecer al mundo de lo más creativo del que Agustín forma parte y que sin lugar a dudas siento una envidia sana. Un abrazo y mucha suerte
Wilco, tus comentarios van perdiendo su número asignado en la cripta de las llaves de la cebra ciega y van ganando espesor real y telemático (vamos, como cuando Benet escribió El Aire de Un Crimen, y su prosa se abrió y por fin alguien le entendió, como aquellas aguas tan simpáticas de un mar que también se deconstruyó para que pasara un pueblo), o sea, que tu comentario mola.
Xavier, sí, todos hemos sentido alguna vez esa sensación de llevar el "pie escayolao", pero en tu caso era sumamente ficticia, sólo andábamos por el tren dormitando cual topos que los acaban de llevar a la superficie y se preguntan, ¿y esa cosa verde que llena el paisaje, qué es?
Viva la prosa de la folclóricas.
Por cierto, hoy me llamarán para la entrevista en Radio5 sobre el cantante Joe Crepúsculo, pero no sé cuándo se emite. El Joe tiene MySpace, lo recominedo mucho, canciones como de juguetería y perfectas. Viva el Do it yourself.
Por lo demás, anoche, que fui a cenar a un japo muy raro con mi chica, mientras me ponían aquel plato tan vacío y abstracto se me dio por pensar que algún día habría que irse a vivir al medio Oeste de los USA, una temporadita, por ver cómo es allí la prosa de las folclóricas, por destacar el pie escayolao. Wayne que es uno, como aquel personaje de Ballard en la novela Hola América, ahora que lo pienso.
Me voy a currar un poco. Abrazos.
"tus comentarios van perdiendo su número asignado en la cripta de las llaves de la cebra ciega (…)" buena señal, porque a Benet ni el que separó las aguas lo entiende, diría. Si puede ser, ya hablaremos algún día.
Está muy bien Joe!
Las letras "parecen" poca cosa: la vejez empieza cuando empiezan los viejos; incluso un niño puede ser viejo; un viejo es un viejo cuando hace cosas de viejos; nada envejece más que pensar que nos hacemos viejos
No me parecen poca cosa las letras de Crepúsculo.
Habrá que ir al medio Oeste, hasta los Apalaches y más allá
un abrazo
Además, Wilco, su música tiene un aire como de a medio terminar, de organillos caseros y guitarras con pedal distor camionero de aquel malo que te comprabas a los 17, es aire naif pero en el fondo importante. Sí, me gusta bastante Joe Crepúsculo.
Y en las letras veo que juega con un absurdo interesante.
Debo agradecérselo a Pablo Gil, que me puso sobre su pista.