Marzo, 2008


30
Mar 08

LA PROXIMIDAD DE LOS TELÉFONOS (y más)

Dos terroristas capturan a Manuel. Manuel es un concejal de un partido indeterminado. El escenario es un bosque, más o menos frondoso. Y una cabaña, sí, en estos casos siempre hay una cabaña, es bueno ponerlo. Manuel, sentado en una silla, la boca tapada con cinta de embalar, maniatado a la espalda con unos cables eléctricos que arrancaron de una lámpara [negativo y positivo; como la lámpara era antigua falta el cable de toma de Tierra, el que más necesita ahora Manuel], Manuel no está ya en la Tierra, los golpes en la cara lo han dejado semiinconsciente. Son 2, una mujer y un hombre, A y B, digamos. La radio hace lo propio: radia; Manuel la oye a trozos. La discusión entre los 2 terroristas, que versa sobre cómo ejecutarlo, no le deja distinguir bien las palabras del locutor, que dice que las calles de las principales ciudades se han llenado de gente reclamando su libertad. Manuel entreabre los ojos, la mujer es muy guapa, sostiene una pistola como quien empuña una espumadera antes de darle una vuelta a las croquetas. El hombre ahora se relaja, dice que el otro día estuvo viendo en la tele la final de Mister Universo, que ganó un coreano, Manuel recuerda que él también estuvo viendo hace unos días esa final de Mister Universo en su piso de 60 metros cuadrados, piensa cómo es posible que un acto tan banal nos iguale a todos, como la muerte, sí, como la muerte, piensa Manuel, que ya lo dijo Manrique, y recuerda que su chica, tumbada en el sofá, le había dicho que le acercara el bote de las galletas con forma de peces, “menuda tontería, galletas con forma de peces”, le había contestado Manuel. La mujer se acerca, le pone la pistola en la base del cráneo, el cañón no está tan frío, se dice Manuel, siempre creí que los cañones eran fríos. Antes de que Manuel haya terminado ese pensamiento, le pega un tiro. [Es lícito objetar cómo yo conozco y puedo narrar ese pensamiento de Manuel hasta el final si antes de concluirlo ya le han pegado el tiro, pero supongo que lo que se piensa permanece unos segundos antes de extinguirse para que se complete un ciclo vital, para no cerrar la vida en falso, flota sobre el cuerpo y después se va; a eso algunos ingenuos le llaman, "alma"].

Meten el cuerpo en la parte trasera de un Land Rover. Lo suponen muerto, pero Manuel aún puede oírlos. El hombre, al que habíamos llamado B aunque después no he utilizado ese nombre y lo he llamado simplemente “hombre”, enciende la radio del coche, en la emisora un político sigue pidiendo la liberación inmediata de Manuel, cambia de emisora, a Manuel le duele una vértebra, lo han tirado sobre el mango de una pala, también hay cubos llenos de cables eléctricos enrollados, posiblemente de más lámparas sin toma de tierra, piensa Manuel, y bidones de gasoil que se balancean en los baches, parece una pista forestal, también hay una guía telefónica tirada a su derecha, sin estrenar, aún empaquetada en su plástico transparente, imagina todos los anuncios publicitarios ahí concentrados. La mujer, a la que llamé A aunque no volví a utilizar ese nombre, se gira, lo mira directamente, en sus ojos Manuel ve pasar todas las mujeres bellas de la historia del cine, y hasta del cómic, ella le dice al hombre, “este imbécil está más que muerto”. Tras unos minutos, frenan, bajan el cuerpo, lo tiran en una cuneta. Se alejan. El runrún del motor diesel desaparece, sólo hay niebla, niebla y el silencio del bosque con sus pequeños movimientos de ramas, pájaros, el agua de un río no muy lejano. Manuel Vilas piensa lo extraño que le resulta que en aquella guía telefónica nueva, tirada en la parte de atrás del Land Rover, probablemente aparezcan su nombre y el de ella, esa mujer a la que llamé A pero a la que casi siempre me referí como “mujer”.

[Este texto está inspirado en un capítulo de la novela España, de Manuel Vilas, DVD, 2008]

LISTAS, GUÍAS
Muchas veces he pensado en las guías, en cuál es su naturaleza. En principio, una guía parece que es algo continuo, por ejemplo, una línea en el suelo que te indica un camino, o una carretera con su diferentes señales, o el sistema de venas y arterias a través de las cuales la sangre es guiada por los latidos, pero una guía telefónica más que una guía parece una lista. Podemos suponer que se la llama guía porque está guiada por un orden alfabético, o también porque te permite encontrar y llamar al número deseado: guía tu voz hacia un oído que no es el tuyo, y viceversa. Pero en sí, no me parece que la guía de teléfonos sea una guía, sino una “lista ordenada”.
Algo que distingue a las sociedades contemporáneas de otras de épocas pasadas, es que se han convertido en una gran lista. Podemos acceder a cualquier información sin pasar antes por un número demasiado grande de informaciones previas e innecesarias. Es otro resultado de la fragmentación y posterior ordenación de esa información disponible.

2 paradigmas

Pero no siempre esa información es posible ordenarla. Siguiendo una idea de Vicente Luis Mora, entonces surge el Spam, la basura informativa.
Mi idea es que la basura informativa, el Spam, no es basura en sí misma, sino que lo es porque no está colocada en el sitio adecuado, es un problema de contexto: no está ubicada en la lista adecuada; todo fragmento de basura posee su lugar natural en su correspondiente hábitat con una lógica interna determinada. Una monda de plátano en el parquet de tu casa es Spam, pero miles de mondas de plátano apiladas en una planta de reciclaje, son algo sumamente natural, incluso agradable. Lo mismo ocurre con la basura informativa.
Eso sí, al reubicar esa basura, al ponerla en su “lugar natural”, perderá su atractivo. Sufre un proceso de domesticación. Se civiliza, pierde no sólo atractivo, sino también capacidad para fragmentar discursos, para introducir nuevas semánticas en la cotidianidad.

Bien, ahora ya no sé qué tiene que ver todo esto con el relato anterior de los terroristas inspirado en el de Manuel Vilas. Ah sí, que la guía telefónica antes de ser guía era Spam, basura que después fue ordenada en forma de lista, y que aún así a veces surgen en ella fracturas, conexiones extrañas que rompen el todo proceso sistemático para el cual fue pensada esa lista. Eso es un misterio, sin más. Es la poesía.

PD: Respecto a la capacidad de las guías telefónicas para crear paranoias alternativas o metáforas aberrantes, me fascina esta obra Michael Morley, Los Ángeles Yellow Pages, en la que juega la idea de que el libro del que habla el Apocalipsis, el libro en el que se enuncian las obras hechas por los hombres y por las que serán juzgados, son las páginas amarillas de la ciudad de Los Angeles. El autor superpuso a la portada original de la guía, ocupada por una foto de la ciudad, un esquema de la falla de San Andrés

Apocalipsis

Imágenes encontradas en Google tecleando la palabra GUÍA:

aacdef

Imágenes encontradas en Google tecleando la palabra LISTA:

abcd

De entre estas imágenes de LISTA, la que me parece más interesante es la del leopardo. En efecto, podemos acceder a cualquier punto de su piel (el moteado negro) sin pasar antes por el resto de puntos. Es una lista perfecta.

Ahora bien, la parte “complementaria” de ese conjunto de puntos negros de la piel del leopardo (la parte de color rubio) sí se pueder recorrer sin saltos, como si fuera un camino, así que ese otro “universo” de su piel es una Guía, un camino. ¿Podríamos generalizar y afirmar que siempre que se existe una LISTA, existe también su conjunto complementario, que sería una GUíA? Supongo que sí.

Supongo que la sociedad contemporánea, que está estructurada claramente en forma de Lista, necesita de su complemento en forma de Guía para definirse, para existir. Es decir, toda sociedad contemporánea (llamémosle tardoposmoderna) necesita tener una sociedad complementaria moderna, o incluso pre-moderna, para poder existir.


26
Mar 08

2 Poemas de Alberto Santamaría

 

El primero y el último poema del libro del que extraje el título de este blog.

Poema nº1

HOMBRE Y TARTA
En qué tarta soñada el hojaldre se tornó invisible
para ver desde dentro el mundo sin ser visto,
qué imaginación nació de la nata, qué tarta
de Giges me hizo acariciar el lomo
del perro, el débil lloro del pájaro,
decir al fin “más allá” o “más acá”,
según mi lengua ordene. Qué diablos
hacía un hombre en una tarta
sino ser él mismo esa tarta. Allí dentro,
sin espacio y sin tiempo.
Qué hacía
Sino esperar el grito, la sorpresa:

“tomad, aquí está mi cuerpo”.

Qué hacía, sino comenzar siempre de nuevo.

(ÚLTIMO POEMA):
Qué
diablos
hacías
jessie
dentro
de
esa
tarta.
¿Qué
señal
esperabas?

Alberto Santamaría, DVD ediciones, 2004

 

 

 

 

 

la tribu, la tarta

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Parece ser que la historia es real (1999). Un tipo, Jessie Zeller, se metió en una tarta para darle una sorpresa a su mujer el día de su cumpleaños y se asfixió. Eso me me hizo pensar en una estrella que implosiona. Y en que los cumpleaños y aniversarios sólo son trampas para demostrarnos que estamos solos.

Como curiosidad, una de las citas del libro es
“En el final, la tarta se mancha de cera si tardo en soplar.
Escucha camarera, eres cortando la primera:
sírveme más, sírveme más”
Sr. Chinarro

 

o era esto

 

 

 


20
Mar 08

PRESENTACIÓN Nocilla Experience EN LA CORUÑA

 

 

LUGAR: FNAC Coruña

DÍA: miércoles 26 de marzo

HORA: 7.30 de la tarde

PRESENTA: Julián Hernández (Siniestro Total)

 

 

Siniestro Total, Ayatolah (Musical Express, 1983)


19
Mar 08

2 CRÍTICAS DE NOCILLA EXPERIENCE: Vicente Luis Mora y Pozuelo Yvancos

Me alegra tener un blog, entre otras cosas para poder mostrar lo que se habla de mis obras, tanto si son comentarios buenos como malos (uno ya es mayor y no aspira  gustar a todo el mundo; “cada uno su razón”, que decía Nacha Pop).

Cuelgo 2 críticas de otros tantos expertos en literatura contemporánea. Son bien diferentes.

La primera, aunque habla bien de la novela, pone ciertos reparos, así que se podría decir que no es mala, sino regular.

La segunda es muy elogiosa.

Creo que es muy interesante que cada cual compare y extraiga conclusiones. Ambos son unos críticos a los que tengo en alta estima y profesionalidad. A ambos les doy las gracias por su lectura atenta de mi libro.

(también ambas están colgadas en la columna de la derecha, en Críticas, Entrevistas, o lo estarán pronto)

Comenzamos:

MATERIALES PARA OTRO “COLLAGE”

Por José María Pozuelo Yvancos.

08 de marzo de 2008, ABCD de las letras.

Armó bastante ruido Nocilla Dream. Lo saludé como una interesante manera de recuperar el aliento que había inspirado muchos de los textos de las vanguardias, en su esfuerzo por conectar el arte narrativo con la sensibilidad posmoderna. Se ofrecía entonces el que sigue siendo mejor valor en este segundo volumen: la influencia que en la imaginería poética había tenido la estética visual del nuevo cine americano. Sigue pareciéndome que ahí juega el «Proyecto Nocilla» su mejor baza. La conexión del arte literario con la visualidad fílmica. Y no cualquiera; pese a las bien insertadas referencias al Rossellini del Viaje a Italia, y a pesar del chiste de cierre de Annie Hall, sigue siendo la estética del cine pop, de la generación de Pulp Fiction, la que proporciona a Fernández Mallo sus mejores viñetas, no por causualidad ambientadas al modo americano: vastas desolaciones, barracas suburbiales, Brooklyn, la inmigración chicana en California, etc. Se unen a ellas imágenes logradas de las atmósferas postsoviéticas, como ese túnel de oleoductos que cruzan los dos hermanos adolescentes o la historia de amor en el hospital siberiano.

Lo primero que salta a los ojos en esta segunda entrega de Nocilla es la enorme distancia en cuanto a calidad entre unas viñetas y otras. Las hay muy inteligentes, y las hay enormemente tópicas. El libro está concebido como la sucesión de 111 capítulos de diferente extensión, seguidos de un epílogo. El lector realiza la articulación de seis o siete historias que se han fragmentado en viñetas y van desarrollándose, mezcladas con otros muchos materiales.

«Rayuela B». Tales historias se suceden con cierta regularidad en una estructura meticulosamente estudiada, que me ha parecido otro logro. Se añaden más materiales superpuestos a modo de collage: recortes de prensa del periódico líder en España (uno se pregunta si no es demasiado obvio y fácil), entrevistas entresacadas del libro El pop después del pop (que le sirven de autopoética), cortes de Radio 5 Todo Noticias, fragmentos del guión de Apocalypse Now, fragmentos de Cortázar, cuyo hermoso texto sobre La Maga en Rayuela se ve ampliado para acoger una teoría de formulación de Bolas del Análisis Matemático, autotitulada Rayuela B o Teoría de las Bolas Abiertas, etc. Tal estructura es el traslado a la literatura de lo que puede encontrar uno en un Museo de Arte Pop (a lo Warhol) mezclando imágenes de la cultura y la subcultura, según hicieron las vanguardias cubista y futurista o teorizó el arte dadá de Tristan Zara en su manifiesto. De recortes heterogéneos sale la nueva realidad poética.

Cortar y pegar. Pero a este libro le pasa lo que a museos menos buenos de arte pop, que viven su suerte ligada a la transgresión del concepto mismo de museo y donde encuentras en el mismo gesto de todo: lo mismo el salto audaz que la pirueta banal. Quizá un déficit del libro sea que se ha mostrado muy conservador en la configuración del collage. Excepto lo fílmico, que sí veo logrado, lo que ha incluido de Internet es bastante pobre: se limita a cortar y pegar entradas de Wikipedia. También resulta muy deficitaria la literatura incluida como ingrediente. Queda casi toda fuera, incluso la que se ha postulado desde su vertiente posmoderna. Considero muy esperable y convencional limitarse a Cortázar; hay mucho después con lo que se podía haber dialogado. Están Pynchon, Cage o Barth, Javier Calvo o Manuel Vilas y mucha literatura narrativa posmoderna aquí obliterada. Parece como si el lector previsto fuese un no lector que resultara fácilmente epatado.

Considero por ello que el libro está sobredimensionado. No me refiero a la dimensión publicitaria, que lo sitúa a la cabeza de una denominada Generación Nocilla. Esas son cosas de la necesidad del mercado de lo joven, que poco favor le hacen. Me refiero a la poética que el propio libro propone en su autodenominado «Proyecto Nocilla», que únicamente se cumple en momentos estupendos, que los tiene, como la historia de Henry J. Darger, y otros varios según he dejado dicho. Quizá mirado como otra cosa que como proyecto revolucionario, mirado como forma de actualizar los acarreos multiculturales de las vanguardias visuales, y una inteligente dosificación de la imaginería lírica, ofreciese la verdadera dimensión que tiene, lejos de esa tensión en la que el autor se ha situado, que hace esperar una genialidad y un grano aquí entreverado de mucho material facilón, que debería haberse filtrado un poco más.

www.toniferron.com

CRÍTICA DE Vicente Luis Mora, en Diario de Lecturas, 19/03/2008 http://vicenteluismora.blogspot.com/2008/03/resea-entrevista-de-nocilla-experience.html

Bien, ahora ya fuera de la entrevista, debo terminar mi valoración sobre Nocilla Experience. Y creo que debemos intentar esclarecer la poética en que este libro se inserta. Nos ayudará Roland Barthes, en una de esas escasas y grandiosas intervenciones de alguien en un programa televisivo que quizá justifiquen la existencia de la televisión:

“Es un problema casi insoluble. Hay siempre una intimidación por parte de la modernidad, es inevitable. La innovación intimida porque tenemos miendo de perdernos lo que pueda haber de importante en ella. Pero también en ese caso habría que ser objetivo y pensar que la modernidad más actual conlleva sus propios deshechos; la modernidad libera confusamente el deshecho, la experiencia y tal vez una obra futura. Hay que tomar partido al respecto y defender la modernidad en su conjunto, asumiendo la parte de deshechos que comporta inevitablemente, y que ahora no podemos evaluar de un modo exacto.[1]“


Sí, la televisión nos salva también en este caso, porque diría que justo la expuesta por Barthes es la actitud literaria de Agustín Fernández Mallo a la hora de edificar este Proyecto Nocilla. Mallo recoge la herencia moderna y posmoderna y toma, arbitrariamente, aquello que le interesa y que, a su juicio, debe ir a la obra, lo que estima que cabe en ella; en realidad, su postura estética no es muy distinta de la de ese personaje suyo que se ha construido su casa con deshechos en la extinta terraza del edificio Windsor [2], una poética muy en la línea de la novela jPod, de Douglas Coupland, que reseñamos en estas mismas pantallas con el título de “Una novela con Spam”. En este sentido, la obra de Fernández Mallo, incluyendo también la poética, es grande precisamente porque sabe lo pequeña que es, porque es consciente de actuar desde abajo, desde la calle, desde el hecho y el desecho, desde lo soberbio y lo sobrante [3]. Su honestidad es asombrosa y su acercamiento a un nuevo modelo eficaz de modelar la realidad, de novelar lo real desde una mezcla imposible de inocencia y de absoluta falta de ingenuidad respecto a la composición ficcional de lo real, su psicopatía naif, coloca su obra en un estatus fenomenológico prácticamente inigualable, al conseguir que la reducción eidética (perdonen el palabro, me refiero a la capacidad fenomenológica de lograr que cada lector se identifique con la experiencia relatada en la narración) logre unas cotas que explican su sintonía con el público de cualquier edad. El lector, y esta es una confesión que me han hecho muchas personas, simpatiza con la obra de Mallo aunque esté en desacuerdo parcial con lo que en ese momento está contando, porque entiende que hay una verdad narrativa, un modo creíble y actual, distinto y honesto, de presentar las cosas.

En su momento, hice para la revista Quimera una reseña nada complaciente de Nocilla Dream. Ponía objeciones puntuales y generales, lingüísticas y estructurales, referentes a los personajes y de otros tipos. Tuvimos el autor y yo nuestras palabras, privadas y públicas, a este respecto. Sin embargo, aprecié en Nocilla Dream ciertos valores que me llevaban a defenderla, algo todavía en gestación que prometía cosas mayores, algo por venir que esta anunciado en su texto. Pues bien, lo que estaba anunciado era Nocilla Experience. Mejor libro, más sólido, ahora sí una novela sin dudas, heterogénea pero contundente, variada y mutante, como los tiempos en los que vivimos. En un momento de la novela, clarividente por estar escrito en torno a 2004, según su aclaración al final del libro, escribe Fernández Mallo: “la mutación es lo que importa” (p. 80). Fernández Mallo es más arriesgado y experimental en poesía que en prosa; es posmoderno en su modo de hacer novelas, pero es ya pangeico en su poesía; sin embargo, también sus novelas están en proceso de mutación hacia otro lugar, hacia otra forma. Seguramente Nocilla Lab sea ya una novela pangeica (lo veremos), perteneciente a otro modelo estético y técnico, pero el posmodernismo de Nocilla Experience es tan radical que casi logra la “velocidad de escape” suficiente para emanciparse de esa órbita. Esta novela puede ser acogida con reticencias por dos motivos: para hacerle pagar al autor el éxito de la primera, o por no conectar con la propuesta estética planteada, que desde luego avanza (kilómetros) sobre la mayoría de las propuestas narrativas actuales, caracterizadas por su agotamiento e inanidad, salvo valiosas excepciones, por supuesto. El gusto es libre y puede no encontrarse uno cómodo con esta forma diferente y valiosa de narrativa, pero que la propuesta no guste no significa que no la haya; de esta entrevista, de otras anteriores y del mismo texto, se deduce a la perfección que Mallo tiene una poética, tan respetable como cualquier otra, y que lo que pone sobre la mesa con Nocilla Experience es, desde el principio y desde el título, una experiencia literaria, un proyecto completo y complejo que cuestiona (sin proponérselo, por su propia existencia), modos y formas de entender lo literario o lo novelístico en la actualidad. Eso se paga, me temo, ojalá me equivoque; el caso es que Nocilla Experience viene a sentar, definitivamente, el punto de no regreso de cierto modo de entender la novela en España. La palabra, la decisión final, no la tenemos los críticos, ni los escritores. La tienen los lectores. Toca saber qué dicen ellos. Y algo me susurra que van a decir, como Molly Bloom, que .

.
Notas
[1]R. Barthes respondiendo a Murice Nadau en el programa Dialogues, 13 de marzo de 1974. Recogido en R. Barthes, “¿A dónde va la literatura?”, Variaciones sobre la literatura; Paidós, Barcelona, 2002, p. 184.
[2]Me van a permitir la autocita, pero la casualidad merece la pena: tampoco es muy distinta esta estética de Mallo de la de ese personaje de Circular 07, de iniciales VLM, que “estaba elaborando un largo escrito que definió como el inventario de todos los deshechos acumulados en su casa; fue detenido inmediatamente y puesto a disposición de la autoridad judicial. A pesar de los reiterados ruegos de que no hablase sin la presencia de su abogado, el susodicho no dejaba de perorar acerca de la libertad de recolección de objetos de las calles, sobre el síndrome de Diógenes que debería tener, a su juicio, todo artista que se precie, y sobre las ventajas de un extraño aparato eléctrico de fines sexuales que aún no hemos identificado” (Berenice, 2007, p. 31).
[3]Entiendo lo que quiere decir Pozuelo Yvancos cuando opina sobre Nocilla Experience: “Quizá mirado como otra cosa que como un proyecto revolucionario, mirado como forma de actualizar los acarreos multiculturales de las vanguardias visuales, y una inteligente dosificación de la imaginería lírica, ofreciese la verdadera dimensión que tiene, lejos de esa tensión en la que el autor se ha situado, que hace esperar una genialidad y un grano aquí entreverado de mucho material facilón, que debiera haberse filtrado un poco más” (ABCD 08/03/2008), pero es que precisamente la poética de AFM es no filtrar, porque la realidad no lo hace. Puede gustar o no esta estética, pero es premeditada y coherente: “La realidad está llena de Spam, información que es basura porque no nos sirve de nada, mero ruido. La realidad está llena de cosas que no vienen a cuento. Pero, ¿qué ocurre si consigues meterlo en una novela y convertirlo en objeto de poética?”, AFM, entrevista para Público, 13/03/2008.


18
Mar 08

CARNE DE PÍXEL, ya en la calle

Ya está en la calle, Carne de Píxel (edit DVD).

Un adelanto. Uno de los poemas en prosa:

desconocías el Principio de Mínima Acción por el cual la luz [todo en general] busca el camino más rápido para viajar entre dos puntos. Circunvalamos la ciudad contradiciéndolo cuanto pudimos. Partíamos del fin; en realidad no nos movimos. Pasamos por delante de unas excavaciones [fibra óptica, cableado, comunicaciones Siglo21], e hice una broma acerca de aquella mujer y aquel hombre que encontraron abrazados en la excavación de Pompeya. La escena salía en Viaje a Italia, los descubrieron mientras filmaban. Ingrid Bergman también entonces se había echado a llorar. Partir de un recuerdo equivale a partir del fin, los recuerdos se construyen para el último día aunque nos engañe su gen de pasado. En realidad no nos movimos. Me invitaste a un Lucky [frase entre tus dedos], y en esa cinética apariencia encontramos el exceso, la belleza para alcanzar lo que al llegar al fin nos convirtió en algo más que una frase para el fin, algo más que un isótopo, un punto de luz que no desapareció porque nunca partió. El camino infinito de verdad más corto.

COMENTARIO DE LA CONTRA

contra


16
Mar 08

KAFKA REGISTRADA

Estando en Londres se me dio por entrar en una librería. Se llama MAGMA. Dedicada a libros de diseño, y pijaditas muy interesantes. La ventaja de no hablar bien el inglés es que cuando vas te decidas a observar más que a hablar, así que observando y observando no tardé en detectar unos paquetes de tabaco a lo lejos, y como se me había terminado el Ducados, fui a por ellos. Al momento me di cuenta de que no eran cigarrillos, sino libros. Libros empaquetados como cigarrillos. Compré éste [del que adjunto las imágenes], sin saber muy bien si se trataba de una de esas bromas que se descubren cuando destapas una caja o si iba en serio. Un tipo me cobró, pagué, y ya en la calle me aparté un poco, medio metido en un portal, y lo abrí.
En efecto era la Metamorfosis. Me alejé.

Ya en la habitación del hotel, observé bien el engendro, una cuidada edición, anecdótica y simpática. Esquematizo

perfil

alzado

planta

cuando los cigarrillos se despertaron, comprobaron que se habían convertido en libro escala real

pero que ocultaba una monstruosidad, una vuelta de tuerca a lo kafkiano, algo que en las 3 ediciones que tengo por casa de ese libro no figura, me refiero a ese párrafo que he marcado en rojo en la fotografía adjunta:

el asunto

Well, I wonder, ¿cómo es posible que sea necesaria esa advertencia de que la obra es ficción y de que todo parecido con la realidad es mera coincidencia? ¿Es un eco de las miles de denuncias que reciben al día los médicos por asuntos nimios? ¿Es una inteligente vuelta de tuerca, un dadaísmo de baja intensidad?

¿O, simplemente, es para que el lector se sienta aún más solo?


10
Mar 08

Nueva entrada en blog de FNAC [y presentación en Barcelona]

He colgado en el blog de Club Cultura FNAC una nueva entrada:

“Las Líneas del Comecocos Son Alargadas”

http://www.clubcultura.com/diariode/1753/AgustínFernándezMallo.html

También se accede directamente pinchando en la columna de la derecha, en Favoritos, en ClubCultura.com

OTRA COSA: por si a alguien le interesara, este jueves, en FNAC Plaza Cataluña, Barcelona, presento el libro Nocilla Experience.

Presentan Pepe Ribas (director revista Ajoblanco), y Gabi Martinez (escritor y periodista). A las 7 y media de la tarde.


9
Mar 08

Vídeo promo Nocilla Experience

Ya está colgado el vídeo que hice sobre Nocilla Experience

[también a la derecha en Entrevistas, Críticas, se va directo a YouTube]

Termina un poco bruscamente porque hay unos segundos cortados. Lo siento.

Y ya que estamos [igual que cuando vas a arreglar los azulejos de la cocina y "ya que estamos" terminas cambiando hasta el fregadero], pongo el vídeo de una de las canciones que más me ha gustado de los últimos años.


7
Mar 08

pequeño apunte: MUTANTES

Hoy en El País, ha salido una amplia entrevista que me hicieron y que colgaré pronto.

También una reseña sobre la literatura Mutante, a colación de la edición de Mutantes (Berenice), una antología de bastantes autores que estamos haciendo cosas fuera de la estética establecida. Todas las opiniones que salen en ese artículo son acertadísimas (Vicente Luis Mora, Javier Fernández, Juan Francisco Ferré, Jorge Carrión…), pero hay una de Eloy Fdez Porta, que es diana: “Si la crítica capaz de teorizar sobre nosotros hubiera existido, no habríamos tenido que hacer el trabajo nosotros”. Otra de Vicente Luis Mora: ” el marketing es un medio de expresión “, todo un canto contra el puritanismo. Otra de Juan Francisco Ferré: “Una generación y media de narradores educados en la escuela de la globalización, y en la escuela del recalentamiento informativo y el enfriamiento global de las estructuras humanas”; genial. O Javier Fernández. “emplear formas narrativas más ligadas al presente”.

El término Literatura Mutante, acuñado por Juan Francisco Ferré [que es uno de los prologuistas junto con Julio Ortega], no podía ser más adecuado.

El libro fue presentado hoy en Madrid, brillantemente, por Luis Alberto de Cuenca.

Muy recomendable, hay no sé cuántos autores. Muchos.


6
Mar 08

Pequeño apunte del paraíso

 

La semana pasada estuve en Madrid para un encuentro con Chinarro que preparó la revista GQ, una charla para hablar de música, literatura y yogures desnatados. El encuentro fue mágico y bizarro, fortuitamente sacado de la peli de Jarmusch, Stranger Than Paradise: en una panadería minúscula, que tenía 2 mesas porque vendían también refrescos, ubicada en una plaza periférica de Carabanchel. Chinarro, tímido y, como siempre, alumbrando cada asunto con esa linterna que lleva acoplada al cerebro. Lo publicará GQ creo que en su número de abril. No voy a contar el contenido porque entonces los de GQ se enfadan.

De allí nos fuimos a unos locales de ensayo, que estaban al lado, donde un fotógrafo de esos nerviosos nos hizo unas fotos con la ocurrencia de que yo saliera como de músico y Chinarro de escritor, con una máquina de escribir antigua. Fue divertido. Además, casualmente, cada uno llevaba la ropa adecuada, porque yo tenía chupa de cuero y Chinarro una trenca de aquellas como de Harvard, finales de los 60.

Pero sin duda hubiera preferido una foto en aquella panadería, con sus 2 mesas de formica, las latas de refrescos y cerveza decoloradas tras el frigorífico de cristal, con su Paqui de barrio tintineando el llavero del Rayo Vallecano mientras espera 3 cajas de donuts, con aquellos panecillos al fondo conformando una especie de cúpula de almohadillas celestiales, mientras la plaza, levantada, y sin un alma, era barrida por rachas de viento.

panadería

 

En un momento de la conversación, Chinarro hablaba de la que quizá es para mí la mejor canción del nuevo disco, No Tienen Sexo Los Ángeles, y me fijé en un edificio que había enfrente, al otro lado de la plaza. Todas las ventanas vacías salvo una, en la que había un niño; el niño no hacía nada, sólo miraba. Me impresionó su cara neutra, su semblante como de nada: sólo nos observaba. Pareciera como que él no estuviera pasando la infancia, sino otra cosa, otra cosa muy rara.

no tienen sexo los ángeles                                            gente                      

                     mirar el cielo, no ver nada